¡Socorro! ¡Socorro! ¡Mi actitud está perdiendo altura! 9 Cuando nos estrellamos por dentro 10 Cuando nos estrellamos por fuera IV. El cambio de actitud






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título¡Socorro! ¡Socorro! ¡Mi actitud está perdiendo altura! 9 Cuando nos estrellamos por dentro 10 Cuando nos estrellamos por fuera IV. El cambio de actitud
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Autoimagen: Cómo me veo a mí mismo

Porque cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él (Proverbios 23.7).

Es imposible desempeñarse de una manera que no esté de acuerdo con la forma en que nos vemos a nosotros mismos. En otras palabras, actuamos como una respuesta directa a nuestra autoimagen. Nada es más difícil de lograr que cambiar la manera de ser exterior sin cambiar los sentimientos internos. A medida que nos demos cuenta que nuestra manera de actuar se basa en nuestra percepción de nosotros mismos, debemos también recordar el amor y la aceptación incondicional de Dios. Él piensa más en nosotros que nosotros mismos. Puede ser que los discípulos no hayan sido grandes realizadores a los ojos del mundo, pero el llamamiento de Cristo transformó sus vidas.

Una de las mejores maneras de aprovechar esos sentimientos internos es poner algo de «éxito» bajo su cinturón. Mi hija Elizabeth tiende a ser asustadiza y rehuye las experiencias nuevas. Pero una vez que se ha familiarizado con una situación, «marcha a todo vapor hacia adelante». Cuando estaba en primer grado, su escuela hizo una venta de dulces para ayudar a financiar su presupuesto. A cada muchacho le dieron treinta barras de dulce y le pidieron venderlas todas. Cuando recogí a Elizabeth de la escuela, tenía este «reto» entre sus manos y necesitaba estímulo. Era el momento para una reunión de ventas con mi nueva vendedora.

Camino a casa le enseñé cómo vender los dulces. Adorné enseñanza con media docena de frases «Puedes hacerlo, tu sonrisa les animará, creo en ti». Al final de nuestro viaje de quince minutos, la jovencita que iba a mi lado se había convertido en una encantadora y convencida vendedora. Fue a todo el vecindario con su pequeño hermano Joel comiendo uno de los dulces y diciendo que en verdad era lo mejor que había comido.

Al final del día, las treinta barras se habían vendido y Elizabeth se sentía en la gloria. Nunca olvidaré las palabras que dijo en su oración esa noche cuando la llevé a su cama: «Oh Dios, gracias por la venta de dulces de la escuela. Fue algo muy lindo. Oh, Señor, ayúdame a ser una ganadora. Amén»

Esta oración está en los deseos del corazón de todas las personas. Todos queremos ser ganadores. Naturalmente, Elizabeth vino a casa al siguiente día con otra caja de dulces. ¡Ahora venía la gran prueba! Agotó toda la existencia de vecinos amistosos y se lanzó al cruel mundo de los compradores desconocidos. Reconoció que tenía miedo cuando fue a un centro comercial para vender nuestros artículos. Nuevamente le ofrecí estímulo, unas cuantas instrucciones de ventas más, más valor, el lugar correcto, más valor. Y lo logró. La experiencia sumaba dos días de venta, dos trabajos de ventas afuera, dos personas felices, y una autoimagen muy en alto.

Me gusta la autoestima que demostró el pequeño que emocionadamente arrancó una planta de maíz de raíz. Cuando su padre lo felicitó, estaba radiante. «Solamente piensa», dijo, «¡el mundo entero lo tenía sostenido por el otro lado!»

Compárelo con Shauna, una alumna de sexto grado. Era muy despierta y se mantenía erguida aun cuando fue encontrada robando. Cuando la confrontaban con el robo decía que lo hacía para vengarse de sus padres. No sentía remordimiento.

Las sesiones de consejería revelaron que Shauna rara vez veía a su padre, y que él no la amaba. Cuando estaban juntos, rara vez recibía aceptación o algún sentimiento de importancia. Se veía a sí misma como pensaba que su padre la veía. Su consejero le brindaba constantemente sinceros cumplidos y pedía de sus padres los ingredientes necesarios para crear una autoimagen adecuada. Con el tiempo, su autoestima mejoró.

El principio obra en reversa también. La manera como nos vemos refleja cómo nos ven los demás. Si nos gustamos, esto aumenta las probabilidades que gustaremos a otros. La autoimagen es el parámetro para la construcción de nuestra actitud. Actuamos en respuesta a cómo nos vemos. Nunca iremos más allá de los límites que marcan nuestros verdaderos sentimientos acerca de nosotros mismos. Esos «otros países» solamente pueden ser explorados cuando nuestra autoimagen es lo suficientemente fuerte para darnos permiso.

Receptividad a nuevas experiencias: Oportunidades para crecer

Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3.13, 14).

Voltaire comparaba a la vida con un juego de cartas. Cada jugador debe aceptar las cartas que le entregan. Pero una vez que esas cartas están en sus manos, él es el único que decide cómo usarlas para ganar el juego.

Siempre tenemos un número de oportunidades en nuestra mano. Debemos decidir si corremos el riesgo y actuar de acuerdo a ellas. Nada en la vida causa más tensión y, sin embargo, al mismo tiempo, provee más oportunidades de crecimiento, que las experiencias nuevas. Este conocido poema:

Mi vida puede tocar muchas vidas
antes que el día termine;
dejar muchas marcas buena o malas
antes del ocaso.

habla del poder de la influencia.

La primera línea, con una palabra cambiada, puede ilustrar el efecto que tienen las experiencias nuevas en la vida:

Mi vida puede experimentar muchas vidas
antes que el día termine;
dejar muchas marcas buenas o malas
antes del ocaso.

Mis padres reconocieron el valor de las nuevas experiencias e hicieron lo mejor para abrir ante cada hijo las positivas. Algunos de mis más tiernos recuerdos son de los tiempos cuando viajaba con mi padre. Muchas veces le diría a mi maestro: «Usted está enseñando muy bien a mi hijo, pero la próxima semana voy a llevarlo conmigo para abrir algunas experiencias nuevas para él». Iríamos a otro estado y mi conocimiento de la gente, su naturaleza y cultura mejoraría.

Siempre estaré agradecido por aquellas experiencias previamente arregladas. Nunca olvidaré la ocasión en que conocí al gran misionero y estadista E. Stanley Jones. Después de escuchar hablar a este gigante espiritual, mi padre me llevó a su oficina para presentármelo. Todavía recuerdo el cuarto, su actitud y, lo más importante, sus palabras de aliento para mí.

Como padre, es imposible que pueda proteger a sus hijos de las experiencias que podrían ser negativas. Por lo tanto es esencial preparar encuentros positivos que fortalecerán su autoimagen y su confianza. Tanto las experiencias positivas como las negativas deben usarse como herramientas para preparar a los hijos para la vida.

La historia de Elizabeth no terminó después de dos días con éxito en las ventas. Poco después fue de puerta en puerta, otra vez, pidiendo que la gente comprara la «barra de chocolate más deliciosa del mundo». La seguí en el automóvil. Muchas veces sonreía, contaba su historia y no tenía suerte. Otras, le sonreía y la animaba a no desmayar. Tenía mucho cuidado en insistirle que ganar es tratar. Nos pusimos una meta (el final de una cuadra muy larga) y determinamos no retirarnos hasta que alcanzáramos la meta.

Con cada visita en la que no se vendía, sus pasos se hacían más lentos y mi entusiasmo más grande. Finalmente hizo una venta en la casa próxima a la última. Vino corriendo hacia el automóvil, agitando el dinero y queriendo ir una cuadra más. Le dije: «Perfecto», y ella se fue corriendo.

La lección es obvia. Los hijos necesitan continuo apoyo y estímulo cuando sus nuevas experiencias son menos que positivas. En efecto, mientras peor es la experiencia, más valor necesitan. Pero a veces nos desanimamos cuando ellos se desaniman.

Esta es una buena fórmula para practicar:

Experiencias nuevas + enseñanzas prácticas x amor = Crecimiento.

Asociación con los compañeros:
Quiénes influyen en mí


El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; y amigo hay más unido que un hermano (Proverbios 18.24).

Lo que dicen otros acerca de su percepción respecto a nosotros afecta cómo nos percibimos a nosotros mismos. Por lo general, respondemos a las expectaciones de otros. Esta verdad es evidente para el padre cuando su hijo va a la escuela. Nunca más podrá el padre controlar el ambiente de su hijo. Cualquier profesor de escuela elemental entiende que los muchachos desarrollan muy rápidamente una «jerarquía» en la clase. Los estudiantes se ponen etiquetas y se relacionan entre ellos a veces con cruel sinceridad. La presión de los compañeros llega a ser un problema.

Mary Vaughn, en uno de sus casos de estudio que involucraba a un alumno de primer grado, escribió: «Un ambiente físico muy pobre (poca ropa, alojamiento o comida) no produce necesariamente actitudes negativas en el niño. Es la falta de aceptación de parte de los compañeros lo que deja profundas cicatrices dentro del niño». Nos da un ejemplo: un alumno de primer grado que robaba.

Terry estaba pálido y tenía cara de enfermo. El maestro sabía de su robo. Las cosas perdidas se encontraban casi siempre en su escritorio. Luego de una reunión de consejería con Terry, se arregló una visita a sus padres. Su morada consistía en cuatro cuartos que albergaban a nueve personas. Estaban escasamente amueblados y la pobreza era evidente. Los padres agradecieron la oferta de ayuda y ropa. También querían ayudar a Terry. Evaluación del problema: Terry robaba únicamente debido a que la presión de sus compañeros le hacía sentir su pobreza. Quería los mismos borradores finos y los útiles que sus compañeros tenían.

Sin duda, esta experiencia ayudó a los padres de Terry a observar que otros ejercían un considerable control sobre la conducta de su hijo. Mis padres entendieron este hecho también y determinaron observar y controlar nuestras relaciones con los compañeros tanto como era posible.

Su estrategia: proveer un ambiente en el hogar de los Maxwell que fuera atractivo para los amigos de sus dos hijos. Esto significó sacrificar sus finanzas y tiempo. Nos proveyeron de juegos, mesa de ping-pong, cancha de básketbol y todos los equipos de deportes que se habían inventado. También teníamos una madre que era espectadora, árbitro, consejera y fanática.

Y venían los muchachos, a menudo veinte o veinticinco a la vez. De todos los tamaños, formas y colores. Cada uno tenía algo especial y mis padres los observaban. A veces, después que se había ido la pandilla, me preguntaban sobre alguno en particular. Se referían abiertamente a su lenguaje o actitudes y nos aconsejaban que no actuáramos o pensáramos de esa manera. Ahora comprendo que la mayoría de mis principales decisiones como joven, recibieron la influencia de las enseñanzas de mis padres y las observaciones que hacían de mis amigos.

No limitaron sus observaciones a mi juventud. Cuando mi padre se dio cuenta que Margaret y yo seguíamos viéndonos en forma constante, empleó todo un día para ir a su casa y hablar con sus padres, su pastor y sus maestros de la escuela, para conocer mejor qué clase de muchacha era aquella con la que estaba saliendo. Aunque nunca me contó esto hasta después que nos casamos, sé que los informes que recibió fueron muy favorables. Me apoyó para que me casara con ella. No recomiendo tan minuciosa observación a todos los padres, pero el interés que el mío demostró hacia mí, me encantó.

Casey Stengel, una «manager» con éxito de los New York Yankees, comprendió este poder de asociación en la actitud de un jugador. Billy Martin recuerda el consejo de Stengel cuando era un manager novato. Casey me dijo: «Habrá quince jugadores en tu equipo que serán capaces de atravesar una pared por ti, cinco que te odiarán y cinco indecisos; cuando hagas tu lista de jugadores, coloca a tus perdedores juntos. No coloques nunca a un buen tipo con un perdedor. Los perdedores que están juntos culparán al manager por todo, pero esa opinión no se extenderá a los demás si los mantienes aislados».

Un hombre vino a mí en una reunión en la que había disertado sobre la actitud y los compañeros. Quería que le aclarara el concepto de aislarnos de aquellos que pueden deprimirnos. Su pregunta era: «¿Cómo podemos ayudar a los que tienen un problema de actitud, si permanecemos lejos de ellos?» Mi respuesta fue: «Hay una diferencia entre ayudar a los que tienen permanentes problemas de actitud y el hecho de ponerlos en la lista de nuestros amigos íntimos. Mientras más estrecha sea nuestra relación, más influencia tendrán las actitudes y filosofías de nuestros amigos sobre nosotros».

Charles «Tremendous» Jones, autor de The Life is Tremendous [La vida es estupenda], dijo: «Lo que usted sea en cinco años será determinado por lo que lee y por aquellos con quienes se asocia».

Apariencia física: Cómo lucimos ante los demás

El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón (1 Samuel 16.7).

Nuestra apariencia juega un papel importante en la formación de nuestra actitud. Se pone increíble presión en las personas que poseen esa «apariencia» que es el patrón de aceptación. Dedique un día a ver televisión y note en qué hacen énfasis los anuncios comerciales. Observe el porcentaje de anuncios que destacan el vestido, la dieta, el ejercicio y sobre todo el atractivo físico. Hollywood dice: «La fealdad se descarta y la simpatía se acepta». Esto influye en la percepción de los valores basada en la apariencia física. Lo que hace esto aun más difícil es darnos cuenta que otros juzgan también nuestro valor por nuestra apariencia. Recientemente leí un artículo de negocios que decía: «Nuestro atractivo físico ayuda a determinar nuestros ingresos». El informe de ese artículo mostraba las discrepancias entre los salarios de los hombres de 6.2 pies de altura y los de 5.10. Los más altos frecuentemente recibían salarios más altos.

Matrimonio, familia y trabajo:
Nuestra seguridad y posición


Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones (Salmos 46.1).

Las nuevas influencias afectan nuestra actitud cuando estamos por la mitad de nuestra tercera década. Es durante este tiempo de nuestras vidas que la mayoría nos casamos. Eso significa que otra persona influye en nuestra perspectiva.

Cuando hablo de actitudes, siempre destaco la necesidad de rodearnos de gente positiva. Una de las quejas más tristes que escucho viene de un cónyuge que me dice que el otro es negativo y no quiere cambiar. En cierta medida, cuando el cónyuge negativo no quiere cambiar, el positivo está impresionado de negativismo. En tales situaciones, aconsejo a la pareja recordar y regresar a los patrones que seguían durante los días de enamoramiento.

Observe a una pareja durante el enamoramiento. Ilustran dos hermosas ideas. Edifican sobre las virtudes y esperan lo mejor.

Es la época cuando la muchacha ve a su novio como un caballero con refulgente armadura. Ve lo mejor. Espera lo mejor. Ignora cualquier cosa que parezca debilidad. Él ve en ella a una hermosa muchacha con nobles sentimientos y excelentes cualidades. Luego se casan y cada uno ve la realidad del otro, tanto debilidades como virtudes. El matrimonio será bueno y se fortalecerá si no se destacan las debilidades. Pero puede terminar en divorcio cuando se desconocen las virtudes.

En vez de esperar lo mejor, los cónyuges esperan lo peor. En vez de ver las virtudes, ven las debilidades.

Ya sea que usted tenga once, cuarenta y dos o sesenta y cinco años, su actitud hacia la vida todavía está en construcción. Al entender cuáles son los materiales con los que se forma la estructura de su actitud, usted y aquellos en quienes influye pueden mantener una perspectiva más saludable.

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Las costosas equivocaciones que la gente comete al construir una actitud

Muchos adultos inteligentes… se restringen en pensamientos, acciones y resultados. Nunca avanzan más allá de las fronteras de sus propias limitaciones autoimpuestas.

John Maxwell
Esto es algo que sucede el momento en que nacemos. Los ansiosos familiares aplastan sus narices contra la ventana de la enfermería en el hospital y comienzan el juego: «¿A quién se parece?» Después de mucha discusión, se decide que esa cara rojiza, arrugada, sin dientes, ese bebé calvo, se parece al «tío Harry».

El seguir poniéndole etiquetas al niño aumenta a medida que desarrolla su personalidad. Esa es una reacción humana normal. Todos lo hacemos. Sin embargo, llega a ser hiriente cuando ponemos limitaciones debido a que es un estudiante «C», o un niño corriente o un niño «simple». A menos que los padres tengan cuidado, sus hijos crecerán sintiéndose poca cosa debido a la casilla en la que les han metido y a las pocas esperanzas que han puesto en ellos.

Un niño «encasillado» fue Adam Clarke, que nació en el siglo dieciocho en Irlanda. Cuando Adam era escolar su padre le dijo al maestro que no aprovecharía la escuela.

El maestro le respondió: «Parece inteligente».

Esa declaración cambió su vida, lo sacó de la casilla en la que su padre lo había metido. Vivió hasta los setenta y dos años y llegó a ser un gran erudito, un gran predicador de la Iglesia Metodista inglesa, autor de varios comentarios y de un libro titulado Christian Theology [Teología cristiana]. Cuando Adam Clarke predicaba, decían, la gente escuchaba.1

¿Cuáles son las capacidades de una persona? Nadie sabe. Por eso nadie debe introducir ideas que limitan la vida en las mentes de los demás. Hace treinta años, Johny Weissmuller, también conocido como Tarzán por los cineastas, fue calificado como el más grande nadador del mundo jamás conocido. Médicos y entrenadores de todas partes decían: «Nadie podrá romper jamás los récords de Johny Weissmuller».¡Tenía más de cincuenta! ¿Saben quiénes están rompiendo los récords de Tarzán hoy en día? ¡Muchachas de trece años! Los récords olímpicos de 1936 fueron las marcas normales para los juegos olímpicos de 1972.

Por décadas, corredores entusiastas declararon enfáticamente que nadie podría romper la milla de cuatro minutos. Por décadas, esta predicción parecía cierta. Roger Bannister no escuchó tales suposiciones limitantes. Resultado: Rompió la «imposible» milla de cuatro minutos. Hoy en día, por lo menos 336 hombres han roto esa marca. No se dejaron limitar por las expectaciones de otros.

Recuerde: Otros pueden detenerlo temporalmente, pero usted es el único que puede hacerlo permanentemente.

Un elefante puede fácilmente cargar una tonelada en sus lomos. Pero ¿han visitado un circo y visto a estas criaturas gigantescas permanecer quietas atadas a una pequeña estaca de madera?

Cuando es todavía tierno y débil, es atado con una pesada cadena a una fuerte estaca de hierro. Descubre que no importa cuánta fuerza emplee, no puede romper la cadena ni mover la estaca. Luego, no importa cuán grande y fuerte llegue a ser, sigue creyendo que no puede mover la estaca que ve en el suelo detrás de él.

Muchos adultos inteligentes actúan como este elefante de circo. Se restringen en pensamiento, acción y resultados. Nunca van más allá de las fronteras de su autoimpuesta limitación.

Cuando doy conferencias sobre las limitaciones, hablo sobre lo que llamo «la vitalidad subyacente».
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