Gracias por darme la oportunidad de experimentar tu infinita presencia y el amor incondicional en el otro reino y por asegurarme que tú estás aquí, allá y en todo lugar






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Libro: “MUERO POR SER YO” de ANITA MOORJANI (Mar/2012)

Traducción libre y gratuita al español de mi esposa y revisión mía (Sep/2012)

anitamoorjani

A DEL REVISOR DE ESTA TRADUCCIÓN AL ESPAÑOL PAGINA 104

Cuando mi Alma Gemela (Esposa) me dijo que estaba leyendo –y se proponía traducir para su círculo de amigos cercanos– uno de los libros más hermosos que había conocido en su vida y agregó que yo debería leerlo. Mi respuesta fue (como ejemplar que soy de la energía masculina): “No, gracias. Con las enseñanzas de Eckhart Tolle y David Hawkins, ya tengo toda la información acerca de los secretos para vivir dichosamente. Ahora me voy a concentrar en verificar esta información hasta convertirla en mi propia verdad”.

No obstante, la energía femenina tenía otros planes y recursos: “¿Qué tal si me ayudas a corregir la redacción y ortografía?”, me dijo ella algún otro día.

Hemos terminado la revisión conjunta de su traducción de este libro de Anita Moorjani (otra energía femenina confabulada en regresarle la dicha de vivir a los seres humanos) y, ¡doy gracias a la Energía Universal del Amor Incondicional por darse mañas para llegar a mi obstinado cerebro de energía masculina, a través de Anita y de mi esposa, con esta nueva, fresca, sencilla y clara forma femenina de presentar la eterna verdad acerca de quiénes somos y, mejor aún, de indicarnos, de múltiples maneras, cómo uno mismo puede fácilmente proceder, casi paso a paso, a verificar la verdad (la cual antes creía haber entendido completamente… y no era así)!

Yo, el Revisor.

DEDICATORIA

Para Danny el amor de mi vida: siempre he sabido que nuestro amor va más allá del tiempo y el espacio. Si no fuera por ti, no estaría hoy aquí, en esta vida en el mundo físico.

A mi querida madre y mi maravilloso hermano, Anoop: Gracias por estar ahí para mí durante mi vida, pero en especial durante mi enfermedad y por cuidarme cuando más los necesité. Yo quisiera que todos tuvieran una familia que los cuidara de la misma manera que ustedes me cuidaron.

A la memoria de mi querido padre, cuyo sueño más grande fue presenciar mi boda, pero dejó este reino antes del gran día: Gracias por darme la oportunidad de experimentar tu infinita presencia y el amor incondicional en el otro reino y por asegurarme que tú estás aquí, allá y en todo lugar.

Yo creo que las grandes verdades del universo no están afuera donde se estudian las estrellas y los planetas. Se encuentran en nuestro interior, en la magnificencia de nuestro corazón, mente y alma. Hasta que comprendamos lo que está en nuestro interior, no podremos entender lo que está afuera.

Comparto mi historia aquí con la esperanza de tocar tu corazón de alguna forma y recordarte tu propia magnificencia.

PROLOGO por el Dr. Wayne W. Dyer

Me ha impactado profundamente el contenido de este libro y, aún más, por mi relación personal con Anita Moorjani, quien llegó a mi vida a través de una serie de coincidencias orquestadas por la Divinidad.

Por más de 4 años, un cáncer que crecía rápidamente llevó a Anita a las puertas de la muerte y más allá – a la casa de la muerte misma, mucho más allá de la puerta y del vestíbulo de entrada, si me lo permiten. Anita describe todo en gran detalle en este libro de búsqueda del alma. Yo los invito a leerlo cuidadosamente y con una mente abierta que permita que sus creencias más entrañables sean retadas, especialmente aquellas que se refieren a lo que pasa más allá de este mundo, en lo que suele llamarse “el más allá”.

Rodeada por sus seres amados y un equipo médico que esperaba su último suspiro en cualquier momento, Anita entró en un coma profundo. Sin embargo, le fue dada la oportunidad de volver a su cuerpo devastado por el cáncer, retando todas las probabilidades, y de experimentar una increíble recuperación a través del vehículo del amor incondicional. Más que eso, se le permitió retornar de la cámara de la muerte y reportarnos a todos nosotros como es la vida en el otro lado de este mundo corporal – y todavía más significativo, qué se siente allá.

Esta es una historia de amor –una historia de amor grandioso e incondicional que te dará un sentido renovado de quién realmente eres, por qué estás aquí y cómo puedes trascender cualquier miedo y auto-rechazo, que defina tu vida. Anita habla con un candor poco común sobre su cáncer, explicando por qué ella cree que transitó este camino tortuoso en su vida, por qué cree que fue sanada y por qué retornó. Y sin lugar a dudas, su misión en la vida está reflejada principalmente en el hecho de que ustedes están próximos a leer el informe de su experiencia… y en que yo esté tan involucrado en ayudar a que este mensaje crucial le llegue al mundo.

Lo que Anita descubrió durante el coma de 24 horas, cuando ella pasó a través del umbral al otro reino, está notablemente alineado con la información que he estado recibiendo en momentos de gran inspiración, cuando escribo o en mis conferencias. Es claro para ambos que la intervención Divina manejó y movió las piezas de tal forma que esta mujer que vivía al otro lado del planeta, en una cultura bastante diferente a la mía, fue escoltada a mi consciencia y a mi vida física.

Oí por primera vez de Anita cuando recibí una copia de su entrevista sobre su Experiencia Cercana a la Muerte (ECM) de una señora en Nueva York, llamada Mira Kelley, quien más tarde se convirtió en mi amiga y me hizo una regresión, la cual está publicada en mi libro “Wishes Fulfilled” (Deseos Cumplidos). Después de leer el informe de Anita sobre su ECM, sentí el llamado irresistible para hacer todo lo que estuviera en mi poder limitado para hacer llegar su igualmente irresistible mensaje al mundo. Llamé a Reid Tracy, el Presidente de la Editorial Hay House, y lo urgí para que se comunicara con Anita y le pidiera que escribiera un libro detallando su experiencia. Agregué que yo estaría no sólo agradado sino honrado, de escribir el prólogo de su libro si ella estaba dispuesta a seguir adelante con él. A través de una serie de maravillosas sincronicidades –incluyendo el que Anita llamara desde Hong Kong a mi programa semanal de radio (hayhouseradio.com) y el que yo la entrevistara para que todo el planeta la escuchara –nos conectó tanto a nivel profesional como personal.

Anita habló del sentido de que somos amor puro. No sólo estamos conectados a todos los demás y a Dios, pero a un nivel mucho más profundo, todos somos Dios. Hemos permitido que nuestros miedos y el ego marginaran a Dios de nuestras vidas, lo cual tiene mucho que ver con nuestras enfermedades, no solo en nuestros cuerpos físicos sino en nuestro mundo como tal. Ella habló de aprender a honrar nuestra magnificencia y vivir como seres de luz y amor, y de las propiedades curativas inherentes a esta manera de pensar.

Anita describió haber experimentado realmente una ausencia de espacio-tiempo y de sentir, por vez primera, la maravilla de conocer que la unicidad no es un concepto intelectual sino que, verdaderamente, todo está ocurriendo al mismo tiempo. Ella narró sentirse bañada en un aura de amor puro y maravilloso y cómo este sentimiento tiene un potencial ilimitado para la sanación. Ella aprendió de primera mano el significado verdadero de las palabras de Jesús “con Dios todas las cosas son posibles” – y eso no excluye nada, incluyendo sanar el pasado. Anita descubrió en persona lo que yo he estado escribiendo extensamente en mi libro “Deseos Cumplidos”: que en la verdadera presencia del Dios-realizado, las leyes del mundo material (incluyendo la parte médica) no aplican.

Tenía que conocer a esta mujer. En nuestra conversación telefónica, empecé a sentir directamente la esencia espiritual de Anita y su mensaje de esperanza reemplazando el del miedo. La invité no solamente a escribir este libro, sino también a aparecer conmigo en PBS y contar su historia de amor, esperanza y curación al mundo entero.

Le envié a mi madre, quien a sus 95 años de edad vive en un centro de vida asistida, la entrevista de Anita sobre su ECM. Mi madre ve la muerte con mucha frecuencia ya que muchos de sus nuevos amigos de edad avanzada simplemente mueren durante el sueño y se retiran de su experiencia para siempre. He tenido conversaciones con ella sobre lo que piensa del gran misterio llamado muerte que es el destino de todos los seres vivos. Todo lo que se materializa, se desmaterializa. Sabemos esto intelectualmente; sin embargo lo que nos espera era todavía un gran misterio.

Después de leer el reporte de Anita sobre su ECM, mi madre dijo que una ola de paz la invadió y reemplazó el miedo, la ansiedad y el estrés que lo desconocido conlleva. En realidad todos los que leyeron el reporte de Anita, incluyendo a mis hijos, sintieron que ellos tenían una nueva visión sobre la vida e incluso me prometieron, por encima de todo, amarse a sí mismos siempre, valorar su magnificencia y borrar de sus vidas diarias todos los pensamientos que potencialmente produzcan enfermedad. Mientras yo escribía sobre estas ideas, Anita ya lo ha aportado al mundo, como experiencia.

Anita fue capaz de sanar su cuerpo y me ha dicho, en muchas ocasiones, que ella regresó a enseñar esta sencilla pero poderosa lección, la cual no sólo te puede sanar sino transformar nuestro mundo. Es por ello que estoy seguro que Dios nos juntó a Anita y a mí. Siempre he sentido que era mi darma o propósito enseñarle a la gente sobre su propia divinidad y que supieran que el sitio más elevado dentro de ellos mismos es Dios. Nosotros no somos estos cuerpos, ni nuestros logros, ni nuestras posesiones –somos uno con la Fuente de Todo lo Que Es, lo cual es Dios. Mientras yo escribía sobre esto en “Wishes Fulfilled” Anita vino a mi vida para poner el punto de exclamación sobre lo que yo estaba recibiendo en mi escritura canalizada. Ella lo vivió y lo describe bellísimamente. Ahora tenemos la bendición de poder leerlo y aplicar todo lo que Anita llegó a conocer en su furiosa contienda con un cáncer avanzado y su tranquilo viaje de regreso por medio de la experiencia directa de la sanación divina.

Me siento muy honrado de haber jugado un papel pequeño para llevar este esperanzador mensaje de amor de la sanación definitiva. Espero que tomen las palabras de Anita y las conviertan en un instrumento para remover una o todas las enfermedades de sus cuerpos, de sus relaciones, de su país y de nuestro mundo. Como Elizabeth Barrett Browning observó una vez poéticamente: “la Tierra está repleta de Cielo y cada arbusto común arde con Dios”. Ciertamente la sanación y el cielo en la tierra son tuyos para amarlos. Disfruta el maravilloso, maravilloso, libro de Anita. Yo lo amo y la amo.

Dr. Wayne Dyer

Maui, Hawái

INTRODUCCIÓN

El propósito principal de compartir mi historia es que otras personas no tengan que vivir lo que yo viví.

No es mi estilo enseñarle a la gente abiertamente ni indicarles cómo vivir sus vidas; tampoco me gusta aconsejarle a nadie los cambios que necesita hacer, aún si me preguntan. Prefiero dar ejemplo y crear un ambiente seguro para que otros se conecten con su propia verdad.

He pensado acerca de esto a menudo desde los eventos del invierno y primavera del 2006, cuando tuve una experiencia cercana a la muerte (ECM) y también me sané de un cáncer que había padecido por cuatro años. Durante mi ECM, pude ver y percibir ciertos aspectos de mi vida futura, y entendí que una de las razones por las cuales escogí regresar a una vida terrenal fue porque mi experiencia y mensaje les llegaría a otros.

En ese estado, de alguna forma supe que yo tendría que inspirar a miles y tal vez cientos de miles de personas. Pero no era claro como se suponía que hiciera eso –sólo supe que de alguna forma yo iba a ayudar a mucha gente. Específicamente sentí que no había necesidad de hacer nada para que esto pasara; solamente ser yo misma, gozar la vida y permitirme ser un instrumento para que algo más grande tuviera lugar.

Y eso fue lo que sucedió, ya que he llegado a hablar y escribir acerca de mis experiencias en respuesta a inquietudes médicas y científicas, tanto como a las preguntas individuales sobre la naturaleza del mundo y sus experiencias. Así fue como este libro también llegó a ser lo que es (los detalles están en el capítulo 14). Libremente explico lo que he aprendido como resultado del cáncer y de mi ECM. Disfruto compartiendo mi experiencia y mi entendimiento de la vida que derivé de todo ello, especialmente cuando siento que otros pueden beneficiarse.

Mi historia empieza en la Parte I, con mi niñez, donde convergían múltiples culturas con creencias distintas y a menudo contradictorias. Explicaré cómo esto me formó y fomentó los miedos que finalmente se manifestaron en la enfermedad; los llevaré por el camino de mi adolescencia y por último, en mi descenso a la prisión del cáncer.

La parte II explora la ECM en sí misma –lo que experimenté y entendí en ese momento- y lo que pasó después. ¡Curarme del cáncer y trabajar para encontrar mi nuevo lugar en el mundo ha sido un viaje sorpresivo, retador y maravilloso!

En la parte III describiré lo que ahora entiendo sobre sanación, la forma cómo el mundo está hoy, y cómo podemos vivir como un reflejo de lo que realmente somos, permitiendo que nuestra magnificencia brille. Luego terminaré con una sección de preguntas y respuestas que contiene algunas de las preocupaciones más comunes y retadoras que escucho.

Pero antes de compartir contigo lo que he aprendido de mi experiencia, me gustaría aclarar que no estoy pretendiendo conocer verdades universales o científicas ni ser el gurú espiritual de nadie. Tampoco estoy tratando de empezar otra religión o sistema de creencias. Mi único propósito es ayudar, no convencer.

Especialmente, deseo enfatizar: ¡tú no necesitas tener una ECM para sanarte! Mi intención es compartir contigo los detonantes emocionales y sicológicos que contribuyeron a que contrajera el cáncer, con la esperanza que identificando estos factores, tú puedas en primer lugar, reducir o posiblemente hasta eliminar las probabilidades de enfermarte. Al mismo tiempo, si tú o alguien que conozcas tiene cáncer u otra enfermedad grave, por favor sepan que hay muchos caminos para la sanación. Solamente sugeriría que sigas con lo que te sientes bien y con lo que resuene contigo personalmente.

Si estás buscando instrucciones o principios para seguir paso a paso, entonces yo soy la persona equivocada para ti, porque no estoy de acuerdo con crear un dogma que le sirva a todos. Esto sólo limitaría a quién tú eres. Aún cuando hablo de amarme a mí misma, mi intención no es atraer atención hacia mí, sino que tú experimentes ese mismo sentimiento, dentro de ti mismo. Mi único propósito al compartir mi experiencia y mi comprensión es encender la chispa de magnificencia que está en tu interior. Mi deseo es despertar el gurú dormido en ti que te guía a encontrar tu propio lugar en el centro del universo.

Es mi deseo que encuentres felicidad en todos y cada uno de los días de tu travesía y llegues a amar la vida ¡tanto como yo la amo en estos momentos!

PARTE I – BUSCANDO EL CAMINO CORRECTO

PRÓLOGO - EL DÍA EN QUE “MORÍ”

¡Ay, Dios mío, me siento increíble! ¡Estoy tan libre y tan ligera! ¿Por qué ya no estoy sintiendo más dolor en mi cuerpo? ¿Dónde se ha ido todo esto? ¿Por qué parece que todo a mi alrededor se está alejando de mí? ¡Pero no estoy asustada! ¿A dónde se ha ido mi miedo? ¡Ya no puedo encontrar el miedo!

Estos fueron algunos de mis pensamientos cuando estaba siendo llevada de urgencia al hospital. El mundo a mi alrededor empezó a parecerme irreal, como un sueño y podía sentir cómo me alejaba cada vez más de mi consciencia y me adentraba en un coma. Mis órganos empezaron a dejar de funcionar a medida que sucumbía al cáncer que había, más que acabado, devorando mi cuerpo durante los últimos cuatro años.

Era el 2 de febrero de 2006, el día que va a grabarse para siempre en mi memoria como el día en que “me morí”.

Aunque estaba en un coma, yo estaba consciente y con gran lucidez de todo lo que estaba pasando a mi alrededor incluyendo el sentido de urgencia y el frenesí emocional de mi familia mientras era llevada rápidamente al hospital. Cuando llegamos, en el momento en que la oncóloga me vio, su cara estaba horrorizada.

“El corazón de su esposa puede seguir latiendo” le dijo ella a mi esposo Danny, “pero ella no está ahí realmente. Es demasiado tarde para salvarla.”

¿De quién está hablando la doctora?, me pregunté. ¡Nunca me había sentido mejor en mi vida! Y, ¿por qué mi mamá y Danny parecían tan asustados y preocupados? Mamá, por favor, no llores. ¿Qué está pasando? ¿Estás llorando por mí? ¡No llores! ¡Yo estoy bien, querida mamá, de verdad lo estoy!

Pensé que yo estaba diciendo esas palabras en voz alta, pero nada se oyó. No tenía voz.

Quería abrazar a mi madre, consolarla y decirle que yo estaba bien y no podía comprender por qué no era capaz de hacerlo. ¿Por qué mi cuerpo físico no cooperaba? ¿Por qué simplemente yacía allí, sin vida y sin energía cuando todo lo que quería era abrazar a mi amado esposo y a mi madre y asegurarles que yo estaba bien y ya sin dolor?

Mira, Danny, puedo moverme sin mi silla de ruedas. ¡Esto se siente tan increíble! Y ya no estoy conectada al tanque de oxígeno. ¡La respiración ya no se me dificulta y las lesiones de mi piel se han ido! Ya no son dolorosas ni están supurando. ¡Después de cuatro años agonizantes, estoy finalmente sanada!

Estaba en un estado de pura felicidad y júbilo. Finalmente, estaba libre del dolor causado por el cáncer que devastó mi cuerpo. Quería que ellos se sintieran felices por mí. ¿Por qué no estaban felices de que mi lucha finalmente había acabado? ¿Por qué ellos no compartían mi júbilo? ¿No podían ver ellos la felicidad que estaba sintiendo?

“Por favor, debe haber algo que usted pueda hacer”, Danny y mi Madre le rogaban al médico.

“Es cuestión de sólo unas horas” argumentó la oncóloga. “¿Por qué sus otros doctores no nos la remitieron antes? Sus órganos ya están dejando de funcionar y es por esto que ha caído en un coma. Ella no va a lograr pasar la noche; ustedes están pidiendo lo imposible. Cualquier cosa que le administremos en este estado puede ser demasiado tóxica y fatal para su cuerpo, ¡ya que sus órganos ni siquiera están funcionando!

“Bueno, puede ser”, Danny insistió, “pero, ¡yo no me voy a dar por vencido!”

Mi esposo sostenía con fuerza mi mano débil, mientras yo yacía allí, consciente de la angustia y desesperación en su voz. Yo quería más que nada, relevarlo de su sufrimiento. Quería que él supiera qué tan maravillosamente me estaba sintiendo, pero fui incapaz de comunicarlo.

No escuches a la doctora Danny, por favor, ¡no la escuches! ¿Por qué está diciendo eso? Yo todavía estoy aquí y estoy bien. Mucho mejor que sólo bien – en verdad, ¡me siento grandiosa!

No podía entender por qué, pero experimenté todo lo que cada uno estaba sintiendo –tanto los miembros de mi familia como la doctora. Realmente, podía sentir su miedo, ansiedad, impotencia y desesperación. Era como si sus emociones fueran mías. Era como si yo me volviera ellos.

Estoy sintiendo tu dolor querido – puedo sentir todas tus emociones. Por favor no llores por mí y dile a mamá que no llore por mí, tampoco. Por favor, ¡díselo!

Tan pronto empecé a sentirme apegada emocionalmente al drama que tenía lugar a mi alrededor, me sentí siendo halada simultáneamente hacia afuera de allí, como si hubiera un cuadro más grande, un plan mayor desenvolviéndose. Podía sentir mi apego a la escena que desaparecía a medida que me daba cuenta que todo era perfecto y se desenvolvía de acuerdo con el plan, en un entramado mayor.

Fue ahí que entró el entendimiento de que realmente me estaba muriendo.

Ah… me estoy muriendo! ¿Es esto lo que se siente? No se parece a nada de lo que me había imaginado. Siento una paz bellísima y una calma….y finalmente, ¡me siento sana!

Y ahí entendí que aunque mi cuerpo físico dejara de funcionar, todo continúa siendo perfecto en el grandioso tapiz/entramado de la vida, ya que realmente nunca morimos.

Todavía estaba consciente y lúcida de cada detalle que se desenvolvía ante mí, cuando observaba al equipo médico transportando mi cuerpo casi sin vida a la unidad de cuidados intensivos. Ellos me rodeaban en un frenesí emocional, conectándome a las máquinas, e insertándome agujas y tubos.

No sentí ningún apego a mi cuerpo casi inerte mientras yacía en la cama del hospital. No sentía que fuera mío. Se veía demasiado pequeño e insignificante como para contener aquello que yo estaba experimentando. Me sentí libre, liberada y magnificente! Cada dolor, molestia, tristeza y sufrimiento habían desaparecido. Estaba completamente libre de cargas y no podía recordar haberme sentido así nunca antes.
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