Competencia Federal por violación a la Ley 24051 “ Ley de Residuos Peligrosos”






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Trabajo de investigación aportado.

MALFORMACIONES HUMANAS POR EL USO DE AGROQUÍMICOS

El Dr. Hugo Gómez Demaio, jefe de cirugía infantil del Hospital Provincial de Pediatría de Misiones, es el Director del Proyecto Uso de Agrotóxicos y Malformaciones Congénitas Humanas, además de activo participante de cuantas jornadas de esclarecimiento se llevan adelante con el objetivo de abordar el análisis y la evaluación de la gravísima situación que se ha creado como consecuencia del uso masivo de agroquímicos.

El uso de agroquímicos en la actividad agropecuaria se plantea como un factor necesario e indispensable para el desarrollo de la agricultura; de hecho, quiénes lo postulan militan en la aceptación, lisa y llana, del uso de estos productos nocivos para la salud y el ambiente. Hasta ahora vienen ganando una batalla desigual, en claro perjuicio para las grandes mayorías sociales dado que los agronegocios benefician a sectores muy reducidos, y provocan graves y complejos riesgos y daños sanitarios, sociales y ambientales, algunos de características irreversibles en sus consecuencias o efectos dañinos.
Venenos peligrosos y malformaciones humanas
Es necesario y urgente que abordemos y profundicemos sobre las graves consecuencias que derivan del uso, masivo y descontrolado, de los agroquímicos porque son venenos muy peligrosos. Desde el año 1987 el Dr. Gómez Demaio y su equipo trabajan en este tema, específicamente en las malformaciones humanas derivadas del uso de plaguicidas y fertilizantes. Concentraron la atención científica en los lugares en dónde habían sido gestados los niños que presentaban malformaciones del cierre del tubo neuronal. Conviene aclarar que el cierre del tubo neuronal se produce antes del día 28 contado a partir de la gestación, cuando la madre todavía no sabe que está embarazada. En este período se tiene que completar el cierre, de modo que tiene especial importancia el lugar geográfico donde se produjo la gestación, independientemente del lugar de nacimiento, que puede ser distinto, dado que los factores ambientales

(entorno) que inciden en esta patología, especialmente los tóxicos, deben ser perfectamente identificados desde el punto de vista territorial.
Genotoxicidad y nacimiento con malformaciones
El equipo médico comprobó que los niños nacidos con malformaciones del cierre del tubo neuronal habían sido gestados en zonas en donde masivamente se utilizaban agroquímicos. Estudiaron los mielomeningoceles (falla del cierre del tubo neuronal) y se encontraron con la punta del iceberg; debajo, tropezaron con una masa desconocida de patologías que luego comenzaron a estudiar. La genotoxicidad, que significa la intoxicación crónica por el uso de agroquímicos, provoca modificaciones o mutaciones del genoma humano. Este es un dato relevante y esencial para la salud pública; a pesar de ello, los gobiernos miran para otro lado y los funcionarios responsables se hacen los distraídos.

Entre las patologías que encontró el equipo médico, la más repetida, estuvo la teratogénesis, que significa el desarrollo fetal anormal en el propio útero materno, producto de las modificaciones o mutaciones genéticas derivadas de la exposición a los agroquímicos. Esto explica los nacimientos de niños con las malformaciones halladas.

Los médicos también se encontraron con niños enfermos de cáncer, con especial predominancia de leucemias, y con metástasis de cánceres en niveles superiores a los previsibles para la provincia de Misiones. Concluyeron que estas patologías fueron la derivación directa de la toxicidad aguda contraída como consecuencia de la gran exposición de la población al uso masivo e indiscriminado de agrotóxicos en la actividad agropecuaria.
Mielomeningoceles
La falla en el cierre del tubo neuronal significa que la columna vertebral queda abierta; se ven las raíces porque la médula queda expuesta. Los niños que arrastran esta enfermedad nacen con parálisis en miembros inferiores, vejiga y aparato defecatorio; no tienen control fecal ni urinario.

Otros adolecen de fallas en el desarrollo del sistema nervioso central craneal, total o parcial. Los que acarrean anencefalia total, generalmente fallecen por falta de seguimiento porque no pueden orinar espontáneamente. Orinan contra una vejiga que no abre el esfínter, generando insuficiencia renal. Mueren por esta patología. Los tratamientos y los insumos son complejos y carísimos, al igual que las múltiples intervenciones quirúrgicas correctivas que se deben efectuar para reponer los funcionamientos de los órganos afectados.
Los grandes culpables
El esquema emergente y la realidad sanitaria, social y ambiental degradada que se ha generado como consecuencia del uso masivo de agroquímicos, entabla responsabilidades compartidas en distintos rangos y proporciones. Nadie, o casi nadie, ha hecho lo correcto; todos, o casi todos, han actuado de manera ilegal o inapropiada, por acción o por omisión. El conjunto es el responsable final del penoso escenario que se ha creado en el país y en nuestra provincia.

Es claro que en primer término está la responsabilidad directa de aquéllos que provocan el riesgo o el daño sanitario, social y ambiental, que son los grandes productores agropecuarios que utilizan los agroquímicos, con mayor o menor negligencia e irresponsabilidad. Pero debemos hacer hincapié en los gobiernos, específicamente en las estructuras de los estados municipales, provinciales y nacional, dado que deberían articular sus funcionamientos para regular y controlar el uso de los agroquímicos, sancionando a los infractores y diseñando programas de controles preventivos que desalienten las violaciones legales que sistemáticamente cometen los mega productores. Todo esto se debe llevar adelante mientras Argentina reformule la estructura jurídica regulatoria del uso de los agroquímicos, confeccione su ordenamiento territorial de actividades, a través de la realización de cada provincia, lo que permitirá modificar la matriz de producción primaria para recuperar soberanía y seguridad alimentaria, dejando de lado la producción industrialista de forraje transgénico en chacras y regiones altamente contaminadas.

Son notables las defecciones de los municipios y del estado provincial en la tarea de llevar adelante sus funciones de control y de sanción. El caso paradigmático es el de la Dirección de Sanidad Vegetal, que es la autoridad administrativa a cuyo cargo ha quedado la aplicación de la ley de biocidas en nuestra provincia. Este organismo no controla absolutamente nada; permanece ausente en casi toda su estructura, o directamente está cooptado o burocratizado, de tal modo que incumple, de punta a punta, con el rol que el ordenamiento legal le asignó. Es el colmo del incumplimiento estatal; mientras tanto, se usa agroquímicos en forma masiva y sin ningún tipo de control, lo que permite afirmar que el Chaco es un territorio off-shore, libre de controles, y una invitación abierta para desarrollar actividades en donde el empresario hace lo que quiere y lo que más le convenga, sin importar que afecte la salud pública y la biodiversidad ambiental.

Compone el cuadro de descontrol estatal el pésimo funcionamiento de las subsecretarias de recursos naturales y de medio ambiente, especialmente las direcciones de bosques y de suelos. Estos organismos actúan bajo signos inequívocos de burocracia y corrupción, de manera que, en forma directa o indirecta, facilitan o auspician los desmontes y aprovechamientos forestales masivos, como también autorizan la realización de actividades productiva en suelos inapropiados, sometidos a severas restricciones o limitaciones de usos por su frágil composición, lo cual garantiza la continuidad de la degradación del ambiente y de la biodiversidad.

Por último, no podemos olvidarnos de los profesionales y técnicos vinculados con las actividades productivas, que se desempeñan como empleados o funcionarios del Estado o directamente en la privada. Están estratégicamente distribuidos, de tal modo que garantizan la rapidez y éxito de los trámites administrativos, desde la obtención de autorizaciones o permisos, hasta el no pago de multas por infracciones; de esta manera continúan los desmontes, los aprovechamientos forestales y las habilitaciones de campos para la agricultura. Los permisos forestales son analizados por los mismos técnicos involucrados con los intereses privados. No existen controles, salvo algunos que son desordenados y excepcionales. El desorden administrativos es formidable y absolutamente funcional a los intereses de los que se quedan o depredan los recursos naturales. Algunos estudios de impacto ambiental se han realizado con la anuencia de los funcionarios públicos que intervienen en los procesos de evaluación. Da la sensación de que estamos frente a una verdadera organización dedicada a tal fin, con un solo jefe, bastamente conocido en la provincia, con una larga vigencia en estos menesteres.
Los grandes ausentes
En materia sanitaria se entabla la responsabilidad compartida de los Ministerios de Salud de la Nación y del Chaco, que no invierten en investigaciones sobre la salud pública en relación con las consecuencias y efectos que producen el uso masivo de los agrotóxicos. No hacen absolutamente nada en este tema. Es como que no ocurre nada en el territorio chaqueño. Siquiera llevan registros de los niños nacidos vivos con defecto de cierre del tubo neuronal porque no han elaborado el mapa de malformaciones registradas. El día que lo hagamos, el resultado será escandaloso, al igual que en materia de subregistros de abortos espontáneos. Se ignora las causas generadoras y emergentes de los abortos espontáneos, lo que impide saber cuantos niños que no nacieron padecían mielomelingoceles o cuantos nacieron con esta enfermedad y fueron sepultados sin registración, formando parte de las cifras negras en salud. Y de los pocos casos detectados, algunos fueron objetos de derivación para externar los datos estadísticos. Todo esto indica un verdadero y gran dislate, a pesar de la notable expansión de los riesgos y de los daños derivados del uso masivo de agrotóxicos, que tienen relación directa con la toxicidad instalada en amplios sectores sociales, rurales y urbanos, producto de la expulsión de la población campesina, sujeta a un fuerte proceso de transferencia territorial compulsiva.
Intoxicaciones crónicas, mutaciones y malformaciones
Por el volumen y la intensidad del uso de los agrotóxicos, facilitado por la falta de controles estatales, debemos suponer que avanza aceleradamente la intoxicación crónica en directa relación causal con el cambio del genoma humano. Es posible entender que avanzan las mutaciones, aunque hasta ahora permanezcan invisibilizadas como consecuencia de la estrategia que se viene aplicando.

Además de los defectos de cierre del tubo neuronal, del aumento del número de cánceres, es posible esperar la aparición de un mayor número de niños con retrasos mentales de distintos grados (idiotas). Estamos convencidos que aumentará el número de retrasos mentales de distintos grados; en palabras fuertes, casi brutales, tratamos de identificar a los actuales y futuros chaqueños idiotas, que sobrevivirán signados por tal atraso mental, frente a los otros niños normales o sanos, que tendrán distintos comportamientos, que vivirán con diferentes calidades de vidas y proyectos personales o familiares dispares.

Con el avance de las mutaciones y la pérdida de chances de los niños idiotas, cerraremos el círculo que inevitablemente se genera a partir del uso masivo de agroquímicos en la agricultura.
El ojo no ve lo que el cerebro no sabe
Esta regla ha sido perversamente aplicada por los que protagonizan, alientan o aplauden el actual modelo de agricultura industrialista y monocultivista, con eje en las semillas transgénicas y en el uso de agroquímicos que aplican pulverizando con avionetas, simplemente para ganar dinero.

Explotan la máxima que indica que somos ciegos si el cerebro no sabe, de manera que para generar ceguera colectiva se sirvieron de las universidades, de los técnicos, de los medios de comunicación y de los falsos postulados para convencer a la opinión pública que la soja es rica en proteína y que los agroquímicos no enferman. Contaron y cuentan con el acompañamiento de los gobiernos. De allí partieron para fabricar la actual estrategia que se sintetiza en lo siguiente: cada productor hace lo que quiere en su campo; “pulveriza” su chacra con agroquímicos todas las veces que quiera, como le plazca. Los gobiernos municipales, provinciales y nacional, bien gracias, total no pasa nada.

También tiene vigencia en el mundo médico la regla de que el ojo no ve lo que el cerebro no sabe. Entonces, cabe preguntarse lo siguiente: ¿cuántas patologías asociadas al uso masivo de agroquímicos habrán pasados frente a la ceguera médica?. Es que en las universidades no les enseñaron a encontrar las causas generadoras de estas enfermedades. Es muy posible que no hayan descubierto las causas verdaderas de las teratogénesis, de las mielomeningoseles o de las espinas bífidas que pasaron por sus consultorios.
Las ratas de Oscar Rubén Medina

En el Chaco se vende desde el carbón hasta la desnutrición. Todo tiene precio; por lo tanto, todo puede ser comercializado, a tal punto que cada tanto aparecen las ratas y sus dueños.

Hablando de ratas, que no son las que mencionó el señor Oscar Rubén Medina, vale la pena comentar que el Dr. Hugo Gómez Demaio repetidamente hace referencia al interesante trabajo del japonés Hashimoto, quién puso unas ratitas en un laberinto. Por su propia constitución, las ratas buscan alimentos y oscuridad. Las puso en un laberinto con agujeros falsos (pintados de negro), excepto uno que era el agujero real, que conducía a un túnel oscuro en donde puso comida. Cuando colocó las ratas en contacto con agroquímicos (entre cuyos componentes se encuentran los hidrocarburos policíclicos aromáticos), las ratas dejaron de encontrar el agujero real que las conducía a la oscuridad y a la comida, que tranquilamente encontraban antes de que fueran puestas en contacto con los agroquímicos. Y lo más grave, es que los hijos de estas ratas tampoco nunca pudieron encontrar el verdadero agujero que podía llevarlos a la oscuridad y al alimento. Mutaron irreversiblemente. Es cuestión de que el señor Oscar Rubén Medina reflexione con tolerancia.

RESISTENCIA, 30 DICIEMBRE 2008

A fs. 117 / 120 Centro de Estudios Sociales “Nelson Mandela” wwwcentromandela.com.ar – Av. Alberdi 338 Resistencia Chaco – Coordinador Dr. Rolando Nuñez.

Trabajo de investigación aportado.

LAS ARROCERAS DEL DEPARTAMENTO BERMEJO

LLUVIAS TÓXICAS Y CONTAMINACIÓN



La arrocera más importante que existe en proximidades de las localidades de La Leonesa y Las Palmas es propiedad de Eduardo José Meichtry; por lo menos, es la persona que visiblemente manda en el establecimiento. Actualmente, el emprendimiento tiene una extensión aproximada de 3.000 hectáreas. Para la explotación utiliza la tecnología más moderna. Cuenta con tractores de última generación, maquinarias e implementos agrícolas de avanzada, avionetas, hangares y talleres muy bien equipados, y un número muy reducido de empleados en relación de dependencia porque ha diseñado una explotación en base a inversión y tecnología, de modo que tiene una baja demanda de mano de obra.

Acopia grandes cantidades de semillas y agrotóxicos. Se ha volcado, por razones de costo y mayor beneficio, a la fumigación aérea. Esto ha favorecido notablemente la creciente expansión de esta arrocera, hasta que terminó por consolidarse como una mega explotación, con extraordinario crecimiento a escala.
Las Palmas y La Leonesa
Estas dos localidades se encuentran ubicadas a poco más de sesenta kilómetros de Resistencia, en el Departamento Bermejo, uno de los más olvidados y atrasados de nuestra provincia. Estos dos pueblos son la derivación urbana del antiguo complejo agroindustrial azucarero Las Palmas, del cual quedan muchas historias y añoranzas, algunos retazos, un sinnúmero de escombros y lamentaciones.


La arrocera de Meichtry bordea Las Palmas y La Leonesa. Abraza por el sur a los dos pueblos y se ubica en el corazón del Paraje Cancha Larga, cuya colonia cuenta con un moderado y más que valioso desarrollo local producto de las actividades primarias que llevan adelante pequeños agricultores y minifundistas, dedicados al cultivo de pastura, cementera baja y a la cría de ganado vacuno y de animales menores. Lo más destacable de este desarrollo rural espontáneo, es que la actual población de la colonia está constituida por antiguos tenederos o propietarios del lugar, por hijos o nietos de los que originariamente se radicaron en la zona, casi todos de la mano del cultivo de la caña de azúcar destinada el complejo industrial azucarero, que fue el gran polo de desarrollo del norte argentino. Este desarrollo local está en vía de extinción como consecuencia de la agresividad de la arrocera, fundamentalmente a partir del uso de los agrotóxicos.

Las comunidades indígenas toba de la región conviven en buena relación con los pequeños productores y minifundistas criollos de la zona y sus organizaciones. Mantienen uno de los mejores tratos que se ha construido espontáneamente en nuestra provincia. Si bien estos pueblos originarios viven en la pobreza, muchas veces olvidados por las políticas públicas, por lo menos no sufren tanta discriminación local como ocurre en otras regiones del Chaco. Este es un dato importante, que como fenómeno colectivo debe ser protegido por los poderes públicos y por la comunidad en general, de manera que los gobernantes y los grandes productores no deben desplegar acciones que puedan estropear la aceptable convivencia entre las comunidades indígenas y criollas del lugar, que están en riesgo como consecuencia del funcionamiento de la arrocera.
La Ralera”
El Barrio La Ralera se ubica en la zona sur de La Leonesa, a la vera de la vieja Ruta 1. El esquinero noroeste de la arrocera de Meichtry se encuentra ubicado aproximadamente a 400 metros, de manera que cuando se fumiga con la avioneta la deriva inevitablemente traslada los agrotóxicos, que terminan por depositarse en las viviendas de esta barriada, fundamentalmente cuando predomina el viento sur, que es frecuente en la zona. Allí no crecen frutas, verduras y hortalizas, con desarrollos aceptables; se secan los naranjos y limoneros, como también los paraísos y otros arbustos. Pero lo más importante, los vecinos se enferman frecuentemente de patologías recurrentes y repetidas que ha despertado la atención y la preocupación de algunos sectores sociales.


La Ralera es un barrio de viviendas populares, construidas con fondos nacionales con destino específicos. Los vecinos cuentan que allí viven 800 familias, muchas de las cuales carecen de ingresos regulares porque son desocupados o subdesocupados, sea que viven de changas, de los programas nacionales sustitutivos de empleos y, en menor medida, de los programas de ayudas del municipio de la localidad, sobre cuyo intendente escuchamos una variada y preocupante gama de opiniones por los manejos de los fondos públicos, por el riguroso clientelismo político que lleva adelante, más las vinculaciones que habría tenido con el destino de las tierras fiscales nacionales que anteriormente formaban parte del patrimonio del ex Ingeniero Azucareros Las Palmas, administrado por la ONABE, del cual fue delegado.

Además, la región es muy compleja en virtud de que se transformó en un intenso corredor del contrabando de cigarrillo y del narcotráfico, ante la impotencia, desinterés o complicidad de las autoridades públicas. El fenómeno es tan creciente que generó una verdadera actividad, informal y no tan subterránea, de la que se nutren familias enteras producto de la marcada desocupación existente y la baja tasa de actividad productiva, con mano de obra, que caracteriza a la zona. Como confirmación de este grave e inusual fenómeno, están los nuevos personajes que se han enriquecido durante los últimos años, ostentando patrimonios que no pueden justificar; por cierto que no son muchos los que ocupan este privilegiado lugar de impunidad.
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