El reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la






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DIEZ AÑOS MÁS TARDE...
El antropólogo Omar desembarcó del yate “Autana” en compañía de uno de sus hijos. Desde que se despidieron en el año 2004 no supo más de Baj.

No había cambiado mucho Atabapo. Notaba una remodelación interesante de la Plaza Bolívar, pero el aspecto de abandono exterior de las casas y la suciedad de sus calles no había cambiado mucho. Como tampoco habían desaparecido los problemas de la gasolina y de la mina que se habían enquistado de tal manera que, para todos entraba ya dentro de la normalidad...
Se sentaron para tomar un refresco en una especie de terraza que la Panadería “San Femando Rey” le conquistó a la acera. Omar pensaba salir al día siguiente para Marama, el pueblo de Baj. El motorista hacía mientras tanto, las gestiones para conseguir un tambor de combustible en el “mercado negro”, pues la gabarra no había llegado. La gasolina seguía siendo el negocio de los de siempre.
Se levantaron y cruzaron la plaza. El añoso samán agachaba cada vez más sus ramas como brazos cansados, la mata de marama o chiquichique estaba menos peluda, y enfrente, la infallable figura de dos o tres policías que, como el samán, daban la impresión que también echaban raíces por los años que llevaban sentados, vigilando o custodiando no se sabe qué cosa. Más abajo, el comercio “el Samán”, el célebre bar el “Completo” y después el eterno Comercio de Hassán.
Se dirigían hacia la bomba de gasolina, cuando se encontraron con Fermín, el kurripako amigo de Baj.

- Hacía años que no venía usted por aquí - le dijo.

- Diez años, Fermín. Vine a visitar a Baj. ¿Vienes con nosotros? Mañana salimos para Marama, si conseguimos gasolina...

- ¿A buscar a Baj? ¿A Marama? Pero si él está aquí...

- ¡Qué suerte! Así me evitaré el viaje. ¿Cuándo llegó? – preguntó alegre Omar.

- ¿Baj? Nunca se fue. Se quedó aquí. - dijo muy triste Fermín.

Omar se acordó de las frases terribles que pronunció cuando se despidió de él hacía diez años.

- Dime, ¿dónde puedo encontrarlo? ¿Cómo está?

- No se asuste cuando lo vea. Lo encontrará seguramente en Los Mangos... Por allá...
Omar se dirigió con su hijo al lugar señalado por Fermín. Bordearon la Plaza y se introdujeron en la parte más sombreada del pueblo, un espacio que llevaba muchos años ostentando el rimbombante nombre de Parque, y en donde lo que verdaderamente sobresalía no era la caminería y los lugares de recreación, sino los soberbios y vetustos mangos que brindaban reconfortante sombra a todos sus visitantes.

Hacia el fondo, vio unos seis hombres sentados alrededor del zócalo de cemento construido en torno a una mata enorme de mango. Omar, según se acercaba, fue percatándose de lo que había sospechado al conversar con Fermín.

- Buenas tardes. ¿Está Baj por aquí?

Unas miradas vidriosas y unas bocas semiabiertas en una especie de sonrisa lela, se dirigieron hacia él.

Omar esperó que reaccionaran.

- ¡Baj, despierta! Te llama un musiú.

Detrás del árbol asomó la cara, entre somnolienta y beoda, de un Baj que Omar no se esperaba: flaco, la piel de color cetrino, el pantalón roto y semiabierto, y la franela sucia. De un golpe se borró la imagen que Omar guardaba de Baj. Lo que tenía delante era una piltrafa humana.

- ¡Hola, Musiú! - se acercó tambaleante - ¿Quién eres tú?

- Baj, no creo que no me conozcas... soy Omar. Mira, te presento a mi hijo.

- Omar... Omar... ¡Ah, sí, hermano! - y le dio la mano al hijo que no pudo disimular una mueca de asco.

- Quisiera hablar contigo, a solas – le dijo quedamente Omar.

- ¿A solas? ¿Y por qué? ¡No!.. ¡Qué va, hermano! Esta es mi familia y... si quieres hablar, habla delante de ellos... Si no... pues te vas... Omar... Omar... ¿Te acuerdas de Jean Claude?... y de los gorilas que se aventaron en el Orinoco, ¿te acuerdas? - y dirigiéndose al grupo de borrachitos - Este es el hombre del que les conté.., por su culpa, casi me joden aquellos gorilas...

- ¿Qué pasó contigo, Baj? ¿No te fuiste a Marama?
Baj lo miró muy serio y guardó silencio. Después, sonrió tristemente moviendo la cabeza de un lado para otro.

- No pude, Omar... ya estaba envenenado y no resultó.

- ¡Te estás matando, Baj! ¡Tienes que parar! Ven con nosotros a Mérida, allí será más fácil.

- ¡No, hermano, p’atrás nunca! ¡P’alante brinca el sapo, manque le puyen los ojos! ¿Verdad, compadres?

- Así es - respondieron en coro todos lelos, como si hubiera hablado un gurú… todos menos uno que en ese momento estaba empinando el codo.

- ¡¡No me hagas arrechar!! ¿Qué quieres? ¿Que me fugue otra vez?... ¡¡No huyo más!! ¡Pasé toda mi vida huyendo...! - levantó la voz histéricamente. - ¿Para qué? ¿Para qué? ¿Para qué?...

- Tranquilo, Baj. Nadie te va a obligar. Te lo decía como amigo, por tu bien. - lo tranquilizó Omar.

- A propósito, tengo algo para ti. Espérame... - cruzó el parque y la calle con pasos inestables, introduciéndose por el espacio que dejaban dos casas entre sí.

El hijo de Omar se alejó del grupo hacia el muro que servía de dique en las crecientes invernales del río Atabapo.

Baj regresó al rato con unos cuadernos en la mano.

- ¿Te acuerdas de aquel otro musiú amigo tuyo? ¿El que me pidió que escribiera mi historia...?

- Sí, Alejandro Moreno, el sicólogo.

- Como se llame... No me importa. Dale esto de mi parte. Así me quitas un peso de encima. Esa historia me atormenta. Varias veces quise quemar esos cuadernos o botarlos al río... Ahora me quedaré bien, como carajito recién nacido, sin historia...

- ¿Por qué, Baj?

- ¿Te acuerdas de lo que te dije hace unos cuantos años? Ya pasaron años, ¿verdad?..

- Diez años, Baj.

- ¿Diez años?... – dijo muy serio - te dije que tenía el presentimiento de que al final huiría de los dos mundos, del tuyo y del mío... ¿Te acuerdas?

Y se quedó mirando a Omar con sus ojos achinados, cargados de un odio que él nunca se esperó de Baj.

- Y ahora, vete, márchate musiú... - le dijo casi agresivo - chao beiby contigo... No vengas más... Tú me traes malos recuerdos de una historia que ya no existe... Esa historia murió... ¿sabes?.. murió.., murió…

Omar quedó como paralizado, frente aquel otro hombre que él ya no reconocía.
- Y ahora, compadres, - se giró dirigiéndose a sus compañeros - vamos a hacer nuestro ejercicio.

Y todos, obedientes, se dirigieron a unos restos de barras fijas y paralelas que tiempo atrás pusieron allí para entrenamiento de los muchachos.

Hicieron esfuerzos enormes para subirse y guindarse de las barras con las piernas, manteniéndose cabeza abajo. Casi todos habían logrado esa posición de murciélagos humanos, cuando Baj se acercó de nuevo a Omar.

- ¿Qué te parece mi nuevo invento? - le dijo señalando a sus amigos - Descubrí que las cosas se ven mejor con la cabeza hacia abajo; la gente, el paisaje, los atardeceres, el mundo... toda la realidad se ve mejor así... ¿No te has dado cuenta aún que tu mundo está al revés? Esta es la única forma de enderezarlo...

Con pasos trastabillantes se dirigió a uno de los hierros y, después de mucho esfuerzo, logró también él, colgarse de las piernas con la cabeza hacia abajo.
***

Omar se alejó lentamente, apretando con los dientes sus labios con tanta fuerza, que los hizo sangrar.

Cruzó la Plaza y se apoyó en la baranda, mientras contemplaba un río Atabapo que le pareció más negro que nunca.

Su hijo no entendía nada de lo que estaba pasando. Omar se giró hacia la Plaza y vio a unos pequeños que jugueteaban, colgándose de la baranda por las piernas, tratando de imitar a los discípulos de Baj.

Cuando Omar y su hijo se disponían a embarcarse en el yate, la voz de un locutor entusiasta se escuchó por todo el puerto.

Se acercaban unas elecciones regionales y una camioneta con un altavoz, vociferaba por todas las calles del pueblo, las ilusiones de siempre.

Se anunciaba la “Misión Sucre N° 45” para inscripciones de PHD, Master y Postgrado.

La “Misión Identidad N° 56” completaría el éxito de las anteriores, logrando así que casi el 90 % de la población atabapeña fuera originaria de Colombia...

Después del éxito obtenido con los niños de la calle, finalmente, se anunciaba la apertura de una nueva Misión, cuyo objetivo no sería la recuperación social de los “borrachitos de la Patria”... sino el tratar de voltear la realidad de Atabapo que, con mucha razón, Baj proclamaba y predicaba todos los días, que estaba al revés...

FIN
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