El reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la






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Abril 2002: CRÓNICA DE UN GOLPE
“Palacio de Miraflores, Caracas, Venezuela, sábado 13 de abril. Once de la mañana.

En el Despacho del Presidente de la República, con champagne y whisky, ministros y Pedro Carmona Estanga, el presidente autonombrado, brindan a la posesión del nuevo gobierno, menos de 24 horas después de la deposición de Hugo Chávez...

Sábado, final de la mañana. Fuerte de Maracay, a 108 Kilómetros de la capital. El General Raúl Baduel, Comandante de la 42 Brigada de Paracaidistas, está al teléfono. En su despacho, oficiales de alto rango, tenientes, mayores, suboficiales y militares de la escolta personal de Hugo Chávez refugiados en el Fuerte. Baduel rehusó adherirse al golpe de Estado y tomó Maracay el viernes 12, es lo que se sabe de entonces.

Baduel inició sus conexiones. El general Julio García Montoya se agregó al movimiento. En la parte occidental del país se sumó el apoyo del general Lara Guzmán. En Mérida, la 31ª Brigada y el general Wilfredo Silva.
Fuerte Tiuna, en el área de la capital, es casi una ciudad, con unos 20 mil militares. Fue tomado sin armas, por seis mayores. Con la complicidad de los soldados y de los oficiales subalternos.

Manuel Rosendo y Hurtado, dos generales, intentaron, toda la noche y la madrugada, negociar la renuncia. Rosendo era amigo personal de Chávez. Con ellos estaba el general Lucas Rincón, Inspector General de la Fuerza Armada.

Un rato después, el país vio en la televisión a Lucas Rincón, quien aseguró que el Presidente había renunciado y puso su propio cargo a disposición del nuevo Gobierno. Eran las tres y 25 minutos de la mañana. El país se estremece.

En la madrugada del 11 de abril, mientras el golpe se consumaba, relatan los testigos presentes en el diálogo, Chávez más de una vez respondió a Rosendo y a Hurtado:

- No renuncio, abandono el gobierno si me obligan, pero no renuncio. La renuncia es, como manda la Constitución, delante de la Asamblea Nacional.
García Carneiro, general a quien muchos consideraban como potencial traidor de Chávez, mantuvo fiel la III División de Infantería, contra las órdenes del Comandante del Ejército, Efraín Vásquez Velasco.

Baduel mandó todavía otro mensaje: jugaría los F-16 y su brigada de paracaidistas de Maracay (donde Chávez sirvió y llegó a capitán) sobre el Palacio de Miraflores si en él se instalase el nuevo gobierno. El mensaje llegó a Miraflores.

Señores de trajes de corte fino..., algunos de grandes bigotes, señoras de vestidos y joyas, brillantes y rasgos caucasianos, abandonaron salas y salones a toda prisa, al enterarse del inmediato regreso de Chávez. El champagne y el whisky se quedaron sobre las mesas…

En las imágenes de VTV se vio el regimiento de seguridad y guardaespaldas de Chávez que desaseguraba las ametralladoras, los fusiles (FAL), e invadía patios y pasillos del palacio. A lo largo de las rejas y portones, la multitud, enloquecía. Hombres, mujeres y niños, con trajes y rostros que encarnaban el estereotipo de lo que comúnmente se llama pueblo, con manos y brazos tendidos, atascados entre las rejas, lloraban, se desenfrenaban, gritaban:

- ¡Devuelvan a Chávez..! ¡Con Chávez hasta la muerte..! ¡Chávez, muero por ti...!

Soldados de 18, 19 años sacudían las boinas rojas y gritaban:

- ¡Llamen a todo el pueblo, llamen a todo el pueblo!

Fuerte Turiamo.

Un joven oficial le pide a Chávez que le autografíe una Constitución. El escribe: “Turiamo, 12 de abril, otra vez preso”.

Aún enTuriamo, alas 14h 45 del sábado, otra acción decisiva. El cabo Juan Rodríguez vigilaba al Presidente depuesto. Este le revela no haber renunciado.

El cabo Rodríguez le recomendó:

- Escriba eso y tírelo en la papelera.

go Chávez escribió, en una página:

“... Al pueblo venezolano (y a quien pueda interesar). Yo, Hugo Chávez Frías, venezolano, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, declaro: No he renunciado al poder legítimo que el pueblo me dio. ¡¡Para siempre!! Hugo Chávez.”
Cuando se llevaron al Presidente, el cabo Rodríguez volvió a la celda, y en el pipote de la basura, recogió el comunicado de Chávez, dejó el cuartel, fue al municipio vecino y se lo entregó a la esposa.

Vía Fax, el comunicado “prendió fuego” en los cuarteles ubicados a lo largo y ancho del país.
Nueva cárcel.

Base militar de la isla de la Orchila.

Monseñor Velasco y el coronel Rodríguez Salas, tratan de consumar su más importante misión: conseguir que Chávez acepte irse. Sólo falta que el documento sea trascrito y puesto en limpio en una máquina de escribir. El soldado encargado de hacerlo se demora, es leal a Chávez y decide ganar tiempo: escribe y borra, borra y escribe.

Cuando estaba en Turismo todavía, otro joven militar pasó un celular al Presidente. Un mensaje de 30 segundos, Chávez pide a la hija:

- Mi vida, busca no sé qué periodista, a quien tú quieras, y dile al mundo que yo no he renunciado, ni voy a renunciar.

Marisabel de Chávez, el sábado 13 en la tarde, vía teléfono, dio una entrevista a CNN en español que se escuchó en todo el mundo:

- “Chávez no renunció”.

De vuelta a Caracas

“Madrugada del domingo.

Nueva posesión en Miraflores. El Vicepresidente de la República era Diosdado Cabello. Dos versiones circularon sobre él. En una, se afirmaba que, entre un escondite y otro, estuvo en los cerros incitando a los círculos bolivarianos. En otra versión, Cabello estuvo en la embajada de Cuba, que fue cercada y amenazada durante la rebelión.

Desde Palacio, José Vicente Rangel, quien mantenía comunicación con el general Baduel, acantonado en Maracay, llamó al celular del coronel Rodríguez, le informó que el gobierno constitucional había retomado el poder. Luego habló con Chávez y le comunicó que cuatro helicópteros Superpuma, ya surcaban los cielos de Venezuela para ir a rescatarlo. Un comando élite de 16 hombres iba por el Presidente.
En Venezuela, se profundizaba cada vez más la división del país.

El jueves 18, más de 40 generales y almirantes seguían presos, esperando el juicio. Pedro Carmona Estanga estaba en arresto domiciliar.

Con la oposición, estaba todavía la poderosa petrolera PDVSA y la central de los trabajadores. Al frente de todos, como siempre, gran parte de los dueños de los medios y sus portavoces.

Esta era una historia de odios y amores profundos. Pasiones, torpezas, traiciones y actos heroicos, como es la historia de cualquier país en los instantes decisivos, dramáticos.

Mesiánico - algo que, esta vez le fue útil -, adicto al contacto directo, populista, organizador de un gobierno que, por necesidad u origen, tenía estructuras de poder militarizadas, Chávez probó en la piel, diez años después, la dimensión y el drama embutidos en una tentativa de golpe”.
El gobierno de Pedro, el Breve.
“Algunas razones para el naufragio del gobierno que fue sin haber sido. Pedro “el breve”, como es ahora conocido, cayó en gran parte por sus propios errores.

Cayó por desarticulación y lucha de poder entre los protagonistas del golpe: dirigentes de la federación de empresarios, Fedecámaras, dirigida por el propio Estanga, la Central de Trabajadores (CTV), comandada por Carlos Ortega, y cayó por el desacuerdo y las estupideces entre sus jefes militares.

El gobierno no se completó porque entre los que, decisivamente, lo hicieron imposible estaban algunos dueños de los medios de comunicación. Tales señores pasaron tres años explicando cómo debían ser hechas las cosas, la historia, pero no supieron hacerla, cuando ella llegó a sus manos.

El gobierno de Pedro Carmona Estanga fue breve entre otras cosas, por errores cruciales en sus disposiciones: como la ignorancia anticonstitucional del puesto del vicepresidente, la revocatoria de la Constitución en vigor, el cierre de la Asamblea Nacional y el anuncio, del retiro de la palabra Bolivariana del nombre de la República Bolivariana de Venezuela.

En Caracas, durante el golpe, se inició la persecución al desbancado gobierno. Las imágenes del ministro de Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, y del parlamentario del MVR, Tarek William Saab, blancos de golpizas de ciudadanos del común, mientras eran detenidos, reflejaban un cuadro crítico.

No se sabía cuáles eran los cargos en su contra y, más bien, lo que se veía era una incipiente cacería de brujas del nuevo gobierno que aún no se había instalado y de cuyos lineamientos nada se conocía.

Baj se quedó de piedra cuando vio en El Nacional una foto rodeada de grandes titulares: “Allanada quinta de Pérez Mercado”, “Requisadas armas de guerra de diverso calibre”. “Se le busca por todo el país, pero se supone que ha huido a Miami, Estados Unidos”...

Se quedó de piedra cuando el supuesto Pérez Mercado no era otro que Jean Claude. ¡¡Era él!! ¡¡Era él!! Baj sentía que cada día se deslizaba más en un pozo sin fondo.
En casa, las relaciones con Alicia y los niños iban de mal en peor. No digamos nada de Olimpia la “supersuegra”... Aunque cobraba sin trabajar, no se sentía feliz. Esperaba de un momento a otro, la fatal llamada que definiera todo el andamiaje que la gente de Jean Claude, o Pérez Mercado, o como se llamara, había montado en torno a su vida. Más de una vez maldijo la hora en que decidió venir a Caracas.

Leía los periódicos todos los días. Antes sólo compraba Meridiano... Se fue dando cuenta de la manipulación casi total de los medios escritos y aprendió poco a poco a separar el trigo de la paja.

Chávez regresó con ánimo de la experiencia de golpe. Probó en su misma carne lo que él le hizo a Carlos Andrés Pérez. Las reacciones fueron de diverso tipo. La más notoria fue el incremento de animosidad con la Conferencia Episcopal, especialmente con su Presidente, Mons. Baltasar Porras, Arzobispo de Mérida.

También se notó una mayor reacción frente a los sectores golpistas. Reaccionó frente al boicot de la gente del Petróleo, importando gasolina mientras se reestructuraba PDVSA, y al sector Comercio le respondió importando gran cantidad de alimentos e instalando mercados populares en toda la geografía de Venezuela.

En la Asamblea Nacional se inició una guerra a cuchillo, los oficialistas para aprobar las leyes necesarias para profundizar la revolución y los opositores para evitar que esas leyes se aprobasen. El reglamento de debate fue la piedra de tranca que impidió una acción parlamentaria normal. Hubo peleas entre los diputados, hasta “cariñosos” arañazos en la cara de algún diputado, reuniones fuera de Cámara, el “quórum” una y otra vez solicitado...
A Baj no le importaban las discusiones teóricas sobre si el gobierno de Chávez era de izquierdas o de derechas. No le interesaba si Fidel Castro venia o no a verse con Chávez, si éste le regalaba un avión o le regalaba la gasolina.

Lo que él aprobaba de Chávez era el haber puesto el dedo en la llaga al denunciar el escándalo de la pobreza y darle mayor participación e importancia a los pobres. Aplaudió la reforma de PDVSA y la voluntad proclamada de poner sus recursos al servicio del pueblo.

También le daba rabia ver a gente de la oposición alegrarse de los errores técnicos que se cometían en las refinerías, o del derrame de crudo, o que aplaudieran la rebelión de los buques transportadores y la escasez de la gasolina en el país. No le gustó que un grupo de exempleados de PDVSA jugaran al desastre nacional con la industria que daba de comer a todos los venezolanos.

Naturalmente, Baj se daba cuenta también, que este llenarse la boca con la palabra “pobre” en los discursos, había servido siempre a todos los candidatos de la Cuarta República y que Chávez no se escapaba tampoco de esa dosis de demagogia.

Notaba Baj también, que esa continua mención del “pueblo soberano” podía ser una manera para que otra cúpula aprovechara como antaño, para saquear el Estado. Y este peligro lo proclamaba diariamente la oposición al denunciar la progresiva imposición del poder ejecutivo sobre los otros poderes.

Aunque esto ocurrió también en los años de la Primera, Segunda, Tercera y Cuarta República, la personalidad de Chávez con su verborrea rebosante y sus aires de aprendiz de Führer tropical, favorecía esta percepción, tanto más cuando las acciones implementadas no atacaban las verdaderas raíces del problema.

Chávez, como militar, había sido amamantado en la metodología de los “operativos”. Formado en esa mentalidad, iban saliendo como de la chistera de un mago, una serie de “operativos” o “misiones”: Misión Robinson, Misión Sucre, Misión Ribas, Misión Cristo, Vuelvan caras, Misión sonrisa, Misión milagro...

La mentalidad de Hugo Chávez era por formación, profundamente militar. El se encargaba de predicarlo a los cuatro vientos en las “cadenas televisivas” que se multiplicaban día a día para hacer contrapeso a los “4 jinetes del Apocalipsis”, como tildaba a los canales privados de TV.

La acción militar se basa en “Operativos” que se suceden unos a otros.

Con una especie de tratado de asistencia mutua con la república de Cuba, se puso en acción la “Misión Robinson”, el seudónimo de Simón Rodríguez, maestro del Libertador y ahora miembro de la “trinidad bolivariana” junto con Zamora y el mismo Bolívar. Con esta “Misión” u operativo se pensaba reducir al mínimo el índice de analfabetismo en el pueblo venezolano, basándose en la experiencia cubana en este campo.

A esta Misión le sucedió otra: la “Misión Ribas” que atacaba el abandono escolar en los años de bachillerato y ayudaba a graduarse de bachiller en dos años.

Para cerrar el ciclo educativo, se proclamó la “Misión Sucre” con la que se atacaba la discriminación de la selectividad estudiantil para continuar estudios superiores. Para eso se abrió la Universidad Bolivariana. Y próximamente se anunció un nuevo operativo para atacar las raíces de la pobreza del país que llevaría el aleccionador nombre de “Vuelvan caras”...

En el campo sanitario la colaboración de Cuba se hizo presente con otro operativo: “Misión Barrio adentro”. Centenares de médicos cubanos penetraron en las zonas marginales de Caracas, otras ciudades y por el campo venezolano.

La polémica no se hizo esperar. La oposición criticó abiertamente los operativos educativos como marginadores del sistema educativo venezolano además de poner en duda su eficacia. Pero lo que más polémica suscitó fue el aspecto sanitario. ¿Eran médicos? ¿Eran técnicos sanitarios? ¿Eran enfermeros graduados? ¿Por qué no presentaban la reválida requerida por la ley a todo profesional extranjero?

Baj, que vivía en un barrio petareño, pudo darse cuenta que la presencia de estos agentes sanitarios era positiva. Mucha gente del barrio no tenía ni tiempo para hacer colas en el Hospital Pérez de León para una consulta, ni quería arriesgarse a conocer el precio de la medicina recetada...

Con esta polémica, Baj se acordó de los años en que el Obispo Ceccarelli quiso establecer en las cercanías de Puerto Ayacucho un pequeño Hospital para atender, sobre todo a los indígenas que recibían un trato inhumano en el Hospital. Pensaba contactar con las ONG “Médicos sin fronteras” o “Medicus mundi” para conseguir personal y medicinas.

No fue posible. Las trabas burocráticas impuestas fueron una barrera infranqueable. No se permitía que operaran en Venezuela médicos sin la debida autorización y reválida. La barrera impuesta por el Colegio de Médicos fue infranqueable. No importaba que el campo venezolano y sobre todo el indígena estuviera desasistido y abandonado.

Por eso Baj, en cierta manera, se alegraba de la actitud antiburocrática del Presidente frente al hipócrita rasgado de vestiduras de gran parte de médicos venezolanos.

En su trabajo, en los cursos y talleres realizados en la UCV, Baj recibió las herramientas suficientes para hacerse un cuadro de la situación política, pero no era eso lo que más le preocupaba. El seguimiento atosigante de la gente de Jean Claude lo enervaba. No se creía seguro en ningún sitio ni a ninguna hora.
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