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Las reformas.
Ladrillos, sudor y lágrimas

ARQTO. RODOLFO LIVINGSTON

HAGAMOS UNA PRUEBA, en cualquier reunión social: preguntemos si alguno de los presentes ha tenido experiencias con arquitectos en remodelaciones; la respuesta más común: "no me hables..." y a continuación escucharemos la descripción de un verdadero dra- ma familiar y la más desoladora sucesión de errores y pequeñas catástrofes. Hace poco vi una comedia por televisión, protagonizada por Cary Grant, llamada 'El señor Blanding construye su casa' donde se describe paso a paso, desde los cimientos hasta le techo, el desarrollo de ese drama, con arquitecto incluido.

En el caso de las reformas la gente teme al arquitecto porque piensa que querrá hacer una gran obra ya que está preparado para eso; querrá modificarlo todo y tendrá ideas 'muy locas'. Esa es la realidad y su resultado está a la vista: doscientas mil viviendas se reforman todos los años en Buenos Aires y los arquitectos intervienen en menos de cuatro mil (¡el dos por ciento!). El arquitecto es un personaje prácticamente desconocido por el público, una especie de artista caro que, paradójicamente, también suele ser confundido a menudo con el ingeniero.

Por su parte el arquitecto obtiene su título sin haber visto jamás un cliente vivo durante toda su formación universitaria, ni siquiera en una teatralización. El papel de cliente lo desempeña el ayudante quien habla su mismo idioma (balconeos, enfatizaciones, volú-menes que se destacan, etc.) conformándose así una suerte de carnaval entre hombres completamente alejado de la práctica profesional concreta. En cuanto a los temas de estudio, el estudiante se acostumbra a fijar en su tablero papeles en blanco porque en la facultad no se dan reformas como ejercicio de proyecto, salvo alguna excepción reciente.

Es así como se van conformando los aspectos complementarios de una perfecta incomunicación entre el arquitecto y el usuario. Y la chispa salta en las reformas porque es el único tema, junto con la vivienda individual, donde el arquitecto se enfrenta en forma directa con el usuario pues la arquitectura institucional y los grandes conjuntos habitacionales se proyectan y se construyen sin que este enfrentamiento se produzca. De hecho un arquitecto puede trabajar durante veinte años sin hablar jamás con un usuario.

LOS PREVISIBLES IMPREVISTOS

En la mayor parte de los casos las obras tardan y cuestan mucho más de lo previsto (por lo general el doble) lo cual provoca el disgusto, y aún la interrupción de las relaciones entre cliente y arquitecto.

Los errores más comunes son los siguientes:

1. El "ya que estamos" durante el proyecto. Desde la primera entrevista hasta la última los trabajos programados van aumentando por iniciativa del propietario de tal manera que el límite de lo sensato se corre imperceptiblemente. El arquitecto no sabrá manejar este proceso; el monto físico y económico de la obra crece más allá de las posibilidades y conveniencias del cliente quien no toma verdadera conciencia de este hecho. El arquitecto, preparado para hacer obra, no sabe cuando debe evitarla.

2. El "ya que están" durante la obra. El propietario empieza a pedir adicionales, estimulando por el costo relativamente bajo de cada uno de ellos. El arquitecto no percibe que el costo del adicional es siempre mayor que el cotizado debido al costo invisible provocado por el retardo y la desorganización que se produce en los trabajos programados.

3. Reparaciones de cosas existentes: tanque de agua roto, humedades y filtraciones, cortinas de enrollar deterioradas, etc.... El arquitecto no hizo una lista detallada de estas reparaciones porque no eran la obra.

4. Imprevistos técnicos: conducto o desagüe pluvial que "apareció" justo donde debíamos colocar la nueva ventana, cielorrasos apoyar en tabiques, "sorpresivos" cambios de nivel en los pisos, etc. etc.... El arquitecto no fotografió el techo para ubicar conductos pluviales, no cuenta con detector de metales en su equipo portátil de trabajo ni tampoco midió ni observó correctamente el edificio sobre el cual debía trabajar.

CONCLUSION

Los problemas surgidos durante la obra se originareo antes de la obra y pudieron haberse previsto mediante: a. un planteo correcto de las relaciones cliente-arquitecto basado en una interpretación del cliente total y no solamente de sus necesidades explícitas; b. un estudio de factibilidad; c. un correcto estudio del sitio.

Los puntos mencionados conforman en su conjunto una actitud profunda de respeto y comprensión de lo existente: cliente y sitio.

¿Por qué no se produce esta actitud, previa a la obra? Porque todo lo que es instrumental en la profesión y aún la concepción central de la misma es inadecuado para encarar una reforma. Sencillamente, no sirve. Es necesario repensarlo todo.

Empecemos por los honorarios. Todo su planteo está basado en lo que yo he denominado efecto zanahoria. La primera entrevista no se cobra. El anteproyecto se cobra poco, para "enganchar el proyecto". El proyecto se cobra poco, "para enganchar la obra" y la dirección se cobra poco porque el cliente nos anuncia inminentes nuevos trabajos que nos encargarán vecinos del barrio, socios y amigos que avanzan hacia nuestro estudio a punto de iniciar una cadena laboral que nos conducirá vertiginosamente hacia el estrellato. A cambio de estas promesas solo nos pide que "afilemos el lápiz" con los honorarios en este primer trabajo. Y es así como cruzamos por todas las etapas persiguiendo una enga-ñosa zanahoria que nos impide concentrarnos en cada uno de los pasos de nuestra tarea. ¿Cómo realizar bien un estudio si lo cobramos menos de lo que vale?, ¿cómo disminuir la obra si justamente con ella nos resarciremos del tiempo perdido durante el proyecto?, ¿cómo podemos tener una motivación profunda para reducir el monto de la obra si nuestros honorarios serán un porcentaje de ese monto? No es acaso lógico el recelo del cliente frente al espíritu destructor que éste suele atribuir a los arquitectos?

No voy a explicar aquí cada uno de los pasos que conforman el método de trabajo que debe aplicarse para encarar las reformas y en general los trabajos chicos en arquitectura. Este método lo he desarrollado sobre la base de la experiencia obtenida en mas de seiscientos casos tratados en forma personal y la continua reflexión teórica sobre los mismos. Sin que me lo propusiera los criterios que fui desarrollando me condujeron a un replanteo completo de la práctica profesional y aún de las teorías en que ésta se sustenta. En realidad todo el planteo "oficial" de la arquitectura nació y se desarrolló bajo el signo del movimiento moderno orientado siempre hacia las obras grandes o hacia pequeñas "perlas" aisladas. Se descontó que quien sabía planificar un centro cultural para cinco mil habitantes sabía también encarar una reforma y en realidad no es así

Vivienda unifamiliar

NORMAS DE HABITABILIDAD EN FUNCION DE LA SALUD

M.M.O. GEOFREDO RENISON

CUANDO SE PIENSA en construir una vivienda, generalmente se decide en primer lugar la cantidad de ambientes necesarios para alojar a la familia, dependencias de servicio -garage, cocina, lavadero-, y en sus dimensiones; se verifica su superficie total probable para relacionarlo con el costo posible, y luego se habla de la ubicación de la casa y su relación con el entorno cercano. Seguramente también se intercambian ideas sobre su estilo, en algunos casos, o de la propuesta del arquitecto cuando la decisión es abstraerse de los estilos. Finalmente se resuelve sobre los materiales de construcción a utilizar, y posiblemente también se proyecte la decoración interior.

Para la elección de los materiales habitualmente prima la experiencia anterior propia o ajena en cuanto a la eficacia de los mismos, su durabilidad y confiabilidad; y la consideración de su precio en relación con otras alternativas posibles.

No obstante, pocas veces vinculan el diseño y los materiales, con la salud.

Sin embargo dicha información está disponible.

Las grandes posibilidades que abrió el avance tecnológico de las últimas décadas en las instalaciones de los edificios requirió, como consecuencia, establecer con mayor exactitud los requerimientos óptimos de salud y confort humano que la tecnología debía satisfacer, obteniéndose así parámetros suficientemente precisos de las condiciones ambientales necesarias.

Por otro lado, en la primera mitad del siglo el Movimiento Moderno estudió, por medio del arte, las necesidades psíquicas expresivas del espacio habitable, y decidió la ruptura con los moldes rígidos del pasado en bien de una mayor libertad expresiva acorde con el progreso cultural logrado.

Ambas vertientes, la técnica y la emotiva, están relacionadas con la salud.

Se observa la necesidad de defender nuestro equilibrio ecológico, prefiriéndose utilizar aquellos materiales que menos lo perjudica, tanto durante su elaboración como con la posibilidad de biodegradación al fin de su vida útil.

El estudio de estos tres aspectos, genera normas de habitabilidad en función de la salud.

La adecuada ponderación de estas normas para el diseño de nuestra vivienda, durante la elección de los materiales y con las pautas del proyecto propuestas por el profesional, tienden a mejorar nuestra calidad de vida.

Muchos requieren información de normas constructivas relacionadas con la salud, a nivel de viviendas unifamiliares. Por ejemplo, cómo debe funcionar la aireación y ventilación en una casa de familia tipo, las dimensiones ideales de las habitaciones, etc., con el fin de que los habitantes se encuentren en perfectas condiciones sanitarias dentro de la vivienda. Esta

Ensayaremos algunas respuestas, a saber:

Temperatura y humedad relativa. Para obtener sensación de bienestar físico, las condiciones del aire ambiente deberían encuadrarse en los valores de la tabla siguiente:

Condición

Estación

Temperatura

Humedad relativa

RECOMENDADO

Verano
Invierno


25 º C
21 º C

50 %
50 %

ACEPTABLE

Verano
Invierno


26.7 º C
20 º C

50 %
50 %

LIMITES EXTREMOS

Verano
Invierno


23 á 27 º C
18 á 22 º C

30 á 70 %
30 á 70 %

Lo recomendado se encuentra en el gráfico líneas abajo.

Además, las superficies interiores de las paredes, techos, etc, no deben diferir con la temperatura del aire ambiente en 3º C en más o en menos. Ello se debe a que el calor también se transmite por radiación entre las superficies de los cuerpos, con independencia de la temperatura que tenga el aire. Esto influye en importante medida en la sensación de confort.

Las renovaciones de aire. El aire interior debe tener una pequeña velocidad, de alrededor de 5/8 m/min con un máximo de 12 m/min en verano.

El volumen de aire renovado con respecto al que está en circulación debe ser del 10 al 20 % como mínimo.

Por persona, el requerimiento de aire nuevo debe estar al menos en el orden de 0,5 m3/min. Todo el aire -nuevo y recirculado- debe pasar por filtros adecuados.

Estas condiciones son relativamente fáciles de lograr con equipos de aire acondicionado y aislación adecuada en las paredes, aunque la parte de aire renovado, en construcciones con aire acondicionado ubicadas en las grandes urbes quizá no contenga el 22 % de oxígeno que contiene el aire normal.

En viviendas con ventilación natural, esta corriente de aire se produce normalmente dejando una pequeña ranura de abertura en las ventanas. En estos casos el aire no ser· filtrado, pero la renovación será en su totalidad con aire nuevo, equivalente al filtrado.

El nivel de ruidos. Otra condición que debe cumplirse es el nivel de ruidos en el interior de las viviendas, que normalmente no debería superar los 20 á 30 decibeles.

El nivel de ruidos puede provenir del mismo interior de la vivienda, en cuyo caso se requiere disminuirlo con superficies interiores absorbentes del sonido, o del exterior, en cuyo caso se necesita ubicar dentro del espesor (ancho) de las paredes, superficies que reduzcan la transmisión de sonidos.

Los ruidos externos intensos (autopistas, etc) pueden reducirse con vegetación densa.

El conjunto de los materiales. Los requerimientos del grado de temperatura, humedad y nivel de ruido, determinan y condicionan el conjunto de materiales con que se deben construir las paredes, techos y pisos de los ambientes, procurando respectivamente la aislación del calor, humedad (barrera de vapor, aislación hidrófuga) y el sonido. Todo esto es susceptible de cálculos técnicos suficientemente exactos.

Las estufas y calefactores. La mayoría de las veces las viviendas unifamiliares no cuentan con aire acondicionado, sino sólo con calefacción para invierno. En este caso deben estudiarse las fuentes de calor y el modo en que ellas afectan el nivel de humedad relativa del ambiente.

Las fuentes eléctricas por radiación (resistencia) o por radiador, y la calefacción central con radiadores, secan los ambientes, pues al aumentar la temperatura con la misma cantidad de agua en el aire, su humedad relativa disminuye debido a un fenómeno físico.

Las de hogares de leña abiertos y/o salamandras, también disminuyen la humedad ambiente y en mayor grado que las anteriormente mencionadas. Los calefactores a gas u otros combustibles de llama directa o semidirecta, al contrario, aumentan la humedad relativa debido a aportes de su combustión.

La ventilación natural. En las viviendas unifamiliares es imprescindible disponer en todos los ambientes la ventilación cruzada (ventanas en paredes opuestas de las habitaciones). Esta es una condición de sanidad muy poco contemplada. La pretendida distribución 'funcional' en aras de lograr una superficie de máximo rendimiento económico, atenta contra esta condición.

Interpretaciones posteriores de las enseñanzas del Movimiento Moderno difundieron la ubicación de los dormitorios en un espacio mínimo y alineado, según un esquema que se tornó clásico (Fig. 1), y que es utilizado frecuentemente en la actualidad. Esta disposición impide una aireación correcta.

El sol y las orientaciones. En el diseño de viviendas unifamiliares individuales se debieran considerar los efectos del sol y de las orientaciones. Al efecto son muy útiles las disposiciones de las normas IRAM correspondientes y la zonificación climatológica del país que allí se establece.

El revoque y la pintura a la cal. En el control de la humedad ambiente interior, debe recordarse que las antiguas paredes de ladrillos macizos revocadas con mezcla de cal y pintadas a la cal, por su poder de absorción de humedad actúan como autoreguladores de la humedad interior. En cuanto a salud, esta antigua disposición constructiva es inmejorable en viviendas corrientes.

Las orientaciones y las protecciones externas. Al decidir las orientaciones, se deben tener en cuenta los vientos dominantes y la vegetación colaborante con las aislaciones. Los colores externos pueden ayudar a absorber el calor en zonas frías o rechazarlo en zonas cálidas.

Hay ingeniosas y sencillas disposiciones que ayudan a mejorar el clima interior, particularmente utilizadas en viviendas alejadas de centros poblados: por ejemplo rocas expuestas al sol durante el día, pueden servir de acumuladores de calor para noches frías en zonas de diferencias importantes de temperatura entre el día y la noche; sobretechos muy elevados, como sombrillas, sobre los techos corrientes, con pasaje de aire entre ambos, pueden ser una buena protección en zonas del norte del país.

Los colores. También cabe analizar el tema del color, sus tintes y armonías, no suficientemente valorizados en la arquitectura actual. Ellos también se relacionan con la salud.

Determinados colores o sus combinaciones, influyen decisivamente en los estados de ánimo y por ende en la salud.

Conocemos la primera clasificación entre colores cálidos (aproximadamente del magenta al verde pasando por el naranja, en el círculo cromático) y fríos (del magenta al verde, pasando por el azul), que transmiten esos mismos sentimientos a las personas.

Del mismo modo colores particulares transmiten otros estados de ánimo, como el celeste que es sedante. Con la combinación de algunos colores o pequeñas superficies contrastantes con otros, se logran innumerables modos de expresión.

Durante el Renacimiento y hasta épocas relativamente recientes, se representaba la arquitectura clásica en general y a sus esculturas, con el color natural de sus piedras, muchas veces blancas.

Estudios posteriores demostraron que los monumentos y las esculturas antiguas, por ejemplo 'El Paternon', estaban revestidos con estucos de brillantes colores y que la blancura que se les atribuyó posteriormente no era real.

Es posible que de la lectura de las primeras obras del Movimiento Moderno haya surgido una inducción similar durante la difusión del pseudo modernismo posterior, que influyó en sus superficies exentas de colores.

Sin embargo no lo fue así en sus orígenes, como vemos por ejemplo en los interiores de las viviendas para los profesores del Bauhaus, diseñadas por Gropius en 1925 (Fig. 2, 3 y 4).

      



Las dimensiones ideales. Finalmente hemos de referirnos a las 'dimensiones ideales', lo que quizá no podamos encontrar pues es probable que ellas no existan: no es una dimensión -largo, ancho, alto- la que asegura la libertad de movimientos del hombre, sino el recorrido de la vista y el traslado de su cuerpo en medio del juego y fluir armonioso de los espacios, elemento esencial de la arquitectura y de todas las artes.

Con otras palabras: dimensiones pequeñas pueden ser amplias por su juego espacial y/o su interelación con otros espacios y, por el contrario, grandes dimensiones pueden producir sensación de encierro. Creemos que sobre este tema no es muy factible establecer reglas racionales. Pertenece al campo del arte y por lo tanto con una alta intervención de actividad inconsciente, sumamente eficaz pero inescrutable.

No obstante la preocupación por las dimensiones es algo que siempre persiste; deberíamos remitirnos a pensarlas en términos de espacio y no de dimensiones. El espacio es el intermediario de todas las artes, la interconexión entre el emisor expresivo -la pieza de arte- y el hombre -el protagonista-. La sensación emotiva que nos produce es la medida de su dimensión.

En ese sentido -antes que sus medidas- la armonÌa de los espacios, los lugares gratos y alegres donde vivir, son condiciones b·sicas de confort. Aunque imposibles de normar, conforman una pieza fundamental para una buena calidad de vida.
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