Carátula: "Bártoli Guillermo, García Belsunce Horacio Carlos, Hurtig Juan Carlos, Binello Sergio, Michelini Beatriz Magdalena, y Gauvry Gordon Juan Ramón s/ encubrimiento"






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títuloCarátula: "Bártoli Guillermo, García Belsunce Horacio Carlos, Hurtig Juan Carlos, Binello Sergio, Michelini Beatriz Magdalena, y Gauvry Gordon Juan Ramón s/ encubrimiento"
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En este orden de ideas, Javier Nilkinson, relacionado laboralmente con Juan Hurtig desde el año 1994, dijo que en el velorio éste le comentó “estoy un poco contrariado con esto… hay algunas cosas que no me terminan de cerrar… dicen que falleció… en un accidente en la ducha, pero tenía las zapatillas puestas”, y que “era como que había algo que no podía precisar qué era pero que no le cerraba” (sic.) -reitero aquí que tampoco le dijo a este testigo de su hallazgo del “pituto”-, siendo reiterativo en la expresión de sus dudas, hasta que en un viaje a San Antonio de Areco en el que estaban juntos, Juan recibió un llamado telefónico transmitiéndole el resultado de la autopsia.-

Contó que en dicha oportunidad Juan, alterado, decía “cómo puede ser, como puede ser, si yo la tenía en brazos, debe ser un error” (sic), explicándole luego que su hermana tenía cinco tiros en la cabeza y que eso no podía ser porque la había tenido en sus brazos.-

No entiendo esta sorpresa del imputado Hurtig ante la noticia de que María Marta no había fallecido por un accidente en la ducha.-

¿No había sido el propio Juan quien desde el primer momento había dudado de su ocurrencia, y había intuido que “algo no le cerraba”?

¿No había sido Juan Hurtig la persona que había encontrado un “pituto” debajo del cuerpo de María Marta y había averiguado por la posibilidad de que fuera una bala?

¿No había sido él mismo quien evaluara ante Romero Victorica como hipótesis de ocurrencia que su hermana había sido víctima de una persona que ingresara la casa y la sorprendiera, dándole muerte?

En estas circunstancias, ¿de qué error hablaba Juan, si él era el que tenía dudas, las cuales se vieron corroboradas definitivamente con el resultado de la autopsia?, ¿o debemos creer que a esa altura de la investigación quería que se le hiciera la autopsia a su hermana para comprobar que estaba equivocado y la muerte de María Marta verdaderamente había sido por un accidente en el baño?

El testigo nos da la respuesta cuando dijo que a partir de esa llamada las dudas de Juan “se convirtieron en certeza”.-

No faltarán voces precipitadas en alzarse contra este razonamiento, aduciendo que mal podría considerarse a Hurtig "un encubridor" del homicidio de su hermana, cuando fue precisamente él quien alertó a la investigación acerca de la existencia de lo que podría tratarse de una bala, llegando inclusive a colaborar personalmente en su posterior búsqueda y recupero.-

A ello, debo responder diciendo que Juan Hurtig no dijo nada de sus dudas a la autoridad policial en la primera oportunidad que tuvo y recién habló del pituto cuando la realización de la autopsia era cuestión de tiempo, por lo que entiendo que dicha conducta no tuvo otro norte más que el de mejorar su más que comprometida situación procesal.-

Ha quedado asimismo acreditado que Carlos Carrascosa, Horacio García Belsunce y su abogado Scelzi concurrieron a la firma Cazadores solicitando entrevistarse con los vigiladores que habían estado el día del fallecimiento de María Marta García Belsunce, y tras una consulta con el abogado de la empresa (en virtud de que estos empleados habían prestado declaración en la Fiscalía –conforme testimonial de Maciel el 11 de noviembre de 2002-) se les recomendó que no lo hicieran, lo que se comunicó también a quienes pedían por esa reunión.-

Recordó el testigo Miguel Angel Spiccia (quien trabajaba en la firma Cazadores desempeñándose para el mes de octubre del año 2002 como representante legal de la misma) que estas personas además preguntaron si los empleados de la empresa utilizaban por esa época revólveres calibre 32 respondiéndoles negativamente.-

Surge entonces de un mero cotejo de fechas que el pedido a la firma Cazadores y la interrogación acerca de si los vigiladores utilizaban armas calibre 32, fue el sábado siguiente a la semana en que prestaran declaración los empleados de la firma Cazadores, pero antes de la operación de autopsia –el 2 de diciembre de 2002-.

Ante ello se impone el interrogante de porqué se interesaron por conocer el calibre de las armas que usaban los vigiladores.-

¿Acaso sospechaban que uno de ellos había tenido algo que ver con la muerte de María Marta, y que además la misma se había producido por el uso de armas de fuego?

Pero aún resulta más significativo que preguntaran justamente por el calibre 32, que resultara ser el del arma utilizada para acabar con la vida de María Marta. ¿O es que conocían cómo y con qué se habían producido las heridas fatales a la mencionada víctima?

No tengo dudas que la respuesta afirmativa cae de maduro.-

Sólo me resta agregar en punto al testimonio de Spiccia, que para contrarrestar lo afirmado por el mismo la Defensa trajo al debate como testigo al Dr. José Scelzi, el cual negó que la reunión a la que hiciera referencia el representante legal de la firma Cazadores haya tenido lugar con anterioridad a la operación de autopsia.-

Advierto que conforme surge del VAIC –fs. 51 de la carpeta L1-, el primer contacto con Licinio Scelzi se realiza desde el celular de Binello –Coppol SA-, la noche del 27 a las 09:46:14 pm hs., y que conforme surge de las declaraciones a tenor del art. 308 del ceremonial, de Juan Hurtig y de Horacio García Belsunce incorporadas por lectura al debate, concurrieron a dichos actos con el mentado abogado como su defensor técnico en esta causa.-

Ello más allá de la referencia que hiciera el propio letrado en cuanto a su intervención profesional y en colaboración por la amistad que los une a los imputados en la misma.-

Estas circunstancias me llevan a considerar sus dichos como interesados y parciales, pues el testigo se ha visto limitado en sus respuestas por el secreto profesional –del cual no recuerdo haber escuchado que fuera relevado por ninguno de sus antiguos asistidos-, lo que claramente se entremezcla con aquellos otros datos de la realidad que hubiera podido recoger desde su carácter de amigo de familiares y relaciones de María Marta.-

En el mismo sentido la transcripción de conversaciones de la carpeta “A” de escuchas telefónicas en las que se pone de resalto el asesoramiento y contacto referidos (vcia. fs. 14 y vta. del 13/12/02).-

Pasando a otro tema e ingresando a analizar la segunda de las imputaciones atribuidas a Horacio García Belsunce, y también aquélla que le fuera endilgada a Sergio Binello, parto de la base de que ha quedado claro para mí que la noche del día 27 de octubre de 2002 hubo expresos pedidos (García Belsunce) y directivas (Binello) de los antes nombrados en miras a lograr evitar el ingreso de personal policial al barrio.-

Divido el tema en dos puntos, ya que uno deriva o depende -en lo que a su efectiva ocurrencia se refiere y siguiendo un orden secuencial lógico- necesariamente del otro.-

Por ende, el primero ha de ser el de la presencia –o no- de la policía en el Carmel (o sus inmediaciones) toda vez que de no haberse dado en la realidad esta situación precedente ningún sentido tendría un posterior llamado –o mejor dicho varios- efectuados por distintas personas (Horacio García Belsunce y Sergio Binello) a diferentes interlocutores (Casafús y White entre otros) tendientes a evitar el acceso de la misma al lugar.-

Y para demostrar que ciertamente la policía se dirigió (aunque no llegó a ingresar por las razones que más adelante –como segundo punto- expondré) con destino al Country Carmel durante la noche del día 27 de octubre de 2002 horas después de que María Marta fuera asesinada en su domicilio ubicado en el interior del mismo, nada mejor que comenzar por traer a consideración el testimonio de Fernando Luis Domínguez.-

En efecto, el nombrado relató que trabajaba en Cazadores como personal de vigilancia y que como tal su jornada de labor comenzaba a las siete de la tarde terminando a las siete de la mañana del día siguiente, custodiando en lo personal “la parte de afuera del country –Carmel-, con la patrulla” (sic), la cual estaba siempre apostada “sobre la calle Petrel, que es una calle paralela a Monseñor D’andrea” (sic) y que se comunica con el Carmel a través de la calle Colibrí, aclarando que esa consigna se establecía allí “a partir de las siete y media, luego de dejar a los vigiladores que salían del turno de la mañana en la estación de Villa Rosa” (sic), permaneciendo luego en el mismo lugar hasta las 23:00 horas.-

Yendo en concreto a sus vivencias del día 27 de octubre de 2002, nos contó que cuando estaba llevando al turno saliente, observó dos ambulancias que ingresaban al country, y que estando ya de regreso en su puesto, entre las 21:30 y las 22:30 horas aproximadamente –o bien, alrededor de las 20:30/21:30 horas, según declaración de fs. 661, que sobre el punto ratificara- la presencia de una patrulla identificable con las balizas encendidas “que venía hacia mí” (sic), dando la vuelta detrás suyo para volver y tomar el camino El Colibrí con destino al Carmel –ya que no hay otras edificaciones en el lugar terminando esa calle en el Campus de una Universidad-, motivo por el cual llamó a la guardia del mismo para avisar que la policía iba para allí, creyendo que “no era una patrulla de la Comisaría de Pilar” (sic), sino de “una Departamental distinta, San Martín o San Isidro” (sic), recibiendo a los quince minutos una comunicación desde Carmel informándole que al lugar “no había ido nadie” (sic).-

Finalmente, dijo que más tarde esto mismo pudo habérselo comentado a un compañero de trabajo de apellido Toledo, “puede ser, típico comentario entre dos guardias de la misma empresa” (sic), y que lo que él observara podría haber sido captado a su vez por las cámaras de seguridad del country, mencionando dos, “creo que eran la 10 y la 11” (sic).-

Asintiendo en lo cardinal las manifestaciones de Domínguez, Horacio Fabián Toledo nos contó que cumplía funciones en el barrio cerrado “La Martinica” como vigilador, de 7 de la tarde a 7 de la mañana, y que por ello conocía el Country Club Carmel, ya que el mismo estaba ubicado frente al primero, conociendo por tal motivo a Fernando Luis Domínguez “de vista… porque el pasaba con una camioneta, cubría la parte de afuera del Carmel, también era vigilador como yo y trabajaba para la misma empresa… Cazadores” (sic).-

Aseguró además, que el día 27 de octubre de 2002, sin poder precisar la hora, una ambulancia se presentó en la guardia de La Martinica preguntando dónde quedaba el Carmel, siendo que tras ser preguntado para que dijera si observó la presencia de algún móvil policial a esa fecha, en su horario de trabajo, y responder que no, aclarando que “no estaba permanentemente en la guardia, hacía recorrida, no sabría decirle si alguien la vio” (sic), le fue leída a pedido de la Fiscalía y en los términos del art. 366 inc. 4º del Ceremonial su declaración de fs. 655 y siguientes, ratificando –luego de hacerlo claro está- el testigo en la oralidad propia del debate el acápite de la misma que dice: “Que con relación a la aparición de un patrullero o móvil policial, el dicente manifiesta que nunca un patrullero se hizo presente en “La Martinica” y por ende nunca llamaron al “Carmel” para avisar que un patrullero iba para ese lugar. Sí recuerda con relación a esto último que otro vigilador de la misma empresa de apellido Domínguez quien ese día cubrió como patrullero (con un vehículo de la empresa apostado en las afueras del barrio), le comentó que el que avisó sobre el patrullero fue él, aclarándole que en momentos que se encontraba sobre la calle Petrel, fue interceptado por un patrullero de la policía los cuales le preguntaron donde quedaba la entrada del Country Carmel, para luego de indicarles por donde se tenían que dirigir para llegar a dicho lugar, el móvil se dirigió para allí. Que por ese motivo fue que éste vigilador se comunicó vía celular hacia la guardia del Carmel y le dio aviso de que el patrullero se dirigía para dicho lugar”.-

Pero Domínguez –y por extensión Toledo- no han sido los únicos que se refirieran al tema, ya que también dio cuenta de la presencia policial en el lugar el vigilador Páez.-

En efecto, éste último refirió que por intermedio de las cámaras de video observó que “una camioneta” (sic) de la fuerza policial se acercó al barrio deteniéndose “a doscientos o trescientos metros” (sic) de su puerta, y que tal situación la puso en conocimiento de Maciel, por radio, acotando el declarante que este móvil luego de permanecer “unos cinco o diez minutos detenido… parado ahí” (sic), “pegó la vuelta” (sic) y se fue de allí.-

Concatenado con ello, Maciel nos contó que el día del hecho en horas de la tarde-noche lo llamaron diciéndole que venía un patrullero al Carmel, situación que a su vez se la comentó al Presidente del Club, Alberto E. White, quien al respecto dijo: "que no pase… ¿alguien llamó? (sic), siendo que luego de que desde le guardia le respondieran que no, agregó "vamos para allá que yo lo arreglo… los esperamos en la puerta" (sic), aclarando el declarante que finalmente y por causas que desconoce, "la policía nunca apareció por el barrio" (sic).-

Lo dicho por Maciel nos conduce a su vez a White -cuyo testimonio obra a fs. 346/348 de estas actuaciones y fuera incorporado al juicio por su lectura con motivo de su fallecimiento y con apego en lo normado por el art. 366 del ritual- quien manifestara que el día del hecho a las "ocho y pico" (sic) y en circunstancias en las que regresaba de Pilar luego de haber concurrido a una misa, se dirigió a la proveeduría del country enterándose allí que María Marta había tenido un accidente falleciendo a consecuencia del mismo, siendo que en lo que es de interés resaltar, explicó que en un momento determinado le modularon de la guardia informándole que habían llamado de la policía para decir que venía un patrullero al barrio, o bien que alguien de la guardia había visto "por las cámaras… que un patrullero quería entrar, que se mandaba” (sic), situación ésta que intentó poner en conocimiento de Carrascosa, llamándolo por teléfono, siendo atendido finalmente por Sergio Binello, a quien le comunicó la novedad, recibiendo por parte de éste la respuesta sobre la cual habré de detenerme más adelante, habida cuenta de formar la misma el núcleo de la acusación que pesa en su contra.-

Cuestionó el Dr. Caride la veracidad del testigo Páez, argumentando que no resulta posible que la observación de la que diera cuenta el nombrado no haya quedado registrada en las grabaciones de las cámaras de seguridad, sobre todo teniendo en cuenta lo dicho por el testigo en punto a que “el patrullero llegó, se detuvo y se volvió… quedó cinco o seis minutos detenido y se retiró” (sic).-

Ya me he ocupado en cierto punto del tema al detenerme en el análisis de la línea de tiempo que trazara el Dr. Blanco en su alegato.-

No podemos basarnos en las imágenes captadas por las cámaras de seguridad para desacreditar a un testigo, primordialmente, por las graves falencias que presentan, no sólo de imagen sino también de conjunción consecutiva de las muestras.-

A modo de ejemplo, y tomando una de las tantas muestras posibles, en el horario de las 19:24 horas, hay cinco o seis imágenes consecutivas captadas por la cámara de seguridad direccionada hacia la calle Petrel en las que no se visualiza absolutamente nada, es decir, no hay registros grabados de lo que se ve “en vivo” a través del monitor, lo que permite razonadamente pensar que lo que no se ve en los mismos puede haber pasado y no estar registrado.-

De hecho, nadie pone en duda la llegada de las dos ambulancias al Carmel aunque sólo se observe a través de las imágenes el ingreso de una de ellas (a las 19:47:19 horas).-

No hay registro visual alguno en relación a la primera de las ambulancias, más allá de que su concurrencia al lugar –siempre en función de las vistas de los fotogramas- pueda presumirse a partir de las imágenes en las que se observa la aproximación “a lo lejos” de un vehículo de gran porte (19:24:30 y 19:24:41 horas) respecto del cual no sabemos siquiera a ciencia cierta cuál fue en definitiva su destino, ya que como quedara dicho, el ingreso del vehículo de emergencia tripulado por Gauvry Gordon y su chofer, no fue asentado –para poder establecer allí y de manera indubitable un juego de relaciones- en la planilla de fs. 23 y siguientes.-

¿Por qué entonces voy a creer que las ambulancias (las dos) estuvieron y el patrullero no?

Por una sencilla razón.-

El análisis de la prueba debe hacerse de manera ensamblada con el conjunto probatorio, y ese elenco es precisamente el que me permite alcanzar la certeza requerida en punto a que efectivamente un patrullero concurrió al lugar, y que el mismo fue visto no sólo por Domínguez sino también por Páez.-

Volviendo sobre mis pasos, y aun tomando por cierto que la imagen captada a las 19:24:41 horas registró en imagen el ingreso de la ambulancia en la que viajaba Gauvry Gordon, no deja de ser una realidad que cada uno de los móviles de emergencia se observan en los fotogramas “una única vez”, “o a la sumo dos”, con lo cual si tenemos en cuenta que algunos de ellos son totalmente inteligibles y que a su vez, entre una imagen y la que le sucede en el tiempo, hay un “salto” de entre cuatro y seis segundos, bien pudo el paso del patrullero no haber quedado registrado por una cámara que, dicho sea de paso –lo dijo Páez entre otros- capta en imagen un radio, franja o trayecto de tan solo cien metros.-

Omite sin embargo el distinguido defensor mencionar una aclaración efectuada por Páez, en el sentido de que más allá de su deducción, lo cierto es que aseguró en el debate que durante ese lapso de tiempo, lejos de estar pendiente de lo que hacía o dejaba de hacer el móvil policial, estuvo dedicado a los quehaceres propios de su actividad (es una realidad que el ingreso -y egreso- de personas al Carmel no se suspendió por el lastimero suceso que involucrara a María Marta, pudiendo incluso predicarse –a la luz de lo que me emerge de la planilla de fs. 23 y siguientes- que por el contrario y conocida su muerte por allegados a la familia el mismo fue en aumento) observándolo al mismo –si bien es cierto en lo que “podría” decirse una misma posición- tan sólo en dos oportunidades, cuando “me avisan que está llegando un móvil policial” y “lo veo”, y después –transcurridos esos seis minutos, cuando “se va”.-

Con ello quiero graficar que el hecho (objetivo si se quiere) que deriva de que Páez haya visto el móvil policial en dos oportunidades, circulando hasta detenerse primero, y nuevamente estático en la misma posición seis minutos más tarde –tiempo durante el cual como lo ya dijera continuó realizando sus tareas sin prestar atención a la cámara- no quiere decir que en ese intervalo el vehículo no haya avanzado, retrocedido, o en definitiva, qué fue lo que por entonces el mismo hizo o dejó de hacer, razón por lo que aventurarse a abrir un juicio de valor sobre el tópico, no deja de ser una inferencia por parte de quien pretenda hacerlo (incluido el propio testigo Páez).-

Una última consideración sobre el punto, es la seguridad que tuvo el testigo al manifestarse de la forma en la que lo hiciera, al extremo de invitar a estos jueces y a las partes a observar las imágenes que fueran grabadas por las cámaras de seguridad -recuérdese que textualmente nos dijo “fíjense que debe estar” (sic)- lo que lleva a cavilar que de no ser ciertas sus palabras resultaría cuanto menos temerario de su parte exponerse de esa manera.-

¿Qué extraigo en definitiva de una grabación como la que nos fuera acercada, y su relación con la observación -o no- en ella de un móvil policial?, sencilla y vulgar respuesta a la vez: “si está, está, pero si no está, no significa que no haya estado”.-

Anticipo desde ya, dando responde a lo manifestado sobre el angular en trato por el Doctor Caride que no debilita este curso de razonamiento lo emergente de las declaraciones testimoniales prestadas por los funcionarios policiales Luis Antonio Lencinas, Sergio Claudio Gallieza, Dante Alberto Romero, y Néstor Fabián Brito.-

Paso a justificar mis dichos.-

Lencinas, quien para el mes de octubre de 2002 se desempeñaba como chofer en el Comando de Patrulla Pilar, preguntado que fuera para que diga si conocía el Country Club Carmel, respondió diciendo que “nunca recorrí yo la zona de Pilar, yo recorría Alberti, Del Viso y Villa Rosa” (sic), no obstante lo cual y en una suerte de contradicción con su afirmación primera, recordó luego haber acudido por aquél entonces “a una alarma en Panamericana, en el puente siguiente al Champagnat, yendo para el lado de Provincia, en un depósito” (sic), sin poder precisar “a qué hora ocurrió eso” (sic), aclarando finalmente que el móvil que en lo personal tripulada no era el único en cubrir el radio de la jurisdicción, ya que para ello “habían como quince patrulleros, todos del Comando” (sic) además de los móviles de las Comisarías a los que ellos les daban “apoyo”.-

A continuación de Lencinas prestó declaración en el juicio Gallieza, quien en su escueto aporte se limitó a decir que en el Comando de Patrulla Pilar su función era la de “disponible” (sic) y que como tal “no estaba fijo en un lugar” (sic), asegurando que no recorrió ese día la zona de Carmel; que no se cruzó en ningún momento y en su camino con una ambulancia; y que no conocía a un médico llamado Santiago Biassi.-

A su turno, Romero negó haber tenido a la fecha del hecho y en su condición de personal policial del Comando de Pilar jurisdicción sobre la zona de Carmel, ya que solo “recorría la zona de Zelaya… en el límite con Escobar” (sic), ignorando en simultáneo si otros compañeros suyos acudieron a algún llamado cursado desde ese country.-

Por último, Brito expuso que para la fecha del hecho trabajaba en el Comando de Patrulla de Pilar y que ese día recorrió como lo hacía a diario la zona en un móvil policial marca Chevrolet Monza (viene aquí a mi memoria que los testigos Domínguez y Páez nos hablaron de una camioneta, no de un auto como el que dijera tripulara el testigo) y que acudió sin poder precisar la hora a un llamado en Petrel y Colectora, “por un alarma en un galpón, algo así” (sic), no recordando si en el camino se cruzó o no con una ambulancia.-

El análisis que corresponde hacer luego de haber escuchado las testimoniales de los policías, es que si ellos no fueron al Carmel, no quiere decir que otros no hayan ido.

No olvidemos que Lencinas nos refirió que el Comando de Pilar –fuerza a la cual pertenecen los cuatro efectivos citados por la Defensa- contaba por entonces con quince móviles, y que todos ellos cubrían la jurisdicción, contándonos además, que en todo caso, la recorrida del Comando no anulaba la que pudiesen realizar o llevar a cabo los móviles propios de las comisarías locales.

Todo eso, sin dejar de desconocer que no es una irrealidad y por tanto, no debe ser dejada de lado, la circunstancia de que mal podría (penosamente dado que estamos hablando de personas que están al servicio de la ley) esperarse de los testigos –para el supuesto de haber sido ellos quienes acudieran al pedido de intervención desde el Carmel (el cual aclaro sin lugar a dudas existió) una respuesta afirmativa al interrogante que se les formulara –si el 27 de octubre de 2002 concurrieron al mismo frente a un pedido de intervención- ya que en caso de así haberlo hecho y frente al resultado conocido –retirarse del lugar sin llegar a tomar cartas en el asunto- no estarían más que admitiendo su responsabilidad criminal en lo que a la comisión de un delito de acción pública se refiere.-

Como lo adelantara, y como segundo punto a tratar, se nos presentan “los llamados” que tanto Sergio Binello como Horacio García Belsunce -ambos en conocimiento ya de que la policía se dirigía al lugar del hecho- hicieran con el único propósito de evitar que la misma tomara contacto con la situación en una clara conducta encubridora del homicidio del que resultara víctima María Marta.-

En lo que hace al primero de los nombrados, es una realidad que en su injurada de fs. 816/820 el mismo reconoció el hecho objetivo que se le imputa, manifestando en tal sentido que: “En ese momento, serían aproximadamente las 21:00 horas, me pasa –su mujer- una comunicación del presidente del Club, Alberto White, que pide hablar conmigo, comunicación que atiendo, y me informa que le habían avisado de la guardia que habían llamado de la policía y que un móvil o un patrullero se dirigía hacia Carmel… me comenta que él se iba a dirigir a la guardia… Le comento que la casa era un pandemónium en ese momento, ahí termina el diálogo y trato de ubicar a un familiar de María Marta, si bien estaba Carrascosa, estaba completamente shockeado y bajo mi punto de vista, sin poder tomar decisiones razonables. En el intermedio, y dado que no entendía la presencia de un móvil o un patrullero de la policía me vuelvo a comunicar con Alberto White, lo llamo yo y le pido por favor que haga lo posible para que la policía no ingresara a la casa, dado que la situación era realmente caótica, corto, y en ese momento me encuentro con Horacio hijo y le informo que estaba viniendo la policía, la contestación fue, de ese problema me encargó yo y realizó un llamado, realmente muy quebrado, dolorido y con llantos se comunica por teléfono y pide por favor que su hermana había muerto en un accidente y que por favor no fuese la policía al club, ahí yo me retiro con mis familiares y el Dr. González Zuelgaray… ante un accidente yo estaba convencido que no había que realizar ninguna denuncia policial, después me desazné, porque soy empresario agropecuario la realidad es que asocié la presencia de la policía con lo que estaba ocurriendo en la casa. No entendía por qué venía un patrullero, mucho menos que avisaran que iba a venir un patrullero, sigo sin entender lo del patrullero, hoy aprendí que si hay un accidente hay que hacer una denuncia…”.-

Por su parte Alberto “Tito” White, en su juramentada incorporada por lectura –fs. 346/348- dijo que luego de haber sido impuesto por Maciel de que un móvil policial se dirigía hacia el Carmel, se comunicó con el domicilio de Carlos Carrascosa, atendiendo en un primer momento el llamado Viviana Binello, para luego tomar el mismo su marido Sergio, quien le dice: "oíme, ¿quién llamó a la policía?" (sic), respondiéndole el declarante que no sabía quién lo había hecho pero que se imaginaba que podrían haber sido los médicos, replicándole Binello tal posibilidad al asegurarle que "no, no pueden ser los médicos" (sic), para después agregar "mira Tito -apodo al que responde White- te pido por favor que la policía no ingrese… si es necesario coimeala" (sic), aclarando el declarante que Sergio Binello era muy amigo de la familia Carrascosa entendiendo que en la ocasión el mismo "estaba haciendo de interlocutor de ellos" (sic), sintiéndose frente a dicho reclamo "mal, me pidió en forma vehemente, yo lo sentí como una orden, como apretado" (sic).-

Continuando con su relato explicó que seguidamente se dirigió como Presidente del Club a la Guardia a efectos de hablar con la policía para decirles que si tenían que intervenir lo hicieran con la mayor prudencia posible, que era doloroso para todos, aunque finalmente "nunca llegaron" (sic), mencionando al respecto que mientras se encontraba en la puerta del country recibió un llamado de Sergio Binello, en su celular, manifestándole el mismo que la policía no iba a venir "porque Horacito ya habló con Casafús" (sic), siendo por entonces "las nueve y algo de la noche, ocho y media" (sic).-

Asimismo, y tras referir que luego de ello no concurrió a la casa de la familia Carrascosa "porque me di cuenta que eso era un disparate, no había gente pensando con cordura, por este llamado, por olfato, yo me dije no me puedo meter acá… yo sentí que las cosas se estaban haciendo mal… yo hubiera procurado que interviniera la policía… el forense… si efectivamente fue un accidente que venga la policía… se estaban sacando a la policía de encima, no querían autopsia, no querían nada" (sic), pasando al día siguiente recordó haberse encontrado con la Sra. de Taylor, quien llorando le refirió "no me cierra Tito, no me cierra" (sic), cruzándose después con Sergio Binello, a quien le comentó esta situación siendo que su impresión fue la de que éste "no quería hablar del tema, lisa y llanamente" (sic). Que después a ella -refiriéndose a María Marta- la enterraron, poniéndose feliz cuando todo se descubrió, "por la autopsia", ya que en lo personal "no me cerraba, por la pérdida de masa encefálica, no se resbaló, ella estaba vestida, yo estaba mal porque me daba bronca, tenía una cuestión moral" (sic).-

Dijo además, retomando el hilo conductor de su exposición, que otra cosa que le llamó la atención es que "apareció" Juan Romero Victorica, que "estaba medio como que no le cerraba" (sic) y "trataba de preguntar a algunas personas" (sic), siendo que frente a ello, el cuñado de María Marta, Bártoli, "estaba fastidiado" (sic) por la actitud de Romero Victorica, diciendo "están enquilombando todo y hay que mantenerlo en reserva" (sic), manifestando que en lo personal, después del entierro, habló con Bártoli preguntándole si estaba más tranquilo, a lo que el mismo le respondió diciéndole "…Tito, quedate tranquilo esto fue un accidente, yo le vi la cara de paz porque le di respiración boca a boca y vi que no había luchado…" (sic).-

¿Qué era lo que al decir de Bártoli debía mantenerse en reserva?

El desarrollo de este trabajo responde la pregunta.-

Continuando ya en la oralidad propia del debate y corroborando los dichos de White se pronunció Enriqueta Vázquez Mansilla, esposa del nombrado y madre de un hijo –el menor- cuyo padrino resulta ser Carlos Carrascosa, quien sostuvo que el día domingo 27 de octubre de 2011, el señor Binello le pidió el teléfono para hablar con su marido, “aparentemente era para que no dejara entrar a la policía por sí iba para el Carmel” (sic), recordando inclusive que ella estuvo presente en el momento en el que él –por Sergio Binello- dialogaba con su pareja, “en la cocina” (sic), escuchándolo en tal sentido textualmente decir “si viene la policía parala, si tenés que coimearla coimeala” (sic). Finalmente, dijo también que al oírlo, y por entender que “la policía tenía que venir” (sic), le preguntó –en tono de reclamo- a Binello “¿pero cómo parar a la policía Sergio?” (sic), respondiéndole el mismo que lo hacía porque “esto ya es un quilombo” (sic).-

Se enrola también en esta misma línea, el testimonio de Patricia Reyes, quien nos contó que el día 3 de diciembre de 2002, en horas de la noche, se encontraba en una actividad de teatro en el colegio de su hija cuando recibió un llamado de Susana María Murray diciéndole que estaba junto a Horacio García Belsunce y que el mismo le había contado que a María Marta “la habían matado de 6 balazos”, razón por la cual el nombrado pedía encontrarse con ellas.-

Asimismo, dijo que en función de lo narrado es que se reunió con el hermano de María Marta y su amiga Murray en una estación de servicio, oportunidad en la que hablaron de distintos temas como la operación de autopsia y otros más, refiriéndoles Horacio en un momento dado que esa noche –remontándose al 27 de octubre de 2002- “las decisiones las tomó por ahí Binello…Binello lo llamó a White y le dijo, que si había que pagar se pagara, pero la policía se paraba…Yo lo llamé a Casafús”.

Todo ello se ve robustecido por el testimonio de Alejandro Arauz Castex, quien luego de manifestar que en lo personal recién se enteró del homicidio el 3 de diciembre de 2002, “por la autopsia que hablaba de tiros en la cabeza” (sic), nos contó que al día siguiente hubo una reunión en la que Tito White, Presidente del Carmel, pidió que estuviera presente la guardia, por lo que a la misma concurrió “gente de Cazadores” (sic), comentándole en esta ocasión Tito White al declarante que el día del hecho “había llamado a lo de Carrascosa, que lo atiende Binello, Sergio, y que le dijo que “parara a la policía, de cualquier manera, si hace falta, coimeala” (sic), siendo que luego de referir al respecto que consideraba a White “incapaz de hacerlo” (sic), finalmente ratificó su declaración escrita –leída que le fuera a pedido de la Fiscalía en los términos del art. 366 inciso 4º del Ceremonial- en la que dijera que “Tito White explicó que había recibido un llamado de Maciel que le informó que había recibido un llamado de un móvil policial preguntando la dirección del Carmel porque se dirigían para allí, no se la hora. Tito llamó a la casa de Carrascosa y dijo: che me acaban de llamar diciéndome que viene la policía, y su llamado fue atendido por Sergio Binello, quien le dijo, Tito pará a la policía, que no entre, si hace falta coimeala. Los conceptos de Tito fueron, pará a la policía, que no entre, y si hace falta coimeala, ahí no dijo el motivo. White dijo que fue a la guardia, o llamó a la guardia, o ambas cosas, obviamente no pensaba coimearla pero sí estaba dispuesto a tratar de que no encontraran. Dijo White que era consciente que como Presidente del Club, no pensaba coimearla, pero sí estaba dispuesto a pararlos. Dijo, a mí me ayudó el Espíritu Santo porque en el camino, a través de un llamado le dijeron, dejá, no hace falta, ya Horacito habló con Casafús y la paró”, manifestando al respecto que “sí, debo haber dicho todo eso… White lo refirió delante de mí… fue así” (sic).-

De axiomático valor resulta lo actuado a fs. 60 de la carpeta “A” de Escuchas Telefónicas (correspondiente a su vez con el cassette nº 2 de las mismas), en punto a la grabación obtenida respecto de una conversación mantenida a través del abonado telefónico nº 154485599 entre Sergio Binello, Viviana Binello, y una persona de nombre Pablo, el 18 de diciembre de 2002 (es decir, 1 mes y 21 días después del homicidio de María Marta), toda vez que de la misma surge un expreso reconocimiento por parte del primero en punto a haber sido la persona que el día del hecho llamara al Sr. Alberto White, Presidente del Club, reclamándole que impidiera el ingreso de la policía al lugar.-

Pero no nos conformemos con menos y lejos de quedarnos a mitad de camino, repasemos juntos la escucha, en concreto su transcripción.-

Dice la misma: “Pablo: Hola; Binello: Hola Pablo, ¿vos llamabas?; P: sí, para que te paso a Vivi; B: sí; Viviana: Hola; B: si gorda; V: escuchame una cosa, desde anoche están los medios tanto televisión, por los diarios y todo lo demás, de que hubo…, que Tito White dijo que él había recibido una llamada de un socio que estaba en la casa, de un vecino, y que le había dicho que coimee a la policía…; B: si, si, ya se…; V: a la policía; B: si; V: ¿ese sos vos?; B: si; V: …bueno asesorate un poco con el abogado ¿no?; B: ya hablé; V: ¡ah¡, Ok… de eso te van a preguntar gordo; B: si seguro”.-

Agrego a lo dicho, que en lo que hace a la identidad de los protagonistas, al ser preguntada la testigo Viviana Binello -previo reconocer ser ella la voz de sexo femenino que se oye en la interlocución transcripta y que fuera reproducida sonoramente durante su transcurso- para que dijera quién era la persona con la que mantuviera el diálogo en cuestión, con total seguridad respondió diciendo que se trataba de su marido, el imputado Sergio Binello, quedando de ello constancia en acta a pedido de la Fiscalía.-

En efecto, Binello llamó al Presidente del Carmel dando la expresa orden de prohibir el ingreso de la policía al predio, y ese reclamo, de por sí, estuvo dirigido a encubrir el homicidio del que había sido víctima María Marta García Belsunce.-

Ninguna otra explicación –dado el contexto general en el que se realizara- es válida para sostener una motivación diferente.-

Pero no nos detengamos y sin mayor prisa avancemos.-

Sabemos a esta altura que la policía concurrió al Carmel la trágica noche del día 27 de octubre de 2002, y que White recibió la orden de Binello para que impidiera el ingreso de la misma al barrio, como así también que estando con dicho fin el primero en la puerta del mismo recibió un nuevo llamado de Sergio Binello -en su celular- manifestándole el mismo que la policía no iba a venir "porque Horacito ya habló con Casafús" (sic).-

He aquí donde aparece nuevamente en escena Horacio García Belsunce.-

Este llamado –al que hiciera referencia Binello en su última comunicación con White- fue reconocido por el propio imputado, quien en su declaración de fs. 827/836 –incorporada al juicio por su lectura- dijo al respecto que “Cuando llego a la cocina Sergio –Binello- me dice, Horacio, está viniendo la policía, y mi respuesta fue, deja yo me ocupo. Lo primero que se me ocurrió fue llamar al Crio. Mayor Angel Casafús… le cuento que mi hermana había tenido un accidente, en la bañadera, creo que le digo, y que me decían que estaba viniendo la policía y si en función al dolor que estábamos viviendo y a que esto había sido un accidente de lo cual yo estaba absolutamente convencido podía tener alguna consideración, evitar que viviéramos un trastorno más. La respuesta de Casafús fue acompañarme en el dolor, como corresponde, y decirme, Horacio, quédate tranquilo”.-

Durante el transcurso del juicio, Horacio García Belsunce volvió a prestar declaración, y tras ratificar en la oralidad su declaración escrito, ahondó en sus dichos, refiriendo que “…yo nunca le pedí a Casafús que me sacara a la policía de encima, ni cosas por el estilo, lo único que hice con Casafús fue, en función de que me había enterado que venía, si venía (la policía), que tuvieran consideración en función del dolor, de la angustia, del estado en el que estaban mis padres, de lo que hace la presencia policial frente a la intimidad del dolor, a la intimidad de la angustia, nunca tuve ningún otro objetivo más que ese pedido de consideración, jamás que la policía no viniera” (textual de acta de debate).-

Sin embargo, sabemos que ello no fue así, y quien lo desmiente, no es más ni menos que el propio Binello, convertido en la ocasión en una suerte de testigo privilegiado de esa conversación, ya que Horacio llamó y habló con Casafús delante de él, pidiéndole, al decir de Binello, “que por favor no fuese la policía al club” (sic).-

Angel Domingo Antonio Casafús declaró en el debate y refirió que como Comisario Mayor para la fecha del hecho y desde el mes de julio del año 2002 era Titular de la Dirección de Delitos complejos y Narcocriminalidad con sede en La Plata, habiendo sido su anterior destino la DDI de Mercedes, con asiento en General Rodríguez, recordando que por entonces, la División que presidía estaba a cargo, entre otros y fundamentalmente, de los delitos de secuestros extorsivos, a partir de los cuales comenzó a tener una aparición muy mediática, “porque debía comunicar los esclarecimientos de los hechos de secuestros” (sic).-

Que de la mano de ello fue que se relacionó con mucha gente, en especial que lo llamaban buscando información, apareciendo un día y entre ellos Horacio García Belsunce, a quien personalmente no conocía, el cual lo llamó por teléfono a su celular, comentándole que tenía un gravísimo problema de inseguridad respecto de su hija, por lo que le recomendó al mismo que hablara del tema con Degastaldi, Jefe de la DDI de San Isidro, o en su caso con el Comisario Cánepa, no obstante lo cual esta persona insistió en hablar con él del tema, combinando finalmente un encuentro entre ambos para el día domingo siguiente a las 09:00 horas en el Shopping Soleil de San Isidro.-

Dijo también, que fue así como llegado el día, se reunió con el nombrado comentándole allí Horacio García Belsunce que empezaba un programa de cable, sintiéndose en ese momento el declarante “engañado… forreado, yo vivía en Morón y tuve más de una hora de viaje” (sic), por lo que se levantó de la mesa dejándole a este último el teléfono de la Dirección, al tiempo que le manifestó que cualquier información que necesitara la buscara allí, siendo que desde ese instante mantuvo con Horacio algunas conversaciones más en las que el mismo le pedía información, o bien, lo invitaba a comer –lo que ocurrió varias veces- y hasta a participar de una reunión en el Colegio de Abogados de San Isidro para modificar el Código de Procedimiento, no accediendo jamás a tales convites, dándole la impresión al declarante por tales conductas que Horacio García Belsunce “quería tener una relación conmigo… quería hacerse amigo mío y yo nunca le abrí la puerta de mi amistad” (sic), no gustándole la manera en que “irrespetuosamente y malintencionadamente” (sic) intentó sacarle una entrevista de cinco minutos.-

Explicó además, que el día 27 de octubre de 2002, y mientras en lo personal se encontraba abocado a la investigación por el secuestro del padre de Pablo Echarri, ocurrido días antes –el 22- alguien de su entorno, sin recordar quien, a la noche le informó que se había comunicado “por un problema grave” (sic) el señor Horacio García Belsunce, por lo que “tipo 22:00 horas” (sic) y por una cuestión “de respeto” (sic) respondió ese llamado, “y entra en el contestador, no me atiende” (sic).-

En este punto, le fue exhibida al testigo la carpeta de listado de llamados L1, donde a fs. 54 surgen dos comunicaciones que el mismo reconoció haber recibido “estando en La Plata, por Gonnet o City Bell… son esos” (sic), al tiempo que tras procederse de igual forma respecto de tres llamados más, obrantes a fs. 59, segundo y cuarto renglón los primeros, y a fs. 62 el último, provenientes todos ellos de Horacio García Belsunce, refirió “no los tenía en mente” (sic), insistiendo en no haberse comunicado ese día domingo con el imputado, sino recién el día lunes por la mañana, cuando temprano, Horacio lo llamó comentándole en un estado de ánimo que Casafús definió como “una actuación” (sic) que “su hermanita” (sic) había fallecido en un accidente casero, en concreto, que se había caído en la bañera rompiéndose a consecuencia de ello la cabeza, pidiéndole, en ese mismo momento, que “por favor” (sic) le sacara “a la policía de encima” (sic), a lo que le respondió diciéndole “quédate tranquilo, yo me voy a ocupar” (sic).-

Indicó asimismo, que teniendo en cuenta con treinta años de policía que “una muerte en una bañera es una muerte dudosa” (sic), lo llamó a Degastaldi para solicitarle que se ocupara del tema, y que el hecho había ocurrido en el Carmel, manifestándole el mismo que así lo iba a hacer, resultando que ese mismo día lunes al mediodía recibió un nuevo llamado de Horacio García Belsunce, pasándole en esta nueva ocasión con el Fiscal Romero Victorica, quien textualmente le dijo “estoy en la casa de Horacio García Belsunce, hay algo que no me cierra, mande un forense” (sic), poniéndole en conocimiento a este último de que ya le había dado aviso a Degastaldi, y que él como auxiliar de la Justicia iba a hacer lo que debía hacer, aclarando al respecto que “no se lo estaba diciendo a un policía inexperto, sabía él perfectamente lo que debía hacer… yo transmití la novedad a una persona con la capacidad, experiencia y demás requisitos necesarios” (sic).-

De igual modo, puntualizó que de allí en más no volvió a hablar con Horacio García Belsunce hasta el 10 o 12 de diciembre, cuando el mismo llamó preguntándole “¿te acordás lo de mi hermanita?... ¿te acordás que te dije se murió en la bañadera?... hoy me entero que mi hermana tenía tres balazos en la cabeza… yo metí la pata y le dije a Molina Pico que te había llamado para que me sacaras a la policía encima” (sic), siendo que tras tomar ahí conciencia de lo ocurrido, y contestarle a Horacio que él no había parado a la policía ya que a su casa había ido a pedido suyo Degastaldi, se sacó la camisa, entró con el torso desnudo a su habitación, se colocó un traje y se dirigió a la Fiscalía de Pilar, donde pidió hablar con Molina Pico contándole finalmente a éste todo lo que ya relatara.-

Seguidamente, nos contó que en ese encuentro, Molina Pico fue muy incisivo en sus preguntas, sintiéndose el declarante por ese entonces “que estaba metido en el barro… por la explosión mediática” (sic), pensando que a Romero Victorica le habrá pasado lo mismo, “salvando las distancias, tanto Romero Victorica como yo nos dimos cuenta de que nos habían involucrado en algo” (sic), recordando que cuando salió del despacho de Molina Pico, se cruzó en su camino con el Dr. Scelzi, un caballero, el cual le dijo “Comisario Mayor, Horacio está muy arrepentido, la familia está muy arrepentida de haberlo involucrado” (sic), contestándole al mismo “dígale a ese hijo de mil putas que se vaya a la concha de su madre” (sic).-

Ya en el epílogo de su testimonio, relató que después de esto trató de interiorizarse de lo que había pasado, preguntándole a Degastaldi “¿che qué pasó con ese tema?” (sic), comentándole el mismo “que el cuerpo estaba en el piso o en la cama y que un montón de chicos y de personas se querían acercar, siempre había un familiar encima que se tiraba a llorar, yo lo interpreté como que Degastaldi me quiso manifestar que era todo una puesta en escena… Degastaldi es un brillante investigador, un gran policía” (sic), manifestando por último que en lo personal, tras recibir el llamado de Horacio en el que le pedía que parara a la policía, no hizo la denuncia porque en ese momento “yo entendí que obedecía al dolor familiar, no a otra cosa… no era un hecho que yo investigara, transmití lo que debí a Degastaldi y punto” (sic), siendo que “ahora, con serenidad y retirado” (sic), las cosas lo llevaron “a otro pensamiento” (sic), estando convencido de que “la sumatoria de indicios es muy parecida a una actitud mafiosa de alguien que pretende ocultar la verdad o la comisión de un delito… creo que existe una sumatoria de indicios para suponer una responsabilidad importante en algunos integrantes de la familia, porque uno puede sufrir el dolor de un fallecimiento de un ser querido, y la actitud de una persona normal es salir corriendo, pedir ayuda, Horacio García Belsunce es abogado, el papá fue magistrado, y la actitud ante un hecho tan grave y doloroso de su familia hubiera tenido una actitud diferente” (sic).-

Véase que el discurso de Casafús, es el mismo que reproduce Binello en su declaración como imputado.-

El pedido fue concreto. Había que parar a la policía y se paró.-

No desconozco que Casafús traslada esa comunicación de la noche del 27 de octubre de 2002 al día siguiente, pero resulta claro que el motivo por el que lo hace no es porque verdaderamente haya ocurrido así, sino por la sencilla razón de que reconociendo que el llamado tuvo lugar en el momento en que lo colocan históricamente tanto Binello como Horacio García Belsunce (hasta el mismo White lo hace), se colocaría en una situación comprometida a sus intereses personales.-

Adicionalmente, agrego que también contribuyó a echar luz sobre el asunto –en lo que al “pedido” de Horacio a Casafús se refiere- la testigo Susana María Murray, quien dijera que en aquella reunión una vez conocido el resultado de la autopsia a la que se refiriera Patricia Reyes, delante suyo el hermano de María Marta (Horacio) le dijo a esta última que cuando le hicieron saber que la policía estaba yendo al Carmel y que “había que pararla”, entonces él agarró su teléfono, llamó a Casafús y le pidió que así lo hiciera.-
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