Louise L. Hay con la colaboración de sus amigos






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When 9 to 5 Isn't Enough: A Cuide To Finding Fulfillment at Work [Cuando no basta (trabajar) de 9 a 5: Guía para encontrar realización en el trabajo].

No siempre es fácil expresar gratitud. Si las circunstancias son desagradables o si nos concentramos más en lo que nos falta que en lo que tenemos, puede parecer absurdo tratar de encontrar algo que agradecer. Pero la gratitud abarca algo más que el simple hecho de estar agradecido.
El agradecimiento se dirige hacia cosas en concreto o acontecimientos que nos acaban de suceder, por ejemplo: «Agradezco el jersey que hoy me han regalado». La grati­tud, en cambio, es un estilo de vida. Las personas que viven en un estado de gratitud han desarrollado la capaci­dad de experimentar, momento a momento, una sensa­ción de maravilla y alegría por su vida tal como es. Y al hacerlo, paradójicamente parece que atraen más bendi­ciones a su vida en forma de dinero, trabajos gratificantes, relaciones personales muy satisfactorias y otras cosas que desean.

Expresar agradecimiento de modo regular puede con­ducir a un estilo de vida impregnado de gratitud. Cada vez que ocurre algo bueno, esperado o no, tengo por costum­bre decir lo siguiente, para mis adentros o en voz alta: « ¡Gracias, Dios!». Si haces esto con regularidad, comenza­rás a notar cambios. Cosas que solían molestarte ya no te molestarán tanto. Cuando veas a alguien menos afortunado que tú, al mismo tiempo que agradeces a tu Fuente lo que tienes, también echarás una mano a esa persona y le darás lo que puedas de ti y de tu substancia.

Expresar gratitud es sencillamente reconocer que hay una sustancia infinita a nuestro alrededor, por todo el Universo y más allá. Y debemos, como nos insta a hacer Eric Butterworth en su libro Spiñtual Economics [Econo­mía espiritual]: «Meternos en la conciencia que vivimos en esta sustancia como el pez vive en el agua». Nunca nos falta sustancia, aunque perdamos todos nuestros bienes en una crisis económica, porque la substancia es la esencia inmaterial de las cosas que vemos. Así siempre podemos expresar gratitud por la substancia invisible que nos rodea, sabiendo que al hacerlo atraeremos su mani­festación.

La gratitud produce dos agradables consecuencias en nuestra vida. En primer lugar, nos crea una profunda sen­sación de alegría. Se dice que si nuestro objetivo es la feli­cidad, ésta nos va a eludir. Lo mismo pasa con la alegría. Si la buscamos por sí misma, no la vamos a encontrar. Pero si expresarnos gratitud, viviendo en una conciencia de alegría, agradeciendo lo que tenemos (aunque sea poco) y cultivando la paz interior mediante una silenciosa meditación, descubriremos que la alegría aparece espon­táneamente.

La segunda consecuencia de la gratitud es una expe­riencia personal de abundancia y prosperidad. Es un prin­cipio ampliamente aceptado que «aquello en lo que nos concentramos se expande». Si nos pasamos la mayor parte del tiempo pensando en lo que no tenemos, o en cómo deseamos que nuestra vida sea diferente, o en lo que acabamos de perder, eso se expandirá, y tendremos más pérdidas, más carencia y más descontento con nues­tra situación actual. Pero sí nos concentramos en lo que tenemos (por ejemplo: comida en la mesa, amigos y/o familiares que nos quieren, el sol que brilla fuera...), eso también se expandirá. La energía de la gratitud atrae hacia nosotros las cosas que deseamos, casi por arte de magia.

Así pues, comienza a expresar gratitud hoy mismo. Cuando despiertes por la mañana, pregúntate inmediata­mente: « ¿Qué puedo agradecer hoy?». Dedica tiempo a estar en el silencio de cu yo interior, apreciando la mara­villa de tu ser. Y acuérdate siempre de agradecer lo bueno que te llega.
La gratitud, una fuerza poderosa

John Randolph Price

John Randolph Price es el autor de varios libros de gran éxito, entre ellos The Superbeings [Los superseres], The Abundance Book [El libro de la abundancia], TheAngels Within Us [Los ángeles interiores] y Practical Spirituality [Espiritualidad práctica]. Es el presidente del consejo de administración de la fundación The Quartus, y junto con su esposa Jan dirige seminarios y cursos intensivos. En recono­cimiento a su labor de promoción del Global Mind-Link y el Día Mundial de la Curación, en 1986 los Price recibieron el «Premio Luz de Dios Expresándose», otorgado por la Asociación de Iglesias de la Unidad. En 1992 John recibió también el Premio Humanitario otorgado por el distrito de Arizona de la Alianza Internacional Nuevo Pensamiento.

El significado que se da corrientemente a la gratitud es el de agradecer los beneficios recibidos. Si bien eso es importante, yo creo que la energía de la gratitud es una de las fuerzas de atracción más poderosas del Universo. Un cora­zón lleno de acción de gracias, incluso cuando las aparien­cias nos dicen que estamos atascados en la escasez, el con­flicto y la aflicción, nos impulsa hacia una conciencia más elevada, y pronto vemos brillar la realidad a través de la ilusión.

Parafraseando lo que he escrito en mi libro Empower-ment [Capacitación], nuestros deseos se cumplen primero en la conciencia y después se manifiestan en el mundo exte­rior en forma de experiencias y circunstancias ideales; así pues, el secreto es ser agradecidos cuando nuestro bien toda­vía es invisible. La gratitud produce una corriente de energía espiritual que va por delante de nosotros a ejercer una pode­rosa influencia en nuestro mundo. No sólo elimina las pau­tas negativas que tenemos en el subconsciente producidas por la ingratitud, sino que también forma un puente que nos conecta con todas las fuentes posibles del bien. Evidente­mente hay una sola Fuente, pero la Mente Divina funciona de maneras misteriosas para realizar magníficas maravillas a través de un número infinito de canales. Y mediante el senti­miento de gratitud nos ponemos del lado de las riquezas del Universo, de las relaciones llenas de amor y del poder sana­dor del Espíritu que irradia desde el interior.

Mi esposa Jan y yo hemos comprobado el poder de la gratitud muchas veces en nuestra vida. En los años setenta, yo estaba pasando por un periodo difícil en el ámbito labo­ral y llevaba días orando y meditando en busca de una solución. Una mañana, cuando estaba saliendo de la cama, oí resonar una voz en el dormitorio: «Serena confianza». Para mi eso significaba que el problema se había resuelto y que rni papel en el asunto era acallar mi mente (es decir, dejar de preocuparme) y confiar en el proceso divino. Me invadió una inmensa gratitud y durante los días siguientes la expresión constante de mi mente y mi corazón fue: «¡Gracias, Dios!». Y de pronto, del caos salió un orden y una armonía perfectos.

El 30 de diciembre de 1993, cuando Jan tuvo un ata­que al corazón y murió en la camilla, en nuestra casa, mientras la transportaban a la ambulancia, experimenté una sensación de distanciamiento y muy poca reacción emocional- Incluso cuando el enfermero me dijo: «Lo sien­to, la hemos perdido», no le creí. En algún lugar de mi conciencia sabía que ella volvería y se recuperaría rápida­mente. Y así fue: después de pasar más de cuatro minutos en el otro lado, Jan volvió. Ya en el hospital, mientras espe­raba el informe de los médicos, mi sentimiento de gratitud se intensificó más que nunca. Mi oración en la sala de espe­ra fue de enorme agradecimiento por la Fuerza Vital que había en ella y que iba a sanar y perfeccionar su cuerpo. A la mañana siguiente Jan también expresó su gratitud por la vida, por su increíble experiencia y por lo maravillosamen­te bien que se sentía; el médico movía la cabeza con agra­decimiento, asombro y respeto por su rápida recuperación. La gratitud, que combina las energías del amor y la alegría, había llenado a rebosar el hospital, y no me habría sorprendido que hubieran ocurrido otras curaciones milagrosas durante esos momentos.

Cuando vivimos con un corazón agradecido, el miedo no puede entrar, la culpa se disuelve y sólo hay paz, amor, perdón y comprensión. Para mí, de eso trata la vida.
Un atajo hacia un milagro

Michael C. Rann

El reverendo Michael C. Rann es el pastor de la Primera Iglesia de la Ciencia Religiosa de Chicago, y autor de varios libros, entre ellos Effective Radio Advertising [Anuncios radiofónicos eficaces], Something Good is About to Happen ¡Algo bueno va a ocurrir] y The Power of Commitment [El poder del compromiso]. Michael es un orador carismático y dinámico cuya filosofía de la vida centra su atención en el éxito: el suyo propio, el de sus clientes y el de todas las personas que conoce.

Si existe un atajo para manifestar un milagro es el de la acti­tud del agradecimiento- Cuando aprendemos a ser agradeci­dos, abrimos nuestra vida a la acción receptiva. El agrade­cimiento apela a la Ley de la Receptividad.

Aprender a usar la sencilla palabra «gracias» nos ayuda a conseguir las cosas que deseamos. Por ejemplo, si deseas una determinada mesa en un restaurante y das las gracias por adelantado a la persona encargada, generalmente eso hará que te ofrezca exactamente la mesa en la que querías sentarte. Podría poner más ejemplos, pero estoy seguro de que entiendes lo que quiero decir.

¿Se te ha ocurrido pensar en lo que sucede cuando te sientes agradecido y das las gracias? Pensemos en eso un momento. Das las gracias, y en una fracción de segundo se establece una intimidad entre cu y la persona a quien has dado las gracias. Al expresar tu gratitud has hecho que esa persona se sienta útil, valorada, e incluso importante. En otras palabras, decir «gracias» hace que los demás se sien­tan bien.

La sencilla realidad es que no se puede dar sin recibir. Esto, según todos los sabios filósofos, es una Ley. «Darnos lo que elegimos dar y recibimos de vuelta aquello que damos. De modo, pues, que en realidad en la vida elegi­mos lo que recibimos.» Qué triste para quienes no han aprendido esta simple verdad.

Respecto a esto, no aceptes mí palabra ni la de nadie más. ¡Compruébalo personalmente! Da las gracias y obser­va los resultados en tu vida. Luego prueba a dar las gracias antes de obtener los resultados deseados. Te sorprenderá comprobar lo rápido que se llena tu vida de maravillosas consecuencias que alguien decidió llamar milagros.

¿Qué hace por nosotros el hecho de decir «gracias»? Cuando hacemos que otra persona se sienta bien, también nosotros nos sentimos bien. Cuando hacemos sentirse importante a otra persona, también nos sentimos impor­tantes nosotros. ¡Qué maravilloso es ayudarse a uno mismo a sentirse bien, importante e incluso valorado! Al dar las gracias a otras personas las tratamos con respeto y hace­mos que se sientan satisfechas, y nosotros nos sentimos igualmente respetados y satisfechos.

Esta forma de vida es una aventura fabulosa. Conocer cualquier Ley es respetarla, y las Leyes de la Gratitud y la Receptividad son una ciencia establecida. Tener fe en estas leyes y seguirlas con regularidad permite al Poder Creativo trabajar por nosotros.

Las posibilidades son asombrosas cuando aprendemos a valorar y respetar las cosas que hacen los demás para hacernos más agradable la vida. Cada persona se crea sus experiencias; así pues, haz que las tuyas estén llenas de res­peto y aprecio. Dado que de ti depende elegir lo que vas a experimentar, tienes la oportunidad de demostrar esta forma de amor, y el amor siempre produce actos constructi­vos y creativos.

Todo comienza con una actitud de agradecimiento y diciendo esta simple palabra; «gracias». No podemos des­hacernos del bien. Siempre regresa a nosotros más grande y mejor que cuando lo dimos. ¡Ahora depende de ti! Com­prueba el poder de la gratitud, y practicarás lo que algunos llaman «la forma más sublime de oración»,

Ah, por cierto, gracias por leer este escrito. ¡Valoro tu tiempo y te valoro a ti!

La gratitud y sus propiedades curativas

Frank Richelieu

Frank Richelieu es pastor de la Iglesia de la Ciencia Reli­giosa de Redondo Beach (California) y ex presidente de Ciencia Religiosa Internacional. Gran parte de su forma­ción religiosa la recibió de Ernest Holmes, el fundador del movimiento de la Ciencia Religiosa. Sus dinámicas charlas se oyen diariamente por radio en el programa «Living Ideas» [Ideas vivas], que se emite desde hace 25 años. Es autor de The Prosperity Connection [La cone­xión prosperidad], Reincarnation: The Inhehtance of a Soul [Reencarnación: La herencia del alma] y The Art of Being Yourself[& arte de ser uno mismo].

La gratitud es más que una actitud ennoblecedora. Es uno de los instrumentos más capacitadores, curativos y dinámi­cos de la conciencia, esencial para que se manifiesten en la vida las experiencias que uno desea. Cuando nos centrarnos en la gratitud, estamos llenos de la conciencia de lo bueno y de lo que es de desear en nuestra vida. Literalmen­te alabamos y bendecimos lo que sabemos que ya tenemos. Este conocimiento es el cumplimiento de una ley cósmica: «Lo que adoras aumenta».

La gratitud es como un imán. Atrae hacia nosotros lo que es igual que ella. Si, por ejemplo, estás echado en la cama porque te encuentras mal, expresa gratitud con res­pecto a la salud. Agradece la salud que tienes- Concéntrate en la paz y e! bienestar que sientes en otras zonas de tu cuerpo. Cuando sufrimos una enfermedad de cualquier tipo, es especialmente importante pensar en la salud con gratitud y aceptación de lo bueno. Date cuenta de que la mayor parte de tu cuerpo está haciendo lo que tú deseas que haga. Elógialo y bendícelo. Tu cuerpo es renovable y recargable. La gratitud es como el fertilizante del árbol de nuestra vida. Favorece la salud y el crecimiento.

Cuando nos sentimos agobiados por un trastorno o una situación caótica, es el momento de pensar en la paz que hay en el corazón de lo infinito. Es el momento de lle­nar de paz la mente y las emociones agradeciendo la Ley y el Orden Divinos que existen en todo el Universo, convir­tiendo así esa Ley y ese Orden en una posibilidad para nosotros también. Cuando nos llenamos de gratitud por la salud y la paz, aparecen las soluciones y la curación. Si no sabemos cómo vamos a solventar nuestras necesidades eco­nómicas del próximo mes y nos invaden la tensión y la idea de carencia, comprendamos que el antídoto divino es agradecer la abundancia. Cuando te encuentres en me­dio de cualquier problema o situación difícil, di para tus adentros:
Agradezco la perfecta salud y los abundantes bienes que están de camino hacia mí a través de las vías que he abier­to en mi vida para que pueda pasar por ellas el flujo di­vino. Agradezco toda la alegría que surge en mi conciencia. Agradezco la abundante salud que ahora es mía. Agra­dezco la oportunidad de, saber más y de ser cada vez más consciente.
Aquello en lo que centramos la atención es lo que se manifiesta en nuestra vida. El maestro Jesús lo sabía, hasta el punto de poder dar las gracias por lo que no era visible, con la seguridad de que se haría tangible y real en virtud de la Ley de Causa y Efecto. Lo que llamamos «problemas» está muy cerca de nosotros, nos bloquea en todos los aspectos: físico, mental y emocional. Los problemas son tan «visibles» que nos resulta difícil ser objetivos ante ellos. Es necesario que apartemos la atención de los problemas y la centremos en el resultado deseado, que ya se ha consu­mado en la Mente Infinita,

Hemos de mirar más allá de los problemas, hacia nues­tra oración que es escuchada. Hemos de introducir lo invi­sible en lo visible, pensando en lo que deseamos dentro de la conciencia en lugar de pensar en lo que parece ser. Esa es la manera de convertir los problemas en oportunidades.

Esa es la manera de liberarnos de la tensión y la congestión y pasar a través de lo que parece que nos crea problemas. Al hacerlo entramos en el dominio de la solución. Muchos damos las gracias y estamos agradecidos por lo que tene­mos; pero, ¿cuántos damos las gracias por lo que vamos a recibir? Intenta adquirir el hábito de decir:
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