El reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la






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títuloEl reflejo del valle de Caracas alcanzaba tenuemente las cotas más altas de las terrazas de Baruta. Los faros que aparecían y desaparecían a lo lejos por la
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La alcabala en Santa Bárbara se hace pequeña para impedir tal poder, lo que la mafia no logra con el dinero, lo hace por la fuerza. ¡Claro! los uniformados no se resisten mucho...

Comisiones que logran llegar a la mina encuentran desierto el lugar, porque la red de inteligencia de los mineros, que incluye guardias e indígenas, es más poderosa que nuestra policía política.

El sistema de vigilancia privada del Yapacana tiene sofisticados radios transmisores y teléfonos satelitales, que llevan la información a la velocidad del viento. Les da tiempo de enterrar máquinas y alimentos. Lo único que no pueden esconder es el ecocidio.

La Guardia Nacional de Atabapo logró capturar a tres de los más grandes capos que controlan el Yapacana. Quizás el poder del dinero no logre que jueces y fiscales los dejen tras las rejas. Los mineros manejan oro, compran conciencias y funcionarios.

El oro es tan atractivo, que de la región sacaron al general Colmenares, a quien siguen proceso interno en la FAN. El colaboraba con la red de minería ilegal, colocó guardias que le reportaban a él personalmente en puestos y gasolineras....”
Resumiendo, la Explotación minera para el atabapeño, es una minería de “rebusque”, que entra dentro de la globalización del buhonerismo nacional, fruto de un desempleo cada vez más abundante y que consiste en contrabandear gasolina, comida, bebidas; los indígenas pescadores, que tradicionalmente vendían en San Fernando, ahora prefieren hacerlo en la mina. En las ciudades el buhonero se rebusca vendiendo pantaletas, medias, pantalones o relojes, en San Fernando se rebuscan en la mina.

En uno de mis recorridos por el pueblo me acerqué a la Medicatura a buscar algunas vitaminas que suplieran un poco las carencias de mis largos meses en la guerrilla. Hablé con un médico, así lo creía yo, y me dijo que no tenían ningún insumo. Su acento era extraño.

- Son cubanos - me dijo Fermín -pero parece que no son médicos, ellos ayudan, son como enfermeros, fíjate que ni atienden partos... También hay tres entrenadores de deporte. Debe haber un intercambio de turismo, pues de aquí fueron pa Cuba unos carajitos que tú ya ni recuerdas, Chagüica, “Cabeza”, Cayupare, María Lara, Cachaddá, etc... pero estos estuvieron sólo dos meses allá haciendo no sé qué cosa, pero los cubanos se la pasan aquí un año o más...
La prensa no llega a San Fernando si no es un particular que la compra en Ayacucho y te la envía. Pero hay un lugar en donde siempre se pueden encontrar periódicos viejos, en “La Cascabel” un restaurante regentado por René Piñate y su esposa. El Capitán Brett, piloto de Wayumi, le traía en cada viaje el periódico del día anterior. Brett le echaba bromas comentando que “René, lo único que lee son los muñequitos”...

Fui a almorzar un día a “La Cascabel” y mientras asaban unos bocones, me dio tiempo de leer algunas noticias.

La que llenaba la primera página era:

Capturan “paramilitares” en Venezuela”

El gobierno venezolano informó sobre la captura de más de 50 presuntos mercenarios colombianos en una hacienda de las montañas del sur de Caracas.

Desde el golpe de 2002, el gobierno ha denunciando varias conspiraciones de la oposición. Según las autoridades, el grupo tendría vínculos con el exilio cubano radicado en Miami.

En la madrugada del domingo, la Dirección de Inteligencia Policial (DISIP) y la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) detuvieron al grupo que supuestamente estaba siendo entrenado para atacar objetivos militares en Venezuela. En sus primeras declaraciones, Miguel Rodríguez, director de la DISIP, afirmó que había un plan para atacar esta semana el Comando de Segundad Urbana de la Guardia Nacional y robar el parque de armas.

Añadió que la propiedad en la que fueron capturados los supuestos paramilitares pertenece a Robert Alonso, hermano de la actriz cubano-venezolana Maria Conchita Alonso.

El comisario Rodríguez aseguró que Robert Alonso fue el organizador de la llamada “guarimba”, una estrategia de desórdenes callejeros - del tipo de la “kale borroka” vasca - fomentada recientemente por sectores de la oposición.

La “guarimba” fue puesta en práctica en los días finales de febrero, después de que el Consejo Nacional Electoral anunciara que las firmas presentadas para solicitar el referendo revocatorio presidencial debían ser evaluadas por segunda vez.”
Los bocones tardaban en aparecer por lo que continué repasando el periódico:
La conexión Altamira”

En el lugar del allanamiento, el Ministro de la Defensa, Jorge Luis García Carneiro, aseguró que “estaba armada una Conspiración terrorista que venía operando desde hacía 43 días”.

También declaró que el campamento desmantelado acogía a más de 100 paramilitares que “tenían previsto realizar asaltos masivos a guarniciones militares”.

José García Carneiro, ministro de Defensa de Venezuela no ofreció más detalles, pero dijo a los periodistas que en los próximos días se producirán “cosas buenas”, refiriéndose a nuevas capturas que estarían por efectuarse.

Los portavoces oficiales aseguran que podrían estar implicados militares pertenecientes al grupo que en octubre del 2002 llamó a desconocer al gobierno del presidente Hugo Chávez y que se estableció por varios meses en la Plaza Altamira, en el este de Caracas.

Los portavoces del gobierno expresaron su extrañeza por el hecho de que, según ellos, la policía local, del Municipio El Hatillo y del Municipio Baruta - jurisdicciones a las que pertenece la hacienda donde estaban los presuntos paramilitares - no tuviera conocimiento de lo que sucedía en la zona. Pero en declaraciones al canal de noticias Globovisión, el Alcalde de El Hatillo, Alfredo Catalán, aseguró que la Policía Metropolitana y la Policía Municipal estuvieron presentes desde el inicio de las operaciones de la madrugada.”
Golpe a los golpistas”

Hacia el mediodía del domingo, en su programa semanal “Aló Presidente” que se transmite por cadena nacional, el mandatario venezolano Hugo Chávez aseguró que “hemos dado un golpe al terrorismo y seguiremos dándolo”.

Durante la transmisión dijo que la detención del supuesto grupo paramilitar demuestra que “los grupos civiles golpistas siguen haciendo jugadas, activando mecanismos para continuar arremetiendo contra el pueblo venezolano”. El presidente Chávez nombró a los principales medios de comunicación privados venezolanos y dijo que son “enemigos del pueblo de Venezuela”. “Ellos (los medios) le han declarado la guerra a la Constitución, al gobierno y a las Fuerzas Armadas”.

Chávez, quien en 2002 sobrevivió al golpe militar, ha denunciado numerosas conspiraciones en su contra. El domingo insistió en que los “golpistas” - como define el gobierno al grueso de la oposición - cuentan con el apoyo del gobierno de Estados Unidos.

Hasta ahora, el gobierno venezolano, no ha aportado pruebas sobre esas acusaciones, que han sido negadas por el gobierno del presidente George W. Bush.”
Desde Colombia, un polo del “eje del mal” denunciado por Chávez, comenzaron las dudas sobre este asalto de los “paramilitares” a Venezuela:
Denuncian “montaje” de Hugo Chávez”.

Un grupo de congresistas colombianos aseguró hoy que la captura de supuestos paramilitares de este país en Caracas fue un “montaje” del presidente venezolano Hugo Chávez, para involucrar a Colombia en la crisis política que vive Venezuela.

El senador conservador, Manuel Ramiro Velásquez, dijo que la detención de los supuestos paramilitares, que eventualmente participarían en un complot contra Chávez, fue “algo fabricado” para involucrar a Colombia en la crisis venezolana.

Velásquez, quien integra la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, realizó un llamado a las autoridades a investigar lo sucedido para despejar las inquietudes que, según él, surgieron frente a lo que llamó “maniobras” del gobernante venezolano.

Conociendo lo maquiavélico que es el señor Chávez, no es descartable que haya podido inventar a través de sus organismos de inteligencia una operación para contratar a ingenuos colombianos como señuelo” - subrayó en declaraciones a periodistas.

Chávez denuncié el domingo pasado la captura de 88 paramilitares de nacionalidad colombiana que estarían involucrados, según él, en un supuesto complot que prepararía la oposición venezolana en su contra para derrocarlo.

El mandatario enseñó en su programa dominical “Aló, Presidente” imágenes de la detención de jóvenes vestidos con uniformes militares, quienes fueron identificados por las autoridades venezolanas como presuntos paramilitares colombianos.

El senador oficialista colombiano, Enrique Gómez, miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores, calificó de “delirante y dudoso” el escándalo derivado de la supuesta conspiración contra el gobernante venezolano donde estarían involucrados ciudadanos colombianos y cubanos. “Me parece que eso de la captura de los paramilitares es un completo montaje, no tiene ninguna lógica, los señores estaban con uniformes venezolanos, eran colombianos, estaban desarmados, es algo delirante”, dijo el legislador a periodistas.

El congresista liberal Luis Guillermo Vélez consideró por su parte que, ante las dudas que han surgido frente a las denuncias de Chávez, la Comisión de Relaciones Exteriores debe promover un debate para esclarecer los hechos.”
El Diario, (de la oposición), se explayaba en casi todos los artículos sosteniendo la teoría del montaje o tapadera para desviar la atención sobre las recientes muertes de unos soldados en un fuerte militar y para distraer la atención sobre la inmediata recolección de firmas para el Revocatorio del Presidente.


Mi amigo Fermín era un buen baqueano en las lides de la mina. Viajaba con frecuencia llevando productos, sobre todo pescado salado, cacería, mañoco y cigarrillos.

Varias veces insistió en que le acompañara. Me decidí a hacerlo cuando, después de leer las noticias sobre los paramilitares, me atreví a llamar un día a mi casa en Puerto Ayacucho. La abuela me contestó que gente extraña había preguntado por mí y dudaban si estaba todavía en Colombia o si me hallaba Amazonas adentro. Ellos dijeron que no sabían nada de mí.

Me animé también para conocer algo de lo que tanto se hablaba en Atabapo.

- Pero esta vez no voy por el Orinoco. Iremos por Caname - dijo Fermín.

- ¿Por el caño Caname?

- Sí. En Santa Bárbara está un tenientito arrecho que no quiere dejar pa nadie.

- ¿Y Caname nadie lo cuida? - pregunté yo, pues sabía que este caño nacía muy cerca del Orinoco y que era un pasaje natural y seguro, sobre todo en invierno.

- Está la Guardia alguna vez cuidando la entrada, pero yo tengo por allá gente que me pasa el dato. No te preocupes.

Y así, arrancamos un jueves por la tardecita, Fermín, cuatro caleteros y yo, desde el atracadero del barrio Solano. Teníamos intención de dormir en Mavacal y salir al día siguiente con un buen baqueano Caname arriba, hasta la laguna de Cárida.

Desde ahora, todo era familiar para mí. Era una especie de regresión a la infancia. El Atabapo, el caño Caname... éste fue tradicionalmente el lugar en donde los habitantes de Marama tenían sus sitios y conucos. La tierra, aunque no era muy buena, era mucho más apta para la producción de yuca que la que rodeaba a Marama.

De pequeño, las familias pasaban largos períodos en el Caño, tumbando, quemando y sembrando conucos y en la época de cosecha, haciendo ese sabroso y dorado mañoco bien cernido, en el que los kurripako somos expertos.

El bongo de Fermín se comía los kilómetros que nos separaban de la boca de Caname.

El Atabapo es un río de doble cara; unas veces, tiene un semblante tranquilo y sus aguas se convierten en un espejo azul en el que se miran las nubes y ambas orillas repletas de palo de boya; y otras, muestra un talante furioso enfadándose con un oleaje persistente y fastidioso que supera al del Orinoco.

Yo iba recordando nombres y paisajes... Loro... Chamuchina.., el caño Ucaquén... Pintao... Atardecía cuando llegamos a la boca del caño Caname.

- A la izquierda - me dijo Fermín - hay una pequeña comunidad llamada Santa María. Son de lengua yeral que llegaron hace poco...

A unos cinco minutos, en la orilla izquierda pasamos por un Sitio llamado Ceiba y un poco más adelante, por la derecha, desagua el caño Araguato.

Más adelante, en invierno se nota poco, pasamos el raudalito Samuel y unos tres minutos más adelante, dejamos por la izquierda el sitio de Mapuey. Llegamos finalmente a Mavacal donde pasaríamos la noche.

Esta Comunidad kurripako, surgida de una escisión entre algunas familias de Marama, se asentaba desde hacía pocos años en el antiguo sitio del finado Berman Largo, uno de los viejos habitantes de Marama.

Como tú sabes, las divisiones en una comunidad pueden tener varias causas; la más común de ellas es el crecimiento de la población con la lógica reducción o escasez de recursos de cacería y de pesca. Esto, últimamente, se atenuaba por la mayor capacidad adquisitiva de varios miembros de la comunidad que pasaron a ser funcionarios del estado: maestros, enfermero, plantero, comisario y últimamente el capitán...

Otro aspecto que puede ser causa de escisión, está ligado a nuestras creencias y tabúes espirituales. Cuando se producen muertes frecuentes entre los miembros de algunas familias, puede traer como consecuencia, la búsqueda de otro sitio en donde los “daños” acarreados no los alcancen. Esto puede llegar al abandono absoluto de un sitio y la migración de toda la población.

Otra causa de división de alguna comunidad, se debe también a problemas de política interna y liderazgo. Cuando surge algún líder que, por diversos motivos, critica, no acepta o se rebela contra las disposiciones del líder tradicional, entonces puede producirse la escisión de parte de la comunidad que busca un nuevo lugar de asentamiento.

Creo que este último aspecto fue la auténtica causa de la escisión de Marama y el nacimiento de la comunidad de Mavacal.
Dormimos en casa de Oscar el joven comisario que se comprometió a acompañarnos hasta la laguna de Cárida. Esa noche hablamos largamente sobre diversas cosas. Les pregunté cuántos barcos como el de Fermín, estaban subiendo hacia la mina por Caname y si esto no entrañaba algún peligro para la comunidad.

- Mira, - me explicó el comisario - cuando comenzó la fiebre de la mina, generalmente los colombianos iban por el Orinoco. Pero cuando la Guardia apretó las tuercas en Santa Bárbara, comenzaron a asomarse pequeñas embarcaciones cargadas de alimentos, alcohol, cigarrillos etc.

La comunidad se preocupó y decidimos avisar a la Guardia lo que estaba pasando. Mira… y me dio unos papeles que sacó de una carpeta, y los leí detenidamente:
Comisaría Santa María de Mavacal

Caño Caname

Municipio Atabapo Estado Amazonas

13 - Marzo - 2002

INFORME N° 1
La Comisaría de la Comunidad de Santa María de Mavacal, Caño Caname del Municipio Autónomo Atabapo. Yo, Oscar Octavio López López CIV. 17.105.135 Comisario de dicha Comunidad, reunido con el Representante del Consejo de Ancianos de la Comunidad, el ciudadano: Raimundo Campo C.I.V. 10.605.918 así como con el Coordinador de la Escuela Básica Intercultural Bilingüe “Kasijmakasi”, docente Nelson Rafael Yaparé Dacosta C.I.V 8.903.690, la docente del Preescolar “Kasijmakasi”, Aura Marina Largo de Yaparé C.I.V. 8.945.988, el Operador de la Planta eléctrica Ciudadano Rafael Anatolio Largo M. C.I.V. 4.780.587 todos ellos mayores de edad y venezolanos, conjuntamente con los habitantes de dicha Comunidad, presenta este Informe.

MOTIVO:

Tránsito ilegal de mineros colombianos y brasileños por el Caño Caname

EXPLICACIÓN DE LOS HECHOS:

Día 10 de Enero del año 2002:

Llegó a nuestra Comunidad un grupo de 16 personas procedentes de la Comunidad de Moriche (Inírida) COLOMBIA. Ante este hecho yo, juntamente con la Comunidad les detuvimos e instamos a que regresaran a su lugar de origen.

Día 23 de Enero del año 2002:

Nuevamente llegó un grupo de ciudadanos colombianos y brasileros con el objetivo de llegar a la mina por el Caño Caname.

Día 17 de Febrero del año 2002:

El docente Nelson Yaparé fue a Guarinuma para reunirse con el Comisario de dicha Comunidad Sr. Pedro Largo e instarle que se comunicara con la Prefectura para pedirle que viniera una Comisión. Esa Comisión nunca llegó. El Comisario de la Comunidad de Santa María de Mavacal no podía moverse de la Comunidad, pues allí se encontraban más de 25 personas, entre colombianos y brasileros.

Día 11 de marzo del año 2002:

Aparecieron 3 bongos con 12 personas cada bongo. La situación se hizo insostenible y hasta arriesgada para mí y mi comunidad. Por estos motivos, dado que a pesar de nuestra notificación, no recibimos apoyo alguno de las autoridades responsables de salvaguardar la integridad de la Frontera, decidí el permitirles seguir su camino, como cosa más conveniente para nuestra Comunidad, que corría un evidente peligro ante la afluencia de tantas personas extrañas.

Sin otra cosa que añadir los abajo firmantes, hacemos constancia de este Informe y entregamos Copia del mismo a la Prefectura, Guardia Nacional, DD. HH. y otros organismos competentes.

(Firmas)
Comisaría Santa María de Mavacal

Caño Caname

Municipio Atabapo

Estado Amazonas

INFORME N° 2

2 de Octubre de 2002.
La Comisaría de la Comunidad de Santa María de Mavacal en resolución y avalada con la firma de todos los miembros de dicha Comunidad elaboró un Informe N° 1 que fue entregado a la Prefectura del Municipio Atabapo y al Comandante de la Guardia Nacional en fecha 13 de Marzo de 2002.

Dicho Informe solicitaba ayuda a las Autoridades competentes para resolver el problema que se presentaba con el pasaje continuo de colombianos por el Caño Caname con dirección a la mina.

Pues bien, en este Informe reiteramos la misma dificultad y solicitamos la misma ayuda que hace un año pedimos.

Se complica cada vez más esta situación, pues parece ya un pasaje permitido para mineros y trabajadores colombianos. Por aquí han pasado cochinos, mercancía y 4 dragas. Cuando vienen de regreso, nos sacan la yuca y fruta sembrada por nosotros, nos roban las curiaras y no podemos oponemos porque están armados.

La Comunidad no puede hacer nada para detener a estos mineros pues están armados y dicen claramente que ellos “no le tienen miedo a la Guardia”, cuánto más le van a temer al Comisario o a la gente de la Comunidad.

El anterior Informe se entregó a la Prefectura, al Comandante de la Guardia Nacional y a la Gobernación. Y seguimos igual.

Lo que más nos extraña es que después de los esfuerzos hechos para resolver este problema, el Comisario y el Maestro de Guarinuma anden difundiendo que yo como Comisario y la Comunidad está dejando pasar a estos colombianos y que nos aprovechamos de lo que nos dan.

Dejamos en manos de las Autoridades competentes las consecuencias de esta violación de la Frontera y su posible solución. Nosotros como Comunidad no podemos arriesgar nuestras vidas al impedirles el paso.

Sin más que añadir, esperamos una respuesta positiva para solucionar este problema.

Atentamente

(Firmas)

Un joven de la Comunidad dijo que mucho después, algunas veces se encontraron con Guardias en la boca del Caño, pero de forma esporádica. A la Guardia no le interesaba quién iba a la mina, sino quien regresaba.

El día siguiente, entre tomar café y saludar a los antiguos amigos que se arremolinaron en la orilla, salimos aproximadamente a las 9 de la mañana.

Nos esperaban unas cinco horas de navegación, que para mí serían muy placenteras por la cantidad de recuerdos personales y por lo que de vez en cuando, el baqueano Oscar decía con una sonrisa pícara que te impedía discernir con claridad, el límite entre la verdad y el embuste.

Dejamos en la orilla derecha del caño, el desagüe del caño Moriche, y un poco más arriba pasamos Raudal de Danto, un lugar en el que hay que arrastrar la embarcación en tiempo de verano y que aprovechó el comisario para lanzar un globo de ensayo a ver si yo me comía el cuento:

- Aquí en verano, vienen dantos en manada. Son grandes como elefantes... - y me miró para ver mi reacción a su embuste.

Yo me limité a sonreír

Pasamos por los sitios de Cucurital, Venado, Playa Blanca y Cabeza de Picure...

- ¿Es este el sitio en el que en verano los picures no lo dejan andar a uno? - le die al comisario con sorna.

- No, es un poquito más arriba - continuó con la broma.

Yo conocía los sitios pero me había olvidado de los dueños. Por eso, Oscar me iba explicando con detalle y refrescando mi memoria.

- Ahí está El Tolete, de los Largo... Allí queda Campana... Ese caño es el Orinoquito.

Y así, fuimos dejando atrás el sitio de Ciriaco López, Ripial...

- Ese es Limón el sitio de Ramón Evaristo... y ese es Pijiguao, de los Yacame.

Fermín seguía las señas que Oscar le iba indicando, pero manejaba el motor personalmente. No lo dejaba a nadie.

- Me costó mucho pagarlo... - decía cuando alguien se lo pedía.

Pasamos Caño Danto y, un poco más arriba, llegamos a Merey, el sitio de Oscar el comisario.

Quiso que bajáramos un rato “y que para mover las piernas...” en realidad lo que buscaba era que admiráramos su tremendo conuco...

De nuevo en el barco, pronto pasamos por Cejal, el sitio de Santiago Mirabal. Un poco más allá, desemboca el caño Púname.

- Hasta aquí llegué yo cuando era chamo - le dije a Oscar - De aquí en adelante, puedes meterme todos los embustes que quieras...

El Caname se iba estrechando cada vez más, y después de aproximadamente una hora, llegamos a la Laguna que el comisario dijo que se llamaba “Piedra amolá” Un poco más arriba, el río se ensanchaba en otra laguna llamada “Mauricio”.

En verano, el caño deja de ser navegable después de esta laguna. Los mineros últimamente, abrieron un camino que va a dar a la laguna de Tambor. Desde ahi en verano, son 8 horas de camino por el monte, hasta Cárida. En invierno en cambio, se llega hasta Laguna Larga pasando por Bora y Chupadero de Danto, pequeñas lagunas.

Cuando pasamos por Chupadero de Danto, el comisario me dijo:

- Esto sí es en serio... En verano aquí hay dantos como arroz...

- Y grandes como elefantes.. - le repliqué yo.
Eran casi las tres de la tarde, cuando llegamos al final de nuestro viaje en bongo. Nos quedaban tres horas de camino hasta Cárida, el pueblito a orillas del Orinoco y antesala de la mina del Yapacana.

De inmediato, nos dispusimos a descargar y empezamos el caleteo de la carga. Fermín se quedó en el barco y yo hice el primer viaje con los caleteros quedándome en Cárida.

Ellos regresaron a la Laguna para traer lo restante con Fermín esa misma tarde y al día siguiente en caso de que hiciera falta.

Cárida era un pueblito que había crecido por la mina y contaba con varios comercios a los que surtían transportistas como Fermín y cambiaban mercancía por oro.


La zona en donde se ubica el Yacapana fue creada Parque Nacional el año 1978 y tiene una superficie de 320.000 ha.

Se localiza en el sector suroeste del Escudo Guayanés, en la parte centro-occidental del estado Amazonas entre los ríos Orinoco al sur y al oeste, Ventuari al norte y el caño Yagua al oeste. Incluye al Cerro Yacapana, meseta típica del Pantepuy de la formación Roraima.

En una altimetría comprendida entre los 75 y 1.345 msnm, que se desarrolla sobre la penillanura del Sipapo, formada por llanuras ribereñas del Orinoco, cubiertas por extensas sabanas, destaca el Tepuy Yapacana, en forma de pirámide trunca y escalonada.

La superficie del Parque -definida por los ríos Yagua, Ventuari y Orinoco- aparte de ser un recurso escénico, tiene un valor científico ya que encierra importantes descubrimientos fitogeográficos.

En la parte más occidental, existen tres tipos diferentes de sabanas, con distintos grados de evolución; se han descubierto aquí especies de flora del neotrópico suramericano y el paleotrópico del Africa suroriental, testimonio importante para confirmar las teorías de la separación de las placas continentales y de la evolución de la vegetación.

La vegetación corresponde a las formaciones vegetales bosque húmedo tropical, bosque denso inundado y sabana, donde se encuentran varias especies de gramíneas endémicas, destacando una del género Pentaherista, única representante en el mundo de la familia de las Tetrameristaceae.

Corresponde al grupo climático cálido lluvioso, tipo monzónico de carácter continental, la temperatura varía entre los 19°C Y 27°C, y los valores de precipitación promedio anual sobrepasan los 3000 mm en un período que oscila entre 9 y 10 meses lluviosos.
Bordean el Parque al norte, el río Ventuari; al sur y al oeste, el río Orinoco y al este el río Yagua. De las corrientes originadas en el interior, el caño Maraya, que desemboca en los raudales de Santa Bárbara, es el más importante.”
Cualquiera que lea esta recensión sacada de cualquier Enciclopedia, puede suponer que el régimen de Parque Nacional impide todo tipo de trabajo que produzca una alteración ambiental consistente.

Las leyes ambientales son tan exigentes que nadie puede creer lo que está sucediendo allí. Para el gobierno nacional la mina del Yapacana no existe. La Guardia Nacional debería tener un apoyo logístico extraordinario y una formación ética a prueba de soborno para poder controlar la entrada y desalojar a los mineros nacionales y extranjeros.

Ambas cosas hasta ahora no se han dado.
Baj cruzó el Orinoco en un barco de uno de estos comerciantes y se introdujo por el caño Cotúa, rumbo a la mina.

Caminaba como un sonámbulo entre las heridas profundas producidas por hombres y máquinas. Hoyas profundas con grandes piedras, desnudas del manto de tierra que desde hacía millones de años las cobijaba.

Surcos enormes y montañas de tierra lavada. Extensiones boscosas taladas sin misericordia. Caños cuyos cauces fueron desviados para arañar el lecho y revolcarlo buscando el moderno Dorado. Aquello era un mundo que no había imaginado.

- Son varias minas - le decía Luis, su guía, un indígena kurripako que trabajaba de caletero de mercancía desde el puerto hasta “el pueblo”. - Aquí hay colombianos y venezolanos, más lejos están los brasileños.., éstos se mezclan poco. Están armados y uno de los jefes que le dicen “Boyi”, tiene guardaespaldas. Tienen grandes dragas y les traen combustible y comida desde Brasil...

- ¿Y cuando hay operativos de la Guardia? ¿Cómo hacen para esconder las dragas?

- Cuando el Operativo sale de Atabapo o de Puerto Ayacucho, ya lo saben aquí. Tienen teléfonos satelitales, y tiene que haber gente infiltrada entre la Guardia que les da el pitazo. Además, nunca llegan hasta allá. Aquí hacen la redada con mineros pobres y caleteros o vendedores.., los peces gordos brasileros están tranquilos.

- ¿Pagarán una cuota para que no los molesten? - insinuó Baj.

- Eso lo estás diciendo tú... y se oye también por ahí, pero yo no quiero meterme en líos.

- ¿Hay mucha pelea?

- De vez en cuando. El alcohol y la droga corre libremente, y aquí todo el mundo está armao. Varios muertos he visto yo y llevo poco tiempo... un robo o el intento de robo, una discusión por causa de oro o mujeres, basta para que te entierren...

Una noche yo me llevé el susto de mi vida. Estaban tomando cerveza y coqueteando con unas mujeres un brasilero y un colombiano. Al rato, el colombiano se introdujo en el monte para hacer una necesidad. Cuando yo sentí también ganas de orinar me dirigí al monte. La oscuridad se partía a pedazos con algunos reflejos de los escuálidos bombillos de los ranchos. Pude ver al colombiano agachado como si estuviera cagando. Le cubría el enorme sombrero de paja que terminaba en pico. Me extrañó que tardara tanto y al ver que no me respondía, le quité el sombrero y... no tenía la cabeza. Estaba descabezado.

- Y tú, ¿qué hiciste? - preguntó Baj.

- Corrí lo más que pude hasta mi rancho y me acosté. No pude dormir en toda la noche.
El hombre había mancillado una naturaleza virgen y la degradación del hombre crecía a pasos agigantados. Aquello era un pueblo con más habitantes que cualquier comunidad indígena del interior del Amazonas.

- Hay tiempos en los que da la impresión que hay más gente que en San Fernando... - explicaba Luis.

Baj contemplaba un paisaje totalmente distinto al idílico recuerdo que tenía del Yapacana de hacía casi 30 años. Los ranchos provisionales se multiplicaban en tomo a otros ya más sólidos. Bares, comercios, casas sin paredes con los chinchorros enrollados en sus troncones, muchachas alegres procedentes de Colombia, que alternaban con los mineros en los bares, unos jugando cartas, otros en grupo charlando alegremente, alguno que otro durmiendo en el suelo la borrachera...

El humo de los fogones que ascendía lentamente por diversos puntos, inundaba el ambiente con diversos olores a comida y daba la sensación de estar en medio de un enorme campamento.

Eran las dos de la tarde y Baj se dirigió a uno de esos fogones con la intención de comer algo. Era una especie de bar-restaurante con mesas rústicas y bancos elaborados allí por algún carpintero de improvisado ingenio.

Detrás del rancho estaba otro más pequeño, con una mujer agachada frente al fuego. Tenía una contextura fuerte y un vestido de color indescifrable, entre un blanco sucio y una tonalidad de rosa casi imperceptible. Tenía el pelo suelto por la espalda y sus lentos movimientos indicaban una edad demasiado mayor para llevar aquella vida.

Baj bebía una cerveza mientras esperaba el plato de sancocho, en compañía de Luis, el pariente kurripako que lo acompañaba. Algunos de los presentes hablaban en brasilero, otros reían y charlaban con claro acento colombiano, y algunos de ellos se voltearon para ver a los recién llegados. Al ver a un par de indios tomando cerveza no les dieron mayor importancia.

Mientras hablaban en kurripako, la mirada de Baj se deslizó inconscientemente hacia el fogón. La mujer mayor, de vez en cuando se levantaba de su posición, pero sin dejar ver su rostro. Uno de los mineros le gritó:

- Vieja... me muero de hambre...

En ese momento la mujer se giró y dejó escapar una sonrisa.

Baj se estremeció. Se quedó como una estatua, y su semblante era incapaz de exteriorizar la tormenta que bullía dentro de sí. Aquella sonrisa apenas vislumbrada entre penumbras, golpeó de repente su memoria con la fuerza de un mazazo. La seguridad la tuvo cuando la mujer salió por un momento de la oscuridad del rancho del fogón, pasando cerca de él.

Baj no pudo más. Se alzó, y salió corriendo del bar, como si de repente se hubiera olvidado de algo importante.

Corrió... corrió monte arriba, hasta que ya no pudo más, y cayó extenuado boca abajo. Cuando su corazón parecía que iba a estallar, giró su cuerpo mirando hacia un cielo muy gris roto en pedazos pequeños, que se asomaba por las pequeñas rendijas que dejaban las inmensas copas de los árboles.

Acababa de ver a su madre. Era ella…
Los recuerdos se agolparon en su mente:

“… Al día siguiente, fui con mi papá a San Fernando. Preguntamos por mi mamá a varios amigos. Como solemos hacer los indios cuando no queremos decir algo, nos contestaban: “Yo no sé...” y volteaban para otro lado, no sin antes lanzarnos una mirada de compasión. Nos sentamos en la Plaza y mi papá no decía palabra.

- Espere aquí, ya vuelvo.

Y me dirigí al Comando. Yo sabía el nombre del guardia que estuvo con mi mamá. Al primero que vi le pregunté.

- ¿Dónde está el guardia Pulido Cordero?

- No está. Lo cambiaron

Regresé llorando de rabia donde estaba mi papá. Me miró y no dijo nada. Lo entendió todo.

Viajamos de regreso, en la oscuridad de la noche.. Nunca más volví a ver a mi madre...”
Se levantó en el corazón de Baj una batalla de sentimientos encontrados. Habían pasado más de 30 años desde que los abandonó a todos.

Varias veces soñó con ella cuando era niño, pero poco a poco su imagen se había ido difuminando lentamente, hasta borrarse, creía él, en su totalidad.

Bastó aquella sonrisa triste que vio en el rancho, para arrojar sobre Baj un caudal de recuerdos que no podía contener.

Un ruido sordo avanzaba rápidamente hacia el lugar. Al rato, un aguacero tan impresionante como repentino, tecleaba con rabia las hojas de los árboles.

Baj se calmó, se sentó apoyando su espalda en el tronco de un árbol y dejó que la lluvia filtrada de verde, lo empapara totalmente. Después de varias horas de escucha de los ruidos de la selva que competían inútilmente con sus propios ruidos interiores, Baj tomó la decisión de presentarse ante su madre y romper el silencio en el que sus vidas, por circunstancias tal vez explicables, los había separado inexcusablemente.
Después de varias horas, empapado y frío por dentro y por fuera, regresó lentamente al campamento y se fue al rancho en donde el amigo kurripako y él guindaban sus chinchorros. Al día siguiente, más sereno, resolvería el encuentro con su madre.

- ¿Qué te pasó? - dijo Luis - ¿Te dio churria de repente?

- Nada. - Contestó Baj mientras disponía el chinchorro para acostarse.

- Luis, ¿conoces a la mujer que estaba en el fogón?

- ¿A Mariela? Es una buena mujer que tuvo que sufrir mucho en la vida. Vivió con un Guardia que la dejó botada con dos muchachos. Los dos murieron aquí en la mina, por eso no quiere salir de aquí. Después vivió con un colombiano retrechero y peleón. Montó un bar y trajo muchachitas colombianas y ganó mucho dinero. Mariela era la que dirigía el bar, hasta que se murió el hombre de un machetazo en una pelea. Las mujeres se fueron, el bar se fue a la ruina y quedó sola otra vez. De nuevo se metió a vivir con otro hombre, era venezolano, éste cuando se emborrachaba le caía a golpes y le hacía la vida imposible. De repente desapareció, no se oyó hablar más de él, por lo que corrió la voz de que ella misma lo había matado. Yo no lo creo, ella es buena, pero la vida no fue buena con ella. Mira, Baj, - continuó el kurripako - muchas de nuestras hembras, desde que este mundo cambió tanto, se juntan por amor la primera vez, pero después, la mayor parte de las veces, se juntan por hambre... y eso fue lo que le pasó a Mariela... pero ahí está. Sigue peleando por la vida, a pesar de todo...
Baj no durmió, sino a raticos. Pensaba en la terrible revelación de Luis… Pensaba en lo que había dicho hacía unos 30 años: “Nunca veré una noche tan oscura como ésta...”

Ahora lo estaba poniendo en duda...
Luis, como caletero, prefería hacer los viajes muy de madrugada y descansar en los momentos más calientes del día. Amanecía ya, cuando se presentó en el rancho con un forastero.

Baj no estaba, pero regresó al momento. No salía de su asombro, cuando se encontró de frente con Omar, el antropólogo amigo.

- Lo encontré en el puerto y me pidió que lo acompañara. Creo que te conoce - dijo Luis.

Después de darse un abrazo, Baj le preguntó:

- ¿Qué haces tú por aquí, animal urbano?

- Estoy haciendo un trabajo para el Ministerio de Ambiente sobre el impacto ambiental producido por las minas ilegales en estos últimos años - trató de explicarse Omar - Tú sabes, los tiempos son malos y el sueldo de la universidad no alcanza... hay que matar algún “tigrito”...

Vengo de Maraya: un desastre. El paisaje que conocí hace 20 años cambió totalmente: socavones, huecos, desvío del cauce de algunos caños... Un terrible desastre.

Baj notó en él algo que nublaba su expresividad de carácter, su risa contagiosa y su actitud optimista frente a la vida. Notó que rehuía mirarle directamente a los ojos Lo achacó al cansancio del largo viaje.

- Y tú ¿qué haces aquí? Yo te creía en Marama... ¿por qué te perdiste sin avisar?

- Sentí nostalgia de mi tierra y decidí regresar. Estaba mal de recursos y me invitaron a conocer la mina... Al fin y al cabo, es una forma de ganarse la vida... Todavía no empecé a trabajar, pero lo haré en cuanto me decida. - dijo Baj - Y ¿cómo está tu señora? ¿Y los muchachos?

- Bien. Los muchachos me están dejando pequeño.

Luis preparó café en un fogón improvisado, mientras Baj y Omar hablaban emocionados. Este le puso al día de las últimas noticias: le contó lo de la aparición de un grupo de paramilitares colombianos muy cerca de Caracas.

- La oposición dijo que fue el mismo gobierno que los trajo para montar un show en vísperas de la recolección de firmas y para tapar la muerte por quemaduras de unos soldados en Maracaibo, mientras que el gobierno anunció la revelación de un plan de invasión a Venezuela promovido por un eje del mal: Miami - Bogotá. Acusan a Cisneros y a López Mercado... Puedes suponerte lo que se dijo en la prensa todo ese tiempo... También se hicieron los reparos de las firmas para el referéndum revocatorio. Ganó la oposición y está convocado para el 15 de agosto de este año.

La alusión a López Mercado le trajo a Baj el recuerdo de todas las desgracias que ese hombre le había producido en su vida desde aquel maldito día cuando trabajaba de guachimán en una construcción de Baruta.

Mientras saboreaban el café programaron el trabajo para los siguientes días.
Baj cargaba disimuladamente el dolor de su secreto pero no se decidía aún a comunicarlo y mucho menos a asumirlo. Decidió esperar.

Mientras tanto, empezó a trabajar con unos mineros colombianos para poder ayudar a Luis a pagar el alquiler del rancho en el que vivían.

Omar comenzó el día siguiente observando, tomando notas y haciendo entrevistas a los mineros y a los indígenas. Su forma desgarbada y su sencillez le ayudaban en su trabajo. Algunos, especialmente los colombianos, no quisieron hablar y rechazaron toda entrevista.

Los brasileros no tenían problema y contaban sus aventuras, sus vidas de “garimpo” en la amazonia brasilera, colombiana y venezolana. Los jefes brasileros del garimpo hablaban con gran desparpajo y seguridad con Omar, que hablaba bien el portugués.

- Sabemos a qué atenernos con la Guardia... todos tienen su precio... unos se conforman con poco, a los jefes hay que darles más.., pero siempre nos entendemos... y si alguno cae en una redada, en Ayacucho tenemos jueces que también comen de lo nuestro y lo sueltan rápido...

- Pero no creo que todos los comandantes de la Guardia sean corruptos, - le decía Omar - habrá alguno que sea honesto...

- Peor para él, porque así le toca mayor tajada a su superior.., pero en general, todos, aún los que parecen más honestos, no tardan en mancharse...

Al tercer día de su estancia en la mina, ya de noche, Omar le dijo:

- Baj, ¿vienes conmigo al puerto mañana? Tengo que ir a recoger un material que se me quedó en la voladora...

- Con gusto, así podré airearme un poco de este ambiente podrido....

- En esas dos horas de camino podremos charlar de algunos temas que quiero consultar contigo.

Durmieron con el fondo musical vallenatero que un enorme equipo de sonido lanzaba a pleno volumen. Era un bar de colombianos que sólo enmudeció cuando se le agotó el gasoil a la planta eléctrica.

A las seis de la mañana, apenas clareaba, salieron Omar y Baj camino del puerto. Los dos notaron cierto sentido de liberación al caminar en campo abierto y después de un rato largo de charla sobre varios temas, Omar le espetó a Baj:

- Baj, ¿Qué opinas de Orpia? Tú estuviste muy ligado a su primera organización.

- Omar, creo que mi opinión no tiene mucho valor, estoy desligado de ella desde que me perdí en Caracas, aunque siempre tuve mis informaciones sobre los pasos que estaba dando.

- ¿Estás de acuerdo con el giro que tomó últimamente?

- Omar, Orpia se murió hace tiempo.

- ¿Tú crees? ¿Cómo así?

- Orpia nació como una organización al servicio de los pueblos indígenas, ahora Orpia se convirtió en una organización al servicio de intereses personales. Es la palanca o el trampolín que impulsa a algunos líderes para alcanzar puestos de poder. Ojalá que esos puestos de poder, sirvieran para que la vida de la mayoría de los indígenas se mejorara, pero por ahora, los resultados no se ven.

- ¿Y Puama? – preguntó Omar.

- Fue un paso más largo del que se debía dar. Es mi parecer, claro…

- ¿Tú crees?

- Orpia tenía la finalidad de crear conciencia, de formar, de dar consistencia a los pueblos indígenas, de la necesidad de servir de unión en las reivindicaciones, en los valores, en las luchas de todos los indígenas, y comenzó haciéndolo muy bien. La prueba fue que levantó roncha entre los políticos y partidos de entonces.

Pero varios de sus dirigentes se engolosinaron. Creyeron que con unos cuantos congresos en el Tobogán de la Selva, y unas cuantas marchas en pro o en contra de algunas disposiciones legales, ya el indígena había tomado conciencia plena de su posición política. Y se dio el salto a la acción política. Surgió el Puama como partido. Y lo que estaba haciendo Orpia con la mano derecha, cuyo objetivo era el de crear unidad entre los pueblos indígenas, Puama lo estropeó con la mano izquierda, al producir el efecto contrario entre el indígena.

No pasará mucho tiempo en que veamos la división entre piaroas y jivi y otras etnias. Se creyó equivocadamente que el indígena tenía la suficiente conciencia para optar por una agrupación política netamente indígena. A la división que existía entre indígenas adecos y copeyanos, en la Cuarta República, se le añadieron ahora los indígenas del Puama, Pepetistas, Liborieros, Palaístas etc. etc. de la Quinta República...

- Y Orpia perdió todo prestigio - añadió Omar.

- Ahora sí es una entelequia, o un “mamotreto” sin representatividad, como la habían denominado los adecos antiguamente. Antes, Orpia era un piedrita fastidiosa en el zapato de los partidos tradicionales... ¿A cuál facción de indígenas representa hoy?

- Pero esa urgencia de crear ese brazo político, ¿fue empujada sólo por el engolosinamiento de algunos de sus líderes o hubo otras razones?

- Mira, Omar, el indígena lleva siglos de convidado de piedra en el festín de las prebendas del estado. Lleva siglos marginado en su propia tierra, recibiendo del estado las migajas que caen de la mesa grande de opíparos contratos y jugosas operaciones intrapartidistas. Es muy natural y comprensible que quiera tomar el pedazo de la torta que le corresponde y que siempre se le ha negado. Como tú sabes muy bien, la única empresa que da de comer en el Amazonas es el Estado. Es lógico, pues, que los pueblos indígenas empujen para alcanzar aquello a lo cual tienen derecho.

- Y lo lograron. Liborio, el baniba, es gobernador, Arana, el piaroa, es Alcalde, Benjamín, el yabarana, es también Alcalde...

- Esas son las pruebas que indican que el trabajo de conciencia y de formación iniciado por Orpia, no logró su objetivo. Liborio, siendo indígena, fue al final un gobernador rechazado por los mismos indígenas. Su actuación populista copió modelos que él criticó por decenas de años en gobiernos adecos y copeyanos, cayó en prácticas de nepotismo que él mismo fustigó acremente en gobernadores pasados, y, según cuentan, el engorde de comisiones redundaron en ascenso continuo para él y sus allegados... Dicen que hay dos cosas que no se pueden ocultar: la plata y el estar enamorado. Creo que la peor propaganda para que un indígena vuelva a sentarse en la silla de gobernador del estado, fue precisamente la actuación de un indígena.

- Te veo muy pesimista, Baj... ¿Te acuerdas de lo que te alegraste cuando salió elegido Gobernador?

- Pasó como con Chávez... Todos estábamos hartos de adecos y copeyanos. Todos esperábamos nueva gente, nuevos métodos, nuevas formas de hacer política…

- ¿Te acuerdas de aquella canción?: “Todo se derrumbó dentro de mí, dentro de mí...”- tarareó Omar.

- El populismo lo tenemos inoculado en la sangre, Omar. Da la impresión que no sabemos obrar de otro modo.., parece que en Amazonas la “adecosis” es un virus que quebró todo el sistema imnunológico social venezolano...
Se acercaron al puerto.

Los caleteros cargaban sus espaldas con sacos de alimentos o cajas de cerveza, en búsqueda de un pago en oro que saciara en algo la miseria de su vida y la de los suyos. En los bongos, comerciantes vendían gasolina y llenaban las pimpinas que después serían transportadas al campamento. Omar indicó el camino hacia el lugar en donde estaba la voladora que lo trajo.

Un poco más abajo del puerto, en un pequeño recodo cercado de árboles, encontraron la embarcación con un motor 40 HP Yamaha amarrado en la popa.

Mientras Omar se introdujo en la voladora para recoger supuestamente una carpeta, Baj se acercó al monte para orinar. Al terminar y darse la vuelta para regresar, sintió un golpe fuerte en la cabeza y cayó desvanecido.
Cuando despertó, estaba acostado en el piso de la voladora en marcha, con un fuerte dolor de cabeza. Miró a su alrededor y vio delante de sí dos sombras, en las que poco a poco fue reconociendo a los dos hombres de Jean Claude: el gorila inmenso y su compañero con cara de aguilucho.

Miró hacia atrás y pudo ver a Omar con la cabeza entre las manos y una cara de circunstancias; a Baj, unas veces le pareció compungida y otras veces indescifrable. Más atrás estaba el motorista, un indígena de tez morena que, por su espigada figura, Baj lo asoció inmediatamente con algún vástago de la familia Rivas del barrio de Santa Lucía de San Femando.

La voladora se deslizaba veloz sobre la superficie lisa de un Orinoco mañanero. Baj no estaba atado y pudo incorporarse un poco hasta sentarse en el fondo, apoyando su espalda en el asiento de Omar. Este, le dio unos pequeños golpes en el hombro como para calmarlo.

Baj no lograba entender la actitud de Omar y su intención de haberlo conducido a una trampa para entregarlo en manos de la gente de Jean Claude.

Le entró de nuevo la eterna sospecha del indio sobre las intenciones del hombre blanco. ¿Qué diablos hacía Omar con la gente de Jean Claude? Baj cavilaba la manera de salir de esta nueva aventura en la que estaba metido, como siempre, contra su voluntad. No podían hablar en castellano. Pero para esto había una solución. Omar conocía varias lenguas arawakas, entre ellas el kurripako.

Baj quiso cerciorarse si el motorista entendía su lengua, y se dirigió a él en voz alta, de tal manera que le escuchara a pesar del ruido del motor:

- Nukisinda, akerrewáo? (“¿A dónde vamos pariente?”)

El motorista lo miró, arrugó el ceño y levantó la cabeza, en señal clara que no había entendido nada de lo que le dijo... El gorila que tenía delante, miró hacia atrás volteando su cuello de toro.

Después de varias horas de silencio, la voladora se acercaba a la desembocadura del Ventuari.

Muy próximos al raudal de San Francisco, el río comenzaba a encajonarse entre grandes piedras con un desnivel considerable, produciendo fuertes movimientos en la embarcación.

Baj esperaba el momento más oportuno.

- Wakabukueta itáa. Nukaitekada nakó pikabukueta. Wakabukueta itáa. (“Vamos a voltear la embarcación. Cuando yo te avise, te levantas y vienes a este lado. Vamos a voltear la lancha”.)

- ¡Kurri nuaji núñakao! (Yo no sé nadar bien...) - respondió Omar en perfecto kurripako.

- Nuakitsindata piá. (Yo te ayudo.) - lo tranquilizó Baj.
Los dos esbirros hablaban tranquilos sin fijarse mucho en el paisaje y parecían no darse cuenta de los movimientos de la embarcación.

Se aproximaban a un estrecho callejón de agua, limitado a ambos lados, por lajas que se hundían repentinamente en el turbio Orinoco. La embarcación se montó en la cresta de la ola y, como caballo desbocado, descendió velozmente por el raudal. En ese momento Baj gritó:

- ¡¡¡Ahora!!!

Omar y Baj metieron todo su peso en el costado derecho volteando la voladora, al tiempo que se lanzaban en medio de los torbellinos espumosos.

Omar braceaba con dificultad tratando de dirigirse hacia la orilla. Miró alrededor y no vio a Baj, por lo que temió que se hubiera golpeado con una roca. A su vez, no estaba seguro de alcanzar la orilla con sus solas fuerzas en medio de aquella corriente. Nadaba desesperado, pero le daba la sensación que no salía del mismo lugar.

Fue en ese momento cuando sintió una mano fuerte que lo empujó varias veces hacia la derecha. Baj, de vez en cuando sacaba la cabeza y volvía a sumergirse, hasta que logró que Omar saliera de los remolinos. Por fin alcanzaron un remanso, en donde les fue más fácil nadar y acercarse a la orilla.

Omar estaba exhausto y, acostado boca abajo sobre una laja, intentaba devolver el agua ingerida con arcadas involuntarias que a cada rato le sobrevenían. Baj, sentado, miraba río abajo, tratando de hallar el rastro de la voladora y de sus ocupantes.

- De una cosa estoy seguro. El motorista se salvó, por lo tanto tendremos que pagarle su viaje... y tal vez su motor...

- ¿Y los otros dos? - preguntó Omar, acostándose en posición supina.

- Esos aparecerán aboyados dentro de dos días, Orinoco abajo...
Cuando descansaron lo suficiente, Baj aconsejó cruzar hacia una isla cercana. Bordeando ésta, tendrían más oportunidad de encontrar algún pescador que les llevara a Macuruco o a alguna de las pequeñas comunidades de la desembocadura del Ventuari. Una vez allí, el desplazamiento hacia Magua o San Femando, sería más fácil.

Omar, con la ayuda y los empujones de Baj que nadaba como un pez, alcanzaron la orilla. Descansaron por un largo rato.

- Nunca había nadado tanto como hoy - dijo Omar.

- Tengo que hacerte una pregunta obligatoria, Omar. - expuso seriamente Baj - ¿Qué hacías tú con los dos hombres que me capturaron?

- Te debo una explicación. Mucho más, debo pedirte perdón. Me usaron de carnada... Sabían de nuestra amistad desde que trabajaste en la Universidad. ¿Te acuerdas cuando llamaste a mi casa desde Puerto Ayacucho?

- Cometí un gran error – dijo Baj.

- Tenían pinchado mi teléfono y grababan todas mis llamadas. Entonces comenzaron sus visitas a mi casa. Al comienzo me hice el loco, después, estaba decidido a avisar a la policía. Fue cuando me amenazaron claramente: “O colaboras con nosotros o la vida de tus hijos corre peligro”. En una entrevista que tuve con varios de ellos, me interrogaron largamente sobre tu paradero. Dije que desconocía totalmente en qué punto de Amazonas te encontrabas... que sí, efectivamente, tú me habías llamado desde Ayacucho, pero que nunca más tuve noticias tuyas...

- ¿Y después?

- Vino lo más terrible, Baj. Secuestraron a uno de mis hijos y yo estaba desesperado; a mi mujer le dio un ataque de histeria tan fuerte, que tuve que internarla en una clínica.

- ¿Con quién te entrevistaste? – preguntó ansioso Baj.

- Era un señor alto, de cara huesuda, cabello blanco y lentes oscuros. Me pareció haberlo visto por TV, en alguna de esas ruedas de prensa en las que abundaba la Coordinadora Democrática. ¿Lo conoces?

- López Mercado, alias Jean Claude... ¿Qué pasó luego?

- Un día, mis dos guardianes me montaron en un avión privado y me condujeron a Puerto Ayacucho. Ahí siguieron pistas y ataron cabos, pues tenían los teléfonos y dirección de tus familiares.

Antes de partir para San Femando, recibí una llamada de mi esposa dándome la buena noticia de que habían soltado al chamo. Parece ser que, con el sonado caso de los paramilitares colombianos que apresaron en Caracas, hubo una serie de allanamientos a diversos personajes de la oposición y militares... Yo creo que esto motivó la entrega de mi hijo. Mi esposa se los llevó enseguida a la casa de su mamá en Mérida.

Cuando llegamos a Atabapo, les fue fácil rastrear tu paradero. Todo indicaba que la mina era el mejor lugar para esconderse. Lo demás ya lo sabes.

Me enviaron sólo con la misión de traerte hasta el puerto donde ellos esperaban. Tienes que perdonarme, Baj, pero mi desesperación era tan grande que ya no sabía lo que hacía. Además, yo desconocía totalmente tu relación con esta gente.

- Es una historia larga, Omar, y enredada… ¿Por qué crees tú que estoy aquí? Todo fue por mi maldita suerte. Mi encuentro con los hombres de Jean Claude fue totalmente fortuito. Luego, todo fue como hilos de araña que se fueron tejiendo sutilmente hasta que me di cuenta que estaba atrapado.

Era un grupo extremista infiltrado en la Coordinadora Democrática que odiaba a Chávez, y estaba preparando un atentado para el 12 de octubre en el momento en que el Presidente firmara la nueva Ley de Comunidades y Pueblos en el marco de un gran espectáculo en el teatro Teresa Carreño.

- ¿Qué papel jugabas tú? – preguntó Omar.

- Representantes de todos los pueblos indígenas en un ambiente de Arte, Danzas tradicionales y manifestaciones étnicas ofrecerían regalos al Presidente, entre los cuales había una gran maraca shamánica muy colorida, coronada de plumas multicolores, pero rellena de una carga mortífera que, al manipularla, se activaría el dispositivo electrónico que la haría explotar y causaría la muerte del Presidente. Conociendo sus virtudes histriónicas, no resistiría la tentación de sonar la maraca...

- Y tú, ¿qué harías entonces?

- Una vez entregado el regalo, en contados segundos, por puertas laterales saldría al exterior en donde un carro me esperaba para huir.

- ¿Cómo hiciste para escaparte de esta trama?

- Me entregué a la policía y les conté todo. Ellos me dieron el salvoconducto para Colombia. Después de muchas aventuras llegué, hasta aquí. Otro día te contaré.

- Y la policía ¿no logró apresarlos?

- La prueba la tienes en lo que te pasó a ti, y cómo llegaste hasta aquí. Pero eso ya es agua pasada. Veremos lo que nos depara el futuro...


Días después, en San Femando, Omar y Baj se hallaban sentados tomando unas cervezas en la casa de Timbi Betancourt, en el barrio de La Punta.

Frente a ellos, el negro Atabapo descendía perezoso hacia su inexorable mestizaje con las turbias aguas del Guaviare.

Al día siguiente, Omar partiría a mediodía en el transporte “Autana” hacia Puerto Ayacucho. Ansiaba ver a sus hijos, después de toda esta pesadilla. Tal vez tendría que cambiar de vivienda y de ciudad, quizás hasta de país...

Hablaron de todo. Recordaron tiempos antiguos, otros más recientes, pero ninguno se atrevía a asomarse al futuro. Por fin Omar se decidió:

- ¿Qué piensas hacer, Baj?

Baj contemplaba absorto la inmensa masa de agua con un semblante muy triste. Bebió un pequeño sorbo de cerveza y se quedó callado mirando al suelo, como buscando una respuesta perdida.

- ¿Por qué no te vienes conmigo? Terminas los estudios y haces un postgrado. Te falta poco.

Baj fijó en Omar unos ojos más brillantes que antes:

- Mira, Omar. Llevo más de media vida huyendo de mi antiguo mundo: he salido de mi casa, de mi comunidad, de mi familia, quise estudiar, huí de mí mismo, de lo que yo era y de los míos, quise ser alguien en el mundo de ustedes, los blancos. Soñé con ser blanco por dentro, pero sólo logré un barniz superficial, exterior. En aquel entonces, no quise aceptarme como indígena... Fue un gran error.

- Estás exagerando, Baj. Estás viendo las cosas en blanco y negro y la realidad, sabes muy bien, que no es así.

- Ahora en cambio, llevo varios años escapando del mundo de ustedes... Trato de dar marcha atrás, tal vez me he dado cuenta demasiado tarde de que ese mundo aniquila a la persona, la convierte en un número, en algo anónimo, personas que se mueven como los bachacos, arrasando con todo lo que encuentran para poder sobrevivir, no importa que lo arrasado sea el ambiente o la persona...

- ¿Y entonces? ¿Qué piensas hacer? – insistió Omar.

- Volveré a mi pueblo, trataré de recoger mis pasos, haré la casa con mis manos, buscaré a una guaricha que me dé hijos, tumbaré mi conuco y me dedicaré a la pesca y a la cacería. Y, sobre todo, trataré de olvidar... trataré de olvidar…

- ¿Lo lograrás?

- Eso espero... Aunque a veces tengo miedo. Habiendo huido de uno y otro mundo, siento que tal vez no pueda vivir ya en ninguno de los dos... tengo cierta premonición de que terminaré huyendo de los dos...
El sol se despidió hundiéndose en las aguas del Guaviare, cuando pidieron las cervezas del estribo. Se las brindó Fermín, el kurripako amigo de Baj, quien trajo la última noticia:

- Un poco más arriba de La Venturosa, encontraron los cuerpos ya descompuestos de dos mineros. Tenían toda la cara comida por los caribes y los mapuritos.

Baj y Omar se despidieron de todos y regresaron en silencio.

Por el camino de la Punta, mirando hacia el río, Baj rompió el silencio:

- Si te digo la verdad, Omar, en este momento estoy completamente vacío. Soy como ¿cómo te diré?.. soy como una página vacía en un libro...

***

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