El reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la






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títuloEl reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la
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Fuga en RE mayor
1980

“Regresé de Colombia pero no renunciaba a seguir estudiando. Quería graduarme de Bachiller como aquellos compañeros afortunados que, apoyados por sus padres o profesores, se habían graduado ya en Puerto Ayacucho o en El Amparo.

Estábamos en 1980 y yo había cumplido 18 años. La suerte que tenemos los indios, es que aparentamos menos edad de la que en realidad tenemos. Con mi cara imberbe y mi pequeña estatura me seguían considerando menor de edad.

Ese año se me presentó la oportunidad de mi vida.

El Gobernador González Herrera había inaugurado hacía 3 años en Puerto Ayacucho una Residencia Estudiantil para los indígenas del interior que querían terminar sus estudios en Puerto Ayacucho. Un grupo de atabapeños nos anotamos inmediatamente. Esta era la oportunidad de seguir estudios sin ser carga para mi pobre familia.

La Residencia, ubicada en plena avenida Orinoco y muy bien dotada, en sus inicios fue una iniciativa piloto y, en el papel, tenía una organización interesante. Una señora mayor estaba encargada de todo lo referente a la economía. Su presencia en la Residencia garantizaría, en teoría, una disciplina de tipo familiar. Digo en teoría, porque en la práctica, muy pronto se fue degenerando en una situación cada vez más complicada. Los robos continuos de ropa o zapatos, la fumadera de marihuana y el abuso de bebidas alcohólicas, no la hicieron muy acogedora.

El “pavo” Ucho era el más antiparabólico. Cada vez que venía de Atabapo traía la mochila repleta de mafafa... En San Fernando algunos fumaban delante de los mismos policías y éstos como si nada, porque desconocían el olor de la hierba...

La residencia no era un modelo de convivencia, pero era nuestra única salida. Yo trataba de estar en ella sólo lo indispensable y después me perdía con otros compañeros a practicar deporte en el Polideportivo o acompañando al cura Premarini en sus giras por los caseríos indígenas.

Este cura, que pronunciaba la “erre” de forma defectuosa y tenía pinta de loco, logró formar un grupo juvenil muy interesante. Nos reuníamos una vez por semana y hacíamos giras todos los domingos por los caseríos cercanos a Puerto Ayacucho, montados en un jeep o en una camioneta. Para nosotros, eran momentos de expansión sana y nos ayudó a salir un poco de nosotros mismos y a pensar un poco en los demás.

El “Pavo”, se quedaba fumando en el chinchorro y nos decía: “¡Adios, Domingo Savio!”… “Adios, Don Bosco”… “Yo me quedo... este país se jodió, Domingo Savio...”

En el grupo había de todo: El bromista, como el “Mono” Fuentes que se reía hasta de su propia sombra y estaba empeñado en enseñarle al cura Premarini a pronunciar bien la “erre”:

- Premarini ¿dónde vive Andrés?

- En la Aguegevegge..

- ¿Cómo? – repetía el Mono.

- En la Aguegevegge...

- No Premarini, Aguerrrrrevere... pronuncia otra vez... - le decía el Mono.

Y Premarini al volante, se volteaba hacia el Mono, con paciente sonrisa... Otra vez...

- Premarini ¿dónde estudia Ortiz? - preguntaba el Mono.

- En el Mario Bgiceño Igagoggi…

- ¿Cómo? Repite que no entiendo...

- ¡¡¡Mono!!! ¡¡¡Déjame en paz!!!

También estaba Carlos, apodado “Gonorrea”. Era otra joyita del grupo, inventaba la mayor parte de las maldades y luego desaparecía...

Estaba también “Plaga”, el eterno enamorado de Chepina, una de las chicas del grupo... los fines de semana que ayudaba a su hermano como ayudante de albañil en una obra, tenía que pasar por Carnevalli delante de la casa de Chepina; unas veces, se vestía elegantemente con una pinta dominguera cargando en una bolsita de plástico su ropa de trabajo. Otras veces tenía que dar un gran rodeo para que no lo viera en traje de faena.

Estaban también los “socialistas” Macha y Chara. Eran los de mayor vocación política y que, después de unas decenas de cervezas en el patio de “El Máguari” o en «La Tigrera» no había problema político de Amazonas que se les resistiera..

Buenos compañeros, sin muchos remilgos en su lenguaje y en sus acciones. Recuerdo aquella vez que íbamos a bañarnos a Culebra y llevábamos todo para hacer una chiricoca. Cuando llegamos a la planta vieja, nos dimos cuenta que no llevábamos recipiente. Regresamos al Pío XI, y agarramos la primera papelera que encontramos. En el río todos se reían de nosotros al vernos beber chiricoca a morro de una enorme papelera azul.

Pero el más fastidioso de todos era el “indio” Querebi. A todo le sacaba punta, nadie, ni el cura ni la monja se salvaba de su echadera de vainas. Sólo se aletargaba un poco cuando llevaba encima varios tragos. Por eso los compañeros en aquella excursión a la montaña bastante lejana, en donde tuvimos que pernoctar, se vengaron sacándole una foto en el momento en que, agachado, hacía sus necesidades. No le paró mucho a la cosa hasta que apareció en la cartelera del Pío XI entre las fotos del paseo...

Además de la bella Chepina, destacaba entre las muchachas del grupo como buena amiga, Penny o “Pelo de coleto”. Tenía una boca considerablemente grande. El indio Querebi decía que ella se pintaba los labios con una barra del tamaño de una linterna. Tenía un carácter estupendo. A pesar de las bromas, nunca la vi enojada.

Y ahí estaban además: Mesa, “Lagarto Juancho”, la “Burra”, César, “Picure”, “Bombona” los “Morochos” y otros muchos que no recuerdo...

La actividad cultural de esos años, por medio de teatros, fiestas, campeonatos, verbenas y otras actividades, hicieron del Centro Juvenil del Pío XI una referencia y alternativa para los jóvenes en los fines de semana.

Tengo que decir que dentro del grupo no era todo armonía. Pronto afloraron dos subgrupos que algunos catalogaron y dividieron entre “riquitos” y ‘pobres”… buscando una polarización parecida a la de ahora, que se habla de “oligarcas” y “tierrúos”… Una cosa irreal, pues todos éramos unos “pata en el suelo”... tal vez unos tenían unas maneras más finas y otros eran más bastos en su actuar. Pero en los objetivos comunes que nos proponíamos, esta falsa división desaparecía y todos trabajábamos en común… Fue una experiencia de grupo muy interesante y a mí me ayudó mucho a ser más sociable.

Nuestra vida en la Residencia se complicaba cada vez más. Hubo días que teníamos que inventar para poder comer La disciplina y el orden menguaban en la misma proporción en la que crecían nuestras dificultades.

Aquel viernes por la tarde, estábamos aburridos. Sentados en la acera delante de la Residencia, matábamos el fastidio con cuentos y echadera de vainas. No sé a quién se le ocurrió gritarle a un Jeep militar que subía por la avenida Orinoco. Creo que fue el loco Valentín.

Todos a coro los chuleamos, pues casi todos guardaban malos recuerdos de los tiempos de recluta. El Jeep frenó unos metros más adelante. A mí me dio tiempo de meterme en la residencia. Del Jeep bajaron dos marinos de la policía Militar con armas largas.

- Ustedes. ¡Móntense en el Jeep!

- ¿Por qué? Estamos en nuestra casa.

- No sé nada, chamo. ¡Es una orden del sargento!

Los llevaron escoltados. Cuando llegaron al Jeep se dieron cuenta que era el catire Piñate, compañero de todos nosotros y ahora convertido en fiero sargento de la Armada. Se tranquilizaron.

- Coño, Catire. Nos asustaste... - dijo Cachama, sonriente y conciliador

- Suban y más nada. - aparentó seriedad el sargento - ¡Voy a sacarles la mierdera en el cuartel ya!

Y arrancó a toda velocidad...
Las noticias más importantes que destacaron los periódicos locales esos años, fueron:

- “Para el próximo invierno posible tráfico con Caracas”.

- “Para 1982 quedará concluida la vía definitivamente”.

- “44 millones de Bolívares ha conseguido Gobernador para la continuación este año para la continuación de la vía a Caicara del Orinoco”.

- “Opiniones de algunos partidos políticos sobre el Diferendo con Colombia”.

- “Inaugurada Residencia Estudiantil Indígena”.

- “Para 1981 comenzarán los trabajos de la Hidroeléctrica sobre el río Cataniapo”.
A González Herrera le sucedió en el cargo el gobernador Sánchez Contreras. Era de Barinas y copeyano. Dos cosas que en sí mismas eran normales, pero que en Amazonas tenían una lectura especial.

El pueblo amazonense era mayoritariamente adeco, y si de vez en cuando, ganaban las elecciones los copeyanos, era porque los mismos adecos defraudados, votaban contra su partido.

Por otro lado, los gobernadores solían importar de la región de origen a los funcionarios de los puestos claves y a veces, los contratos más sustanciosos eran para ellos o sus testaferros. Pronto se habló en Amazonas de los “zorros de Barinas”...

El discurso programático fue, como el de todos, optimista y alentador:

- “... Si queremos una patria diferente, un pueblo nuevo, inteligente y constructivo, solo nos queda una alternativa: ordenar la educación, la salud, la economía, el trabajo, y ponerlas a su servicio.”

- “. ..Salud, Educación y Agricultura prioridades para la gestión del próximo año”.
Como todos los discursos, se los llevó el viento.

El año 1981 fue abundante en noticias y sucesos.

En los periódicos locales, Linderos y Autana, podíamos leer noticias como éstas:

- “A Puerto Ayacucho se le calculan entre 22.000 y 25.000 habitantes.”

- “El Dr. González Herrera nombrado Ministro de Sanidad. (Los amazonenses esperan la construcción del Hospital).”

- “Los adecos están divididos por las candidaturas. Enrique Betancourt, Ramón González, Perales y Mario Ortiz, apoyan a Morales Bello. Nixon y Guape están con Lusinchi.”

- “El Prof. Juan Noguera es el nuevo Jefe de la Zona Educativa.”

- “Wolfang Reina, representante de la Juventud Copeyana, solicita mayor participación en el gobierno.”

- “Abusos y atropellos al Magisterio denuncia Eliseo Jordán”

- “Oswaldo Calderón pide la conclusión de la carretera a Caicara.”

- “Quejas de los amazonenses por la “importación” de Profesionales en desmedro de los nativos”.

- Hugo Alencar denuncia: “¿Para qué viene el Presidente? Las obras paralizadas o hechas por el gobierno anterior. Suspensión del Proyecto de Hidroeléctrica... Suspensión del nuevo acueducto... Inauguración de una Alcabala de la Guardia en el Muelle… este Gobernador es peor...”

- “Preso Valverde...”

- “Liberado Valverde...”

- “Otro auto de detención contra Valverde...”

- “Valverde se asila en el Consulado de Colombia...”

- “Valverde se entrega a las autoridades...

- “Valverde en huelga de hambre...”

- “El Presidente Luis Herrera Campins inaugura la Casa de los Niños “Wanadi”...

- “El presupuesto de Amazonas para el año 1982 será de 180 millones de Bs.”
Ya te dije anteriormente, que esa época mía en Puerto Ayacucho fue muy interesante bajo muchos puntos de vista. Los problemas en la Residencia estudiantil se fueron acrecentando y yo pasaba hambre. Algunos sábados me iba temprano delante del Cine Don Juan, a esperar a los camioneros que reclutaban braceros para descargar o cargar sacos de cemento o lo que fuera. Había mucha competencia con los guajibos que habían creado una especie de mafia y daban poco chance a los otros.
En uno de esos viajes de políticos que abundan en las elecciones, me dieron la cola a San Fernando. Mi papá, la abuela y mi tía, se enteraron de mis dificultades para poder estudiar. Les propuse que se mudaran para Puerto Ayacucho. Lo que hacían en San Fernando podían hacerlo allí. Un rancho era fácil pararlo, pues había tierra de sobra y los políticos, en tiempos de elecciones, eran sumamente dadivosos.

Mi abuela Lucinda se animó, pues así podría ver y cotorrear con su hermana Flora, que hacía muchos años vivía en la capital, pero mi papá y su hermana Amelia no querían empezar de nuevo, y rechazaron la idea.

Mi tía Amelia, ya te hablé de ella. ¿Te recuerdas que tenía tres hijos? Uno de ellos era Alberto, o “máwari’ como le llamábamos. El me quería y admiraba. Creo que fue el único que me quiso realmente en mi vida. Entendió la discusión y él era el más animado para ir a Puerto Ayacucho. Palmoteaba alegremente sus manos, encendida la cara con su sonrisa inocente. Muy pronto, la desilusión oscureció su rostro cuando, acariciándole, le dije que aún no podía acompañarme.

Al día siguiente desapareció de la casa. Todos lo buscamos desesperados hasta que, ya al atardecer, un muchacho nos dijo que lo vio caminar hacia río. Mi tía, llorando, corrió a la orilla. La seguía de cerca mi papá, y de lejos, la abuela Lucinda con los nietos. Encontramos las cholas de Máwari en la orilla del río y... la realidad una vez más, derrotó a la esperanza.

La noticia corrió por el pueblo. Mi papá, en silencio subió a la casa, buscó una vela a medio gastar y la totuma de tomar yucuta.

Se dio inicio al ritual de la búsqueda del cadáver que se usa en nuestros pueblos. Encendió la vela, dejó caer un poco de esperma en el fondo de la totuma, pegó la vela y como un barco infantil lo introdujo en la corriente. Como un diminuto fantasma bajó lentamente y fue tomando velocidad, a medida que se separaba de nosotros.

Mi papá y yo seguimos por la orilla sin perderla de vista, subiendo rocas y pisando fango.

Después de un largo trecho, la titilante llama comenzó a girar hacia la izquierda y más lentamente describió varios círculos cada vez más cerrados hasta que fue rebotada hacia la orilla.

Regresamos a casa y mi papá elaboró una especie de espiñel, al que amarró varios anzuelos de los más grandes. Ayudados por los vecinos, montados en curiaras, rastreamos el fondo del remanso con una pequeña red que nos prestaron.

Al cabo de una hora, el guaral se estiró y alguien gritó:

- ¡¡Aquí está!!

Lentamente, desde la curiara ayudamos a arrastrar lo que aún no habíamos visto. Yo no quise esperar más, y me lancé a las aguas oscuras del Atabapo. Nunca las había visto tan negras. Siguiendo el guaral descendí hasta que palpé el cuerpo de mi querido “Máwari”. Subí con él a la superficie y los demás me ayudaron a colocarlo en la curiara. La linterna de mi papá le iluminó aquella cara de ángel serio, que algunas veces ponía cuando no le agradaba una cosa.

Después del entierro, Amelia junto con mi papá, no sé si por complejo de culpa, o para huir de los recuerdos, se dispusieron a preparar el viaje para Puerto Ayacucho.
Nuevamente fui yo, el hijo, el que arrastró a los padres a emigrar y a cambiar de rumbo en su vida.

Se establecieron en un rancho, al borde de la gran laja del barrio Unión. No había mucha comodidad, pero mi papá, poco a poco, fue haciéndolo cada vez más habitable. En el verano era insoportable el calor pues la laja era una estufa que lanzaba el calor hasta la madrugada. Pero tenía la ventaja que estaba casi en el centro del pueblo.

Finalmente, dejé atrás la experiencia de la Residencia y regresé a la vida de familia, muy triste aún, por la desaparición de mi primo Máwari.”
La experiencia del atraco, aunque no llegó a traumatizar a Baj, le puso en aviso y cambió la actitud tan desenfadada y tranquila que tenía de la vida. Desde entonces, comprendió a la gente del barrio que se volteaba cada rato hacia atrás, como si estuviera esperando a alguien. Se dio cuenta que había gente empeñada en hacer mal a otro.

Tardó en salir del barrio. La primera vez que fue de nuevo al Banco quiso que lo acompañase Alicia; temblaba como una hoja y veía en cada usuario o persona que le miraba, un posible asesino o un sospechoso atracador. La camisa se le pegaba a la espalda por el sudor y, sólo cuando llegaron al Metro comenzó a calmarse.

Estaba metido en un lío y no sabía como salir de él. Los hombres de Jean Claude le seguían y aparecían cuando menos se lo pensaba. Le daban ganas de hablar y decirles que no quería saber nada de ellos, de la cuenta del Banco, de Jean Claude, que no quería meterse en más problemas, que se olvidaran de él y que se regresaría inmediatamente a Puerto Ayacucho...

Después le frenaba el miedo que les tenía. Podían liquidarlo, lo tenían vigilado. También pensó en Alicia y sus muchachos y sobre todo, en su viejo al que le enviaba algo de dinero todos los meses.

Otras veces pensaba en presentarse a la DISIP y decirle al Comisario Acevedo todo lo que sabía. Pero lo frenaba al pensar en la red de espionaje que Jean Claude tenía dentro de la policía. La vez que casualmente habló con él, casi lo matan...
Todo esto lo enfermaba. Se asustó más cuando vio la fotografía de Jean Claude en el Universal.

Estaba sonriente saludando al Presidente de Fedecámaras, Dr. Carmona Estanga. Este personaje, pequeño, con cara del “Pepe Grillo” de las comiquitas, con ojos inquietos y un halo de inteligencia que después demostró no ser tal, era la vedette de los medios televisivos.

Con el Presidente de la CTV, Carlos Ortega, se presentaban juntos, en una simbiosis sospechosa. Nunca el mundo del Trabajo, aparentemente, había estado tan melifluo y complaciente con los representantes del Capital.

En la época Adeca, la CTV era una sub-dirección del partido; sólo hacían huelga cuando gobernaba Copey... sin embargo, de vez en cuando hacían la pantomima de que le exigían o se enfadaban con el gobierno... Ahora no; los dos eran los actores principales de algo que se estaba tramando. La presencia de Jean Claude en la foto del periódico, para Baj no presagiaba nada bueno.

La psicosis del miedo al comunismo, propio de los años de la guerra fría y que mantuvo en el poder por largos años a dictadores y tiranos en América Latina, reapareció en Caracas de mano de los exiliados cubanos, con gran influjo en 1os medios televisivos y fue acicateada por una clase alta que llevaba el miedo en los genes. Hacer de Chávez un dirigente marxista era tan ridículo, como creer que Bush era candidato al Nobel de la Paz. Aquél, porque carecía de la preparación debida, y éste, porque sólo su cinismo superaba a su ignorancia.
Oficialistas y opositores manipulaban el hecho real de la religiosidad tradicional del venezolano. En los discursos y mítines de Chávez el crucifijo y la Constitución eran dos iconos repetitivos. La enorme variedad de imágenes de la Virgen navegaba entre banderas en todas las marchas opositoras. El colmo del ridículo, fue el baño con agua bendita desde un carro de bomberos provocado por un cura de “buena” voluntad...

Día a día se incrementaba el clima de tirantez política y por aquí y más allá, saltaban algunas chispas de violencia entre los oficialistas y la oposición.

Las marchas y contramarchas competían en el número y en la estupidez de los mensajes. Los oficialistas repitieron los esquemas adeco-copeyanos de la llamada Cuarta República, transportando como carne cañón, miles de personas del interior, con el tradicional señuelo de real, bebida y bonche. Baj, algunas veces, participó en estas marchas y contramarchas gigantescas, pues así podía encontrarse con gente del Amazonas, pagada y transportada por la gobernación, y que aprovechaba estas “colas” para resolver ciertos asuntos en Caracas.

Lo trágico, o cómico, o ambas cosas a la vez, era que todos sabían y estaban conscientes de su mentira; que hoy como ayer, se repetían las mismas tácticas, las mismas triquiñuelas, los mismos sistemas, los mismos paradigmas. La “revolución” y “el puntofijismo” eran nombres huecos de una misma realidad. Nada había cambiado... La historia del hombre ¿es lineal o circular?

Dicen que, cuando cayó Somoza en Nicaragua, los sandinistas descubrieron un enorme hueco y varios subterráneos en donde el Dictador torturaba y hacía desaparecer a sus víctimas. Un personaje que lo visitaba, le preguntó al guía por qué no lo rellenaban y lo cerraban.

- No. Las generaciones deben conocer los horrores del Dictador...

- Si no lo cierran o no lo tapan, tarde o temprano volverán a usarlo - predijo el personaje.

Una vez más, se constata claramente la incapacidad e imposibilidad del hombre para zafarse de esa red o maraña de hilos entretejidos durante siglos, o para salir de ese círculo vicioso que siempre se repite. Lo que cambian son las personas, las ideas son las mismas.

¿No enseñaban algunos profesores que era en los pueblos mal llamados “primitivos”, en donde mejor se estudiaba ese mito del “eterno retorno”...?

Sin embargo, Baj, tal vez movido por un revanchismo de clase, creía en el proceso o la “revolución”, como la llamaban, más que en Chávez…

Veía pragmáticamente que, aún con el simple cambio de personas, al menos se lograba una parte de la “justicia”. Ya no eran los mismos que estaban arriba, los que comieron siempre, que se aprovecharon siempre, que gobernaron siempre, que dirigieron siempre, que robaron siempre... Ahora al menos, comían otros, se aprovechaban otros, gobernaban otros, dirigían otros y ¿cómo no? robaban otros... Baj recordaba sonriendo aquel adagio popular que diferenciaba a adecos y copeyanos: “El adeco roba, pero deja robar. El copeyano roba él sólo”.

Naturalmente, Baj también se daba cuenta que muchos de los que se habían alimentado, vivido y robado de la Cuarta República se aprovechaban ahora de la Quinta.

El chavismo, para crecer rápidamente, fagocitó a muchos personajes que, siguiendo la tradición del camaleonismo político, gritaban ahora su adhesión a la izquierda y entonaban cantos a la revolución con la misma fuerza que, hasta hacía muy poco pavoneaban en público su pedigrí adeco-copeyano.

Más a la corta que a la larga, el chavismo que lleva dentro de sí el gusano de esa misma corrupción, se convertirá, como sus antecesores, en una agencia de colocación y empleo.

Entonces, otro mesías o profeta lanzará el eslogan de una Sexta, Séptima, Octava República… y comenzaremos de nuevo...


“Algo estaba naciendo en Amazonas por aquellos años Ochenta.

A nivel político, aparecieron liderazgos jóvenes, una generación de relevo que prometía cambios y nuevos caminos. Nuevos nombres surgieron dentro de los partidos tradicionales y sonaban, sobre todo en tiempos electorales, con progresiva insistencia. Pero la hora de esos partidos estaba llegando a su fin. Más de 30 años de desgaste, hizo que las campanas de la sociedad repicaran a difuntos.

Entre los personajes tradicionales que de alguna manera influyeron y dirigieron el partido blanco puedo recordar a Luis Gómez, César Alayón, Marcolina Orozco, Porfirio Díaz, Pascual Silva, Juan Martínez, Rosa Piñate y Don Gilberto Mendoza en Atabapo, el viejo Golindano en Maroa, los Alvarez y Escobar en Río Negro... y otros que ya no recuerdo.

Dirigentes de nuevas hornadas comenzaron a relevar a los dirigentes tradicionales en procesos más o menos traumáticos y que, para mal o para bien, coparían la escena política del Estado Amazonas en estos últimos años: Jaime Arismendi, Bernabé Gutiérrez, Hugo Alencar, Humberto Uvieda, Alfredo Infante, Heriberto Perales, Díaz Pérez, Oswaldo Calderón, Julio César Fernández, los hermanos López (Jesús, Esmeralda y César), Nixon Maniglia, Oswaldo Rodríguez, Gilberto González, Faridis Blanco, Maruja de Fuentes, Rafael “Pepo” Fuentes y muchos otros...

Lo mismo ocurrió con el partido verde. A dirigentes fundadores y prestigiosos como Fernando Girón, Yolanda Silva, Andrés Camacho, Doña María de Gaviní en San Carlos, los Sué en Atabapo, los Ángulo y Briceño en Maroa etc. les sucedieron Arturo Siso, Eleazar Silva, Eliseo Jordán, Paula Flores, Juan Noguera, Jairo Maragua, Jacinto Gaviní, Luis E Argote, Nelson Ventura, Rafael Rincones, “Pavo Perico” etc.

La Izquierda amazonense estuvo representada al inicio por exiliados o confinados políticos de la dictadura de Pérez Jiménez o en los años de la naciente democracia, cuando el gobierno de Rómulo Betancourt puso fuera de la ley al PCV. González Niño, Pedro Duno, Héctor Valverde, junto con algunos exdirigentes de URD y otros separados de AD, como los mepistas y miristas fueron los más conspicuos representantes de la izquierda.

La figura emblemática de la militancia más consecuente era Ricardo Gómez, el hombre del “Gallo rojo “, ejemplo de fidelidad y perseverancia romántica en una sociedad en donde el “camaleonismo” oportunista llegó a considerarse una virtud.

Será con el nacimiento del MAS, el momento en que la izquierda sale de las catacumbas en Amazonas y comienza a presentarse como una alternativa frente a los partidos tradicionales.

Publicaciones ciclostiladas como las de “El Puño” y más tarde “El Amazonense” sirvieron, o al menos, intentaron dar una visión distinta a la tradicional.

El peso específico de esta izquierda, nunca logró conformarse como alternativa de gobierno en la región, por lo que sus dirigentes siempre fueron tentados a tender alianzas, manifiestas unas, escondidas otras, cayendo así en el pragmatismo que tanto criticaban. Pero esto no anuló el valor de ser una piedra en el zapato de los dirigentes adecos y copeyanos de ese momento. Gente joven como Francisco Alencar, Gilmer Henríquez, Freddy Calderón, Dixon Sequera, Liborio Guarulla, Mangliavacche y otros muchos que ya no recuerdo, fueron los representantes de esta izquierda amazonense que quería, pero no podía.

Estos listados que transcribí aquí pueden tener dos tipos de lectura:

1°.- Ver en estas listas la gran capacidad de “servicio “que poseemos los amazonenses en la búsqueda del “bien común”.

2º.- Constatar que la carencia evidente de una base industrial, productiva y de trabajo en el Amazonas, obligaba a que la “política” fuera considerada la única “industria rentable” y por lo tanto, la más solicitada.
Un indígena jivi, Guillermo Guevara, aglutinaba sin prisa pero sin pausa, las inquietudes y reivindicaciones de los pueblos indios incorporándolas en el movimiento nacional indígena.

Los indígenas estábamos tomando mayor conciencia. Pequeñas agrupaciones se fueron cristalizando en las diversas etnias.

Los yekuana en el alto Ventuari tenían un movimiento organizativo animado por el Hno. Korta y los jesuitas, llamado UMAV.

Los jivi de Coromoto y el eje carretero sur despertaron de una apatía de siglos impulsados por un grupo de Hermanas de Tarbes.

Los piaroa y yabarana de Manapiare, comenzaban a protestar por la presencia de terratenientes y la ocupación de sus tierras.

Los Yanomami del Alto Orinoco iniciaban un proceso de educación intercultural bilingüe y una organización en cooperativas, motivados por las misiones salesianas.

Nosotros, los Kurripako y, en general todos los Arawako, buscábamos el “blanqueo”, teníamos un complejo de ser “casi criol!os” y no nos preocupábamos mucho de esta ola organizativa. Queríamos ser indios o criollos, sólo cuando nos interesaba. No nos dábamos cuenta, como dijo un autor, que “el mestizo es a la vez un español prisionero de un indio, y un indio prisionero de un español” Si paseamos por Amazonas nos daremos cuenta, como dijo Arguedas: “Quienquiera puede ver indios de raza blanca y sujetos de piel cobriza, occidentales por su conducta.”

La multiplicidad de etnias del mismo tronco lingüístico y la escasa población de las mismas, más que ayudarnos a los Arawako, nos perjudicaba en la búsqueda de intereses comunes.

También influía la situación religiosa. Algunas de nuestras comunidades y caseríos provenían de Colombia en donde la misionera Sophía Müller, norteamericana de religión evangélica, tuvo un gran influjo en la difusión de una fe basada en el miedo y la amenaza de castigos divinos, si no seguían a Cristo Jesús.

Esto hizo que aumentara entre nosotros cierta desconfianza, pues para ellos nuestra cultura tradicional era cosa pecaminosa y no querían saber nada de nuestros mitos, nuestra religión, nuestros bailes y cantos. Conservaban muy bien la lengua, pero se olvidaban de todo lo demás.

Mi confusión religiosa en ese tiempo era grande y, a pesar de que participaba con el cura Premarini en todas las actividades, no siempre entendía ni me gustaba lo que se hacía.”
“En el mes de junio de 1983 fue cuando conocí al P. Moreno y al Dr. Omar, en aquel “Encuentro de Misioneros, Indígenas y Antropólogos” que se celebró en Ayacucho.

Fue una buena idea del Obispo Ceccarelli. Estaban también E.E. Mosonyi, W. Coppens, J. Lizot, Clarac y otros que ya no recuerdo pero que de vez en cuando me los encontraba después por los pasillos de la UCV. Premarini me invitó a participar y ahí estuve con otros representantes indígenas: guajibo, piaroa, yanomami etc. Fue una semana en donde se trataron diversos temas sobre educación, situación social de los pueblos indígenas, religión, proyectos de desarrollo etc. Era la primera vez que yo vi hablar a mis parientes con libertad.

Algo estaba naciendo en Amazonas. Cada etnia exponía sus logros y dificultades, aunque se notaba que cada uno “jalaba pa su lado” y se comprobaba aún la incapacidad de tener un proyecto común. Sin embargo, algo se estaba moviendo a nivel indígena.

Es muy difícil para nosotros superar los recelos interétnicos cuando hay intereses de por medio. Cada uno piensa en sacar la mejor tajada, y si un grupo, comunidad o caserío, consiguió un beneficio, al instante el otro quiere obtener lo mismo sin pensar en la factibilidad o en la conveniencia.

El ejemplo típico se vio con el lío de la Escuela Guajiba. El gobernador Sánchez Contreras, dispuesto a realizar un trabajo eficaz con las comunidades indígenas, inició el proyecto de una Escuela Piaroa en terrenos de Paria.

Las comunidades guajibo del eje carretero Sur lideradas por la comunidad de Coromoto, vieron también la necesidad de crear una Escuela Guajiba.

Se elaboró un anteproyecto en donde se determinaba a la comunidad de Coromoto, como sede de la misma. Las ventajas eran evidentes: un pueblo ya consolidado, abundante agua, terreno suficiente etc. Los guajibo no proponían un régimen de Internado, como el de la Escuela de Paria.

Y aquí comenzaron las intrigas. El ciudadano Gobernador, tal vez celoso de la actividad organizativa del Vicariato, reunió a la comunidad de Platanillal dejando fuera de la reunión a las personas involucradas en el Proyecto Guajibo: entre ellos, los jivi Gil Abad, Octavio Castillo, Guillermo Guevara, Andrés Romero, Francisco Caribán, Alfonso Wendehacke etc...

Ofreció la construcción de una escuela similar a la de los piaroa con un costo de Bs. 4.500.000,00. El interés por acoger la sede de la Escuela aumentó la rivalidad entre las comunidades.

¡Qué mala suerte tienen los indios! Todos quieren opinar por ellos, pensar por ellos, apoyarlos, luchar con ellos… pero son muy pocos los que quieren que ellos opinen, que ellos piensen y que ellos luchen por lo que ellos creen.

Como se lo propuso el Gobernador, se construyó la Escuela Guajiba en Platanillal. ¿Resultado? Nunca logró funcionar y hoy es sede de un cuartel de la Guardia Nacional.

¿En qué se convirtió la Escuela Piaroa de Paria? En una Escuela Básica, pero no Piaroa...

Suele pasar eso cuando unos piensan, opinan y hacen en lugar de otros.

Los Guajibo se quedaron sin su Escuela. Años más tarde, el Vicariato, durante el último gobierno de Bernabé, estableció sendas Escuelas Básicas en las zonas de Mirabal y Parhueña que vinieron a resolver parte de las carencias educativas de ambos ejes carreteros.

Pero de la tan alardeada Escuela “intercultural Bilingüe”, absolutamente nada... ni Piaroa ni Guajiba...
Otro ejemplo de la escasa política comunicacional de este gobernador, fue el suceso de la “estatua del indio”.

Fue la primera vez que en Puerto Ayacucho se hizo una manifestación de protesta, netamente indígena y llevada a cabo por Piaroas, precisamente la etnia más mimada por Sánchez Contreras. Este, mandó hacer una estatua en homenaje al indio piaroa con la finalidad de colocarla en la Escuela Fronteriza Indígena de Paria. Los piaroa no la aceptaron pues representaba a un indio desnudo. “Nosotros tenemos guayuco y nunca vamos desnudos” – protestaron en un manifiesto.

El 12 de octubre, en la plaza que une las avenidas Río Negro y Orinoco, se montó la estatua en homenaje al indígena. Diez días después, en una manifestación pacífica, después de leer varios manifiestos, le colocaron a la estatua del indio un guayuco piaroa. Al día siguiente el “indio” amaneció sin guayuco.

Unos días más tarde, un numeroso grupo de piaroas, guajibo, yekuanas y panare repartió un segundo manifiesto en el que se acordaba quitar la estatua de la vía pública y enviarla a la gobernación.

Un grupo se encaramó para intentar derribarla. El público fue aglomerándose y, como siempre, los partidos políticos quisieron sacar beneficios de una manifestación que era netamente indígena.

Por orden de la Gobernación, hizo su aparición la Guardia Nacional y la policía y, poco a poco, fue disolviéndose la manifestación al anunciarles que el Gobernador haría una reunión con ellos para solucionar el problema.

El día 7 de noviembre por la tarde, en el salón del Concejo Municipal se reunió el Gobernador con los grupos indígenas. El mandatario les habló sobre la universalidad del uso del desnudo en el arte, en la pintura y la escultura; sacó el ejemplo de la Capilla Sixtina en el Vaticano, en donde “Adán y Eva” y demás personajes aparecían desnudos. Los piaroas respondieron que ‘una cosa eran Adán y Eva y otra eran los piaroa, y que ellos nunca andaban desnudos...”

Se resolvió que próximamente, de manera solemne, el Gobernador le pondría el guayuco al monumento, cosa que se hizo el día 10 de Noviembre.
Esto fue para mí una prueba más de que algo estaba cambiando en el indígena y en su capacidad organizativa. No se había visto en Puerto Ayacucho una movilización propiamente indígena, fuera de aquellas a las que nos tenían acostumbrados los partidos políticos, en donde el indígena era “carne de cañón” que se transportaba en camiones, y se enchiqueraba de una forma vergonzosa, en tiempos electorales.
En 1983 se celebró solemnemente en Puerto Ayacucho el 50 aniversario de la llegada de los primeros salesianos al Amazonas y también en ese año, acaeció la trágica muerte del cura Premarini, gran amigo nuestro, en el Alto Orinoco. Después de tres días de intensa búsqueda se recuperó el cadáver y, enviado a Puerto Ayacucho, fue velado en la Catedral.

Fue una muerte muy sentida, especialmente por los jóvenes e indígenas de los caseríos cercanos a Puerto Ayacucho, en donde había dejado sus mejores frutos. Nunca vi llorar abiertamente a tantos jóvenes.
A inicios del año 1984, el Obispo Ceccarelli se enteró de unas concesiones mineras otorgadas por el gobierno nacional y envió una relación a diversas autoridades nacionales e instituciones, en las que denunciaba el grave peligro para el pueblo yanomami y para la ecología, en caso de llevarse a cabo una explotación minera en el Alto Orinoco.

En vista de que no se recibió contestación alguna, Ceccarelli puso la denuncia en los principales periódicos de Caracas. En ella explicaba que 36 concesiones que abarcaban unas 180.000 Hectáreas habían sido otorgadas a mediados del año anterior a la empresa “MAVA C.A.” con la finalidad de explotar la casiterita de aluvión y otros minerales. El Presidente de “MAVAC.A.” era un tal Florencio Gómez Muñoz, seguramente pantalla o testaferro de conocidos inversores.

El error cometido por aquel gobierno fue otorgar en 1983 estas concesiones en contra de lo dispuesto por el Decreto N° 2.039 (Gaceta Oficial N° 31.175 del 15 de Febrero de 1977) en el que se decretaba ZONA RESERVADA a esa zona delAlto Orinoco.

Mons. Ceccarelli solicitó la revocación de dichas concesiones.

Pronto se creó en el país una matriz de opinión que apoyaba la denuncia de la Iglesia.

La Comisión de Ambiente y de Ordenamiento territorial presidida por el Dr. Rafael Elino Martínez interpeló al Ministro de Ambiente.

En Amazonas, la recientemente estrenada AMAVISION, televisora del Vicariato, efectuó varios foros sobre el tema en donde el Obispo, el Gobernador, el Ing. Omar Henríquez, el abogado Héctor Valverde, el sociólogo Rubén Montoya y otros, sensibilizaron a la población local sobre el peligro que encerraban dichas concesiones mineras.

Finalmente, mediante la Resolución N° 244 publicada en Gaceta Oficial, el Gobierno Nacional revocó las concesiones otorgadas a MAVA C.A.

Esta denuncia no la olvidaron fácilmente quienes estaban detrás o debajo de esas concesiones, (¿o más’ bien, en las “alturas”?).

Los ataques directos a la Iglesia de Amazonas no se hicieron esperar...”
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