Alerta de alcohol: Entendiendo las interacciones alcohol-medicamentos






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fecha de publicación19.07.2015
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Alerta de alcohol: Entendiendo las

interacciones alcohol-medicamentos


Adaptado del National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism por EBSCO Publishing Editorial Staff

Muchos medicamentos pueden interactuar con el alcohol, llevando a un riesgo incrementado de enfermedad, lesión o muerte. Se estima que las interacciones alcohol-medicamentos pueden ser un factor en al menos 25 por ciento de todas las admisiones a la sala de emergencia. Un número desconocido de interacciones menos serias puede ser irreconocible o imposible de registrar.

La gente que toma bebidas alcohólicas debe estar consciente de que el uso simultaneo de alcohol y medicamentos -tanto recetados como sin receta- tiene el potencial de causar problemas. Por ejemplo, incluso cantidades muy pequeñas de alcohol probablemente no deben usarse con histaminas y otros medicamentos con efectos sedantes.

La gente que toma grandes cantidades de alcohol puede toparse con problemas cuando se toman medicamentos usados comúnmente (por ejemplo, acetaminofeno) al mismo tiempo o poco después de que se hayan dejado de tomar.

Aunque también el alcohol puede interactuar con las drogas, el término "drogas" se usa aquí para referirse exclusivamente a medicamentos de receta o sin receta.

¿Qué tan comunes son las interacciones alcohol-medicamentos?


Considere estas estadísticas:

  • Los doctores escriben 14 billones de recetas anualmente

  • La gente puede comprar cualquiera de los 2,000 diferentes medicamentos sin receta

  • Aproximadamente 70 por ciento de los adultos estadounidenses toman alcohol al menos ocasionalmente

  • Diez por ciento de los adultos estadounidenses toman diariamente

  • Cerca de 60 por ciento de los hombres y 30 por ciento de las mujeres han tenido uno o más eventos adversos de vida relacionados al alcohol

La gente mayor puede estar especialmente propensa a mezclar medicamentos y alcohol y están en riesgo particular de las consecuencias adversas de tales combinaciones. Esto es porque la gente mayor está tomando medicamentos con frecuencia y los cambios relacionados a la edad en el cuerpo los hacen más susceptibles a los efectos secundarios negativos.

Cómo interactúan el alcohol y los medicamentos


Para ejercer su efecto deseado, un medicamento debe viajar generalmente a través del torrente sanguíneo a su sitio de acción, donde produce algún cambio en el órgano o tejido. Los efectos del medicamento disminuyen entonces al ser procesados (metabolizados) por las enzimas y eliminados del cuerpo. El alcohol se comporta de forma similar, viajando a través del torrente sanguíneo, actuando sobre el cerebro para causar intoxicación y finalmente siendo metabolizado y eliminado, principalmente por el hígado.

La extensión a la cual el medicamento llega a su sitio de acción puede llamarse su disponibilidad. El alcohol puede influir la efectividad de un medicamento al cambiar su disponibilidad. Típicamente las interacciones alcohol-medicamentos incluyen las siguientes:

Una dosis aguda de alcohol (un solo trago o varios tragos por varias horas) puede inhibir el metabolismo de un medicamento al competir con el medicamento por el mismo conjunto de enzimas metabolizadoras. Esta interacción prolonga y aumenta la disponibilidad del medicamento, incrementando potencialmente el riesgo del paciente de experimentar efectos secundarios perjudiciales del medicamento.

La ingestión crónica (de largo plazo) de alcohol puede activar las enzimas metabolizantes del medicamento, disminuyendo así la disponibilidad del medicamento y disminuyendo sus efectos. Después de que estas enzimas han sido activadas, permanecen tan uniformes en ausencia de alcohol, afectando el metabolismo de ciertos medicamentos por varias semanas después del cese de tomar. Así, un bebedor crónico recientemente abstinente puede necesitar dosis mayores de medicamentos a las requeridas por los no bebedores para lograr los niveles terapéuticos de ciertos medicamentos.

Las enzimas activadas por el consumo crónico de alcohol transforma algunos medicamentos en químicos tóxicos que pueden dañar el hígado u otros órganos.

El alcohol puede ampliar los efectos inhibidores de los medicamentos sedantes y narcóticos en sus sitios de acción en el cerebro.

Para añadir a la complejidad de estas interacciones, algunos medicamentos afectan el metabolismo del alcohol, alterando así su potencial de intoxicación y los efectos adversos asociados con el consumo de alcohol.

Algunas interacciones específicas


Anestésicos. Los anestésicos se dan antes de la cirugía para hacer a un paciente inconsciente e insensible al dolor. El consumo crónico de alcohol incrementa la dosis de propofol (Diprivan) 1 requerida para inducir la pérdida de conciencia. El consumo crónico de alcohol también incrementa el riesgo de daño hepático que puede ser causado por los gases anestésicos enflurano (Ethrane) y halotano (Fluothane).

Antibióticos. Los antibióticos se usan para tratar enfermedades infecciosas. En combinación con el consumo agudo de alcohol, algunos antibióticos pueden causar náuseas, vómito, dolor de cabeza y posiblemente convulsiones. Entre estos antibióticos están:

  • Furazolidona (Furoxona)

  • Griseofulvina (Grisactin y otros)

  • Metronidazol (Flagyl)

  • Quinacrina (Atabrine), un medicamento antimalaria

La isoniazida y la rifampina se usan juntas para tratar la tuberculosis, una enfermedad especialmente problemática entre los mayores y entre los alcohólicos sin hogar. El consumo agudo de alcohol disminuye la disponibilidad de isoniazida en el torrente sanguíneo, mientras el uso crónico de alcohol disminuye la disponibilidad de rifampina. En cada caso, la efectividad del medicamento puede ser reducida.

Anticoagulantes. La warfarina (Coumadin) se receta para disminuir la velocidad de la capacidad de la sangre para coagular. El consumo agudo de alcohol incrementa la disponibilidad de warfarina, incrementando el riesgo del paciente de eventos de sangrado amenazadores de la vida llamados hemorragias. El consumo crónico de alcohol reduce la disponibilidad de warfarina, disminuyendo la protección del paciente de las consecuencias de los trastornos de coagulación sanguínea.

Antidepresivos. El alcoholismo y la depresión están frecuentemente asociadas, llevando al alto potencial de interacciones alcohol-medicamentos. El alcohol aumenta el efecto sedativo de los antidepresivo tricíclicos tal como la amitriptilina (Elavil y otros), dañando las habilidades mentales requeridas para conducir. El consumo agudo de alcohol incrementa la disponibilidad de algunos tricíclicos, potencialmente incrementando sus efectos sedativos. El consumo crónico de alcohol parece incrementar la disponibilidad de algunos tricíclicos y disminuir la disponibilidad de otros. La importancia de estas interacciones es poco clara. Estos efectos crónicos persisten en alcohólicos recuperados.

Un químico llamado tiramina, encontrado en algunas cervezas y vinos, interactúa con algunos antidepresivos, tal como los inhibidores monoaminooxidasa, para producir un aumento peligroso en la presión arterial. Tan poco como un trago incrementa el riesgo de que esta interacción ocurra.

Medicamentos antidiabéticos. Los medicamentos hipoglicémicos orales son recetados para ayudar a disminuir los niveles de azúcar en la sangre en algunas personas con diabetes. El consumo agudo de alcohol prolonga y el consumo crónico de alcohol disminuye, la disponibilidad de tolbutamida (Orinase). El alcohol también interactúa con algunos medicamentos de esta clase para producir síntomas de náuseas y dolor de cabeza tales como los descritos para el metronidazol (vea "Antibióticos").

Antihistaminas. Los medicamentos como la difenhidramina (Benadryl y otros) están disponibles sin receta para tratar los síntomas alérgicos y el insomnio. El alcohol puede intensificar la sedación causada por algunas antihistaminas. Estos medicamentos pueden causar mareos excesivos y sedación en la gente mayor. Los efectos de combinar alcohol y antihistaminas pueden por tanto ser especialmente significativos en esta población.

Medicamentos antipsicóticos. Los medicamentos tales como la clorpromazina (Thorazine) son usados para disminuir los síntomas psicóticos tal como las ilusiones y alucinaciones. El consumo agudo de alcohol incrementa el efecto sedativo de estos medicamentos, resultando en coordinación dañada y dificultades de respiración potencialmente fatales. La combinación de ingestión crónica de alcohol y medicamentos antipsicóticos pueden resultar en daño hepático.

Medicamentos antiataques. Estos medicamentos se recetan principalmente para tratar la epilepsia. El consumo agudo de alcohol incrementa la disponibilidad de fenitoína (Dilantin) y el riesgo de efectos secundarios relacionados al medicamento. El tomar crónico puede disminuir la disponibilidad de fenitoína, reduciendo significativamente la protección del paciente contra los ataques epilépticos, incluso durante un período de abstinencia.

Medicamentos antiúlceras. Los medicamentos antiúlceras comúnmente recetados cimetidina (Tagamet) y ranitidina (Zantac) incrementan la disponibilidad de una dosis baja de alcohol bajo ciertas circunstancias. La importancia clínica de este hallazgo es incierto, debido que otros estudios han cuestionado tal interacción a dosis mayores de alcohol.

Medicamentos cardiovasculares. Esta clase de medicamentos incluye una amplia variedad de medicamentos recetados para tratar las enfermedades del corazón y el sistema circulatorio. El consumo agudo de alcohol interactúa con algunos de estos medicamentos para causar mareos o desmayos al estar de pie. Estos medicamentos incluyen nitroglicerina, usada para tratar la angina y los siguientes medicamentos usados para tratar la presión arterial alta:

  • Reserpina

  • Metildopa (Aldomet)

  • Hidralazina (Apresoline y otros)

  • Guanatidina (Ismelin y otros)

El consumo crónico de alcohol disminuye la disponibilidad del propranolol (Inderal), usado para tratar la presión arterial alta, reduciendo potencialmente su efecto terapéutico.

Aliviadores de dolor narcóticos. Estos medicamentos son recetados para dolor de moderado a severo. Incluyen los opiatos morfina, codeína, propoxifeno (Darvon) y meperidina (Demerol). La combinación de opiatos y alcohol incrementa el efecto sedativo de ambas sustancias, incrementando el riesgo de muerte por sobredosis. Una sola dosis de alcohol puede incrementar la disponibilidad de propoxifeno, incrementando potencialmente sus efectos secundarios sedativos.

Aliviadores de dolor no narcóticos. Los analgésicos aspirina y similares sin receta son usados comúnmente por la gente mayor. Algunos de estos medicamentos causan sangrado estomacal e inhiben la coagulación sanguínea: El alcohol puede exacerbar estos efectos. La gente mayor que mezcla bebidas alcohólicas con grandes dosis de aspirina para autorrecetarse para el dolor están por tanto particularmente en alto riesgo de episodios de sangrado estomacal. Además, la aspirina puede incrementar la disponibilidad de alcohol, elevando los efectos de una dosis dada de alcohol.

La ingestión crónica de alcohol activa las enzimas que transforman el acetaminofeno (Tylenol y otros) en químicos que pueden causar daño hepático, aun cuando el acetaminofeno sea usado en cantidades terapéuticas estándares. Estos efectos pueden ocurrir con tan poco como 2.6 gramos de acetaminofeno en personas que consumen ampliamente cantidades variables de alcohol.

Sedantes e hipnóticos ("pastillas para dormir"). Las benzodiazepinas tal como el diazepam (Valium) se recetan generalmente para tratar la ansiedad y el insomnio. Los barbitúricos principalmente se usan en el tratamiento de emergencia de convulsiones.

Las dosis de benzodiazepinas que son excesivamente sedantes pueden causar somnolencia severa en la presencia de alcohol, incrementando el riesgo de accidentes caseros y automotrices. Esto puede ser cierto especialmente en la gente mayor, que demuestra una respuesta incrementada a estos medicamentos. Las dosis bajas de flurazepam (Dalmane) interactúan con bajas dosis de alcohol para dañar la capacidad de conducir aun cuando el alcohol sea ingerido en la mañana después de tomar Dalmane. Ya que los alcohólicos sufren con frecuencia de ansiedad e insomnio, y debido a que muchos de ellos toman tragos matutinos, esta interacción puede ser peligrosa.

La benzodiazepina lorazepam (Ativan) está siendo usada crecientemente por sus efectos antiansiedad y sedativos. La combinación de alcohol y lorazepam puede resultar en funciones deprimidas de corazón y respiración: Por tanto, el lorazepam no debe ser administrado a los pacientes intoxicados.

El consumo agudo de alcohol incrementa la disponibilidad de los barbitúricos, prolongando sus efectos sedativos. El consumo crónico de alcohol disminuye la disponibilidad del barbitúrico a través de la activación enzimática. Además, el consumo agudo o crónico aumenta el efecto sedativo de los barbitúricos en su sitio de acción en el cerebro, a veces llevando a depresión respiratoria fatal.

Fuente: National Institute on Alcohol Abuse and Alcoholism, October 2000

Última revisión Diciembre 2001 por EBSCO Publishing Editorial Staff

La información aquí suministrada complementa la atención recibida por su médico. De ninguna forma intenta sustituir el consejo de un professional medico. LLAME A SU MEDICO DE INMEDIATO SI PIENSA QUE PODRIA TENER UNA EMERGENCIA. Siempre busque consejo médico antes de comenzar un nuevo tratamiento o si tiene preguntas sobre una condición médica.






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