El reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la






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títuloEl reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la
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Baj no aguantó la presión. Cada día se sentía más amenazado por la gente de Jean Claude que, desde el extranjero, seguía financiando actos terroristas y asesinatos. No aguantó más y llamó al número secreto de teléfono que le había dado el Comisario Acevedo para concertar una entrevista.

- A las 6 de la tarde en la Catedral - respondió Acevedo lacónicamente.

A las 5 y 10 salía de la estación del Metro de Capitolio. Simuló revisar unos libros en una de las ventas de libros usados. Cruzó la Plaza Bolívar y entró en la Catedral.

Al fondo, detrás de una columna, lo esperaba el Comisario. Fueron pocas las palabras que éste le dijo a Baj, e inmediatamente salió por una puerta lateral. Baj se sentó meditabundo en uno de los bancos aprovechando aquella atmósfera de paz de la que estaba tan necesitado.

Baj, convertido ya en espía doble, hizo un viaje relámpago y casi de incógnito a Puerto Ayacucho.

Fue el mismo Acevedo quien le aconsejó ese viaje, para olvidarse por un tiempo de Caracas y sus tensiones.

Las noticias que recibían en la Dirección de la DISIP de los funcionarios del Amazonas eran contradictorias. Acevedo quería saber de buena fuente qué había pasado realmente en Puerto Ayacucho el 11 y 12 de abril.

Con la recomendación de mostrarse en público lo menos posible, se reunió con un selecto grupo de antiguos amigos, W. Noguera, los hermanos Meza, el prof. Olegario y otros.

Sus parientes pensaban que había desaparecido en la jungla de Caracas. Su mamá, abuela, hermanos y tíos se alegraron muchísimo al verlo de vuelta. No faltaron unos regalitos para los chamos, pero pronto se dieron cuenta que Baj no se quedaría con ellos. Recorrió todo Puerto Ayacucho y visitó a muy contados amigos. Aunque Baj estaba harto de la política nacional tuvo que recibir una buena dosis de política regional, de la que desconocía todo o casi todo.

En una tertulia, mientras tomaban unas cervezas, estos amigos le contaron las recientes aventuras ocurridas en Puerto Ayacucho. El Prof. Waldemar definió esa noche como la “noche de los caramelos envenenados”...

Baj escuchaba en silencio:
- Una vez caído Chavez, se dieron varias reuniones muy interesantes en nuestra ciudad capital...

- Una de ellas, el jueves 11 de Abril tuvo lugar en Casa Rexona, cerca de los Lirios a eso de las 10 pm. de la noche. En ella estaban presentes Gestas González y su esposa, Ariadna Gil, el General Barrientos, jefe del Core 9 y varios representantes de la Cámara de Comercio: Irama de Saló, Jacqueline Orillo, el sureño Quique Vergaña, ficha de Fedecámaras por su amistad con la Dra. Albis Muñoz y la dueña de Rexona. Otras personas intentaron participar pero no lo lograron, por ejemplo la Dra. Gema Verde.

- El objetivo de la reunión parecía claro: reconocer el gobierno de Carmona y cuadrar la sucesión y el reparto de poderes locales.

- Esa tarde, una turba de fanáticos adecos había asaltado la Gobernación. El Secretario General Mirildo P. y Antonio Riverol tuvieron que asilarse en el Vicariato para no ser agredidos por talibanes adecos, entre ellos el Chivúo Pillo, Dixon Cabilla, Cumachito, Aguja de E. Heriberto R. Ungreda, Ida Viso, Sally de F. varios sindicalistas y la montonera que siempre se forma en esos casos. Finalmente, fueron desalojados por la G.N. del General Barrientos. Este General, momentos antes delante de testigos, no había disimulado sus simpatías por Carmona.

- La Dra. Gema Verde y su nuera, convocaron al pueblo a la desobediencia civil en un programa radial de las 5 de la tarde. No le importaba arrojar al pajón a su hermano que era diputado oficialista... (Ella hoy, es más chavista que Diosdado, por obra y gracia de la Alcaldía más meridional de Venezuela...)

- El Negro Urbina, hasta entonces en plan guabina, el día 12 se destapó en su programa Noticontacto y acusó de traidores a Chávez y a Liborio diciéndoles que pidieran perdón al pueblo.

- Avanzada la tarde del día 12, regresó el gobernador Liborio, haciendo unas declaraciones a la prensa en las que, según algunos, implícitamente reconocía el gobierno de facto del Dr. Carmona.

- Ese mismo día 12, en horas de la noche, se llevó a cabo otra reunión en la residencia del Gobernador. No está muy claro lo tratado en el entreacto de esta comedia, pero las atenciones extremadas hacia Quique Vergara, representante de Fedecámaras, de parte del sector oficialista, hacían entender que quería congraciarse con el nuevo gobierno, mantenerse en el poder o al menos salir por la puerta grande.

- El día 13 concluyó la película con el regreso de Chávez. Como sucede en los movimientos sísmicos, las placas tectónicas fueron acomodándose, volviendo a su lugar; los dubitantes revolucionarios siguieron en sus puestos, los apóstatas se hicieron conversos y los que, como los adecos y compañía soñaron con el regreso al pasado, se quedaron con los crespos hechos.
Después de esos pocos días de contenida alegría en Puerto Ayacucho, en donde logró ocultar ante los demás la preocupación que llevaba por dentro, Baj regresó a Caracas.

Por una maldita circunstancia de su vida, el encuentro de Baj con la gente de Jean Claude o Pérez Mercado, lo mantenía sobre ascuas. Sabía que lo seguían, que lo vigilaban. Conocían todos sus pasos. Se alegré un poco cuando supo que los diarios hablaron sobre la supuesta huida de Pérez Mercado al exterior.

Pronto se dio cuenta que nada había cambiado. En la pantalla del celular seguían apareciendo mensajes: “Pronto te llamaremos”, “Te seguimos...”, “No hables con nadie de todo esto...”
Todo se definió el martes 7 de enero.

Salía del quiosco situado en una de las transversales de Boleíta Sur, cuando recibió una llamada.

- “Continúa leyendo el periódico por la calle que cruza a tu derecha. Cuando un carro de color verde se ponga a tu altura, entra al abrirse la puerta.”

Baj sintió que aumentaba el ritmo del corazón. Se sintió con ganas de mirar hacia atrás y correr hacia la Avenida principal, pero obedeció la orden. Cruzó a la derecha y esperó que se acercara el carro. No leía. Toda la página de Meridiano se convirtió en un borrón nublado en donde la tinta negra y roja de las fotos se fusionaron en un enorme borrón. Su cerebro obnubilado logró reaccionar cuando un carro abrió su puerta trasera.

De manera autómata entró y se encontró con el mastodonte guardaespaldas de Jean Claude que engullía una bolsa de chicharrón picante con la sonrisa peligrosa de siempre. El ruido que producían los crocantes chicharrones entre sus dientes fue lo único que Baj oyó dentro del carro por un largo tiempo.

Se dirigieron hacia el centro por la Avenida Libertador, luego bajaron hacia la Plaza Venezuela y luego ascendieron por la Avenida La Salle. El auto se paró a la derecha, frente a una reja de un edificio de apartamentos.

Se introdujo al estacionamiento en penumbra y, casi levantado en vilo por el gorila acompañante, salió y fue conducido al ascensor. El hacía de chofer, un hombre de mediana edad, canas incipientes y vestido con una cazadora amarillenta de pana ajustada al cuerpo, marcó el N° 7 el tablero de mandos.

Entraron en el apartamento que se hallaba en semioscuridad. Las ventanas y las persianas de la sala estaban cerradas. En el centro de la mesa oblonga había una especie de maqueta de arquitectura que Baj a primera vista no reconoció, y un montón de papeles. A la derecha, estaba un DVD debajo de un televisor de amplia pantalla super plana.

El gorila seguía triturando chicharrones de un modo incansable.

Después de una espera de unos cinco minutos, llegaron dos personas que saludaron y sonrieron a Baj. A uno de ellos, parecía recordarlo del primer encuentro en la casa de Jean Claude. El otro, un poco mayor, muy bien trajeado no recordaba haberlo visto. Este se sentó y acercó su silla hacia la mesa, dispuesto a iniciar la sesión.

- Baj, ha llegado el momento de que empieces a actuar. Todo este tiempo te hemos estudiado, te hemos seguido y has pasado la prueba. Trabajarás para nosotros.

- Llevo casi un año en contacto con ustedes y no sé lo que se traen entre manos.

- Tú eres indio ¿verdad? – preguntó el más anciano.

- Sí, pero ser indio no significa que tengo que ser bobo.

- Mi intención no era la de insultarte. Quería decirte que tú, como buen indio, eres cazador. ¿Nunca cazaste animales con trampas?

- Ciertamente. Desde pequeño...

- Eso es lo que buscamos nosotros. Queremos que nos ayudes a poner una trampa.

- ¿A qué se refiere usted? - contestó Baj asustado.

Comenzaba a darse cuenta lo que él sospechaba. El misterio de estar cobrando sin trabajar, se iba a desvelar muy pronto.

- No te preocupes. Es muy sencillo. Hasta ahora cobraste sin trabajar. Desde ahora seguirás cobrando, pero te pondrás a trabajar.

- Estoy listo ¿Cuál va a ser mi trabajo?

- ¿Te acuerdas cuando estuvo el Papa en San Félix? Lo hiciste muy bien. Un indio perfecto, engalanado y pintado con los colores de tu tribu.

A Baj le dio risa lo de los “colores de su tribu”. No conocía su “tribu” y no sabía que el onoto usado por todos, hasta en el sancocho, eran “los colores de su tribu”.

Desde entonces te venimos siguiendo - continuó el viejo - Llegó la hora de la verdad. Mucha gente está dentro de esto, Baj. No nos vayas a defraudar.

- No sé de qué me hablan... – respondió Baj.

- Poco a poco lo sabrás. Hoy recibirás la primera lección. ¿Ves esto? - dijo el viejo señalando el centro de la mesa.

- Es una maqueta.

- Efectivamente. Es el teatro Teresa Carreño.

Con una mano levantó la parte superior y quedó al descubierto una bellísima maqueta del Teatro. Un corte mostraba perfectamente la platea y el escenario con todas las puertas de acceso directo y emergencia.

Baj observaba atentamente, mientras el viejo elegante le explicaba parte por parte esa sección de edificio que él ya conocía, pues había estado allí dos veces, una para un concierto, y otra para un encuentro con Chávez.

- Hasta aquí vamos bien. Observa esto...

El viejo levantó otra capa de la maqueta dejando al descubierto un sin fin de salas pequeñas, de pasillos entrecruzados y de puertas de las que varias salían al exterior del edificio.

Después de repetir varias veces todo un posible recorrido entre pasillos y puertas, el anciano dejó la maqueta desordenada y se dirigió al DVD.

Veamos ahora en otra dimensión el mismo recorrido. - Y prendió el aparato.

A una vista aérea del enorme complejo cultural, le siguió el recorrido por cada sección del edificio que habían reconocido en la maqueta. Era una especie de video-juego en donde un personaje caminaba haciendo siempre un mismo recorrido, desde el escenario hasta una de las salidas secundarias que daban al exterior. Cada puerta se abría automáticamente e iba señalando en rojo todo el recorrido.

- ¿Te das cuenta?

Y lo repitió 1... 2... 4... 6... 7 veces.

- ¿Y en qué consiste mi trabajo? – dijo Baj.

Te lo diremos en la próxima sesión. Toma esto y estúdialo bien.

Baj tomó un delgado folleto en forma apaisada y, al abrirlo, se dio cuenta que era un plano plegado de todo el interior del Teatro Teresa Carreño.


…La Televisión privada en sus noticieros y programas de opinión presentaba una Venezuela cada vez más crispada. La polarización la construían día a día los canales de TV, dejando escapar sin muchos eufemismos palabras como “tierrúos”, “maleantes”, “monos”, “incivilizados”, “pata en el suelo”, “salvajes”, “hordas”… Los programas de humor satirizaron y ridiculizaron la figura del Presidente de forma grotesca. En ningún país del mundo permitirían ver lo que se estaba viendo en Venezuela. Los medios de comunicación escritos tomaron progresivamente un camino de clara oposición al gobierno.

Aquella catequesis mediática trajo como consecuencia una polarización cada vez más clara que se notaba en la calle, en las discusiones entre amigos, en el trabajo o en la casa.

La figura del Presidente era el centro de una visión maniquea. Para unos era el diablo personificado, un militar carente de formación, aunque en sus alocuciones hacía gala de citas de autores muchos de ellos ya con vigencia decadente; un demagogo que basaba su prédica campechana e igualitaria en el uso y abuso de una visión fundamentalista de Bolívar, mezclándola con declaraciones de sabor populista; manipulaba lo religioso popular otorgándole un aura de “elegido”, “enviado”, para redimir el pueblo sojuzgado por la soberbia oligarquía neoliberal.

El término “revolución” usado asiduamente por el presidente y sus seguidores, se le atragantaba a una clase media que, aunque no muy boyante en los últimos tiempos, no quería saber nada de cambios bruscos que pusieran en peligro los derechos adquiridos.

La aprobación de ciertas leyes colmaron el vaso abriéndose diversos frentes de una oposición cada vez más encarnizada. La sensibilidad social de estas clases altas frente a la realidad de las clases populares, no pasaba mucho más allá de la limosna paternalista.

El verbo encendido del Presidente revivió la mente de estas clases el fantasma recurrente posible descenso de los cerros sobre las urbanizaciones caraqueñas.

La conciencia antimarxista ya genética entre los cubanos exiliados despertó frenética, pues en la revolución bolivariana revivían paso a paso la metodología castrista de antaño.

La Iglesia, cauta, observaba sin pronunciarse abiertamente. Había división de opiniones entre los obispos y, en general, aunque se auspiciaba un gobierno con mayor contenido social, se sospechaba de las idas y venidas del discurso, de las contradicciones oratorias y de la excesiva recurrencia a lo religioso, cosa extraña en un presidente.

La disputa abierta entre el Presidente y la Iglesia se debía más al carácter de las personas que hacían de voceros, que al fondo de las cosas. El Presidente Chávez y el presidente de la Conferencia Episcopal, salvando distancias, se parecían bastante. A ambos les encantaba un micrófono y a ninguno le gustaba morderse la lengua.

A pesar de todo esto, muchos votantes siguieron creyendo en el Presidente, tal vez por el miedo a que se regresara al pasado. Muchos miraban al futuro y esperaban una evolución política.

Para muchos, Chávez era una persona como ellos, que había surgido de abajo, del pueblo, usaba sus mismas palabras, sus símiles y ejemplos eran entendidos por todos. Por vez primera hubo un presidente que se dirigía especialmente a ellos. Por primera vez en cuarenta años, daba la impresión que él iba a gobernar para ellos, para los pobres, para el pueblo. Sus discursos encendidos retando a los ricos, sus proclamas “zamoranas” antioligarcas, eran aplaudidos por un pueblo acostumbrado al aguante y al olvido y ávido de revancha social.

El anuncio rotundo de meter en la cárcel a los corruptos fue la promesa más aplaudida por todos. La prédica de la participación y del rol protagónico del pueblo hizo mella, no sólo en la clase popular, sino que parte de la clase media y alta se lo reconocía.

Era un mérito que nadie podía negarle a Chávez. La sociedad, el pueblo, tradicionalmente apático y alérgico a todo tipo de participación política que no fuera la escuálida participación en las urnas cada cinco años, se despertó y comenzó a participar activamente y se organizó de diversas maneras. Aunque popularizada, resurgió una participación que no se había visto desde hacía muchos años.
“Yo, personalmente, era un admirador del Presidente. Mi origen indígena, mi situación social, mi historia de resquemores y exclusiones me llevaban a creer en una persona que soñaba un país distinto. Pero como buen indígena, me costaba manifestar exteriormente mis sentimientos.

Caracas fue invadida por marchas y contra marchas que competían, no sólo por la gente que lograban meter en la Avenida Bolívar, sino también por el número de banderas. Un espíritu patriotero se difundió por doquier, y cada grupo pugnaba para demostrar su “bolivarianismo”.

Yo sufrí las consecuencias de esas masas que se agolpaban a la entrada y salida del Metro, pero casi nunca participé en las manifestaciones. No era mi estilo. Ver la televisión me enfermaba, pues el único tema existente era la política, las discusiones de los diputados y los enfrentamientos casi a diarios de grupos en pro y contra gobierno.

La situación económica no era muy buena. Las empresas timoratas redujeron personal y recortaron gastos. El buhonerismo era lo único que aumentaba e inundaba ciudades y pueblos. Muchos trabajadores fueron despedidos, yo entre ellos. Yo me salvaba por el sueldo misterioso que seguía depositándose en mi cuenta bancaria…”

Era de noche y los muchachos dormían rendidos.

La suegra de Baj ya no refunfuñaba tanto, al darse cuenta que no era de esos aprovechados que llegaron antes que él a la casa; comieron, durmieron, le pusieron un hijo a Alicia y desaparecieron. Baj, con su sueldo misterioso, arregló el rancho, fabricó una habitación más para los niños, mejoró el cuarto de baño y hasta le regaló un colchón nuevo a su suegra. Desde entonces, ya no le llamó más “indio”, ni él le recomendó que se afeitara los cuatro pelos de la verruga. Por Navidad, aprovechando una oferta instaló el DirectTV, cosa que emocionó a los chamos, también a los vecinos.

Mientras Alicia remendaba un pantalón del carajito, Baj disfrutaba un partido de fútbol. Más que fijarse en las jugadas de los dos equipos que desconocía, su mente estaba muy lejos. Recordaba las caimaneras de Atabapo, en el internado de los curas y en la cancha del pueblo, que era más bien un potrero con arquerías ¡Qué partidos! Le venían a la memoria rostros de compañeros que hacía muchos años se habían perdido.

Navegaba en estos recuerdos cuando sonó el teléfono.

- ¿Sí? ¿Aló?

- Atento, Baj. – sonó la voz - Mañana a las 12 del mediodía en las cercanías del hotel Eurobuilding. No faltes.

Y colgaron.

Le estropearon la noche. No concilió el sueño sino a ratos. Prefirió no decirle nada a Alicia.
A la mañana siguiente, después de bañarse y desayunar una arepa con algo de carne mechada que había sobrado de la cena, repasó las noticias que daban por los diversos canales. El canal 8 hablaba de Chávez y los otros canales hablaban contra Chávez, pero de una u otra manera, Chávez era el centro de todas las tertulias y entrevistas televisivas de la mañana.

- Alicia, ¿Sabes por dónde queda el Eurobuilding?

- ¿Me vas a llevar pallá? ¡Qué emoción! ¿No es al final de Las Mercedes en donde queda eso?

- No, ese es el Hotel Tamanaco.

Con la escasa efusividad característica, Baj salió de casa y comenzó a bajar por las escaleras.

- No estaré para comer a mediodía. Hasta la tarde.

Eran las 11 y se hundió en el mercado persa de la redoma de Petare. Verdaderamente, el trabajo informal había inundado toda la ciudad y corroboraba una vez más la chispa del venezolano para no claudicar ante la desgracia y para hacer del rebusque un arte de sobrevivencia.

Se fue en Metro hasta Chacao y allí tomó un taxi.

- Al Hotel Eurobuilding, por favor.

El chofer lo miró de arriba abajo y al ver la pinta de indio que se gastaba Baj, exclamó:

- ¡¡Coñoooo!!...

Baj sonrió y le dijo:

- No se preocupe, no voy al Hotel. Eso no es para mí.

- Ni p’a mí… - respondió el chofer - por eso me extrañé…

Deambuló un rato por las cercanías y luego se sentó en una arepera, a unos sesenta metros del hall del Hotel. Leía el Meridiano. La gente iba y venía con la acostumbrada calma. De pronto, vio a un hombre de mediana edad, en atuendo deportivo que venía trotando hacia la arepera. Pidió un café y se sentó en la mesa frente a Baj.

- Acompáñeme, por favor. - dijo el recién llegado después de sorber el café negro.

Baj siguió al hombre que se echó al cuello una especie de toalla con la que secaba su rostro de vez en cuando.

Traspasaron el lujoso vestíbulo del hotel. Baj estaba maravillado. Nunca había visto nada tan lujoso. Hombres con uniformes elegantes lo miraban extrañados. Un indio en el Eurobuilding... Como “Tarzán en Nueva York”, aquella película viejísima que pasaba el P. Bressán en las escalinatas de la iglesia del Carmen en Puerto Ayacucho...

Entraron en el lujoso ascensor y a los pocos instantes, se abrió la puerta en el piso 8°. Baj admiraba el tapiz azul que cubría todo el piso. El deportista, se detuvo frente al apartamento N° 86 y tocó el timbre. Apareció con su sonrisa idiota, la cara redonda del troglodita de siempre, el gorila de Jean Claude. Nada más verle, a Baj se le retorció el estómago.

Recordando la experiencia anterior, hizo el propósito de no probar ningún café ni bebida que le ofrecieran.

A una indicación del deportista, se sentó. Apareció por la puerta de la derecha un anciano renqueante, de sienes plateadas y una barba blanca bastante larga, pero muy bien cuidada. Cruzó varias veces el apartamento arrastrando su pierna izquierda como lo hacía el viejo Hassán en Atabapo, seguramente víctima como él de una hemiplejia.

Al rato, Baj fue testigo de un milagro. El viejo mientras hablaba, caminaba cada vez más rápido y menos renqueante. Su figura encorvada y cansina se iba enderezando y creciendo de tamaño.

- Baj - dijo acercándose y mirándolo a los ojos - es tu hora.

Baj ya no dudó más. Era Jean Claude en persona. Su mirada acerada lo delataba.

- ¿Aprendiste la lección del otro día? ¿Sabes lo que tienes que hacer?

- No, no me han dicho nada. Lo que me mostraron fue el Teatro Teresa Carreño, pero desconozco el motivo.

- Yo te lo explicaré. Sabes muy bien que el presidente Chávez está llevando a la ruina al país. Nosotros no creemos en el camino electoral pacífico. No creemos que Chávez cumpla con lo estipulado en la mesa de negociación. No creemos ni en Gaviria ni en Carter. No creemos en el referéndum pues hará todo lo posible e imposible por obstaculizarlo. No creemos en una oposición blandengue que es el residuo de partidos sin crédito ni base popular.

Un grupo fuerte de militares está esperando la señal que nosotros vamos a darle para tomar el poder. No vamos a caer en los errores del 11 de Abril de 2002. Esta vez no fracasaremos.

La última frase la pronunció a escasos centímetros de la cara de Baj. Los ojos le brillaban de odio.
- ¿Y cuál es mi trabajo? - Por fin logró hablar aunque muy quedamente.

Jean Claude se sentó sin dejar de mirar a Baj.

- El próximo 12 de octubre Chávez firmará la Ley de Etnias que se está discutiendo en la Asamblea. Tenemos datos muy concretos de nuestros informantes en Miraflores. La Ley se firmará en el Teatro Teresa Carreño, en un acto folklórico con la participación de representaciones de todas las etnias indígenas del país. Un show mediático de los que le gustan a Chávez.

- ¿Qué tengo que ver yo en esto?

- Mucho, Baj, Mucho. Tú has sido escogido como el representante de la etnia kurripako para honrar al Presidente con un regalo, un presente original. Tu pasantía en la Universidad Central, te hizo muy conocido por profesores cercanos al proceso revolucionario. Nuestra influencia y los hilos que manejamos hicieron lo demás. Tu nombre está ya en la lista que maneja la oficina de protocolo de Miraflores.

- ¿Y cuál será mi regalo para el Presidente?

La palabra de Jean Claude se le congelé en la boca al sonar el fastidioso sonido del móvil de Baj.

- ¿Sí? ¿Aló?

Jean Claude no parpadeaba a pocos centímetros de Baj, como queriendo escuchar la conversación.

- ¿Víctor?.. Perdone, está equivocado. - disimuló Baj guardando su celular.

- ¿Quién era? - preguntó nervioso Jean Claude.

- Nadie. Uno que se equivocó...

- ¡¡Vete rápido!! Es la Disip que te está rastreando. Sal con naturalidad del hotel, dirígete al café o a una arepera, pide un jugo y espéralos allí… te están localizando.

Baj, nervioso, se dirigió a la puerta dispuesto a correr. En la puerta, Jean Claude le puso unos dedos huesudos como garfios encima de sus hombros y mirándole fijamente le dijo:

- Una palabra sobre esto y eres hombre muerto. Yo tengo oídos también en la Disip.

Baj logró zafarse y salió corriendo hacía el ascensor.
Al rato, sentado en la arepera que ya conocía, tomaba un jugo cuando se acercó un hombre joven que le dijo indicando un Toyota blanco:

- Acompáñeme - y le mostró disimuladamente su placa.

No había cerrado la puerta cuando el carro arrancó girando hacia la derecha. Se dirigieron hacia una de las urbanizaciones exclusivas del este de la ciudad. En un descampado, a la orilla de la carretera había un carro estacionado.

- Bájese - le dijo el mismo agente. - le esperan ahí dentro.

Sólo cuando se abrió la puerta de vidrios ahumados, respiró aliviado al ver al Comisario Acevedo.

- Estás metido en un lío, Baj.

- Lo sé. En un gran lío... No sé qué hacer, comisario.

Acevedo abrió la puerta y salió a caminar. Baj le siguió. Frente a ellos se extendía la Caracas de siempre.

- Un gran lío... un gran lío...

Y el comisario iba y venía dos, cuatro, hasta siete veces.

- Esa gente no juega, Baj... es gente muy peligrosa...

- Lo sé, comisario. Y… ¿Qué hago? - Baj se sentó en la baranda de aluminio que bordeaba la estrecha carretera - Yo no busqué esto, créame... y lo peor es que no sé cómo salir...

Después de un largo silencio, el comisario Acevedo le dijo señalándole con el dedo índice.

- Yo te ayudo y tú me ayudas.

- ¿Y cómo?

- Vas a seguirles el juego hasta donde puedas. Sacas toda la información y me la pasas.

- Ellos tienen infiltrada la Disip, comisario.

- Lo sé. Por eso estoy haciendo esto. Nadie de la policía sabe que estoy hablando contigo.

- ¿Y cómo quedo yo? Si se enteran, no lo cuento. – dijo asustado Baj.

- Ya tengo todo programado, Baj. Un escape seguro y silencioso... Aguanta unos días, espera su llamada y hazles el juego. Tú tienes sangre fría...

- ¿Y si ya saben que hablé con ustedes?

- ¡No lo saben, Baj, te lo juro! Esto lo hicieron para probarte, para ver si te escapabas o te entregabas a la policía. Te llamarán de nuevo, tú sígueles el juego... Una última cosa ¿En qué piso estuviste?

- En el 8° - y se dirigió hacia el Toyota blanco.

Regresaban por la Avenida del Este el policía camuflado y Baj, cuando sonó el celular.

- ¿Sí? - llamaban los de Jean Claude.

- ¿Dónde estás?

- Camino de casa. Estuve esperando en la arepera y nadie vino. Me cansé y me fui.

- Baj. No intentes fugarte. Te seguiremos hasta el fin del mundo. Espera nuestro aviso.

- Ajá. - Y apagó el móvil.

Tenía razón el comisario, pensó Baj.

“Recibí noticias de Amazonas. De vez en cuando me traían algún periódico o la “Iglesia en Amazonas” y era mi único contacto, pues con la familia tengo muy poca relación. Es muy difícil hablar por teléfono con ellos. Los tengo muy abandonados. ¿Será porque yo estuve siempre acostumbrado a que se vinieran detrás de mí?

Mi fuga a Caracas, si bien no rompió los sentimientos, sí los mantuvo adormecidos por mucho tiempo.

Mons. Divassón con la ayuda de la Gobernación, vio realizado el sueño de las Escuelas Interculturales de los Ejes Carreteros, que se habían proyectado. Por el Norte en Parhueña; por el Sur en Mirabal. Era una necesidad olvidada por muchos años...

Las organizaciones indígenas están promoviendo en todo el país la participación en el proceso de la Constituyente. Esperemos que no se achicopalen como con la Ley de División Político Territorial...

Mientras tanto, el ambiente político seguía su rumbo. Como dije anteriormente, las Alcaldías se repartieron entre los actores políticos, aunque prevaleció la victoria del cambio: en Autana y en Manapiare ganó PUAMA con Bernabé Arana y Benjamín Pérez respectivamente, en San Carlos triunfó el PPT con Zerpa, en Maroa ganó Briceño por e1 MVR, mientras que Ayacucho, Atabapo y Alto Orinoco siguieron siendo bastiones adecos con Oswaldo Rodríguez, Nepomuceno Patiño y Jaime Turón.

Las elecciones para Gobernador de Amazonas fueron lo más parecido a una película de Walt Disney... pura fantasía...

El 30 de julio de 2000 el C.N.E. dio ganador a Bernabé Gutiérrez Parra. De los muchos folletos, panfletos o periodicuchos que alimentaron la inteligencia amazonense, destacaba el dirigido por un panfletario Joel Tito González que se derretía en loas a la victoria Adeca con títulos tan expresivos como estos:

“. . . Ganó Bernabé y el feo chillando...”, “Nepo el imbatible”... “Nixon corrió a Pablo Medina y a Aristóbulo Istúriz...” (Seguramente debido al concurso de su inteligencia). “...ETA en Amazonas... Pudimos conocer que el grupo separatista vasco ETA está haciendo un trabajo especial en Amazonas, donde supuestamente tienen infiltrado en la alta cúpula religiosa del Vicariato a un alto dirigente....”, “...Gracias a la derrota de Liborio Guarulla las Iglesias Evangélicas seguirán abiertas”.

Inmediatamente, el candidato del “cambio”, Liborio Guarulla, impugnó el proceso ante la Sala electoral de la Corte Suprema de Justicia. El 11 de octubre del mismo año, el C.N.E. proclamó a Liborio Guarulla gobernador de Amazonas.

Bernabé de nuevo, impugnó la decisión y acudió al C.N.E. Este determinó finalmente la repetición de las elecciones en un total de 7 mesas electorales.

Liborio Guarulla tuvo que dejar la Gobernación y se encargó de la misma el Presidente del Consejo Legislativo, Bello Acosta, desde el 12 de enero al 12 de febrero. En la historia de Amazonas hubo períodos muy oscuros, pero este mes para algunos fue “clarísimo”...

Finalmente, después de tantas idas y venidas, Liborio Guarulla tomó posesión del cargo.

Por esos días, el profesor Waldemar Noguera me comunicó por teléfono la noticia de la inauguración de la Emisora “Raudal Estéreo” 92.9 el día 9 de mayo de 2001.
“… El 22 de Diciembre del año 2000 los aires del Proceso Constituyente soplaron por Amazonas.

Como fruto de este proceso nació la Nueva Constitución del Estado Amazonas ya adaptada a la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Asesorados por el Dr. Herman Escarrá, y después de múltiples consultas a las comunidades e instituciones, los diputados aprobaron el 12 de septiembre de 2002 una Constitución más moderna que fundamentaba su razón de ser en los derechos humanos y la participación activa de la sociedad.

En años anteriores, el Estado venezolano había hecho esfuerzos para establecer un Régimen de Educación Intercultural (REIB). Dos Decretos promulgados por Chávez el 27 de Mayo de 2002 profundizaron este camino.

En el N° 1.795 se decretó “implementar el uso obligatorio oral y escrito de los idiomas indígenas en los planteles educativos públicos y privados ubicados en los hábitat con presencia indígena”, así como la publicación de textos aprobados por el Ministerio. Se encargó a este Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, la ejecución de dicho Decreto.

En el Decreto N°1796, Chávez promulgó “la creación de un Consejo Nacional de Educación, Cultura e Idiomas Indígenas como órgano asesor del Ejecutivo nacional.”

Y enumera una larga lista de las incumbencias de dicho Consejo Nacional que trabajará “ad honorem”.

No quiero pecar de pesimista, pero dichos Consejos “ad honorem” en la Venezuela actual no suelen encontrar “el tiempo” disponible para reunirse... El Ministerio de Educación es un elefante pesado y la agilidad en los cambios, nunca fue su principal virtud.”

Baj se daba cuenta que las cosas se complicaban cada día más.

Con frecuencia iba a la Universidad a hablar con Omar. El antropólogo ni sospechaba el problema que atormentaba a Baj. Cuando éste le confesó todo, no lo quería creer.

- ¿Qué hago? - se preguntaba continuamente Baj.

Con su amigo manejaron todos los escenarios posibles. ¿Huir al Amazonas? ¿Esconderse en alguna población del interior? ¿Presentarse a la DISIP y denunciar el plan de matar al Presidente?

Después de racionalizar lo más posible el problema se decidieron por lo que les parecía más viable.

Dada la confianza de Baj con el Comisario Acevedo, Omar le aconsejó que estudiara con él la forma de huida rápida y silenciosa sin que la gente de Jean Claude lo sospechara.

- Ellos me siguen, Omar, ellos saben seguramente que estoy hablando contigo ahorita. Conocen quién eres tú, no se les escapa nada.
Los días transcurrían pesados, inciertos. Sentía un malestar continuo en el estómago, como si algo le mordiera por dentro. Cada llamada del celular le producía tensión y una especie de miedo que él nunca había sentido. No aguantaba el encierro de la casa y vagaba por toda Caracas de Este a Oeste, en metro, en autobús, a pie, como si este continuo movimiento lograra despistar esa pesadilla que lo perseguía.
Se acercaba el 12 de octubre.

Esa fecha tan poco simpática para un indio, aunque se disfrace con palabras tan bonitas como la Jornada de la “Resistencia Indígena”, según se iba acercando, cobraba para Baj visos de tragedia; no la de hace 500 años sino de ahora, muy actual.

¿Por qué todos los discursos sobre esa fecha, se referían a lo sucedido hacía 500 años y casi nunca se hablaba de los problemas actuales de los indígenas? Divagaba de esta manera Baj, mientras contemplaba una Exposición de Instrumentos Indígenas en el Museo de Ciencias. Algo de él se emocionó, mientras contemplaba los largos botutos Kurripakos, y se recordó de las narraciones de su tío Idalino sobre las trompas sagradas que se escondían de la vista de las mujeres y de los niños…

Gozaba con estos recuerdos, cuando el impertinente sonido del celular, molestó más su alma que su oído. Se dirigió hacia la salida, mientras escuchaba el mensaje de una voz ya conocida.

- “Baj, mañana a las 9 am. en el Hotel Eurobuilding piso N° 4”

Notó el pinchazo en el estómago nuevamente y, olvidándose de los botutos y otros instrumentos que habían traído por un momento la música a su espíritu, entró como un autómata en la Estación del metro de Bellas Artes y el ronco traqueteo del tren le introdujo en el negro túnel por el que desde hacía un tiempo transcurría su vida.

Se bajó en la Redoma de Petare y subió a pie hasta el barrio. Tal vez eran los últimos días que pasaría con Alicia y sus hijos en un hogar que quiso ser el suyo y no pudo ser. Hoy, casi se alegraba de no dejar descendencia con ella, pues el desgarre de otra fuga en su vida sería infinitamente mayor.

Nada más entrar en casa, Alicia se dio cuenta inmediatamente de la situación, cuando lo vio sentarse en el sillón de la sala con las manos detrás de la nuca y mirando hacia el techo.

Baj quería darse ánimo y trataba de engañar su mente con el repaso de sus fugas y rupturas anteriores. Aunque fueron muy duras, nunca lo desanimaron ni traumatizaron. Pero sí se dio cuenta que todas las fugas anteriores fueron voluntarias, las había querido y promovido él. El sabía lo que quería hacer y hacía donde iba. Esta vez en cambio, no era él quien quería fugarse. Eran otros los que le obligaban a emprender una fuga, cuyo final desconocía totalmente. Una vez más, y ahora como nunca, sintió la experiencia de la soledad.

A las 9 de la mañana estaba desayunando en la arepera cercana al Eurobuilding.

Fue al baño y al regreso, debajo del vaso del jugo encontró un papel doblado, escrito a mano. “Entrega este papel en el vestíbulo del hotel al ujier que está a la entrada”.

Pagó y se dirigió al hotel...
Un ujier se le adelantó pidiéndole el papel.

Se abrió la puerta del apartamento E-42. Baj se encontró de nuevo con la cara estúpida del mastodonte guardaespaldas.

Esta vez daba la impresión que todos tenían prisa. Jean Claude, maquillado esta vez como un viejo calvo, sin barbas, con un bigote ralo a medio encanecer, lo recibió con la sonrisa helada de siempre.

- ¿No olvidaste los detalles del otro día?

- No.

- Bien. Prosigamos. Aquí está la bella totuma adornada que, entre piñas y otras frutas naturales, vas a ofrecerle al Presidente. Fíjate aquí.

Baj se acercó a la totuma.

- ¿Ves esta especie de botoncito?

- Ajá.

- Cuando tú entregas la bandeja, disimuladamente aprietas este botón y te vas. Tienes 8 segundos para tomar la salida por los pasillos que estudiamos el otro día, que te llevarán a la calle. Allí te recogerá un carro que te conducirá a un lugar seguro. ¿Está claro, Baj?

Baj lo miró y apenas imperceptiblemente contestó:

- Está claro.

- Ah, una cosa... si oyes alguna explosión antes de que tú llegues, dejas la totuma y huyes como está programado. ¿Entendido? Vamos a practicar.

Jean Claude puso la bandeja en las manos de Baj.

- Tú vienes por allá en fila con los otros que traen regalos: Guapas, cestería varia, arcos y flechas, cerámica etc. Tú ponte allí - le dijo al mastodonte de guardaespaldas - Tú haces de Presidente y Baj te entrega el regalo... No te olvides de pisar el botón.

Baj se dirigió con la totuma hacia el grandote que sonreía. Le ofreció la bandeja y apretó el botón dirigiéndose rápidamente hacia la puerta.

- ¡¡¡Traaaaas!!!

A los 8 segundos exactos, sonó una especie de triquitraque o “tumbarrancho” expulsando un humo negro que tiznó la sonrisa del gorila y la transformó en mueca amenazadora.

- Bien, bien... - dijo Jean Claude - Así es la cosa.

Jean Claude se sentó y miró fijamente a Baj.

- Presta mucha atención, Baj. El día 11 por la mañana, te avisarán para ir al Teresa Carreño para ensayar con los encargados de protocolo de Miraflores. Los regalos que ustedes ofrecerán al Presidente, no estarán preparados. Se los darán el día 12. Por favor, Baj, no vayas a fallar. No te lo perdonaríamos. Te rastrearíamos hasta el fin del mundo.

- Lo sé, señor.

- Después del 12 pondrán en tu cuenta un aumento de sueldo. No intentes hablar con la policía, pues allí están nuestros ojos y nuestros oídos... Ahora vete. Mantén abierto tu celular.
Baj se acercó al ascensor y notó nuevamente la presión en el estómago. Estaba a punto de explotar. O se escapaba ahora o no lo haría nunca. Las dos salidas que tenía de él, le parecían dos encerronas.

Si hablaba con la policía y traicionaba a los de Jean Claude se cumpliría su amenaza de muerte, y si accedía a sus planes terroristas se convertiría en un asesino perseguido por todas las policías del país.

Caminó calle abajo más aprisa de lo acostumbrado, tomó un taxi hasta el Sambil de Chacao y subió al tercer piso. Se introdujo en una cafetería y llamó al número especial que le había dado el Comisario Acevedo.

En Caracas, los partidos tradicionales, para medir su propia capacidad de convocatoria, iniciaron una serie de actividades en donde con palabras en aumentativo se quería aumentar la dimensión bastante escuálida de la realidad... El “Catiazo”... “el Guairazo”... “el Petarazo “… la participación fue escasa; eso sí, se escogieron unas calles suficientemente estrechas para dar la impresión, con la ayuda del trabajo de las cámaras de TV, de parecer concentraciones multitudinarias.

Se comprobó que los partidos habían sido superados por la capacidad de convocatoria de una fuerza ciudadana que presionaba, pero que estaba fracturada en un sin fin de ONG’s, redes ciudadanas, “aprendices de partidos” con una inflación de líderes, lidercitos y liderzuelos que predicaban la unión con la palabra, pero sus rostros denotaban las ansias y apetencias de poder. En las marchas ajustaban a codazos su posición en primera fila y se peleaban los micrófonos sobre la tarima.

En diversos puntos de Caracas explotaron bombas y niples, los más fuertes fueron los de la Embajada de Colombia y España. Se los atribuyeron a un grupo de militares ligados a la Plaza Altamira.

Los militares rebeldes de Altamira, después de los disparos de un loco portugués, fueron perdiendo pueblo. La Plaza se convirtió en una especie de Santuario de todas las imágenes de la Virgen María. Se rezaba el Rosario, se hacían Vigilias... Hasta un curita, en un ataque de éxtasis, tuvo la brillante idea de bendecir cisternas de agua para bañar con manguera a las devotas multitudes que gritaban “vivas” a la Virgen y “mueras” a Chávez...

Me pareció una burda manipulación de la religión con fines estrictamente políticos. La estrategia de Chávez de dejar que la cosa muriera de muerte natural, hizo su efecto.
La presencia de Gaviria, Secretario General de la OEA, logró el objetivo de reunir al Gobierno y a la Oposición alrededor de una mesa de diálogo.

Después de varias idas y venidas, se concertó la salida “democrática, pacífica y electoral” a la crisis de gobernabilidad que se vivía en el país.

La solución estaba en la misma Constitución. El referéndum revocatorio era la salida más concreta.

La actividad política se acrecentó. Por parte del Gobierno se desató una campaña de choque a nivel social y económico: aumentó los programas sociales, los mercados populares se extendieron por todos los barrios. Las Misiones se multiplicaron (Robinson, Ribas, Sucre, Vuelvan Caras,...), hubo mayor presencia de dinero en la calle, pago de bonos, pasivos laborales, aguinaldos de tres meses...

Las “cadenas” televisivas se hicieron diarias. Las amas de casa sonaban las cacerolas, sobre todo porque les privaban de ver las telenovelas. Algún malicioso exagerado llegó a correr la voz de que Chávez había comprado la mayor parte de las acciones de Direct TV por eso las cadenas eran cada vez más frecuentes. Las compras de las señales por cable, crecieron un 120 % en estos últimos tiempos.

La Oposición siguió con su prédica mediática tratando de ir horadando lentamente la aparente fortaleza del Estado con cifras y encuestas, con apoyos internacionales, y con alguna que otra táctica de guerra sucia.

El Presidente habló en una de sus alocuciones, sobre un plan de magnicidio. La oposición ridiculizó esta manía persecutoria. Desde entonces en los actos públicos se le vio a Chávez rodeado de gran cantidad de guardaespaldas cubanos y se le notaba en la parte del tórax, una gordura excesiva que revelaba el uso del chaleco antibalas.

Venezuela fue pionera en la creación de telenovelas. En esta reciente novela, las tramas se sucedían unas a otras: Las peleas y discusiones sobre el reglamento de debates de la Asamblea Nacional, las sospechas de espionaje por medio del codificador de Direct TV descubierto por el diputado Carreño, la convocatoria a su instalación en El Calvario, los empujones, los arañazos de Iris Varela, los golpes entre oficialistas y oposición, el parto difícil para el nombramiento de los miembros del CNE, la convocatoria a Referéndum, los reglamentos, el papel moneda, las trabas y los rizos leguleyos, el “millardito “de Chávez para inversiones agrícolas, el deseo de bañarse un día en una playa boliviana, la concesión de Chávez en su visita a Guyana; decisiones van y decisiones vienen de las distintas Salas del Tribunal Supremo de Justicia, avocamientos van, amparos vienen... Los juristas se roban el show en los programas televisivos... Ataques a Bush, a Aznar...

Desconocimiento del gobierno de Haití a la caída de Aristide... Aquí los extremos se juntaron: como otrora Carlos Andrés le había otorgado asilo al ex presidente haitiano, Chávez igualmente, emulaba fielmente el ejemplo “caritativo” de su enemigo CAP invitándolo a asilarse en Venezuela.

No se sabía si el autor de las tramas de estas novelas era el mismo presidente, pero lo que sí se constató fue que la oposición las seguía emocionada y boquiabierta. La oposición bailaba al ritmo que el Presidente les sonaba.

A las 8 de la noche del día 10 de octubre, con gran sigilo, un avión Super King salía de Maiquetía con Baj a bordo y en dirección desconocida.

Acevedo se había movido rápidamente. Un grupo selecto de sus hombres lo recogieron en el Sambil y lo condujeron inmediatamente al Aeropuerto, en donde lo escondieron en uno de los hangares hasta que estuvo listo el avión.

Baj avisó a Acevedo:

- Comisario, el 12 es la cosa en el Teresa Carreño. Que suspendan las programaciones.
Acevedo, con un comando de la DISIP, penetró en el hotel Eurobuilding ante el asombro de los que circulaban por el vestíbulo y subieron al piso N° 8. Revisaron cada una de las habitaciones, sobre todo la 86 en donde había estado Baj. Nada. Los pájaros habían volado.

A Baj se le había olvidado decirle al Comisario que su última reunión con la gente de Jean Claude se realizó en el piso 4, habitación N° 42.

Cuando revisaron la habitación dejada a toda prisa, la encontraron toda revuelta; unos diskettes y unos CD con algunos papeles en donde se hablaba de lo bien que estaba sonando Bach. Uno de los CD precisamente recopilaba varias Fugas del famoso músico alemán.

La gran fiesta indígena con el Presidente en el teatro Teresa Carreño fue suspendida.

La avioneta aterrizó en una pista secreta en las cercanías de El Amparo a las 9 y diez minutos de la noche. Un automóvil rústico iluminaba una pequeña sabana que hacía de pista. Ese mismo carro los recogió y los llevó a una casa amueblada con sencilla elegancia.

En el salón principal destacaba una mesa redonda bien tallada, de madera negra, y una enorme consola de la misma factura con un gran espejo de pared. Una cantidad de cuadros y fotografías se desparramaban con aparente descuido por la superficie de las paredes. El piso era de terracota roja y las paredes de ladrillo amarillento veteadas por un zócalo rojizo muy desdibujado. El frente de la casa era un enorme pórtico con baranda de madera, al que se accedía por unos seis escalones de piedras embaldosadas.

El que conducía el rústico, era un hombre de estatura igual a la de Baj, aunque un poco más corpulento. De pocas palabras, estaba armado con una Uzi corta, de las que usaba el ejército.

Baj no vio a otra gente esa noche. A los pocos minutos, lo dejaron en la casa y los pilotos con el chofer partieron hacia la pista de donde salió el avión de regreso a Maiquetía.

Al regreso, el chofer se presentó:

- Mi nombre es Diomel.

- Baj - le respondió Baj, dándole la mano.

Cenaron casabe con queso llanero bien salado.

- Mañana temprano tengo que ir al pueblo a buscar provisiones. Te quedarás sólo por un tiempo. Te dejaré la Uzi aunque no la vas a necesitar. Por la mañanita vendrán algunos peones a sacar el ganado. Procura que no te vean mucho. En esa habitación tienes cama y chinchorro. Hasta mañana.
Se desveló gran parte de la noche pensando en lo terrible de su situación. Por un lado, condenado a muerte por el grupo de mafiosos y golpistas de Jean Claude y por otro, en las manos de una gente desconocida, sin tener la menor idea de cuáles eran sus planes sobre él.

La orquesta de sapos le dio una serenata tan larga como monótona. Ese sonido y los graznidos de las aves nocturnas le hicieron añorar con nostalgia a su pueblo y se dejó resbalar por un largo tobogán de recuerdos: su padre, su hermanita Rebeca, “ya debe ser una mujer...” Lucinda su abuela, tía Amelia y los primos, el difunto “Máguari”, el tío Idalino, el de los cuentos y embustes sabrosos... ¿Cómo estarán ellos?...

Y reventó el amanecer con la prisa que tiene la luz por abrazar la llanura. Sonaron cantarines los cencerros de las vacas que acarreaban para el ordeño. Algunos peones montaron unos rucios disponiéndose a repartir la manada de novillos en los diversos potreros.

Baj contemplaba todo este movimiento bucólico desde el pórtico de la casa. La brisa mañanera mezclaba el olor a bosta con el del mastranto y, todo esto, unido a los gritos de los peones arreando la vacada, introdujo a Baj en un mundo desconocido. Lo que faltaba era el sonido del arpa y la voz del viejo Simón Díaz cantando una de sus melodías de ordeño.

Diomel llegó con prisas a eso de las diez.

- Hablé con el Comisario Acevedo. Te están rastreando. Tenemos que darnos prisa.

Se metió en una de las habitaciones y al rato vino con ropa y unas botas de cuero de esas que usan los llaneros. Diomel no hablaba ni daba explicaciones, si uno no se las pedía.

- ¿A dónde vamos?

- Al otro lado de la frontera. Prueba esas botas pues vas a caminar bastante con ellas.

Las botas calzaban perfectamente, no así la camisa y el pantalón ambos de color caqui, que eran como tres tallas superiores. Diomel trajo un montón de ropa en el que Baj encontró la apropiada a su pequeña estatura. También le dio un sombrero de cogollo de ala ancha. Al ponérselo delante del espejo de la sala sonrió, al verse tan ridículo con aquella “pinta” de vaquero devaluado.

Diomel montó un abultado morral en la parte posterior del rústico y apuró:

- Vamos.

El auto dejó un reguero de polvo por el camino recto, entre las dos largas hileras de alambradas que delimitaban los potreros. El olor a bosta se hizo menos penetrante. Baj miraba de reojo a Diomel y confirmaba una vez más que no era un gran conversador.

A escasos 30 minutos, entraron en el pueblo de El Amparo. Un pueblo que se asomaba somnoliento al río Arauca. Baj, al pasar por la Plaza Bolívar, vio la Escuela Técnica Agropecuaria en donde él quiso estudiar pero no pudo. Después de pasar sin problemas la alcabala venezolana cruzaron el puente internacional “J. A. Páez”. Las aguas que bajaban lentamente fue el único signo interesante de movimiento que Baj pudo percibir.

La ciudad de Arauca es la capital del departamento del mismo nombre en el lado colombiano. Una población de cerca de 45.000 habitantes a orillas del río Arauca que sirve de límite con Venezuela. Sus principales actividades económicas, tenían que ver sobre todo con la ganadería, el comercio fronterizo y en menor grado, la agricultura.

Entraron en una pequeña casa pintada de un amarillo chillón con zócalo verde. Un rótulo encima de la puerta decía: “Tapicería El Sol”. Después del café colado de rutina, que en Colombia le dicen “tinto”, le presentaron un señor que rondaba la cincuentena de edad, blanco y de mediana estatura.

- Siéntate. Me llamo Ortega - dijo extendiéndole su mano.

- Mucho gusto. - contestó Baj.

- Aquí tienes tus documentos. Dame los tuyos.

Ortega le entregó una Cédula de identidad colombiana con su foto. Al ver su foto Baj se maravilló. Seguramente se la proporcionó el Comisario Acevedo. Tan perfecta era la falsificación de la Cédula, que parecía auténtica. Los colombianos tienen un arte especial para forjar documentos.

Los documentos de Baj, seguramente serían donados para cubrir otra personalidad falsa en Venezuela. En las fronteras abundan las personas, especialmente indígenas, que poseen las dos cédulas de identidad. Esa masa de “documentados” la utilizaron siempre los políticos profesionales, en las elecciones de uno y otro lado de la frontera.

- Olvídate de tu nombre y apréndete bien esos datos. Si te preguntan dónde vives le dices que en Arauca. En ese papel tienes los nombres de los que desde hoy serán tu papá, tus hermanos y cuñados. Trata de modificar un poco tu acento “veneco”. Si te preguntan por qué hablas así, les dices que trabajaste mucho tiempo en Venezuela. Además, por tu pinta de indio no te van a exigir mucho más. Cuanto menos hables, mejor. Vas a quedarte un tiempo en Arauca mientras practicas el acento y aprendes tu nueva identidad. Cuando bajen las aguas y estén transitables las carreteras, te irás. Habla con todos, date a conocer normalmente, pero que tus relaciones sentimentales no se pasen de la raya.

Baj leyó con calma sus nuevos documentos. Desde ahora se llamaría Bairon Quiñones, natural del Departamento Guainía, de un pueblo fronterizo llamado Cacagual. La nueva fecha de nacimiento lo hacía dos años más joven: 25 de Agosto de

1962. Lo admirable era que hasta el sello decía claramente: Puerto Inírida (Guainía).

No le fue difícil aprender su nueva identidad. El pueblo de Cacagual estaba sobre el río Atabapo, muy cerca de Marama y lo conocía perfectamente. Más de un pariente de su papá vive todavía por allá.

Por estos detalles Baj se dio cuenta que conocían a fondo su historia no tardó en percatarse que estaba metido de nuevo en otra aventura.

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