¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos






descargar 0.53 Mb.
título¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos
página1/22
fecha de publicación19.03.2017
tamaño0.53 Mb.
tipoDocumentos
m.exam-10.com > Derecho > Documentos
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   22
ENTRE PERSONAS

Una mirada cuántica a nuestras relaciones humanas
Tomeu Barceló
Portadilla

Tomeu Barceló (1961) licenciado en filosofía, ha sido profesor de lengua y literatura en un instituto de secundaria y maestro de educación primaria, miembro del departamento de dinámica de grupos del Instituto de Formación Ramon Serra de Palma de Mallorca que ahora dirige, Certified Focusing Professional por el Instituto Internacional de Focusing de Nueva York y Coordinador Nacional del Instituto Español de Focusing en Madrid. Especialista en Dinámica de Grupos y Relaciones Humanas por el Center for Studies of the Person de California. Imparte talleres y cursos sobre inteligencia emocional, resolución de conflictos, dinámica de grupos y focusing. Colabora en revistas especializadas de educación, psicología y filosofía y es autor de los libros Centrarse en las Personas y Crecer en Grupo.

A las personas que siguen siendo amigas y a las que algún día lo fueron, por todos los aprendizajes que realizamos y que aportaron savia de crecimiento en nuestras vidas.

ENTRE PERSONAS

Una mirada cuántica a nuestras relaciones humanas

INTRODUCCIÓN
1. ¿ATRAPADOS EN LA RED?


  • El apasionante mundo de las relaciones humanas.

  • Una analogía para las relaciones humanas.

  • Cada uno ve el mundo a su manera.

  • Redes que nos atrapan.


2. EL DESPERTAR DE CENICIENTA


  • Nuestro lugar en el mundo.

  • Modos de comprendernos.

  • ¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos.


3. EL FIN DE LAS CERTEZAS


  • La amenaza determinista.

  • La sorprendente respuesta de los físicos.

  • La vida nos ocurre.

  • El papel de la conciencia.


4. EL HADA FLUYE EN LAS PROFUNDIDADES


  • La conexión con el núcleo interno.

  • Entrar en contacto.

  • Ser genuinos.


5. INICIATIVAS, RESONANCIAS Y SIMETRÍAS


  • Los efectos de la transparencia en las relaciones humanas.

  • Relaciones intensas.

  • Sucesos extraños.


6. EL DIABLILLO DE MAXWELL


  • Un juego de roles.

  • La entropía en las relaciones humanas.

  • ¿Es posible contravenir la degradación de nuestras relaciones más intensas?


7. LA FLECHA DEL TIEMPO


  • Una historia ficticia y una hipótesis.

  • Una historia real y una hipótesis ampliada.

  • Algunos síntomas en la ciencia.

  • La memoria del pasado.

  • Sistemas complejos.


8. EL REFLEJO DE LO IMPLÍCITO


  • Un orden implícito.

  • La posibilidad del reflejo.

  • ¿Tenemos capacidad para la empatía?

  • Un cerebro empático.


9. UN BREVE EPÍLOGO DE INTERFERENCIAS


  • El epílogo.

  • Las interferencias.


REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS


INTRODUCCIÓN

En la física cuántica como en el amor, se buscan las reglas paradógicas de la materia y el sentido.
Los protones, como partículas y ondas, las personas, individualmente y en relación, llegan a su destino antes de emprender el viaje.
La flecha del deseo da en el blanco antes de que apuntemos.
La respuesta reside en la pregunta.
El tesoro perdido es el hallazgo del que partimos.
El comienzo con la conclusión, el fin codificado en el principio.
El misterio del amor resuelve el problema del sentido de la vida.
Sam Keen

Tiene en sus manos un breve libro de filosofía experiencial sobre nuestras relaciones humanas y las posibilidades que tenemos para vivirlas con mayor plenitud.

La filosofía es un saber reflexivo que, en la mayoría de los casos, genera más interrogantes que respuestas. Esta es su gran singularidad, pero también es su gran caudal porque nos permite pensar sobre nosotros mismos y sobre las relaciones que mantenemos con la gente. En este acto de pensar sobre nosotros mismos todo el camino recorrido por otros sigue sin transitarse hasta que uno mismo lo emprende. Es una incesante paradoja, pero llena de ternura, porque estar un momento con uno mismo y pensarse es quizá el mayor regalo que uno puede hacerse a sí mismo.

En estos capítulos encontrará algunas preguntas que pueden serle de alguna utilidad: ¿Cómo nos comportamos en nuestras relaciones? ¿Cómo podemos sentirnos en crecimiento en un marco de interacción con los demás? ¿Qué hacer para establecer relaciones más satisfactorias?...

A veces la filosofía busca algunas respuestas que casi siempre devienen nuevos interrogantes. Curiosamente la filosofía que engendró, en sus albores, las ciencias físicas, ahora acude a ellas para encontrar respuestas a nuestra existencia. Así, la filosofía empirista, racionalista y positivista de los siglos XVII, XVIII y XIX respectivamente, creyó que había apuntado en una buena dirección a partir de los principios físicos que nos mostraban un universo determinista y sometido a la ley de la causalidad. Pero, sorpresivamente, la física cuántica del siglo XX dio a traste con los principios clásicos y empezó a vislumbrar incertidumbre, movimientos azarosos en la naturaleza, relaciones de indeterminación y direccionalidades irreversibles. Todo ello ha conducido, más que a nuevas respuestas, a nuevos interrogantes (o a los mismos de siempre) y parece que hemos vuelto a sentirnos ignorantes; como si en los inicios del siglo XXI pronunciáramos nuevamente con Sócrates aquello de: “sólo sé que no sé nada”.

Algunos dirán que Nietzsche ya anticipó esta circunstancia con su eterno retorno. Sin embargo es difícil retornar por un sendero que no ha sido concurrido o por el que apenas hemos avanzado. Y es que desde que habitamos el planeta, las personas estamos destinadas a relacionarnos con los demás y estas relaciones son, para muchos de nosotros, causa de grandes encuentros y momentos de plenitud, pero también fuente de conflictos y preocupaciones.

Me parece que necesitamos aprender a relacionarnos mejor con las personas. Para aprender a relacionarnos más satisfactoriamente con la gente, precisamos también comprender cómo están configuradas nuestras relaciones y permanecer abiertos a cambiar aquello que no nos ayuda a desplegar y a vivir más gratamente en un mundo en el que no podemos dejar de interactuar.

Los grandes maestros de la filosofía centrada en las personas y experiencial, Carl Rogers y Eugene Gendlin intuyeron el funcionamiento de lo que está implícito en las personas y detectaron que lo implícito es altamente constructivo. Buscaron incansablemente determinar las condiciones para facilitar su manifestación y nos aportaron maravillosas referencias para aprender a reconocer nuestro núcleo interno y relacionarnos mejor con las otras personas. Lo que hicieron estos maestros, en realidad, fue bucear en las profundidades de la persona humana y de sus relaciones.

Tuve la oportunidad de conocer personalmente a Carl Rogers y participar en algún workshop que él mismo facilitó, desde entonces me siento miembro activo de la comunidad internacional del Enfoque Centrado en la Persona de cuyo paradigma he aprendido un estilo de vida y una manera de comprender el mundo. Aprendí los postulados de Eugene Gendlin de la mano de la profesora Elena Frezza, Coordinadora del Instituto de Focusing de Argentina y del Doctor Carlos Alemany de la Universidad de Comillas y presidente del Instituto Español de Focusing. A todos ellos les deseo expresar mi agradecimiento y mi satisfacción por todo lo que me aportaron.

Los físicos cuánticos han buceado también en el mundo subatómico y nos han prevenido que lo que vemos en el mundo macroscópico no es exactamente lo que hay. Así, los físicos cuánticos, han promovido una nueva mirada para divisar lo que existe que pone en cuestión muchos principios que creíamos inamovibles. Me resultó apasionante la formación recibida en historia de la ciencia contemporánea de la mano de los Doctores Carlos Solís y Manuel Selles, en filosofía de la ciencia por los Doctores Eloy Juan María de Prada y Julio Armero y en metodología y filosofía de las ciencias sociales recibiendo las enseñanzas del Doctor José Francisco Alvarez a quienes deseo expresar mi reconocimiento.

Me resulta agradablemente sorprendente la coincidencia entre las intuiciones de la filosfía experiencial y centrada en las personas y las aseveraciones de la nueva física para comprendernos mejor y dar sentido a nuestras experiencias interpersonales. Esta sorpresa motivó mis deseos para intentar plasmar en este breve libro un análisis de nuestras relaciones humanas con una mirada cuántica. Las metáforas cuánticas me ayudaron a entender mis propias relaciones y a conocerme un poco más a mí mismo, y me sugirieron posibilidades para vivirlas más intensa y profundamente, más constructivamente. Espero que también a usted pueda serle útil lo que aquí está escrito.

Si de preguntas y respuestas se tratara, los tres primeros capítulos refieren a los interrogantes para vislumbrar cómo nos situamos en nuestras relaciones e intentan un análisis para ayudar a concebir nuestras actitudes y conductas en un mundo interaccional. Los cinco posteriores se arriesgan a dar respuestas para facilitar vivir nuestras relaciones con mayor plenitud y profundidad. El último capítulo es un breve epílogo sintético de lo que he intentado transmitir y un intento de proyección hacia el futuro de nuestras relaciones.

He intentado expresar los contenidos y conceptos con lenguaje inteligible, a sabiendas de las dificultades que presenta captar algunas nociones físicas para los que no somos expertos en la materia. Pero lo significativo, al menos en este libro, no lo constituyen los elementos de física cuántica, sino las relaciones interpersonales; por lo que lo referente a los principios físicos debe interpretarse en sentido metafórico por cuanto nos puedan conllevar a intuir los procesos de nuestras interacciones y las experiencias de nuestras relaciones interpersonales.

He tenido la oportunidad de expresar parte de las ideas contenidas en este libro en el X Fórum Internacional del Enfoque Centrado en la Persona celebrado en Mallorca en 2007, en el XIII Encuentro Latinoamericano del Enfoque Centrado en la Persona celebrado en Cochabamba (Bolivia) en 2006 y en el I Encuentro Iberoamericano de Focusing que ha tenido lugar en Mar del Plata (Argentina) en 2007. En todos estos foros se suscitó un debate muy interesante y productivo sobre lo que puede aportarnos la física cuántica a nuestro paradigma experiencial y centrado en la persona.

Deseo haber realizado un trabajo ameno y contribuir a aportar algunos elementos para razonar mejor nuestras interacciones y tratar de mejorarlas en el marco, ciertamente intenso y significativo, del Enfoque Centrado en la Persona y la Filosofía Experiencial.
Tomeu Barceló, Mallorca, Enero de 2008.


1
¿ATRAPADOS EN LA RED?
El hecho fundamental de la existencia humana es el hombre con el hombre. (M. Buber).
Un fenómeno es primero identificado, después explicado... Nos hace falta intentar aproximarnos por medio de analogías. (F. Nietzsche).
El apasionante mundo de las relaciones humanas
Si intentamos imaginarnos por un momento una persona que viviera en el mundo en la más absoluta soledad y sin ningún otro ser humano a su alrededor, nos damos cuenta inmediatamente que la imagen es prácticamente inaudita e improbable. Esta persona no hablaría con nadie, ni intercambiaría objetos, ni siquiera podría leer lo que otra persona hubiera escrito porque no habría nadie que escribiera, no podría escuchar a otro ser humano y, por supuesto, tendría pocas probabilidades de sobrevivir.

Los seres humanos estamos destinados a vivir con otros seres humanos, a convivir, a relacionarnos con otras personas y a compartir nuestra experiencia con los demás. Incluso aquellas personas que optan por una extremada soledad, como los monjes cartujos de la “Grande Chartreuse” en las montañas de los Alpes franceses, cerca de Grenoble, disponen, una vez por semana, de un espacio para hablar y comunicarse con los otros monjes.

Cuando establecemos relaciones con otras personas nuestras actitudes y nuestras conductas tienden a configurar una determinada forma de interaccionar que, en buena parte, condiciona el proceso de la relación. Pero, por otra parte, nosotros mismos estamos también conformados y afectados por lo que sucede, aun sin querer, en la relación porque no podemos controlar todo lo que nos pasa en el trascurso de nuestras relaciones interpersonales.

Conocer un poco más cómo nos relacionamos con los otros, comprender los acontecimientos que suceden en nuestro mundo interaccional, facilitar las condiciones para mejorar, si es posible, algunas de nuestras relaciones más significativas y aprender, en fin, de nuestros fracasos en las relaciones; puede ayudarnos a establecer y mantener relaciones más satisfactorias y gratificantes y a conocernos más a nosotros mismos.

Y es que muchas veces nos ocurren cosas inesperadas o fenómenos no deseados que hacen tambalear una relación que nos resulta satisfactoria y que afectan a nuestro estado emocional interno y a nuestro propio equilibrio afectivo que interrumpe, trunca o modifica el proceso de esta relación que vivíamos como gratificante. ¡Y esto nos ocurre en demasiadas ocasiones, a veces sin darnos cuenta! Y cuando, por fin, comprendemos lo que haya podido acontecer, nos parece demasiado tarde para combatir la turbulencia e intentar superar el conflicto que nos invade.

Hace algún tiempo, con ocasión de la organización de una actividad muy significativa para mí y para nuestro equipo, comuniqué a una persona, extraordinaria colaboradora y amiga desde hace muchos años, algún sentimiento inquietantemente negativo que se hizo persistente con respecto a una conducta que había tenido, posiblemente no intencionada, pero que me causó dolor. También había causado inquietud en algunas personas que conformaban nuestro grupo, incluso ira y odio en otras. Lo que más me sorprendió fue que, aun reconociendo esta conducta, dijo no creerme. Entonces sentí rabia y me puse furioso. ¿Cómo es posible no creer en un sentimiento del otro? ¿Cómo negar esa realidad subjetiva cuando es comunicada auténticamente si forma parte de mi propio proceso al que sólo yo tengo acceso inmediato?

Con seguridad la eclosión de desconfianza y del conflicto no es fruto de la actitud de una sola persona, sino que algo estaba pasando en el fondo de la relación que tiene que ver con un conglomerado de sensaciones contrapuestas que, finalmente, produjeron un desajuste. ¿Cómo se explica que una relación que aparentemente era enriquecedora y positiva, de repente devenga disonante y problemática?

La relación que he mantenido con esa persona amiga durante más de 20 años, parece haberse quebrado. El requisito básico de una relación, la confianza mutua en el proceso interno experiencial del otro, ha sido amenazada. Algo se ha hecho irreversible y, difícilmente, nada volverá a ser como antes.

Este episodio es sólo uno de los muchos que han sucedido en mi vida interaccional hasta hoy. Ciertamente algunos han tenido aspectos negativos, con pocas personas que nos considerábamos muy amigas apenas hoy nos hablamos cordialmente ; los más han constituido realmente una fuente intensa de desarrollo personal -a pesar de los conflictos que hayan existido- y una riqueza en la relación interpersonal. Ambos tipos de situaciones han significado, sin duda, un inmenso océano de aprendizaje vital y una fuerza continua de transformación que me configura como persona.

Y es que las relaciones que mantenemos con las otras personas nos afectan y nos transforman. Lo que somos, en realidad, tiene que ver con las interacciones que establecemos y con aquellas de las que participamos y, por cierto; los expertos suelen afirmar que emergen pautas recurrentes en las relaciones interpersonales por lo que es posible predecir, en parte, cuál va a ser el futuro de una pareja o de un grupo en función de estas pautas. Las personas, como individuos, nos comportamos de manera diferente en función de la relación en la que participamos en un momento determinado y esta conducta, en buena medida, es debida a un proceso experiencial interno que impulsa nuestra acción.

Estos cambios de conducta y actitudes en función de nuestras relaciones se perciben muy a menudo en el comportamiento de los alumnos en los colegios de secundaria. Un profesor, supongamos de música, que da clase a un grupo de alumnos se encuentra en la necesidad de amonestar a un alumno por su comportamiento en un momento determinado de la clase. Luego este profesor comunica al profesor tutor del alumno lo que ha sucedido y el tutor le tranquiliza diciendo que hablará con el alumno para que modifique su conducta. Cuando se entrevista con el alumno, de manera seria y profunda, el alumno se compromete a “portarse bien” en la próxima clase de música y el tutor, por el clima creado, cierra la entrevista absolutamente convencido de que el alumno realmente modificará su comportamiento porque percibe muy en serio el compromiso del alumno, por lo que comunica al profesor de música que realmente el alumno ha interiorizado la necesidad de una nueva actitud en su clase. Sin embargo, en la próxima clase de música, el alumno vuelve a tener en un momento un “mal comportamiento” o genera un nuevo conflicto, lo que acaba con la paciencia del profesor de música que vuelve a comentárselo al tutor, esta vez de manera más agresiva e incluso culpabilizando al mismo tutor. El tutor está desconcertado porque realmente había percibido un serio compromiso. ¿Significa eso que el alumno ha engañado a su tutor, que ha incumplido intencionadamente su compromiso? No necesariamente. Seguramente el alumno, en algún momento, se ha sentido condicionado por alguna relación en el grupo, por algún factor provocativo de otro compañero, que ha suscitado un mecanismo de volver a llamar la atención manteniendo una conducta incorrecta e incontrolada. Su intención no fue probablemente volver a generar un conflicto, pero su impulso lo ha generado. En el fondo, el grupo ha condicionado y configurado la actitud y la conducta de este alumno.

Pero estos fenómenos no suceden exclusivamente a los adolescentes. A usted y a mí también nos ocurren fenómenos similares. Quizá usted con un grupo de amigos mantenga una actitud espontánea y “natural” mientras está con ellos en una terraza de verano en un bar. De pronto se acerca una persona conocida, con la que usted mantiene una relación más distante que se introduce en la tertulia a invitación de uno de los del grupo y seguramente usted se vea, sin darse cuenta, que deja de mantener esa actitud de espontaneidad, su cuerpo se vuelve un poco rígido, y su cara denota un cierto malestar. Se siente condicionado por una nueva presencia y su actitud queda transformada. No es que usted deje de ser auténtico intencionadamente, porque realmente no siente la necesidad de ser espontáneo y “natural” en presencia de esa otra persona, pero en realidad esta relación ha cambiado su manera de estar, ha dejado de sentirse cómodo en el grupo por un instante y no lo puede evitar. ¿Por qué nos tienen que ocurrir esas cosas? ¿No sería más fácil seguir siendo nosotros mismos independientemente de la persona que se acercara a nuestra tertulia? ¿Por qué no podemos serlo aunque lo intentemos?

El estudio de la interacción humana es objeto de los paradigmas actuales de la psicología social. Hace algunas décadas, los psicólogos sociales se centraban en el análisis de las actitudes y conductas de las personas en un grupo o en una relación, así que estudiarían su cambio de comportamiento desde el momento en que la otra persona se introdujo en la tertulia, notarían como ha pasado usted de mantener los brazos abiertos y los ha ido plegando como generando distancia y verían que de pronto ha dejado de hablar efusivamente para ir soltando palabras cortas y sin conexión con su proceso interno. Pero los investigadores se han ido convenciendo de que, en los procesos interaccionales, lo afectivo y lo sensible son detonantes tanto para la percepción de la propia realidad como para otras variantes en la comprensión colectiva de las realidades posibles, por lo que ahora tendrían más en consideración lo que realmente usted está sintiendo emocionalmente con la presencia de esa otra persona y por qué se ha producido este cambio interno en su compendio emocional cuando otra persona se ha introducido en el círculo que formaba con sus amigos en la terraza veraniega.

Cuando a usted o a mí nos suceden estas cosas no somos nada especiales, porque este cambio de nuestro estado interno en función de nuestras relaciones le pasa a casi todo el mundo.

Kurt Lewin, el auténtico padre de lo que denominamos “dinámica de grupos” ya había intuido en 1935 esa hipótesis de que nuestras relaciones nos conforman, nos hacen como somos, y diseñó, junto a sus colaboradores, un laboratorio de relaciones humanas que tuvo lugar en Bethel (USA) en 1947 consistente en una experiencia intensiva grupal para analizar los procesos y las interacciones. Lamentablemente Lewin no pudo asistir porque murió a principios de ese mismo año.

La base teórica de Lewin era la denominada “teoría del campo” que él mismo adaptó de la física de campo de Faraday, Maxwell y Hertz y aplicó al estudio interaccional. Esta teoría parte de la idea, extrapolada de la física al ámbito de las relaciones humanas, de que el mundo psicológico interaccional puede ser considerado como un lugar en donde los individuos constituyen especificidades que se influyen mutuamente. El campo, más que estructurarse en función de la suma de las personas que participan en una relación (grupo o relación bi-personal), comprende las influencias afectivas y cognitivas que afectan las conductas y actitudes, y está compuesto, en fin, de todas las variables psicológicas además de los fenómenos físicos y sociales, es decir del espacio vital y del espacio ambiental. En el campo tienen lugar interacciones a modo de fuerzas opuestas que mantienen, sin embargo, un equilibrio interdependiente, una totalidad en movimiento cuyas propiedades son distintas pero no independientes. Así, Lewin explica la conducta individual a partir de la estructura que establece un sujeto y su medio ambiente en un momento determinado. Esta estructura es un campo dinámico, un sistema de fuerzas que cuando se rompe genera una tensión.1

La presencia de esta otra persona en la terraza del bar donde usted estaba cómodamente con sus amigos generó una tensión porque las fuerzas que interactuaban fueron modificadas. Quizá a uno de sus amigos le ocurrió lo contrario, mientras no estaba esta nueva persona prácticamente se mantenía distante y poco efusivo, pero la nueva presencia a lo mejor le aportó seguridad por la intensidad de la relación que mantiene con esa persona y de pronto empezó a hablar e intercambiar los aspectos de su propia experiencia con los demás. En su tertulia se generó una estructura nueva a causa de un pequeño cambio, en este caso, la presencia de una nueva persona en su grupo de amigos que acudió, por casualidad, a la terraza del bar donde estaban ustedes.

Si somos capaces de observarnos a nosotros mismos con una cierta distancia podemos descubrirnos comportándonos de un modo determinado en una reunión familiar, por ejemplo. Podemos entrever como nos estamos relacionando con un individuo u otro y logramos percatarnos de nuestra conducta distinta que se produce en otra situación en la que interaccionamos exclusivamente con una sola de esas personas. Y si finalmente nos vemos en otra situación cara a cara en la que estamos relacionándonos con cierta intimidad con otra persona que nada tenga que ver con esta familia y con la que mantenemos interacciones de proximidad, la diferencia de nuestro comportamiento puede ser enorme. Sin embargo, en todos estos casos, quizá nos sentimos realmente nosotros mismos.

Una situación de interacción compone, según todos los datos de la psicología social, una unidad organísmica, un sistema con una gran energía interna en cuyo seno inciden de manera permanente una multitud de factores de manera simultánea que la hacen fluir constantemente de alguna forma. Las emociones y los pensamientos de las personas que integran esa relación, las comunicaciones que se producen o se reprimen, las percepciones mutuas de los individuos, la conciencia o inconsciencia respecto a las posibilidades de la propia relación y su progreso en relación al cumplimiento de las expectativas, los miedos, los encuentros y los conflictos forman parte de esta energía. Esta energía está allí, en el seno de la relación como organismo que tiene vida propia más allá de las individualidades que la conforman. Esta energía siempre emerge, de distintas maneras, canalizada o no, en el fluir permanente de esta relación a la que pertenecemos.

Comprender los movimientos y las fluctuaciones de esta energía y entender, en parte, los fenómenos que acontecen en nuestras interacciones puede posibilitar una mayor comprensión de nuestra propia persona y un mejor destino en nuestra vida relacional. También podemos aprender algo para intentar cambiar, si queremos, aquellas relaciones que nos funcionan menos y que realmente nos interesan porque las vivimos significativamente.

  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   22

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconResumen Se analizan los motivos de abandono del tratamiento en adicciones...

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconPregunta 1 Correcta Puntúa 1,00 sobre 1,00 Marcar pregunta Texto de la pregunta

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconPregunta 214: la correcta es la 5,y con respecto a esta pregunta tengo

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconHola disculpa que te moleste Fernando pero haciendo preguntas de...

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconHola disculpa que te moleste Fernando pero haciendo preguntas de...

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconMotivos por los que quiero dejarlo

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconResumen La violencia, como algo inherente e inevitable en ser humano,...

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconDebido a la incrementación de casos de drogadicción en el colegio...

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconCausas y síntomas de los hongos en los pies o pié de atleta

¿Causas, motivos o razones? La pregunta incierta de los filósofos iconLos beneficios significativos mostrados por EplerEnona en el estudio...






© 2015
contactos
m.exam-10.com