El reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la






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títuloEl reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la
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Fuga en RE menor.
En el año 1976, yo tenía 14 años y cursaba primer año del Ciclo Básico.

Como te dije anteriormente, mi hermana Rebeca terminó el Tercer Grado. Mi papá no tuvo otro remedio que emigrar a San Fernando para que sus hijos pudieran seguir estudiando. Construyó un pequeño rancho con techo de palma y piso de tierra, esperando que, en tiempo de elecciones, los políticos, además de palabras repartieran algunos sacos de cemento.

Por este motivo, yo dejé el Internado y fui a vivir con mi papá y Rebeca, mi abuela Lucinda, mi tía Amelia y sus hijos, entre ellos mi querido “máwari’ quien volvió a sonreír y a contemplarme silencioso mientras yo hacía las tareas, esperando pacientemente para que lo llevara a jugar.

En julio de este año sufrimos una gran inundación en todo el Amazonas. Atabapo se convirtió en una pequeña Venecia. Los bongos de amarraban frente a la Iglesia. Los muchachos nos divertíamos pescando y nadando en la Plaza Bolívar completamente inundada. Por la calle que, bordeando el río, iba desde el Comando de la Guardia hasta la Punta de Lara, los bongos y las curiaras circulaban como por el río. Los habitantes de las casas del barrio La Punta debieron ser evacuados pues las aguas cubrieron más de un metro de sus paredes. Fue declarada emergencia nacional para toda la zona y llegó un helicóptero a auxiliar aquellas comunidades indígenas aisladas, cuyos conucos se habían inundado o sus pertenencias se habían perdido.

Cuando las aguas descendieron; el espectáculo del barrio La Punta fue desolador e impresionante. Todas las casas parecían grandes monstruos sostenidos por las esqueléticas patas de los horcones y palos que sostenían el resto del bahareque no alcanzado por la riada.

Como en todos los momentos de desgracia, no faltó el toque de humor y picaresca cuando empezaron a llegar las ayudas a los damnificados. Hubo como siempre, damnificados “vivianes” que cobraron ayuda sin merecerla mientras que a los verdaderos damnificados les llegaron las sobras. De ahí surgió el chiste que corrió por Atabapo de un vecino que se presentó a cobrar como damnificado, porque se le habían “ahogado” en el río los 30 ó 40 patos que criaba con tanto esmero...
Aquellos fueron años de bonanza económica. El dinero estaba en la calle. La política consistía en soñar lo bien que se iba a pasar cuando estuvieran en el poder. Los copeyanos y adecos, aunque eran la misma cosa, siempre se esforzaron para explicarle al pueblo que eran tan diferentes, como lo eran el color blanco y el verde. Algunos fanáticos ilusos del pueblo peleaban y se insultaban en las campañas, sin darse cuenta que en el centro, los líderes máximos bebían “güisqui” juntos. Entre ellos se hacían una oposición de retórica guabinosa, pues sabían que al llegar al poder, ellos iban a hacer lo mismo.

Los partidos de izquierda, ante la incapacidad de conquistar el poder, eran los únicos que se tomaban en serio la crítica y la denuncia de una corrupción que crecía minuto a minuto. Eran los únicos que se sentían libres. Nadie les podría echar en cara toda la prédica y crítica en la que abundaban, pues nunca alcanzaban el poder. Eso sí, no faltaron líderes de izquierda que mantenían exteriormente un lenguaje encendido, pero por debajo, hacían tratos y recibían las migajas que soltaban los de arriba.

Tengo aún un recorte de “Linderos”, periódico de Puerto Ayacucho, de fecha Diciembre de 1976 que refleja lo que te estoy contando. Es un recuento de denuncias que un partido de izquierda hacía a los gobiernos adeco-copeyanos de la época. Entresaco algunos retazos:
- “El pueblo venezolano con la instauración del sistema “democrático”... ha venido observando cómo cada 5 años se turnan en los organismos dirigenciales del país adecos y copeyanos...”

- “..Año tras año, el presupuesto nacional se agiganta más, pero también la esperanza del pueblo venezolano es cada día más frustrante... Hace tres años ante el fracaso de los copeyanos, decide apoyar a los adecos, quienes prometían a través de su candidato CAP, reivindicar al pueblo, ofrecían hacer la “guerra a la pobreza”, al desempleo, hacer la “revolución educativa” etc. Hoy podemos decir que entre estos dos partidos no existe ninguna diferencia.”

- “...Pero si Venezuela vive esta crisis, mucho más grave es la situación en el T.F. Amazonas donde vemos la aparición por arte de magia de cuatro o cinco nuevos ricos; la corrupción, malversación y compra de conciencias es la actividad primordial de los actuales gobernantes...”

- “...Prometía el Gobernador: dotación y construcción en el núcleo de Santa Bárbara para un desarrollo industrial y agropecuario con una inversión sobre los ocho millones de bolívares. Eso quedó en pura programación e irregularidades como la deforestación de una hectárea de terreno a 1.700 bolívares, que el IAN la tiene estipulada a razón de 600 Bs. pero eso se hizo para beneficiar a un “humilde paracaidista”...

- “...Desarrollo del programa de bibliotecas”. No sabemos dónde están.

- “Electrificación para dar servicio las 24 horas a San Fernando, Maroa, San Carlos y Manapiare; con una inversión de 6 millones de bolívares”. Seguimos esperando.

- “Pavimentación y reparación de las calles de Puerto Ayacucho y San Femando de Atabapo”. Se le olvidó al Gobernador.

- “Reparación y mejoras en el aeropuerto de las diferentes poblaciones del Territorio, incluyendo acondicionamiento de la pista de Puerto Ayacucho para que aterricen los DC9”. Puras palabras...

- “En colaboración con la industria privada y organismos crediticios se desarrollarán: a) industria de casas de aluminio a instalarse en Puerto Ayacucho. b) Acopio e industrialización de la fibra de chiquichique a instalarse en San Fernando, Maroa y San Carlos. c) Industria de alfarería en Puerto Ayacucho”... Sigue la cotorra y el bla, bla, bla.

- “Se establecerá un sistema de abastecimiento de combustible en todo el Territorio construyendo depósitos en las diferentes poblaciones”. Para esto se designaron 6 millones que hoy no se sabe a qué cuenta corriente fueron a parar.

- “Siembra de pino para papel en un área aproximada de 100 mil hectáreas....”
También el Presidente del ilustre Concejo Municipal se lanzaba un kilométrico discurso ofreciendo “reivindicar la imagen y moralidad del ayuntamiento y prometió:

- “Se constituirá un comité de defensa al consumidor en cada barrio cuya misión será establecer una guerra sin cuartel contra los especuladores”. ¿Qué pasó Sr. Presidente? ¿Le asustaron los especuladores?¿Se congelaron los precios de los artículos básicos? Todo era demagogia...

- «Bajo ninguna circunstancia la comunidad debe estar sometida a los caprichos del proveedor público..., se comprometió a evitar la escasez de combustible... repartir útiles escolares a los niños pobres.... a la juventud le prometió un “Centro social juvenil” con bibliotecas, cine, canchas deportivas...”

- Prometió “construir una plaza y un parque infantil en la calle Perico”. Todavía se está esperando.

- A los pobladores del interior les ofreció “que exploten sus productos naturales, pues el Concejo junto con la Gobernación implementarían un sistema de compra directa y sin intermediarios”
Este es un pequeño rosario de las muchas promesas que se hicieron a través de los años. La desvergüenza de los politiqueros fue en aumento y, aunque en las campañas prometían llevar a la cárcel a los corruptos, una vez en el poder no movían un dedo, pues ellos pensaban hacer lo mismo.

Lo malo fue que, años más tarde, cuando la mal llamada “izquierda” llegó finalmente al poder, repitió los mismos errores que antes criticaron en sus antecesores. Pero de eso ya hablaremos...

Otra cosa interesante que observé a lo largo del tiempo, fue el continuo vaivén de personajes que estaban anteayer militando en un partido, ayer los veíamos en otro, hoy en otro y mañana estarán en otro. El transfuguismo político en Amazonas, más bien que un crimen detestable, fue considerado un logro de la gran “tolerancia y convivencia” existente en nuestro pueblo. A lo largo de los años vimos en muchas personas, el cambio radical de ideologías radicalmente opuestas, con una naturalidad que en otro lugar producirían sonrojo. Aquí, con eso, lo único que se demuestra es el axioma, ya convertido en tópico, de “que la política es dinámica y permanentemente cambiante”.
En el año 1976 saltó a la palestra pública entre otras cosas, la pelea entre el jesuita Korta que luchaba en el Alto Venruari para la creación de la UMAV (Unión de Makiritares del Alto Ventuari) y un aventurero francés llamado Bichier.

Esta disputa fue el preludio de la lucha posterior de los indígenas contra los terratenientes de la zona.

También se reflejó en la prensa nacional y local el asalto de la familia de Mons. García a la herencia que no les pertenecía. Sabedores de la fortuna, y pasando Argentina por un mal momento económico, los hermanos y sobrinos se lanzaron como zamuros, creyendo que eso era patrimonio personal del Obispo. La Iglesia, a pesar de que intentó demostrar que esos bienes no eran propiedad personal del Obispo, sino del Vicariato, fue expoliada de la mayor parte del capital que disponía para las obras educativas y religiosas de la región.

Otras noticias de este año las recogía así el periódico Linderos:
- “Hugo Alencar se queja de que nadie da créditos al Concejo Municipal convertido en una gallera de líos entre adecos y copeyanos.”

- “El Comisionado de Salud, Macario P. Castillo denuncia el colapso del Centro de Salud de Puerto Ayacucho: “Fue hecho para 4.000 habitantes y ya estamos en más de 20.000”.

- Omar España, (cuando era del MAS), denunciaba que las obras decretadas por la Gobernación no se habían ejecutado.

- Bernabé Gutiérrez Parra, (un personaje que en el futuro daría mucho que hablar), Secretario de Organización de AD apoyaba a Piñerúa en oposición al Gobernador Acevedo que apoyaba a Lusinchi...”

- “Eloy Tarazona se quejaba ya entonces de que los cargos de la Dirección de Educación no se daban por Concurso y que los docentes no hacían cursos de adiestramiento...”

- “Alejandro Torres nuevo Director del IND.”

- “Elías Michelangeli muestra su veneración por Carlos Gardel...”
Estas cosas tal vez no te sirvan de nada, pero como tú me dijiste que escribiera todo lo que yo recordara, así lo hago...


Yo, mientras tanto, seguía mis estudios. La Escuela Granja “Atabapo” había ensanchado espacio para dar cabida a los alumnos del Ciclo Básico. Esta Escuela levantada a pulso por su primer Director, el Prof. José Solórzano Pérez, fue por muchos años modelo de instituciones educativas de todo el Territorio Amazonas.

En el curso 1978 - 79 yo estaba terminando el tercer año de Ciclo Básico.

Otra vez se alzaba una pared ante mí. Los pobres no podemos escoger Todo me indicaba que no podría seguir mis estudios. Algunos de mis compañeros del pueblo, con más posibilidades familiares o con más palanca, consiguieron una beca para estudiar bachillerato técnico agrícola en El Amparo (Edo. Apure).

Lo que es la injusticia... Si hay alguien que sabe algo de agricultura en Amazonas, es el indio. De todos los que fueron a estudiar allí ni uno sólo se dedicó a la agricultura. Todos terminarían siendo maestros o políticos. Si yo hubiera ido, a lo mejor terminaba como ellos, pues cada vez me percataba más que el indio que probaba la ciudad, nunca más regresaba al caserío...
La política de CAP y de los adecos daba signos de agotamiento. Ni la abundancia de dinero, ni la sensación de riqueza que se quiso dar de Venezuela, pudo ocultar el gusano que roía sus entrañas. El país se bañaba en la corrupción más escandalosa y las arcas del estado iban mermando. El sueño de una Venezuela que acabara con la pobreza, que despegara industrialmente y que sembrara el petróleo, menguaba lánguidamente, creando cada año mayor pobreza y aumentando su dependencia. La megalomanía de un fatuo ignorante que se creyó el líder mesiánico de América, condujo a Venezuela hasta el borde del abismo. Sólo faltaba un empujoncito. Su sucesor, Luis Herrera Campíns, dará la orden fatídica: “Un paso al frente... ¡¡¡Arrr!!!”

Y todos caímos en el barranco del “Viernes Negro”…
El último Gobernador de esta época en Amazonas fue Torres Partidas, un capitán de altura que no siempre estuvo a la altura del puesto. Su obra más destacada fue la inauguración de la Biblioteca y las primeras transmisiones de la Televisión del Estado, el canal 8. De él fue aquella perla que salió publicada en el periódico aragüeño de “El Siglo” cuando dijo: “Los indios no deben votar… no están preparados...” Fue una grosería. Como si los demás supieran votar…
Otras noticias de aquel tiempo fueron estas:
- “El Ing. Graciano Montes nombrado Gerente de Cadafe.”

- “El joven profesional amazonense Arquitecto Néstor González, nuevo Director de Mindur.”

- “Visita de CAP a Puerto Ayacucho.”

- “Se promete la señal de TV para Noviembre de este año 1978.”

- “Se inician los Cursos del Mácaro para la profesionalización de Docentes.”

- “Se denuncia la tala desconsiderada en las orillas del Carinagua y la instalación de polleras y cochineras que están contaminando el Caño... y el MARN sigue callado...”

- “González Niño, estudioso y conocedor del Amazonas inaugura una Exposición en Caracas sobre nuestro Territorio...”

- “En Atabapo, después de dos años de la inundación, empiezan a construirse las 40 casas para los danmificados de la riada del 76...” (La fantasía de nuestros proyectistas políticos pensaba construirlas en otro sitio y dedicar esas tierras para plantaciones agrícolas y una Escuela Artesanal en la Punta... Cada familia reconstruyó su casa en el mismo sitio y aún hoy sigue siendo uno de los barrios más bellos de Atabapo).

- “El Dr. Barrios virtual candidato a diputado por COPEI.”

- “Francisco Alencar encabeza el listado de concejales por el MAS.”

- “MINDUR invirtió más de un millón de Bs. en reparaciones y mantenimiento de planteles escolares” - afirma el Arquitecto Néstor R González.

- “La población electoral que concurrirá al proceso se sitúa entre los 15.000 electores.”

- “El INOS Región Sur en breve iniciará instalación de redes del nuevo acueducto...”

- “Las cochineras, las polleras y la tala arruinan el caño de Carinagua.”

- “Xiomara Mirabal electa Reina del Club de Leones de Puerto Ayacucho.”
Terminé el Tercer año de Ciclo básico y me incorporé a la llamada ‘población flotante “de desocupados que esperan un trabajo sea del gobierno o de la “oposición”... Hasta llegué a soñar en un nombramiento de maestro. ¿Por qué no? En algunas comunidades indígenas había maestros con sólo 6° Grado... A nuestros parientes no les importa que los maestros estén preparados o no, lo que importa es que nombren a su hijo o a su hija, o a su sobrino. Había familias que en su mapa genético, prevalecía un gen especial: “el gen magisterial”, pues a todos sus miembros los nombraron maestros. ¿Será que eso se transmite por herencia?
Esperé inútilmente.... Para eso hacía falta palanca; ni mi papá ni mi abuela Lucinda tenían influencia alguna y, mucho menos, capacidad económica para trasladarme a Puerto Ayacucho. Por eso me resigné a esperar tiempos mejores. La resignación mezclada con el oxígeno, es esencial para la vida del indio. Algunos la llaman esperanza... No importa.

En ese tiempo comencé a frecuentar amigos que, como yo, esperaban una oportunidad. Salíamos juntos de pesca, nos divertíamos juntos y bebíamos semanalmente. Para nosotros el fin de semana era un rito liberador. Hacíamos un mapa de los “bonches” del pueblo y los recorríamos todos. Nos quedábamos en el que estaba más animado. Hacíamos “vacas”, espulgábamos nuestros bolsillos hasta conseguir para una o dos botellas. Terminadas estas, por arte de magia, aparecía otra, y otra, y después... otra. Para beber en este pueblo no se necesitaba real. Eso sí, a lo único que teníamos acceso era a la caña blanca o “Guárico“. El ron más caro, el “güisqui “y otros sibaritismos, se lo dejábamos para bolsillos mejor surtidos.
Atabapo vivía en una atmósfera de rutina que adormecía el espíritu. Aunque era ya un pueblo grande, se reproducía en él, todo lo vivido por mí en Marama. Como allá, todo se repetía con una cadencia perezosa, sin prisas, sin gritos... San Fernando, a pesar de echárselas de pueblo importante y moderno, conservaba este concepto de tiempo que es propio del mundo indígena; daba la impresión que el tiempo era una categoría inútil, no contaba para nada en la vida.

He conocido gente que llegó a este pueblo con ganas de comerse el mundo, lograr cambios, transformaciones. Como aquellos tractores soberbios de los tiempos de Codesur que, inexorablemente, hirieron la selva, y murieron después ahogados por una maleza vengativa. Como a ellos, Atabapo se los comió. No fue el tiempo quien mermó sus sueños, sus ideales. Fue esa atmósfera cálida que adormece, ese paisaje de playas blancas que relaja, fue esa atemporalidad, o resignación; o paciencia, o desesperanza propia de nuestros pueblos.

Creo que es la venganza del indio ante la irrupción soberbia del blanco. Como a los tractores de Codesur... se los traga la selva.

1980. Cumplí 18 años.

Todos los años se reproducía en el pueblo, el baile de la Recluta... Nadie quería ir a la recluta. A la recluta iban sólo los pobres, los pendejos... Era la demostración de la hipocresía y de la injusticia de las leyes. La recluta en Venezuela era obligatoria. Pero sólo para los pobres. De Puerto Ayacucho llegaba a la Prefectura el número de jóvenes que se debían reclutar en el Departamento. Los marinos y policías eran los encargados de la “cacería”. Era una auténtica cacería humana.

En ese tiempo, los jóvenes se encuevaban en sus casas, no acudían a fiestas, ni vagaban por la noche. Un compañero mío, Clemente, todos los años tomaba su curiara y sus guarales y se escondía en la isla de Chamuchina hasta que pasaba la época de reclutamiento.

Cierta noche, pasaban una película en el cine de la parroquia y pronto se corrió la voz de que los marinos y la policía estaban a las puertas del teatro. Esperaban hacer una buena redada. Los “reclutables” le pidieron al cura que los dejara dormir en los pasillos de la misión hasta que se fueran los soldados. De madrugada, fueron saliendo por el portón de atrás hacia sus casas.

Hubo indígenas que se picurearon después de reclutados y fueron declarados desertores. La vida de la recluta, según lo que me contaban los que llegaban de permiso, era un insulto a la inteligencia, dos años de masoquismo puro en donde ayudas a reafirmar la personalidad enferma de tipos que se sienten grandes cuando humillan, vejan e insultan.

Pero lo más terrible era que me lo contaban muertos de la risa, como si fuera una cosa graciosa. Y ellos esperaban ahora a los “nuevos”, para hacerle las maldades que los otros hicieron con ellos... Dos años en donde trataban de lavarte el cerebro con una dosis de jerarquización basada en la antigüedad o en el número de estrellas que portaba un uniforme.

La recluta, con la excusa de forjar al hombre en la disciplina y el deber, era la forma más conveniente para fortalecer en las clases populares el espíritu de sumisión y eliminar todo intento de espíritu crítico frente a las injusticias de clase. Por eso los hijos de los ricos no iban a la recluta... por eso los intelectuales de este país se callaron siempre ante este roto al intelecto. Porque los hijos de ellos tampoco iban a la recluta...

Yo me salvé de ella, porque me escapé a Colombia. A los indígenas se nos facilita el considerar la frontera como punto de encuentro y símbolo de unión. Podemos pasar de un lado al otro y, por encima de nacionalidades, somos indios acá y allá. Tenemos los documentos de identidad de ambos países. El mundo es nuestro. El mundo, la tierra, el monte, las ríos son nuestros. Las leyes, en cambio, son de los blancos. Por eso, ellos son los que mandan...

Trabajé en Puerto Inírida por unos meses y luego regresé a Atabapo. Pasaba el tiempo, pescaba, trabajaba de cuando en vez, de ayudante de albañil, de marinero en las embarcaciones que hacían el recorrido de Atabapo a Samariapo, cargando y descargando en el puerto.

Fue la época en la que menos sentí las ganas de vivir. Me asaltó una visión pesimista de la vida. Para ese entonces condividía plenamente el concepto escrito por un autor español que leí después, y que definía la vida como “una escalera de gallinero, muy corta, y llena de mierda”.

El Gobernador de Amazonas para ese tiempo, era el Dr. González Herrera. Se parecía un poco a su paisano el presidente Herrera Campins, no tanto en lo físico sino en la manera de conjugar la astucia campechana llanera con su bagaje intelectual refinado.

Yo entonces no le paraba mucho a lo que hacían o dejaban de hacer las autoridades. Más tarde pude ver que ideas que pudieron hacerse realidad en este tiempo, muy pronto se abandonaron. Uno de los proyectos más importantes fue el anuncio de una central hidroeléctrica sobre el río Cataniapo. Ayacucho, aunque quiera tener ínfulas de ciudad, era en algunas cosas, una aldea como Marama. Estaba rodeada de agua por todas partes, pero después de tantos años, en muchos de sus barrios todavía se sufría por la carencia del preciado líquido. La idea, como muchas otras se fue diluyendo hasta perderse en el baúl de las ilusiones.

Por ese tiempo llegó el asfaltado de la carretera hasta Parhueña. Todo el mundo esperaba la conclusión de esta carretera, pues los pasajes aéreos seguían subiendo...

Era para entonces, Hugo Alí Urbina, Director de Información y Turismo; Jairo Maragua, gerente de Corpomercadeo; Gutiérrez Guape, Director de O.P.T. y Domingo Malavé, Director del IND, entre otros funcionarios... En ese tiempo se estableció el Convenio con la UCV para abrir un Centro de “Estudios Supervisados” (EUS) de esa Universidad en Puerto Ayacucho.

El Gobernador hizo un esfuerzo por adecentar parques y plazas, como la Plaza de la Patineta detrás de la Vicaría, una zona sombreada en la que se construyó una caminería elegante y se dispuso de espacios para solaz y descanso. Con su abandono y dejadez en su mantenimiento, el pueblo y sus autoridades demostraron las carencias de una base cultural y cívica fundamental.

Dígase lo mismo del Parque del Mirador desde donde se contemplaba una vista privilegiada sobre los raudales de Atures. Hoy es un páramo descuidado y acosado por construcciones que compiten entre sí y se amontonan en la escalada de la colina. Hoy da pena recorrer esos espacios completamente descuidados y sucios, lo que demuestra una vez más que ni las autoridades ni nosotros somos capaces de mantener una cosa bien hecha.

Dígase lo mismo del Parque Sucre, en donde se hizo un esfuerzo de humanizar con una caminería, una naturaleza agreste. A la estatua de Sucre que coronaba la loma, tuvo que buscársele nueva ubicación, por decoro y por respeto, pues a dicho Parque ya se le conocía como el Parque del “Cabrón”, ya que en horas nocturnas la zona se había convertido en zona roja o de alterne “ecológico”. El prócer siempre grande por lo humilde, serio y respetuoso, de Guatemala pasó a guatepeor, pues lo colocaron en el Muelle, lugar de diversión y concentración de bonches semanales y visiones etílicas. Remataron la pesadilla del pobre Mariscal, colocándole una placa en donde se señalaba que su asesinato se había efectuado en “Marruecos” en vez de Berruecos (Colombia)...

Finalmente, después de su triste peregrinar, descansó en la Avenida del Ejército en la urbanización Simón Bolívar.

De todos los gobernantes de Amazonas, hay que reconocerle al Dr. González Herrera que fue el único que se afincó en esta tierra que amó e hizo suya.
El día 15 de agosto de 1980, Samariapo amaneció con gran revuelo y movimiento.

Cargábamos sacos de cemento en una pequeña chalana cuando el muelle se llenó de alegría… Jóvenes, la mayoría morenos, con enormes tomusas, cantaban, sonaban una especie de timbaletas, bailaban y contagiaban a los presentes con su entusiasmo. Era el famoso Grupo Madera que después de su actuación en Puerto Ayacucho, se disponía a embarcar para hacer una presentación en San Fernando.

Nosotros, los caleteros, incrementamos la intensidad del trabajo, pues no nos queríamos perder la oportunidad de verlos actuar y cantar.

Se montaron alegres y en cubierta, comenzaron a sonar cantos entre risas y las alegrías propios de una juventud exuberante.

Era un barco grande de unas 30 toneladas de doble piso, de construcción brasilera; el casco era de fuerte madera de parature y estaba equipado con un motor de 120 H.P. marca Mercedes Benz. El barco había sido adquirido en el año 1979 por la Marina para utilizarlo como transporte de carga y personal y luego, donado a la Fundación del Niño.

Nadie se explicaba cómo un barco tan bueno, hubiera podido naufragar a los pocos minutos de su partida. Los raudales o “cachoeiras “que tuvo que cruzar para llegar desde Manaos a San Carlos de Río Negro eran mucho más grandes y difíciles que los chorros del Orinoco.

Nadie fue testigo de las expresiones de dolor y desesperación de los jóvenes. Los sobrevivientes, aterrados buscaban algo a que aferrarse o llegar a la orilla, huyendo de las turbulentas aguas que los arrastraban. Algunos dijeron que varios de ellos, se abrazaron en grupo y se entregaron a las aguas como en un sacrificio a dioses antiguos.

El señor Enrique Henríquez, un veterano navegante y conductor de barcos, en declaraciones hechas al periódico “El Autana” dijo que el hundimiento se debió a improvisación por parte quienes estaban encargados de conducirlo en el momento del accidente, ya que no se cerró suficientemente la compuerta, según afirmaron los sobrevivientes del desastre. Enrique explicó que para cerrar la compuerta la embarcación disponía de una señorita, tipo “rach”, que si no se sabía manejar podía dispararse. Por esto, él presumía que en el momento de peligro alguna persona, con buena intención pero que desconocía el manejo de dicha señorita, pudo manipularla y provocar la caída completa de la compuerta, lo cual, aunado a la velocidad del barco, provocó la entrada de bastante cantidad de agua, lo cual produjo el hundimiento del barco.

En total fueron 18 los muertos del Grupo Madera y del Grupo Chichón. Uno de los sobrevivientes declaró:
Quienes íbamos en esa embarcación éramos jóvenes que salimos con un sueño y regresamos, no sólo con la frustración y el dolor que hoy toda Venezuela comparte, sino con el inevitable aprendizaje de que esta tierra en que nacimos es también un accidente de un barco que se fue a pique alguna vez, por no cerrar la compuerta, por no tener salvavidas y porque su tripulación no estaba en su puesto cuando comenzó el desastre.”

En Puerto Ayacucho todo fue confusión - se leyó en el Nacional - Todos los males del país se acumularon en un solo sitio. La gente habla de imprevisión como la causa del accidente. El hundimiento de un barco y todos los hechos que giran a su alrededor, se convierten en la expresión más genuina del mal funcionamiento a todos los niveles del aparato estatal”.
Nosotros con otros barcos, quisimos ayudar en el rescate y búsqueda de desaparecidos pero no nos lo permitieron. Barcos indígenas que estaban arribando fueron los que lograron salvar a varios náufragos y querían fungir como baqueanos en la búsqueda de los desaparecidos, pero la autosuficiencia de los expertos de Defensa Civil no se lo permitieron.

El ministro de la Juventud, si bien dirigió el más grande operativo de rescate visto hasta entonces: 567 personas entre personal civil y militar, 7 helicópteros, 30 lanchas, varios aviones de porte de las Fuerzas Aéreas, trabajando 8 horas al día, no ocultó su vocación de “prima donna”, un protagonismo que estaba fuera de lugar. Su imagen, en helicóptero, en kayak, dirigiendo, dando órdenes, saturó los programas de noticias de esos días. El “moderno Tarzán” - según familiares de las víctimas - llegó al extremo del descaro de retardar por 4 horas el rescate de un cadáver porque no había llegado el camarógrafo de Televisión.

En uno de esos días salió publicado un artículo en el diario “La Religión” firmado por Hernán Feddema, misionero salesiano, rechazando esta forma de manipular la noticia. Se quejaba de que a “nuestra sociedad, acostumbrada a nombres de héroes televisivos como Grant, Nuclear, Superman, Spiderman etc. le costaba imaginarse un héroe con apellido García, Yanave, Chamanare u otros apellidos autóctonos, que, sin capas, turbohélices, kayak, ni helicópteros, fueran héroes de carne hueso, aunque con menos publicidad.

Y digo esto porque en ningún momento se vio en esos días por TV un rostro indígena, ninguno fue entrevistado, nadie supo los detalles del rescate, de boca de estos indígenas que salvaron tantas vidas. Nadie los entrevistó. No fueron estos los héroes que vinieron después del suceso a rescatar cadáveres, fueron los que arrancaron de la muerte a seres humanos y los salvaron.

Y con esa sencillez característica del indígena, después de haber cumplido su labor, desaparecieron sin hacer alharaca ni aspavientos, pues para ellos el ayudar a uno que está en peligro, es la cosa más natural del mundo.

Nadie se preocupó ni de saber sus nombres, ni de agradecerles su gesto salvador que impidió que la tragedia fuera aún mayor, como tampoco nadie se interesó nunca de su vida, sus costumbres, de sus problemas y sufrimientos. Los indígenas no somos fantasmas, no somos seres anónimos, tenemos nombre y apellido. Allí los medios de comunicación, sólo los nombraron en una forma genérica: “los indígenas”, como un grupo anónimo, sin darle la importancia que merecían, mucho más que el que las cámaras de TV atribuyeron al grupo de rescate que actuó después del desastre.

Este gesto del indígena amazonense les dio a todos una lección de cumplimiento del deber sin tanta alharaca ni publicidad y quedó demostrado, una vez más, el poco interés y preocupación por los “héroes anónimos” del Sur venezolano…”
- “¡No más Samariapo!” - gritaba el periódico local “El Autana” en su número 100.
Después de las tragedias, todo se ve más claro:
- “El Puerto de Samariapo, desde su establecimiento como tal, ha constituido un peligro permanente por su cercanía a los saltos de Carestía, los más peligrosos del Orinoco”.

- “La Guardia Nacional, a falta de Capitanía de Puerto en el área, debe entender que no es un capricho de los dueños de transportes fluviales, el cargar sus barcos y partir desde el puerto de Venado”.

- “Se debe construir lo más pronto posible las infraestructuras requeridas para que la Alcabala de las FAC funcione en Puerto Venado y no en Samariapo”.

- Si se construyó el puerto de “Venado” a un costo superior a los tres millones de Bolívares, no tiene explicación valedera el hecho de que el barco que naufragó el 15 de agosto pasado, y donde perdieron la vida 18 jóvenes venezolanos, estuviese atracado en Samariapo”.
“Sólo se mojaron...” cantó Alí Primera por toda Venezuela, y el Grupo Madera resucitó y volvió a cantar de nuevo…


Habían transcurrido varios días sin tener contacto con los hombres del misterioso Jean Claude. Baj sabía que lo seguían y lo tenían controlado.

Una tarde, se acercó a su casa uno de los gorilas vendiendo almohadas como un buhonero ambulante.

- ¡Almohadas! ¡Almohadas! - gritaba asomándose por la puerta de los ranchos.

La señora Olimpia, la suegra de Baj que estaba planchando, llamó a su hija Alicia y le enseñó una.

- Hacen falta dos. Tu indio siempre se queja de que los críos le manchan la almohada.

En ese momento salía Baj del rústico cuarto de baño con el paño enrollado a su cintura, y al ver las almohadas, le dijo a Alicia:

- Cómpralas ya.

Baj reconoció inmediatamente al vendedor y tenía más prisa en evitar la mirada del gorila de Jean Claude que de comprar las almohadas. El falso buhonero se fue escaleras abajo, mientras Baj lo observó pensativo desde la puerta de su casa.

- “Me tienen vigilado”.
Al siguiente día.

Eran las ocho y media de la mañana y la inmensa mayoría de los habitantes ya había desalojado el barrio. El lugar en donde se reconocían como personas, con sus nombres, sus apodos, sus alegrías, sus problemas, y se iban hundiendo poco a poco, en el maremagnum de una masa que empezaba en la abarrotada redoma de Petare y se extendía hacia el Oeste por todo el valle de una Caracas anónima.

Baj, apenas pudo entrar en un vagón abarrotado. No pudo asirse a ninguna correa cuando arrancó y, como todos, se equilibró gracias al apoyo en las personas cercanas. Una mujer de mediana edad que se hallaba delante de él se volteó como una cuaima:

- ¡Recuéstate en tu abuela!

- Perdone… - se excusó Baj.

Se bajó en la estación Dos Caminos y subió la superficie mientras recordaba la cara de aquella mujer...

- Tal vez durmió mal... - pensó.

Entró en el Banco Provincial cercano y después de una breve cola, le tocó su turno.

Siempre le impresionó el ambiente gris y la atmósfera casi religiosa de los bancos. Todo funcionaba como si un maestro de ceremonias invisible dirigiera aquellas colas silenciosas, los cajeros debidamente uniformados, los ejecutivos absortos en el monitor de la computadora, el que, como un autómata, distribuía café en vasitos de plástico...

Sacó el dinero para el mercado y los gastos más necesarios de la semana. Mientras el cajero con rostro impasible contaba los billetes, Baj los contó también, pues no le gustaba contar el dinero en la ventanilla antes de retirarse. Con cuidado, lo guardó en el bolsillo derecho de su pantalón y toda la naturalidad se dirigió a la salida. En el quiosco compró el Meridiano y se dirigió a pie hacia el Centro Comercial Los Ruices.

Acostumbrado al ruido caraqueño, ya no le impresionaban como al principio las enormes colas de carros y el penetrante olor de aquella porquería que disparaban los agresivos tubos de escape.

Un concierto de cornetas a un ritmo cada vez más rápido, le obligó a levantar la cabeza hacia la Avenida. Un chofer había estacionado mal su autobús para recoger pasajeros, entorpeciendo el paso del otro carril.

- ¡¡Marico!!

- ¡¡Huevón!

- ¿Eres adeco?

Las caras congestionadas por la ira, los brazos en aspavientos que salían por las ventanillas, a pesar de ser apenas las 10 de la mañana, todo hablaba del grado de estrés acumulado por los caraqueños. El autobusero con cara de piedra, inmutable, arrancó cuando subió al último pasajero.

Baj, entretenido con el Meridiano, se introdujo en la planta baja del Centro Comercial y, cuando se disponía a subir al plano superior, sonó un disparo y se oyeron los gritos de la gente. Baj vio en una moto a dos sujetos con chaquetas de cuero, que descendían portando sendas pistolas.

- ¡Todos al piso! ¡Qué nadie se mueva! - gritó el primero apuntando a los presentes.

Baj, creyendo que no lo habían visto, echó a correr por el pasillo y, en ese instante, escuchó otro disparo que rompió el vidrio de un comercio de zapatos femeninos. Logró introducirse en una tasca que tenía la puerta de madera. Los mesoneros lo miraron con extrañeza agresiva, pues suponían que era él quien intentaba un atraco.

Baj, desesperado, les pidió la llave mientras intentaba con la mano y con el pie, impedir la entrada del atracador que forcejeaba con todas sus fuerzas. Un nuevo disparo que atravesó la puerta paralizó a los mesoneros. Baj, temiendo un nuevo disparo, fue aflojando su presión. En realidad no hubiera podido aguantar por más tiempo pues el malandro era mucho más corpulento que él.

- ¡¡¡Abre huevón, si no quieres que te queme!!!

Cuando Baj vio una mano con la pistola a la altura de su nariz, se acordó de las películas vaqueras que había visto de muchacho y, con una resolución tan repentina como arriesgada, agarró aquella mano y salió de su escondite tratando de mantener el revólver bien abajo, mientras se enzarzaba a revolcones con aquel pequeño gorila.

- ¡¡Apúrate!! ¡¡ Vámonos ya!! - le gritó el compinche que le guardaba la zona de la entrada, temiendo la aparición de la policía.

En uno de los revolcones, Baj no pudo asirle bien la mano y, con la seca detonación sintió una intensa quemazón en el bajo vientre. El impacto hizo que todos sus huesos vibraran como las semillas dentro de una maraca. Sólo por un instante perdió el conocimiento e instintivamente, siguió agarrando de la chaqueta de cuero al bandido, mientras éste le golpeaba la cabeza con el cañón del revólver.

Acuciado por el compañero, se fue corriendo, no sin antes disparar otro proyectil contra Baj que estaba en el suelo tratando de levantarse mientras apretaba fuertemente la zona herida que sangraba abundantemente. El ruido de las motos que huían, hizo revivir a los asustados camareros y algunos ellos se acercaron al ensangrentado Baj.
Operado de urgencia en el Hospital de El Llanito, Baj se despertó en una sala con otros enfermos graves. No estaban permitidas las visitas.

A los dos días, pasado el peligro, pudo ver con alegría a Alicia que se acercó con cara llorosa. Me dijo que Olimpia, se había quedado afuera con los niños. Le parecía un milagro que la suegra viniera a verlo... Le trajo unos jugos para que los tomara cuando se lo permitieran los médicos.

A los ocho días, dos antes que le dieran de alta, recibió un mensaje en un sobre de manila que le trajo Nelly, la enfermera. El sobre era muy grande, como esos de las radiografías. Demasiado grande para el pequeño papel que contenía. “No juegues con fuego, Baj”. El pulso se le aceleró cuando vio la firma: “Jean Claude”.

La lectura del mensaje lo dejó aletargado y le produjo fiebre. No sabía cómo desenredar ese ovillo. Por un lado, le apetecía el dinero que le depositaban en el Banco Provincial, pero por otro, se sentía utilizado por el seguimiento y acoso de la gente de Jean Claude. Cavilaba buscando el sentido del mensaje. Siempre creyó que el atraco en el Centro Comercial fue un accidente fortuito que le pasó a él como le pudo pasar a cualquier otro.

Después del mensaje, le daba vueltas a lo que pudo haber suscitado una reacción deliberada. ¿Los hombres de Jean Claude? Apenas durmió esa noche. Hasta que... de repente encontró la pista.

- “No hables con nadie de esto” - le habían advertido.

Repasó día por día, hecho por hecho, circunstancia por circunstancia. Recordó aquel día que en la Avenida Casanova, cuando tomaba un café, se paró delante del establecimiento un carro de la Disip. Era el comisario Acevedo. Baj lo saludó atentamente y por un rato estuvieron hablando de asuntos diversos mientras saboreaban un café.

- ¿A dónde te diriges?

- Voy a tomar el metro.

- Yo llego hasta la Plaza Altamira. Te dejaré allá.

Los espías de Jean Claude que seguían a Baj, habían tomado nota.
Esa era la clave.

Luego, el atraco no fue casual... Baj ya no pudo dormir esa noche. Se sintió tentado a llamar al comisario Acevedo y contarle todos sus secretos. Pero el recuerdo de los gorilas de Jean Claude y lo que le acababa de suceder, además del dinero de la cuenta en el Provincial, calmaron sus impulsos éticos.

Meses después, lo llamaron a declarar a la PTJ. Fue decidido a no meterse en líos. En el salón de reconocimiento estaban en hilera ocho sujetos. Inmediatamente reconoció a su agresor. Aquel que le disparó por tres veces.

- ¿Reconoce a alguien? - preguntó el detective.

- No – mintió Baj.

Y así terminó todo. Cada vez estaba más vencido que el seudo atraco era un mensaje de Jean Claude. Entonces, recordó que el atracador en ningún momento le pidió el dinero que había sacado del banco.

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