Adicción a la Comida -— ¿Eres un Adicto a la Comida?






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Adicción a la Comida -— ¿Eres un Adicto a la Comida?
Adicción a la comida es un término contemporáneo usado para describir un trastorno patológico; el deseo compulsivo excesivo por y el consumo de comida. Esta condición no solo se manifiesta por el consumo anormal de comida, sino por el consumo y deseo de alimentos que son, por sí mismos, dañinos para el individuo. Aunque la sociedad y la clase médica han comprendido eficientemente el alcoholismo y el abuso de drogas, solo en años recientes hay igual aceptación al hecho de que las personas puedan ser adictas a la comida de la misma manera. Cuando cualquier sustancia es ingerida por el cuerpo sin importar su potencial daño o el exceso de necesidad que el cuerpo tiene por ella, se dice que esa sustancia es abusada. Los individuos que abusan de estas sustancias de esa forma, son adictos. Estas personas se vuelven psicológicamente y mentalmente dependientes de ciertas sustancias, en este caso la comida.

Uno solo necesita responder unas pocas preguntas para determinar su adicción:

  • ¿Comes cuando no tienes hambre o cuando te sientes triste o deprimido?

  • ¿Comes en secreto o comes de manera diferente cuando estas solo que cuando estás en frente de otros?

  • ¿Consumes cantidades inusuales de comida y luego te purgas con vómito o laxantes para deshacerte del exceso?

  • ¿Hay alimentos que son dañinos para ti, pero los comes de todas formas?

  • ¿Te sientes culpable luego de haber comido?

Si puedes responder afirmativamente a cualquiera de estas preguntas es muy probable que seas adicto a la comida.

Adicción a la Comida—Cauas y Manifestaciones
La adición a la comida, como cualquier otra adicción, es una pérdida de control. El individuo entiende que su manera de comer es dañina, pero continúa con el comportamiento destructivo. El fenómeno de la adicción a la comida es tanto psicológico como fisiológico.

Muchos individuos tienen lo que puede ser denominado como “alergias alimenticias”. Estas son comidas que cuando se ingieren provocan síntomas negativos y cambios en el cuerpo, pero al mismo tiempo provocan deseos. Por ejemplo, el individuo diabético, podría “enfermarse” por el consumo de azúcar, pero seguirá deseándola y comiéndola en exceso, con efectos adversos. Los estudios continúan observando ciertas proteínas en la leche y el trigo que cuando se ingieren producen efectos similares a los de los narcóticos. Estos químicos imitan los supresores del dolor naturales, endorfinas, y que han sido llamadas “exorfinas”. Es posible que los individuos que padecen depresión, baja-autoestima o soledad; encuentren alivio cuando ingieren una alta cantidad de ciertos alimentos tales como la sal o el chocolate. El inmediato bienestar desaparece dando paso a una sensación de enfermedad o de culpa, conduciendo a más depresión. Debido a que el adicto está fuera de control, volverá una vez más al mismo patrón de alimentación en un esfuerzo, consciente o inconsciente, por sentirse mejor.

Los adictos a la comida provienen por igual de todas las edades, razas y géneros. Estos pueden tener sobrepeso, bajo peso y algunos peso normal. Todos ellos están unidos por su obsesión con la comida. Los individuos obesos sufren humillación debido al exceso de peso; pueden ser aletargados y sedentarios, incapaces de de moverse con libertad. Las personas con bajo peso pueden ser bulímicas; aunque comen obsesivamente, están tan temerosas de padecer sobrepeso que se inducen al vómito, toman laxantes o ejercitan compulsivamente para evitar ganar peso. También podrían alternar con periodos de anorexia, absteniéndose de los alimentos con el fin de controlar su peso, pensando constantemente en qué comer y en cuánto pesan. El tema de los alimentos es una miseria para estas personas; cuentan calorías compulsivamente, comiendo sin disfrutarlo.

Adicción a la Comida — ¿Hay esperanza de recuperación?
La adicción a la comida es una condición seria con muchos efectos adversos para la salud. Obesidad, trastornos psicológicos, diabetes y unas pocas anomalías gástricas.

Por supuesto, el primer paso para la recuperación es la concientización y aceptación del problema. Médicamente, los individuos deben identificar cuales alimentos —los alimentos detonadores— provocan los síntomas y deseos.

No hay manera fácil de combatir la adicción a la comida; se requerirá disciplina intensa para modificar los patrones alimenticios y el estilo de vida. Un programa de ejercicios manejable debería ser adoptado junto a cambios en la dieta que puedan ser mantenidos. Intentos ambiciosos por cambiar los patrones alimenticios de manera abrupta o perder peso de manera rápida, rara vez tienen éxito a largo plazo.

La dependencia fisiológica y psicológica de los alimentos, puede ser superada cuando el individuo reconoce que no tiene el poder para combatirlas por sí mismo. Estas personas deben buscar a Dios, solo él es capaz de proveer ayuda y sanidad en todas las áreas de la impotencia humana. “Yo soy el Señor, que les devuelve la salud” (Éxodo 15:26b). Dios está tan preocupado por tu bienestar físico como lo está de tu relación espiritual con él. Cuando un individuo le busca, encontrará salud, sanidad y recuperación. “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente” (3 Juan 2).

Como la anorexia y la bulimia, la adicción a la comida suele estar relacionada con problemas emocionales.




La raíz del problema no está en lo que se coma, sino en el porqué, de modo que se convierte en una dependencia muy difícil de superar por uno mismo.

Los científicos han demostrado que la actividad eléctrica que se genera en determinadas zonas del cerebro es la responsable de que, ante determinadas experiencias, sintamos dolor o placer. Quienes las padecen buscan con las conductas adictivas un cambio autoinducido: repiten actuaciones concretas para provocar con ellas que las células nerviosas del cerebro produzcan una actividad generadora de un sentimiento específico.

Cada persona desarrolla una forma particular de enfrentarse al miedo, la ansiedad, el estrés, el dolor o la culpabilidad. Algunas son capaces de tratar directamente el problema, pero muchísimas recurren a la bebida, las drogas o el exceso de trabajo. Para otras se hacen crónicos los dolores de cabeza, estómago o espalda.

Estos intentos para eliminar o reducir el estrés o el dolor son temporalmente relajantes y placenteros, por lo que cuesta darse cuenta de que, a la larga, serán inapropiados y dañinos. Todo el mundo sabe que el exceso de comida no es sano, pero sus perjuicios no se notan mientras comemos.

Encubrir otros problemas http://www.alimentacion-sana.com.ar/portal%20nuevo/imagenesplanillas/originales/eating.jpg

No hay una única causa que lleve a una persona a abusar de la comida. Geneen Roth, autora de varios estudios sobre el tema, en su libro Cuando la comida sustituye al amor explica así como para ella, que deseaba perder peso, los kilos de más suponían un escudo con el que protegerse de otros problemas:

”Mientras tuviera la atención pendiente en lo que comía, del tamaño de la ropa que usaba, de la celulitis y de cómo sería mi vida cuando finalmente consiguiera perder peso, no había persona capaz de herirme profundamente. Mi obsesión por el peso era más apasionante e inmediata que nada que pudiera sucederme con una amiga o un amante. Cuando me sentía rechaza por alguien, me decía que esa persona rechaza mi cuerpo, pero no a mí, y que cuando adelgazara las cosas serían diferentes“.

En otro libro, Una sustancia llamada comida, Gloria Arenson, que ha sido directora del Centro de Tratamiento de Desórdenes en la Comida de Los Ángeles, coincide en que muchos de estos enfermos desean de forma inconsciente ganar peso. No sólo se trata de evitar enfrentarse a un problema mayor que el peso.

Entre las mujeres, por ejemplo, es frecuente que ”se aferren a la gordura para negar su sexualidad“. Además, explica que ”las personas con baja autoestima pueden sentirse incomodas cuando se sienten observadas por el sexo opuesto y para ellas la grasa es un abrigo que cubre y protege a la persona.“

Enfermo sin perfil

Los comedores compulsivos son tanto hombres como mujeres de todas las edades y clases sociales. Algunos lo son periódicamente y otros se atiborran de comida diariamente. También hay quienes no se dan atracones, pero que no dejan de comer en todo el día.

Quienes tienen este problema comparten algunas de sus penas con las personas bulímicas. Ambas tienen episodios recurrentes de atracones en los que en espacio de tiempo corto ingieren grandes cantidades de comida, prefieren los alimentos ricos en calorías, a veces comen a escondidas, han intentado más de una vez perder peso y debido a la alternancia entre ayunos y empachos sufren variaciones en su peso.

Con todo ello llegan después los sentimientos de repulsa hacia ellos mismos y la depresión. Es bastante frecuente que hagan dieta constantemente. Se mantienen en permanente estado de privación, de modo que cuando su resolución por seguir el régimen desaparece tienen la sensación de que tienen que comer grandes cantidades para resarcirse de las privaciones anteriores.

Adicción a la Comida: Plan de Cuatro Niveleshttp://www.alimentacion-sana.com.ar/portal%20nuevo/imagenesplanillas/originales/comer87.jpg

Gloria Arenson n su libro Una sustancia llamada comida propone un ”plan a cuatro niveles“. Hacerse consciente de la adicción a la comida y, a partir de ahí, plantearse superar el problema.

1. Nivel físico: la conducta. La autora recomienda llevar un diario en que se reflejen los ”episodios de atracón“, y puntuarlos por su intensidad según una escala del uno al diez.

2. Nivel emocional: los sentimientos. Con cada una de las anotaciones, hay que preguntarse qué hay en nuestras vidas que merezca una puntuación como la que se le acaba de otorgar a la comilona.

3. Nivel cognitivo: los pensamientos y las creencias. Como no se ha encontrado nada que merezca esta puntuación, hay que analizar qué pensamos sobre nosotros mismos después del atracón y por qué creemos que lo actuamos así.

4. Nivel transpersonal: la recuperación del poder. Hay que dejar de sentirse una víctima y se deben buscar las medidas para lograrlo, si se cree necesario hay que solicitar la ayuda de un especialista

ADICCIÓN AL CELULAR

El uso inmoderado del teléfono celular o móvil es una clase de adicción a la tecnología que puede contribuir a desarrollar actitudes de dispersión, ansiedad e intolerancia e incluso actitudes delictivas para financiar la adicción. Son más vulnerables las personas jóvenes, que desean tener siempre la última versión tecnológica, con lo que sienten que mejora su status y su autoestima, y no pueden tener ratos de silencio y de soledad, que permiten pensar, hacer tareas cotidianas, dedicar un tiempo a la lectura o ser más uno mismo.  

Las adicciones tecnológicas tienen parecido con otras adicciones y pueden incluir además el uso indiscriminado del Internet, de los videojuegos, reproductores de música MP3 o la televisión misma. La Universidad de Guadalajara en Méjico, desarrolló una serie de preguntas que ayudan a identificar algunas de las conductas más comunes de los usuarios que han incurrido en alguna forma de adicción al celular. 

1.- Teléfono en todas partes: cuando la persona no puede separarse del celular ni para ir al baño, en clases, o reuniones familiares. http://www.encolombia.com/medicina/materialdeconsulta/tensiometro83adiccion.gif

2.- Actitud de malestar: Cuando se siente molesto si se le olvida el celular en algún lugar o carece de dinero o crédito para que siga funcionado.

3.- Cambios en hábitos: Cuando modifica hábitos de sueño por hablar a altas horas de la noche.

4.- Se desconecta del "mundo real": Su mundo es la comunicación por el móvil, pero existe una total lejanía de las personas que lo rodean, ya sea su familia, trabajo o escuela.

5.- ¿Es un experto?: Su ansiedad por llamar o recibir mensajes y tener lo último en tecnología le crea una sensación de que se ha convertido en un "experto" del aparato.

6.- La factura del celular: Cuando el pago de tarjetas o cuentas supera el gasto mensual presupuestado para este servicio.

7.- Actitud delictiva: Llega a cometer algunos hurtos para poder comprar un teléfono o pagar la renta del teléfono móvil.

8.- Un síntoma de adicción tecnológica es por ejemplo dedicar más de diez horas a un videojuego.

9.- Un adicto a la tecnología puede ser quien envía en promedio por celular doscientos  mensajes diarios.

10.- Un estudio realizado en España entre dos mil doscientos jóvenes,  se encontraron signos de adicción tecnológica en un setenta por ciento.

11.- Puede considerarse afectado por la tecnología si a diario navega por Internet ocho horas o más.

12.- Añadimos que una persona con adicción al celular se la pasa llamando, enviando mensajes, o si no, mirando permanentemente la pantalla para ver si alguien está llamando.

Ahora se ha vuelto frecuente que durante reuniones que requieren concentración, actos religiosos, proyecciones de cine, etc. se solicita a los asistentes que apaguen sus teléfonos celulares para no interrumpir a los demás y permitir su misma concentración.

La tecnología –el celular entre ellas- representa un gran avance en la modernidad, pero lo natural es usarlo de una manera normal, sin ansiedades, para urgencias o asuntos de verdadera utilidad, como negocios, o para informar brevemente su ubicación e indicar hacia donde se dirige, si por ejemplo tiene una cita o a otra persona necesita decirle algo especial.

Esta adicción a las nuevas tecnologías se puede dar por una falta de objetivos o por la inestabilidad de la persona ante tantas incertidumbres que debe afrontar. A ello también podría contribuir alguna falta de valores, que haría que haya personas que se hundan. Las nuevas tecnologías ofrecen muchas posibilidades de bien social, pero al mismo tiempo pueden esclavizar a muchos individuos ante un computador o un celular y abocarlas a un diálogo frenético hombre-máquina que hace que pasen largos ratos en esta actividad. No es necesario decir que el uso exagerado del teléfono móvil puede obligar a muchos a estar colgados de él en largas conversaciones para expresar cosas banales. Son abundantes las obsesiones de muchas personas por pasar largos ratos inmersos en la virtualidad de unas imágenes, sumergidas en una irrealidad de la vida, manifestando un deseo de huída del estrés. 

Encontramos los paquetes iPhones, GL y BackBerry para contactar al instante con cualquier persona en cualquier momento y desde cualquier lugar.

Según la reciente encuesta realizada por Pew Internet & American Life Proyect, el 51% de los encuestados afirman que seria muy difícil renunciar a sus teléfonos celulares, mientras que en la encuesta realizada en el 2002 este porcentaje era del 38%. De hecho, en la encuesta, la tecnología móvil fue la mas codiciada, aun sobre el acceso a Internet y la Televisión.

Pero, ¿será que los dispositivos móviles se han convertido en algo demasiado bueno?. No solo proporcionan a sus usuarios el acceso constante a la información, sino que también nos hacen más exigentes y ansiosos. Ya no hay excusas para perder una llamada, un e-mail o un mensaje de texto.

Según dice Megan Young, un estudiante graduado de la Universidad de Baylor en Waco, Texas,”Cuando estoy teniendo una conversación con mensajes de texto y el servicio esta lento, es como si el mundo se fuera a terminar.”

Esta frustración, no es un hecho aislado, sino que es de la mayoría de los usuarios de teléfonos móviles. Nuestros teléfonos se han convertido en parte funcional de nuestras vidas. Y cabe plantearse la pregunta, ¿nos hemos vuelto adictos a nuestros celulares?

Los expertos afirman que el uso constante de los dispositivos móviles aun no ha sido diagnosticado como una adicción. Sin embargo, algunos sostienen que de hecho debe de ser clasificada como una enfermedad similar a la adicción a las drogas, al alcohol o a los juegos de azar.

David Greenfield, un psicólogo experto en los comportamientos relacionados con Internet, dice que hace una década predijo que la gente se volvería ultra-dependiente de los dispositivos móviles, incluso más que de los PCs y Laptops. Ya que los teléfonos no pesan mucho y entran fácilmente en un bolsillo o bolso “El umbral resulta muy fácil de cruzar y no hay retorno”, dice Greenfield.

El continuo y constante uso del celular produce en el cuerpo respuestas químicas similares a las que se producen con los juegos de azar. Cuando un jugador compulsivo gana una partida, se motiva para seguir jugando hasta ganar de nuevo, esto sin importar lo mucho que pueda perder en el medio.

Lo mismo sucede con los mensajes de texto y los e-mail. “De vez en cuando se recibe un mensaje de texto o e-mail, que van desde los anuncios de Viagra hasta el sistema monetario de Uganda. Estas son poderosas reafirmaciones”, dice Greenfield.

Otros, sin embargo, no están tan convencidos de que el uso del teléfono móvil sea una adicción, o incluso que perjudique la calidad de vida de los usuarios si se mantiene bajo control. “Creo que la dependencia existe, pero de ahí a que desempeñe un papel nefasto en la vida, es otra cuestión”, dice Scott W. Campbell, un profesor de la Universidad de Michigan, asistente del estudio del comportamiento de usuarios de móviles. “No creo que sea tan perjudicial como las sustancias o que se necesite de tratamientos.”

Campbell, toma nota de que los dispositivos móviles fueron en principio vistos como una Herramienta útil para las personas, ya que podían acceder a datos desde cualquier lugar y cuando fuera necesario. Pero ahora los móviles se han convertido en mini-laptops llenos de contenidos digitales. “La tecnología ha llegado a poseer mucho de nosotros”, admite.

Para evitar sentirse estresado, hay que establecer límites, dicen los expertos. John Horrigan, director asociado del proyecto Pew Internet, afirma que los límites varían en gran medida por el temperamento y la edad del usuario. Los jóvenes que crecieron con las tecnologías inalámbricas tienden a tener un umbral mas elevado para hacer frente al torrente de llamadas, correos electrónicos y textos que reciben en sus teléfonos, mientras que las personas mayores tienden a sentirse molestas por ellos.

Si te estas sintiendo sobrecargado de tanta llamada, e-mails y mensajes que recibís en tu móvil, aun no has visto nada. Los conocedores del tema dicen que no solo aumentara el uso de los teléfonos inteligentes cada vez más sofisticados y potentes, sino que sustituirán a los laptops en el futuro.

El crecimiento de la gente asociada a los servicios móviles, apoya esta tendencia. Que en solo dos años, el numero de suscriptos aumento en los EEUU ocho veces a 225 millones, o sea un 84% de la población. En el 2007 de 34 millones y el 13% en el 2005, según estudios realizados por la asociación de industria inalámbrica CTIA. Mientras tanto los ingresos a la industria móvil se disparan de $19 millones a $139 mil millones.

A pesar de la indiscutible ola de teléfonos móviles, Greenfield dice que hay poca evidencia clínica de que los dispositivos móviles mejoran la calidad de vida.

Mehtani afirma, que esta de acuerdo en que su iPhone no ha hecho su vida mas feliz, sino que ha mejorado su negocio.”Yo no diría que ha hecho mi vida mejor. Ha hecho mi vida mas eficiente”. La móvildependencia genera estrés, sudor y ansiedad. En la Argentina, aún no hay registros de la nueva adicción que trastorna a todos

María José le fascina hablar por teléfono: mientras traga un sorbo de su gaseosa dietética, atiende una llamada de una amiga cordobesa. En su cintura se calza el segundo teléfono móvil, también de última generación. El nuevo “chiche” –apenas tiene una semana de uso-, comienza a sonar con un inefable ringtone, que avisa de una llamada entrante.

La escena, en Europa, casi resulta habitual. Miles de españoles, por citar un caso, padecen lo que la psicología ha denominado la “móvildependencia”; se trata de un hábito moderno, propio de las nuevas generaciones, que utilizan el teléfono celular las 24 horas, con el que mandan emails, mensajes de texto, sacan fotos y hasta chequean las noticias por Internet.

Pero la adicción al móvil se ha convertido en preocupación. Una asociación española llamada Proyecto Hombre trata a dos jóvenes menores de 18 años (uno en Cádiz y otro en Alicante) por su adicción al móvil. Al conocerse la noticia, la ONG recibió centenares de consultas de padres y de usuarios sobre esta dependencia.

Así, desde la Federación de Consumidores en Acción (Facua) se puso en marcha una campaña para alertar a los usuarios de la dependencia que puede generar el teléfono móvil. Según Facua, algunos consumidores llegan a sufrir trastornos físicos y psicológicos como ansiedad, palpitaciones y sudores cuando olvidan llevar el aparato o se quedan sin batería.

Los argentinos, con la llegada de mejores equipos de móviles y tecnología de transmisión mejorada, podría seguir los mismos pasos. En la actualidad, hay unos 27 celulares por cada 100 habitantes.

Las principales empresas de telefonía móvil señalan que en dos años habrá 20 millones de celulares en la Argentina, es decir, el doble de la cantidad de líneas en servicio de hoy.
 
Las estimaciones indican que la penetración de la telefonía celular llegaría al 40% de la población, un gran negocio para las empresas, pero que podría acarrear la nueva dependencia.Los malos tragos de la móvildependencia.

La misma advertencia que hicieron los españoles fue registrada por expertos británicos. Un estudio hecho en Gran Bretaña concluyó que los adolescentes están sustituyendo los cigarrillos por celulares, pero que la conducta de los jóvenes es igual de obsesiva y adictiva que con el tabaco.

Así, los adolescentes son capaces de llamar de tres a cinco veces a una persona con la que se han citado, sólo para avisar que van en camino. Otro relevamiento británico, realizado por la universidad de Lancaster, mostró que uno de cada tres usuarios está “enganchado” a su móvil. Según el estudio, efectuado sobre 150 mil usuarios, los más afectados por la móvildependencia se sienten mal si se alejan unos metros de sus teléfonos, envían decenas de mensajes por día y lo utilizan como calendario y reloj despertador.
Cómo detectar a un adicto al celular

Si usted carga nueve celulares, tiene insomnio y es capaz de robar para tener el último modelo de celular, no lo dude: es un móvil adicto. Suena irrisorio, pero los españoles han detectado casos de esta magnitud.
Estar conectado es como una dosis de dopamina, es decir, una sensación de placer, aseguran los psicólogos norteamericanos.

En la Argentina, los casos no han llegado a ese extremo o al menos, no han sido registrados. Enrique Novelli, licenciado en Psicología, relata las características de un móvil adicto. “Son personas ansiosas, que tienen un sentimiento basal de ansiedad que los lleva a estar comunicados. Frente al aislamiento la solución es el celular”, señala el terapeuta, desde su experiencia personal.

La idea, según transmite Novelli, es estar conectado mentalmente todo el tiempo. “La otra posibilidad es surja la necesidad de comunicarse ante la posibilidad de perderse algo”, añade.

La opinión de la doctora Laura Orsi, psicóloga, es similar. “La modalidad actual que se ve en pacientes que tienen otras conductas compulsivas”. Orsi, que pertenece a la Asociación Psicoanalítica Argentina, apunta que no hay en la Argentina ningún estudio o relevamiento sobre este suceso.

“En Europa hay un uso y un abuso de celulares. En la Argentina hay un aumento de teléfonos móviles en jóvenes casi como un fenómeno de la seguridad, control de los padres, no como apego de los chicos”, explica Orsi.

Ambos profesionales coinciden en que la dependencia del teléfono móvil es un reflejo de otras obsesiones, inclusive, adicciones como el alcohol o las drogas. “Aparentemente no es tan grave; en general viene acompañado de otras compulsiones, como los workaholics (adictos al trabajo)”, opina Orsi.

La relación se explica puertas adentro de un consultorio: los móvildependientes no van a terapia por su adicción al celular, sino que esta obsesión salta a la vista, junto con otras compulsiones. “Cuando llegan a terapia a veces no pueden despegarse del celular y a veces no lo apagan”, grafica la psicóloga.

Para tranquilidad de mayores y usuarios compungidos, esta dependencia tiene solución. El tratamiento, como explican los terapeutas, es similar al que se aplica a ansiosos, adictos al trabajo y otros trastornos compulsivos. La amenaza en nuestro país está aún latente; los argentinos están recién descubriendo la adicción a “no me dejen solo”

La drogadicción, drogodependencia o también llamada dependencia a sustancias psicoactivas es la imperiosa necesidad que una persona tiene por consumir bebidas con contenido alcohólico u otra clase de drogas (marihuana, cocaína, inhalantes, tranquilizantes, alucinógenos, etc.).
Esta necesidad no desaparece a pesar de que la persona consumidora o usuaria sufra las consecuencias negativas producidas al momento de consumirlas o después de dejar de usarlas. Por norma general, se trata más de una necesidad Psicológica que Física.




La adicción a las drogas

Una enfermedad primaria, progresiva y mortal: Vamos a analizar por partes este novedoso concepto.

Primaria

Muchas personas piensan que la adicción a las drogas aparece después o es consecuencia de algún problema como lo es alguna enfermedad mental, un “trauma” sufrido durante la niñez o cosas similares. Si así fuera diríamos entonces que es una enfermedad “secundaria”, esto es, que es una consecuencia directa de otro problema mental o emocional, o sea que primero apareció el problema mental y después, como resultado, vino la adicción a las drogas.

adicción a las drogas

Esta es una idea algo anacrónica y no completamente cierta. La ciencia contemporánea ya corrigió este punto de vista. La realidad es que la adicción a las drogas puede padecerla cualquier persona, tenga o no tenga enfermedad mental alguna, y debe ser tratada primeramente, esto es: antes que cualquier otro problema mental o emocional y esto quiere decir sencillamente que la persona tiene que aceptar que está enfermo (a) y que debe abstenerse de seguir consumiendo drogas o alcohol, además de pedir ayuda a los expertos en la materia.
Algunos investigadores científicos afirman que es posible saber con mucho tiempo de anticipación si una persona va a ser adicta o no en alguna etapa de su vida. Estos eruditos aseguran que desde temprana edad un niño o niña se comporta de tal manera que se va preparando el terreno para que desarrolle la adicción a las drogas algunos años después. Ellos hablan de los niños que son muy nerviosos, hiperactivos e inestables. Esta idea no es nueva. Pero también tenemos que decir que esos niños pueden cambiar su manera de comportarse al ser presionados por el medio familiar o social o, sencillamente, al llegar a la pubertad pueden sufrir cambios en su manera de ser que se deban más a las crisis propias de esta etapa de la vida y, por lo tanto, esa supuesta personalidad “preadictiva” (riesgo de convertirse en adictos) desaparece para siempre.
Desde otra perspectiva, algunos expertos afirman que los niños o niñas muy inseguros y que son extremadamente dependientes de alguno de sus padres, al llegar a determinada edad (pubertad o adolescencia) y para vencer esa inseguridad y lograr cierta autonomía respecto a su progenitores, usarán el alcohol o las drogas debido a que el efecto de estas sustancias les permitirá aumentar la seguridad personal y olvidarse de los lazos que los atan a sus padres. Este tipo de niños o niñas que padecen de inseguridad o dependencia emocional muy marcadas, al llegar a la pubertad pueden modificar sus sentimientos y convertirse en otro tipo de personas, y esto sin necesidad de recurrir a la adicción a las drogas, cualesquiera que estas sean.




Progresiva

Quiere decir simplemente que las cosas van a ir empeorándose cada vez más mientras la persona no se atienda. Muchos adictos, sus familiares, amigos o patrones piensan que con sostener una buena platicada con la persona problema, dándole algunos consejos o regaños, ésta va a dejar de consumir las drogas o de abusar de las bebidas alcohólicas y las cosas van a cambiar.

Desgraciadamente esto no es así con la adicción a las drogas se requiere de ayuda especializada.

adicción a las drogas

Es muy probable que después de esa plática o serie de pláticas interesantes e intensas en las que se invirtieron tiempo, energías e inteligencia, tanto la persona adicta como el voluntario o voluntaria que se prestó para ayudar, salgan convencidos ambos de que algo bueno va a suceder próximamente, pero al cabo de pocos días u horas las cosas van a regresar a como estaban antes o peor.

Durante el período de abstinencia en el que la persona no se involucró con el uso del alcohol o las drogas, su deseo por hacerlo no disminuyó, por lo contrario se vio acrecentado y toda la energía contenida de ese deseo se desbocará a la hora de regresar a beber o a usar drogas.

Mortal

Esto parece fácil de entenderse: a medida que la persona adicta consume más drogas o alcohol, tiene más riesgo de morir por una sobredosis. Pero este punto no es el único que hace mortal a esta enfermedad. Hay otros muy importantes. También se puede morir en un accidente vial por ir manejando intoxicado(a) ; del mismo modo puede perderse la vida en algún pleito a golpes o por lesiones producidas por arma blanca o arma de fuego, situaciones que se presentan comúnmente cuando las personas se encuentran intoxicadas por el alcohol o las drogas, o incluso pueden morir al no ingerir alimentos o líquidos vitales ya que la mayoría de las drogas quitan el hambre y en ocasiones hasta la sed ; del mismo modo se puede sucumbir sencillamente porque mientras se abusa del alcohol o de las drogas se pierde el sentido de la vida y se llega al suicidio y esto es algo que le sucede a gran cantidad de alcohólicos y adictos ; finalmente se puede perecer por la sencilla razón de que a la mayoría de los adictos les resulta muy difícil parar de consumir el alcohol o drogas y esto va a provocar un deterioro progresivo de las funciones vitales del organismo hasta que este deje de funcionar.

A pesar de todo, esta enfermedad se puede tratar y detener a tiempo. Hay mucha gente que lo está intentando con buenos resultados en la actualidad.

Las drogas y el cerebro: El cerebro controla e integra todo movimiento y conducta humana, casi todos los efectos de las drogas modifican la conducta por acción en el cerebro y en el tronco encefálico. Las modificaciones conductuales causadas por drogas que provocan emociones incontrolables, restricción del almacenamiento de información, capacidad limitada para tomar decisiones y otros tipos de conducta sin control, nos ha llevado a estudiar, como reaccionan a las drogas las diferentes áreas del cerebro. Si se logran entender qué fenómenos se desarrollan en la célula y otras estructuras superiores más sofisticadas, se puede entender más fácilmente porque se adopta una determinada conducta.
Tronco encefálico: El cerebro y el tronco encefálico comprenden ciertas estructuras diferentes que tienen que ver con el control de acciones, pensamientos y emociones específicas. La alteración de las transmisiones neuronales en estas áreas afectan tanto la conducta física como mental.

Se sabe que los efectos de las drogas afectan a estas áreas, pero ciertas drogas son específicas para ciertas estructuras, por tanto, cada droga presenta características conductuales propias.
El Hipotálamo: Por medio de estudios experimentales se han encontrado áreas específicas del hipotálamo que provocan sensaciones de placer completamente distintivas cuando son estimuladas. Estas áreas de placer y dolor son de gran importancia en el uso y abuso de drogas, porque provocan una intensa euforia, y esto hace que la estimulación de estas áreas de placer del hipotálamo provoque depresión o inhibición de células de los centros correspondientes al dolor.
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