Breve reseña teorico-historica de la institucion penitenciaria






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BREVE RESEÑA TEORICO-HISTORICA DE LA INSTITUCION PENITENCIARIA
MARIA YELA.

ESQUEMA:
I. INTRODUCCION.

II. ANALISIS DE LA SITUACION.

III. TEORIAS DE LA DELINCUENCIA

IV. DEFINICION DE DELINCUENTE.

V. CARACTERISTICAS DEL DELINCUENTE.

VI. APARICION DE LAS PRISIONES COMO RESPUESTA A LA DELINCUENCIA.

VII. CARACTERISTICAS, EFECTOS Y MODOS DE ADAPTACION A LA PRISION.

VIII.LA REFORMA PENITENCIARIA EN ESPAÑA.

IX. EL TRATAMIENTO PENITENCIARIO.

X. VALORACION.

2.

I. INTRODUCCION.
“Al viento,

la cara al viento,

El corazón, las manos, los ojos

al viento del mundo.

Y todos, todos llenos de noche,

buscando la luz, buscando la paz,

buscando a Dios

al viento del mundo”. Raimon.
Cuando yo nací estaba surgiendo “Al vent” y se escuchaba el “Roc de la cárcel”. Paralelos a mis primeros pasos corrieron los del primer gabinete de Psicología de la prisión de Carabanchel gracias al esfuerzo de D. Jesús Alarcón Bravo, entre otros profesionales de los que tomamos hoy el testigo.
Siendo yo adolescente me impactaron las imágenes de los presos subidos al tejado durante los motines que siguieron a la muerte de Franco. Algunos profesores (Valverde, Ferrero, Polaino, Jimenez Burillo, García Valdés, Bueno Arús, Corrochano...), algunos hechos (las reformas sociales surgidas en la transición política), algunas reflexiones (“la muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca preguntes por quién doblan las campanas: doblan por tí.” Hemingway), y algunas experiencias (entrar como voluntaria a dar clases de idiomas en el Reformatorio de Carabanchel) marcaron mi futuro profesional.
Tras 20 años de trabajo en prisiones me invitan a reflejar en estas letras un acercamiento a la realidad penitenciaria y al papel del psicólogo en un medio tan peculiar como éste con el fin de orientar a futuros profesionales. Agradezco esta ocasión para reflexionar en voz baja y alta, sola y con otros, sobre este trabajo peculiar, desarrollado en un escenario singular, complejo y desconocido pese a aparecer con frecuencia en los medios de comunicación y en multitud de películas. Desconocida y poco reconocida es también nuestra función en él, así como el esfuerzo de muchos presos por avanzar y superar las dificultades que les llevaron a cumplir penas de prisión, “llenos de noche, buscando la luz”, como indica Raimon.
En este capítulo intentaré ofrecer una breve exposición teórica acerca de este problema y de las respuestas sociales habilitadas al respecto. En el siguiente capítulo profundizaré en el papel del psicólogo en la prisión (apoyada en anteriores reflexiones realizadas en el seno del Colegio de Psicólogos. Ver Yela 98). Una vez más queda patente la discordancia entre lo que debe ser y lo que es,y el papel del psicólogo en un intento por acercar ambos extremos.

II. ANALISIS DE LA SITUACION.
Hace un siglo, en 1895, escribía DURKHEIM : “contrariamente a las ideas corrientes, el criminal ya no aparece como un ser radicalmente insociable, como una especie de elemento parásito, de cuerpo extraño e inasimilable introducido en el seno de la sociedad; es un agente regular de la vida social”
Por ello es necesario el estudio de la conducta delictiva, de sus “causas”, su “tratamiento” y la “prevención” de nuevos comportamientos desviados, jugando el psicólogo un importante papel en todo ello.
¿Cómo responde nuestra sociedad, nuestros vecinos, las víctimas de los delitos, nosotros mismos ante las infracciones?
Existen disparidad de posturas, desde deseo de retribución y necesidad de seguridad hasta una actitud justificativa de los delitos, pasando por posturas que apuestan por un trabajo de mediación infractor-víctima o por programas terapeúticos de intervención correctamente diseñados. ¿Son irreconciliables todas estas posiciones?.
Existe un profundo escepticismo hacia la doble labor encomendada por mandato constitucional a la institución penitenciaria: por una parte retener y por otra intentar dotar de herramientas con las que superar carencias que permitan acceder a la libertad en mejores condiciones.
¿Son excluyentes estos dos principios legales como muchos vienen sosteniendo en los últimos 30 años?. Se alaba la ley, pero no estamos satisfechos del desarrollo de la misma. Es frecuente caer en el reduccionismo de ver perversión de fondo en las actuaciones de la institución penitenciaria. Más bien se trata de una aplicación compleja y difícil en la que los esfuerzos no se traducen suficientemente en avances. Somos seres humanos trabajando con seres humanos y enmarañados en múltiples problemas: dureza ambiental que genera desconfianza recíproca, exceso de burocracia, insuficiente reciclaje, etc.
¿Es el encierro por sí mismo aleccionador o sólo contribuye a la despersonalización de los que lo sufren?.
¿Puedo como psicóloga contribuir a que este tiempo de prisión se convierta en un momento de reflexión, en un punto de inflexión a partir del cual alcance el preso ( o al menos alguno) vislumbrar otras opciones de vida, o más bien contribuyo a perpetuar un orden político-económico injusto?.
Queda mucho por hacer pero es justo reconocer lo mucho que se está haciendo, aún así, ¿Es suficiente y racional la enorme inversión económica,reivindicada por los presos en los años 70 y realizada por Instituciones Penitenciarias en materia arquitectónica, sanitaria y alimentaria durante la última década?. ¿No han quedado relegadas otras áreas como la formativa y la personal?.

4.

¿Quiénes están encarcelados?, ¿cómo son?. Se trata de personas, muy diversas entre sí, que han cometido un acto que nuestro Código Penal señala como delito, causando daño a una víctima, y ante el que un juez estima necesario aplicar medida de prisión. Alguna de estas personas manifiesta anomalías psicológicas, pero más bien se trata de personas con problemas sociales severos (fracaso escolar, drogodependencias...) que se consolidadn al buscar el adolescente aprobación de sus iguales. Hagamos un breve repaso sobre las diferentes explicaciones teóricas.

III. TEORIAS DE LA DELINCUENCIA.
Desde que en el S. XVIII apareció la Escuela Clásica, múltiples ciencias han intentado explicar el fenómeno de la delincuencia fijándose en factores sociales unas veces o en variables individuales (psicológicas y/o biológicas) otras.

Debido a la brevedad del tiempo y el espacio del que dispongo simplemente las enumeraré, pudiéndose encontrar mayor información en los libros de Bayón (1997), Clemente (1982,1989), Echeburúa (1988, 1994), García (1985), Garrido Genovés (1980, 1982, 1992 1993 y 1998), Jimenez Burillo (1982), Redondo (1983 1992), Rios(1994,1998), Valverde (1991,1993) que cito en la bibliografía. En el de J. García encontramos el siguiente esquema explicativo de la teorías de la delincuencia:

2.1. Escuela Clásica: Beccaria, etc. Se entiende el comportamiento delictivo como un acto racionalmente elegido y se regula la justicia y los castigos en relación al perjuicio social del hecho.

2.2. Teorías individualistas: Lombroso, Goring, Garofalo, Ferry; además de Eysenck, Lange, Sheldon, Jacobs, etc. Explican a través de teorías biológicas o psicológicas las razones de la delincuencia (estudios con gemelos, cromosomáticos, de lesiones cerebrales, síndromes premenstruales, etc.). Pinatel es el máximo representante de la “Criminología clínica”, con un extenso estudio de la personalidad del delincuente y su diagnóstico.

2.3. Enfoques multifactoriales: Entre otros estudios cabe destacar los de Glueck y Glueck que propusieron indicadores que diferenciaban delincuentes de no delincuentes.

2.4. Teorías psicosociales y sociobiológicas: Feldman, Glaser, Kelley, Jones, etc con las aportaciones sobre aprendizajes sociales, anticipación diferencial, atribución, etc.

2.5. Teorías situacionales: Defienden razones ambientales tales como paro y escasa vigilancia, como motivos que facilitan la comisión de delitos.

2.6. Teorías sociológicas: Explican la delincuencia en el contexto de la estructura social, el proceso social y la reacción social. Teoría de la anomia (Merton), la oportunidad (Cloward y Ohlin), la subcultura (Thrasler), la asociación diferencial (Sutherland), la desviación social (Wilkins), del etiquetado o “labelling” (Lemert), nueva criminología o criminología crítica (Taylor, Walton y Young).

2.7. Teorías psicológicas: Modelo psicoanalítico (Freud, Aicchorn, Bowlby) que destaca la baja tolerancia a la

5.

frustación, el fuerte egocentrismo, la ausencia del sentimiento de culpa,etc, por un deficiente funcionamiento del “yo”... Modelo biológico-conductual (Eysenck, etc), encuentra fallos en el condicionamiento del proceso de socialización; Modelo socio-cultural (Bandura, etc) construye su teoría sobre el aprendizaje instrumental y el vicario; Modelo cognitivo (Kolberg), sobre el desarrollo moral; Modelo factorialista (Hathaway y Monachesi) sobre personalidad, Alarcón y Purón sobre inteligencia..., etc. Garrido Genovés (1998) expone los más recientes intentos explicativos siguiendo el modelo general de prevención de Bloom, el de competencia social de Andrew, el de inteligencia emocional de Goleman, así como en programas de intervención con drogodependientes, etc.

Radzonpwicz ante tal diversidad de teorías opina: “estoy convencido de que el intento unilateral de explicar todos los delitos mediante una teoría, debería abandonarse junto a expresiones tales como “causalidad del delito”. Lo más importante que podemos hacer es proyectar luz sobre factores o circunstancias asociados con varios géneros de delito.”

IV. DEFINICION DE DELINCUENTE.
En la tesis doctoral de J. Valverde (1991), se puede encontrar una diferenciación interesante entre conceptos relacionados tales como: marginación, inadaptación, anormalidad, desviación, delincuencia, etc. Él denomina delincuente, no ya a quién no participa de los valores, normas, etc, de nuestra sociedad (quién es considerado un inadaptado), sino a aquel cuya conducta entra en abierto enfrentamiento con ella.

Ya que es difícil encontrar un término más adecuado continuaré empleando el de “delincuente”, teniendo en cuenta que ha caído el mito de la personalidad criminal: no se es delincuente, se actúa como tal.


V. CARACTERISTICAS DEL DELINCUENTE.
Aún sabiendo que no es fácil confeccionar un “retrato robot” del delincuente, ya que en su comportamiento inciden variables tan diferentes como el tipo de delito cometido, el escenario del mismo, la trayectoria marginal, los grupos de referencia, las actitudes y aptitudes, los factores constitucionales y ambientales, etc; huyendo de un posible efecto de “etiquetado” y una vez comprobado que existen personas con antecedentes y condiciones similares que no son delincuentes, sí cabe señalar unas características sociopersonales resaltables, interrelacionadas y compartidas por la mayoría de los individuos que cometen delitos, que son discutibles y que están basadas en las teorías ya enumeradas.

4.1 Inteligencia: El cociente intelectual de los detenidos es menor que el de la población general (aunque hay que señalar

6.

que los test empleados presentan saturación cultural). El índice menor de inteligencia no es causa directa de criminalidad, pero impide un desarrollo correcto de las aptitudes.

4.2. Edad: El mayor porcentaje gira en torno a los 18-25 años.

4.3. Sexo: Las mujeres cometen un 9% de delitos, correspondiendo a los varones el resto del porcentaje.

4.4 Raza: El mayor porcentaje proporcional corresponde a las minorías étnicas, no suponiendo ello una tendencia a la delincuencia, sino unos factores culturales y sociales facilitadores de la conducta delictiva.

4.5 Perfil personal: Enumeraré características que se detectan en los delincuentes tanto cognitiva como emocional y conductualmente:

-Escasa capacidad de juicio y planificación para alcanzar los objetivos definitivos.

-Rigidez y autoritarismo.

-Imprevisibilidad de la conducta.

-Espíritu aventurero.

-Sobrestimación de los objetivos y recompensas inmediatos en cuanto opuestos a los diferidos.

-Precocidad sexual.

-Asunción de responsabilidades para las que no están preparados.

-Falta de sentido de realidad.

-Falta de voluntad y previsión para asumir compromisos a largo plazo.

-Falta de análisis de las consecuencias de sus acciones.

-Incapacidad de sometimiento a la autoridad.

-Asunción de valores marginales y delincuenciales (subculturales).

-Sugestionabilidad.

-Egocentrismo.

-Carencia del sentimiento de culpabilidad.

-Actitud hostil y escaso autocontrol.

-Capacidad de realizar actos de violencia y crueldad sin aparentes remordimientos.

-Expresión directa e impulsiva de los sentimientos.

-Aparente incongruencia entre la fuerza del estímulo y la magnitud de la respuesta.

-Violencia y agresividad física y verbal incontroladas.

-Desconfianza y resentimiento.

-Mentira sistemática.

-Intereses prácticos.

-Búsqueda de prestigio.

-Hedonismo.

-Derroche económico.

-Relato frívolo de sus experiencias acentuando valores de fuerza.

-Sentimientos de frustación e inferioridad.

-Carencia de intimidad.

-Dificultad para expresar emociones.

-Frialdad afectiva.

-Ansiedad.

-Hiperactividad.

-Falta de sensibilidad aparente.

7.

-Incapacidad para establecer y mantener profundas relaciones.

-Aislamiento social o reducción en el número de amistades.

-Despreocupación por los derechos de los demás, en cuanto puedan interferir en la propia satisfacción personal.

-Aparente carencia de preocupación y solidaridad con respecto a desajustes sociales e incapacidad para considerar el desajuste como tal.

-Oscilaciones de humor.

-Aprendizaje escolar deficiente.

-Desorientación laboral.

-Limitación de recursos intelectuales y de habilidades sociales (aunque no todos carecen de habilidades, sino todo lo contrario).

-Escasa gratificación en el área laboral.

-Escasa posibilidad de promoción.

-Asunción de la delincuencia como realización “laboral” alternativa.

-Educación laxa o superestricta por parte de los padres.

-Problemas de alimentación.

-Problemas familiares (tamaño, abandono)

-Drogodependencia con los correspondientes deterioros que ello conlleva.
Pese a las características negativas señaladas, también existen indicadores de comportamiento positivos que potenciar para su reconstrucción como personas. En el siguiente capítulo nos centraremos en la intervención basada más en las capacidades que en las limitaciones.

VI. APARICION DE LA PRISION COMO RESPUESTA A LA DELINCUENCIA.
Históricamente, la primera función de la privación de libertad fue la CUSTODIA del individuo acusado de haber cometido un delito para asegurar su comparecencia en el juicio y la posterior aplicación de la pena dictada (generalmente, muerte, mutilación, azotes, etc). A partir de los S. XVII y XVIII según C. Gª. Valdés (1980) la privación de libertad va convirtiéndose en auténtica pena debido fundamentalmente a la filosofía más humanista imperante en la época y al servirse el estado de la mano de obra barata que suponían los presos.

Así la prisión conservando su función PROCESAL adquirió una función típicamente PENAL: retribución y castigo del condenado, prevención general o ejemplo disuasor para los ciudadanos, protección para la sociedad al aislar a los criminales durante un periodo de tiempo. A partir del S. XIX con los sistemas celulares de los cuáqueros en Norteamérica y los sistemas progresivos en Europa la pena privativa de libertad comienza a contemplarse desde el punto de vista de la PREVENCION ESPECIAL, de la reforma del recluso a través de una organización represiva y moralizante del cumplimiento de la pena: disciplina, trabajo, castigo, oración.

Tras la Segunda Guerra Mundial, disminuyendo la severidad de las condiciones regimentales, se va introduciendo en las prisiones algún programa de tratamiento. Se trata de un nuevo modelo de prisión: el modelo REHABILITADOR. La constatación de los graves efectos negativos que la prisión conlleva, ha

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provocado actualmente una grave crisis del internamiento clásico y una búsqueda de sustitutivos penales como la suspensión del fallo o “probation”, la remisión condicional de la pena, los arrestos de fin de semana, el trabajo de utilidad social o las multas.

Carlos García Valdés (1980) distingue dos tesis irreconciliables: la reformista y la revolucionaria o abolicionista, mostrándose partidario de la primera al declarar: “ creo firmemente que no es la hora de cerrar las prisiones...reformar, rectamente entendido, es siempre hacer algo mejor; destruir sin alternativa válida alguna, es ofrecer el desorden absoluto”.
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