Gran ruptura, una interrupción de las corrientes anteriores






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LA NOVELA ESPAÑOLA EN EL SIGLO XX
1. La novela de posguerra: las novelas inaugurales de los años 40 (Cela, Laforet, Delibes)
LA NOVELA DE POSGUERRA
La guerra, que sume a la población en la miseria, supone para la cultura una gran ruptura, una interrupción de las corrientes anteriores. Después de la guerra civil la vida literaria española tiene grandes dificultades: muchos escritores han muerto (Unamuno, Valle-Inclán) y la mayoría están exiliados o viven un exilio interior (F. Ayala, Ramón J. Sénder…). El contacto con la literatura extranjera se pierde, por lo que la desorientación cultural es muy acusada. Las nuevas circunstancias políticas y la censura impiden que se siga con la novela de corte social que se venía haciendo desde la década de los treinta. Esas mismas circunstancias históricas (miseria, desigualdades, falta de libertades, etc...) hacen que pierda sentido otra de las tendencias novelísticas anteriores a la Guerra: la novela deshumanizada y vanguardista.

Los escritores toman como maestro a Pío Baroja, el único que parece conectar con sus preocupaciones. Es una época de búsqueda, por lo que se cultivan, además del realismo barojiano, otros tipos de novela: la novela psicológica, la heroica, la poética y simbólica... Se tiende al realismo, pero entendiendo por él la atención a la realidad presente y concreta, a las circunstancias reales del tiempo y del lugar en que se vive.
Surgen tres direcciones:

- La existencia del hombre contemporáneo en situaciones extremas que lo ponen a prueba (novela existencial); se da a conocer hacia los años 40.

- El vivir de la colectividad en estados de crisis y en los que son necesarios una solución (novela social); aparece alrededor de los años 50.

- El conocimiento de la persona mediante el estudio de su conciencia y su contexto social (novela estructural); sus escritores crean sus obras en los años 60 y 70.


LAS NOVELAS INAUGURALES DE LOS AÑOS 40
Si durante los primeros años de la posguerra la poesía alcanza gran desarrollo, la novela está estancada hasta 1945 aproximadamente, en que se instaura el premio Nadal. La novela española necesitaba comenzar de nuevo, buscar un nuevo camino, y ese hecho explica que encontremos múltiples tendencias novelísticas:

a. Novela triunfalista, que defiende las nuevas circunstancias políticas del país. Esta novela defiende los valores tradicionales (Dios, Patria, Familia) y justifica la Guerra Civil Es lo que hace, por ejemplo, Agustín de Foxá en Madrid, de corte a checa.
b. Novela psicológica. Se basa en el análisis del carácter y comportamiento de los personajes desde unas técnicas tradicionales realistas.
c. Novela poética. Sigue la línea de las novelas líricas de Gabriel Miró, donde lo fundamental no era la historia narrada, sino el trabajo técnico y formal sobre la palabra.
d. Novela simbólica. Encontraremos novelas en las que los personajes funcionan como símbolos de ideas o conflictos: algunas novelas de Unamuno; José Antonio Zunzunegui.
e. Tremendismo. La inicia Camilo J. Cela con La familia de Pascual Duarte, 1942. Son novelas que retratan un mundo y unos personajes dominados por la violencia y la miseria.
f. Novela existencial. Se inicia con la novela Nada de Carmen Laforet en 1945, y continuada en 1948 por Miguel Delibes con La sombra del ciprés es alargada. Estas novelas reflejarán el tema de la angustia existencial y la frustración de las vidas cotidianas.
La novelística de los años 40 va ser, esencialmente, de corte existencial. La característica más importante de estas novelas es el reflejo amargo de la vida cotidiana. Los temas son: la soledad, la inadaptación, la muerte, la frustración, sentimiento de angustia, propio del existencialismo. Abundan los personajes marginados, angustiados, desorientados.

En cuanto a la técnica y el lenguaje, las novedades son escasas, los autores siguen las formas tradicionales: Narración cronológica lineal. Narrador en tercera persona (si bien veremos algún cambio, como en la novela de Cela). Ausencia de saltos temporales. Estas novelas se caracterizan por su sencillez.

Vemos cómo dos fechas destacan en el nuevo arranque del género: 1942, con La familia de Pascual Duarte de Cela y 1945, con la obra Nada de Carmen Laforet. Puede añadirse, en 1947, Miguel Delibes, con su primera novela, La sombra del ciprés es alargada :
- La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela

Inicia la corriente denominada tremendismo, al profundizar el relato en los aspectos más crudos de la realidad: miseria, violencia… Pascual Duarte es un campesino dominado por sus instintos vengativos y violentos, que escribe su vida antes de ser ejecutado, con la intención de descargar su conciencia.

Se centra en el determinismo ejercido por las circunstancias sociales y familiares: el protagonista se presenta como víctima de un origen familiar y social miserable que determinará su carácter y sus abominables actos. Cela emplea el recurso del manuscrito encontrado (la supuesta autobiografía de Pascual) como eje de la novela, al que acompañan otros documentos incorporados por el “transcriptor”, que declara su intención de ofrecer un modelo de conducta que no debe imitarse.

- Nada, de Carmen Laforet

Ganó la primera edición del premio Nadal en 1944. Se narra en primera persona la experiencia de Andrea, una muchacha que, en los años posteriores a la Guerra Civil, llega como estudiante a Barcelona. Ella había imaginado un mundo idílico en esa experiencia, pero pronto chocará con la realidad de los conflictos con unos personajes que viven atormentados por sus frustraciones y en los que afloran las pasiones más primitivas (odio, egoísmo, intolerancia, instinto de supervivencia…). Ese ambiente cada vez más hostil para Andrea termina por convertir su estancia en Barcelona en una “nada” desoladora.

- La sombra del ciprés es alargada, de Miguel Delibes

Con esta obra, su primera novela, se dio a conocer Delibes al conseguir el Premio Nadal de 1947. Pedro, el protagonista y narrador de esta historia, es huérfano y queda confiado por un tío suyo al señor Lesmes, que regenta una academia de segunda enseñanza en su propio piso de Ávila. Allí se alojará como pupilo el niño, rodeado de un mundo «de reglas fijas, inconmovibles, y de mezquinos horizontes». La educación que recibe le impulsa a desconfiar de los demás, del engaño de los sentimientos y de cualquier compromiso. Con el despertar del uso de razón surgirá un extraño temor a la muerte, personificada en la sombra del ciprés, un árbol que parece un espectro, y sus frutos «calaveritas pequeñas». Cuando, completada su educación, se haga marino y comience a recorrer el mundo, persistirá ese pesimismo radical que parece confirmarse por una absurda guerra. Está ya «maduro para el dolor» y dispuesto a afrontar su mayor reto: sucumbir a los lazos del corazón o afirmar su alma retorcida. Narrada con sencillez y emoción, esta novela anuncia ya los temas fundamentales de la obra de Delibes: la recuperación de la infancia, la temprana presencia de la muerte, el pesimismo como tentación contra la fe y la vida, la indagación en el sentido del dolor, el papel crucial del amor en las relaciones interpersonales.

En conjunto no puede hablarse de una novela social. Más que los testimonios sobre la España de la época, lo característico de los años 40 es la transposición del malestar social a la esfera de lo personal. La censura hace imposible cualquier intento de denuncia social. Temáticamente, las novelas de este período girarán en torno a la amargura de las vidas cotidianas, la soledad, la inadaptación, la muerte y a frustración. Las causas de esta amargura vital se encuentran en la sociedad de la España de los años cuarenta, marcada por la pobreza, la incultura, la violencia, la persecución política, la falta de libertades... Pero en ninguna de estas novelas encontraremos una crítica o denuncia directa. Para eso habrá que esperar a los años cincuenta.

2. El realismo social en algunas novelas de los años 50:

Temas. Técnicas y estilo. Títulos emblemáticos

(La colmena, de Cela; El Jarama, de Sánchez Ferlosio)
EL REALISMO SOCIAL
En la década de los cincuenta la censura se relaja y esto permite la aparición de novelas en las que la denuncia de la pobreza, la persecución y la injusticia son los temas predominantes. A esta tendencia se ha llamado novela social y no es exclusivamente española.

Aparecen nuevos escritores, inquietos, que se encaminan hacia el llamado "realismo social". El francés Jean Paul Sartre define esta “Literatura social”: “La literatura no debe reflejar solo la realidad, sino explicarla e, incluso, transformarla”. Se aleja del realismo del siglo XIX que pretendía exclusivamente reflejar la sociedad, sin opinar sobre ella. Sartre, muy influido por el pensamiento marxista, opina que el arte debe aspirar a transformar las cosas. La literatura es un arma más con la que combatir la injusticia. “El escritor tiene una función social, y será cómplice de la opresión si no se alía con los oprimidos”. “No se es escritor por decir ciertas cosas, sino por decirlas de cierta manera”.

Inspirándose en Sartre, consideran que la misión que debe tener el escritor es hacerse eco de las luchas sociales y tomar partido ante ellas; no sólo debe reflejar la realidad, sino explicarla y desear transformarla. Cabe destacar el manifiesto de Alfonso Sastre, en 1958, que dice: "Lo social es una característica superior a lo artístico. Preferiríamos vivir en un mundo justamente organizado y en el que no hubiera obras de arte a vivir en otro injusto y florecido de obras artísticas"... "La principal misión del arte en el mundo injusto en que vivimos consiste en transformarlo". El arte que proponía Sastre era, pues, un arte popular, una acción útil dirigida a la inmensa mayoría.
Hay que tener en cuenta estos aspectos:


  • La novela social dominará entre 1951, fecha de La colmena, y 1962, fecha de la aparición de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos.




  • Debemos distinguir dos momentos en el Realismo Social:

    1. Precursores de la novela social: Miguel Delibes, El camino (1950); Luis Romero, La noria (1951); y La colmena, de Cela con su despiadada visión.

    2. Verdadera novela social: Se inicia a partir de 1954 con autores como Ignacio Aldecoa, José Manuel Caballero Bonald, Carmen Martín Gaite, Ana Mª Matute y Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Goytisolo.




  • Todos presentan rasgos comunes:

    1. Solidaridad con los humildes y oprimidos.

    2. Inconformismo social y deseo de cambios sociales.

    3. Compromiso ante la injusticia social, por lo que debe denunciar los hechos.




  • Dentro del realismo social hay dos vertientes:

    1. El objetivismo: testimonio escueto, sin aparente intervención del autor, que consiste en limitarse a registrar la pura conducta externa de individuos o grupos y a recoger sus palabras, sin comentarios ni interpretaciones.

    2. El realismo crítico: denuncia las desigualdades e injusticias desde posturas dialécticas; es decir, comentando e interpretando.


TEMAS
Se produce un desplazamiento de lo individual a lo colectivo. Los temas principales son:

  • La dura vida del campo: Los bravos (1954), de Fernández Santos, El fulgor y la sangre, (1954) de Aldecoa.

  • El mundo del trabajo: La mina (1960) de López Salinas...

  • Las clases trabajadoras: Sánchez Ferlosio (El Jarama)

  • Entre las novelas de tema urbano, algunas abordan un largo panorama (como La colmena).

  • En el extremo opuesto se encuentran las novelas de la burguesía. Preferentemente es la juventud desocupada, abúlica, la que interesa a novelistas como a Juan Goytisolo (Juegos de manos, 1954) y Tormenta de verano, 1962) y a Martín Gaite (Entre visillos, 1958).

  • Tema muy frecuente es la guerra civil: las novelas presentan los lamentables efectos de la contienda sobre niños y adolescentes: Primera memoria, de Ana María Matute.


TÉCNICAS Y ESTILO


  • Las preocupaciones por la estética son mínimas. Sólo se pide a las formas que sean transparentes, que lo escrito se entienda, sin que los recursos estéticos enturbien el contenido. El lenguaje, por tanto, tendrá que ser desnudo, directo y sencillo.




  • El contenido es más importante que la forma. La estructura del relato suele ser aparentemente sencilla, se prefiere la narración lineal.



  • Se prefiere el personaje colectivo y el personaje representativo o síntesis de una clase social o grupo. Se rechaza la novela psicológica.




  • Ese rechazo nos conduce a las técnicas derivadas del objetivismo: la mirada del novelista se asemeja a una cámara de cine, y los diálogos parecen recogidos en una grabadora. A esto se le llama "desaparición del autor", ya que este no quiere interponerse entre el personaje y el lector. De ahí también que la narración se divida en escenas aisladas, cuya intención es mostrar la simultaneidad de secuencias que señalan que lo que va ocurriendo a los diferentes personajes ocurre a la vez.




  • Los diálogos son abundantes y gracias a ellos conocemos a los personajes y también su manera de hablar, ya que recogen el habla viva de campesinos, obreros, burgueses. El lenguaje, por tanto, refleja la realidad de cada personaje.




  • Reducción espacial y temporal de las obras, que duran 1 ó 2 días. El tiempo tan corto en el que transcurren las historias obliga al autor a una laboriosa preparación. La novela ya no se concibe como un relato acerca de la vida de un personaje protagonista, precisamente porque ha desaparecido el protagonista: lo que interesa es lo que le ocurre a una comunidad en un momento de su vida.



TÍTULOS EMBLEMÁTICOS
La colmena, de Cela
Será Cela, con la publicación de esta novela en Buenos Aires en 1951, quien abra el camino de la novela social, y veremos ya en ella algunas de esas aportaciones de estilo tan significativas en los autores de novela social: la fragmentación de la acción en secuencias de diferente extensión, en la que cada una de las secuencias se centra sobre un momento puntual de la vida del personaje; la desaparición de la fabula; la desmitificación del héroe, ya que la angustia existencial del hombre que se siente devorado por las grandes ciudades domina en la vida de los personajes, que pasan a ser un personaje más dentro del gran protagonista colectivo; la estructura abierta que provoca la alteración del orden lineal del relato; y una voluntad de objetividad que, dadas las características del estilo de Cela, siempre tendente al apunte omnisciente, no se consigue plenamente.
La novela carece de una sólida trama porque el relato no es más que la sucesión de múltiples escenas o secuencias de diferente longitud que se centran en la descripción física o moral de un personaje, o bien en la narración de los pequeños actos de su vida cotidiana. Porque eso es ante todo la novela, un fresco de la vida cotidiana del Madrid de la posguerra, un Madrid triste y hambriento, con muchas sombras y pocas luces, con el vicio escondido, el estraperlo aflorando: todo un mosaico de las pequeñas derrotas de hombres, especialmente, y mujeres que viven con poca esperanza; son tipos vulgares de la vida madrileña, escogidos de las zonas mas bajas de su sociedad, vidas dominadas por el hambre y el sexo. No hay protagonista, aunque algunos de ellos, como Martín Marco, parecen cohesionar la historia de varios. El protagonista es colectivo, cada uno aporta su “miel” a esa “colmena”; son más de cuatrocientos los que aparecen.
El narrador pretende una absoluta objetividad en Io descrito, lo que no consigue plenamente porque deja su sello con intervenciones propias. Pero, aparte de ellas, su postura en el relato tiende a una falsa objetividad en la que se encuentra una de las claves del sentido de la obra. Se basa en una transcripción de abundantes y discontinuos diálogos; el autor interviene únicamente para describir el escenario o presentar a los personajes, pero su participación es mínima: una nota ambiental, un parentesco, amistad o relación que justifica su presencia en la novela, un rasgo típico, un tic…

EI tiempo es muy importante en el relato. Los sucesos narrados ocurren en tres días y parte de otro (final). Sin embargo, la temporalidad del relato aparece dislocada, pues no sigue un orden cronológico lineal en la sucesión de los capítulos. Si el lector quiere ordenar temporalmente las secuencias debería leer los capítulos en el siguiente orden: I, II, IV, VI, III, V, FINAL.

EI Jarama, de Sánchez Ferlosio
El Jarama es el máximo exponente del objetivismo, aunque incorpora en los escasos momentos en que el narrador toma la voz. Es una perfecta combinación de prosaísmo y lirismo cuyos cauces expresivos son, respectivamente, el diálogo y la descripción. La acción es escasa e irrelevante, dieciséis horas en un espacio mínimo, las orillas del río Jarama, en la que un grupo de jóvenes ha acudido para bañarse, mientras que un grupo de gente mayor conversa en una taberna que está próxima al lugar donde están los muchachos. Es una novela “antinovelesca” en la que domina el diálogo sobre la intriga, con una anécdota mínima y sin protagonistas, pues los personajes, como se ha comentado, se juntan en grupos (los de la taberna, los muchachos del río).
Todo es anodino: la relación entre los jóvenes que toman el sol y se bañan y conversan sobre banalidades; y también lo son las conversaciones de los adultos que están en la taberna sobre el recuerdo de la guerra, sobre sus problemas familiares... Y quizá por ello hay que comprender el absoluto objetivismo con el que decide narrar Ferlosio como el mejor medio de expresar, utilizando el lenguaje coloquial propio de cada uno de los grupos de personajes, el tedio y la intrascendencia de la acción. Se trata de captar de forma fragmentaria las pequeñas incidencias de un día cualquiera de unos personajes normales y corrientes. Y, sin embargo, esa inacción se ve perturbada por la trágica muerte de una de las muchachas, lo que, por una parte, sí provoca cierta reacción de sus amigos, pero que se contrarresta nuevamente por la tediosa rutina de los representantes oficiales.
Técnicamente destaca la simultaneidad en la presentación de escenas, con lo que se consigue el efecto de presente que condensa la acción, y el uso del diálogo —dos tercios de la novela son diálogos— para lograr el total objetivismo que pretende el autor. Todos estos diálogos muestran la falta de ilusiones, la inconsciente alienación en la que todos han caído, que les lleva hacia un tedio existencial, expresado tanto en sus actitudes —parecen moverse a cámara lenta— como en la desidia mental e intelectual que se manifiesta a través de unos diálogos expresados en un lenguaje coloquial.

3. La renovación de la novela en los años 60:

Procedimientos narrativos. Algunos nombres:

Luis Martín-Santos y Tiempo de silencio. Juan Marsé. Juan Goytisolo
LA RENOVACIÓN DE LA NOVELA EN LOS AÑOS 60
A partir de 1960 los autores españoles buscan nuevas fórmulas narrativas, y algunas de las causas de ese cambio son el “cansancio” del Realismo Social (demasiada política y pobreza técnica), el conocimiento de la nueva novela hispanoamericana (a partir de 1962 con La ciudad y los perros de Vargas Llosa, y en 1967 con Cien años de soledad de García Márquez), y especialmente la publicación de Tiempo de silencio de Luis Martín Santos en 1962. Todo ello hizo que los novelistas españoles abrieran los ojos a los autores y tendencias que habían estado haciendo un tipo de novela que se apartase de la tradición realista del siglo XIX: Franz Kafka, Marcel Proust, James Joyce, Thomas Mann, la Generación Perdida norteamericana (Hemingway, Faulkner, Dos Passos), el Nouveau Roman francés (Albert Camus, Marguerite Yourcenar), o la ya citada narrativa hispanoamericana.

La gran diferencia entre los autores de esta corriente, experimentalistas, y los de la década previa, pertenecientes al realismo social, es la concepción ideológica de la literatura. La literatura ya no se concibe como una herramienta de concienciación social en que la palabra esta al servicio de la idea; el ejercicio literario se justifica en sí mismo, lo que no es impedimento para que subyazca una visión pesimista y escéptica del mundo que se narra; es, pues, ante todo, una corriente retórica cuyo fin prioritario es una voluntad de modernizar la prosa española. La corriente experimental se interesa por la narración en sí misma, por lo que el relato se convierte en objeto y fin de si mismo. Esta construcción da lugar a estructuras complejas muy elaboradas.
PROCEDIMIENTOS NARRATIVOS

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