Edith Stein: filósofa y santa






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Obras
Mújica (2002) señala: “Siempre he creído que para entender el pensamiento de un autor no basta con leer sólo sus obras. Es verdad que cada escritor nos ofrece una radiografía de su ser en cada uno de sus escritos, pero las radiografías jamás nos dejarán conocer explícitamente los condicionamientos coyunturales propios de los distintos estadios de la vida de cada uno. Se necesita ir más allá: por un lado, penetrar en los mismos movimientos del alma, en su intimidad, conocerlo a fondo; y por otro, valorar la situación histórica concreta en la que transcurrió su vida. Sólo desde esta atalaya, únicamente con estas coordenadas, podemos formarnos y vislumbrar nítidamente la estatura espiritual, la hondura intelectual, el desarrollo científico y el contexto externo que llevaron a ser y a escribir a cada cual lo que fue y redactó”.
Y García Rojo expresa que “no debe olvidarse el principio de que la persona es más importante que su obra. Esta aseveración no implica la descalificación de la producción escrita, sino que quiere confirmar la inclusión y el influjo mutuo hasta la identificación: la obra forma parte de la vida, de la persona. Atendiendo a este supuesto, bien puede calificarse a Edith Stein de caja de resonancia de las voces capitales que configuran el siglo XX, al menos en su primera mitad.” En el apartado anterior se expuso su atención hacia los sucesos históricos y la interpretación que de los mismos hacía; en este segundo se quiere poner de manifiesto las coordenadas culturales en las que cabe situar a esta mujer; con ello se caerá en la cuenta de lo atenta que estuvo también a las manifestaciones del espíritu.

Es por esto que recién ahora, después que conocemos a nuestra filósofa, es que tenemos la atalaya de que nos hablan Mujica y García Rojo. Mujer de singular inteligencia y cultura, ha dejado numerosos escritos de elevada doctrina y de honda espiritualidad.

Viau Mollinedo, a quien seguimos en esta parte, nos informa que “el conjunto de las obras de Edith Stein no ha terminado de ser publicado. Sus escritos más importantes están reunidos en los dieciocho volúmenes de la Obra completa, publicada bajo la dirección de la doctora Lucy Gelber, del padre Romaeus Leuven, OCD, y del padre Michael Linssen, OCD.Los volúmenes I a VIII fueron publicados por las editoriales Nauwelaerts (Lovaina) y Herder (Freiburg); los volúmenes IX a XI por De Maas & Waler (Druten) y Herder (Freiburg); los últimos por Herder.”
En esta obra monumental Stein “armoniza los problemas de la filosofía y de la teología,buscando unir las dos fuentes que conducen al hombre al conocimiento de sí mismo y de la verdad: la fe y la filosofía. Fue publicada ocho años después de su muerte.”
“Trata las preguntas más existenciales del hombre, reconoce la sed infinita que posee el hombre de conocer la verdad y de experimentar su fruto, entendido desde la realidad de lo eterno y lo trascendental”.
“Es una obra de madurez, densa y a veces de difícil lectura; llena de meticulosos análisis ontológicos, situada en una auténtica encrucijada entre fenomenología y neotomismo.”
“Busca el diálogo entre la tradición que va de San Agustín o el Pseudo Dionisio hasta Duns Scoto 21, y tal vez -sin nombrarlo- Francisco Suárez 22, pasando naturalmente por Santo Tomás, con la modernidad que representan Husserl, Scheler, Heidegger y otros”.
“Sin difuminar las diferencias, y sin desconocer la originalidad de cada uno, va perfilando una posición propia, una filosofía de la esencia como signo de lo eterno, "de la esencia en cuanto misterio", que sin pretender erigirse en sistema filosófico, paga un fuerte tributo a una sistematización a través de la cual pocos estarían dispuestos a seguirle hoy”.
Aún no han sido publicadas todas sus obras; sus escritos están bajo la tutela de la Orden Carmelita de las Descalzas.
Esta Orden tenía cierto reparo en publicar la autobiografía viviendo todavía su hermana. La decisión fue que la familia la leyese y juzgase. Para los familiares la lectura supuso la vuelta al pasado, en algunos casos un poco duro, pero como era la verdad, no había nada que negar pero sí se podía sacar a la luz de una forma más inofensiva. Al final la obra se publicó, pero no el texto completo. La sobrina reconoce: “A pesar de algunas de sus severas críticas de miembros de la familia, tenemos con la “tía Edith” una gran deuda de gratitud. Recuperó para nosotros un mundo que, en el tiempo en que se publicó su libro, había desaparecido para siempre... Edith trazó sus retratos con un cuidado cariñoso. Fue un acto de homenaje a su madre”.

Edith llevó al Convento de Echt muchas obras y manuscritos y hay que añadir las obras que escribió allí; pero en Colonia se quedó casi toda su biblioteca y algunos manuscritos así como la autobiografía.
En 1945 las monjas de Echt tuvieron que trasladarse a Herkenbosch, alli pudieron llevar algunas obras. Lo demás se quedó en el sótano. Después de la guerra tuvieron que trabajar duro entre los escombros para recuperar los manuscritos que se enviaron a “Husserl-Archiv,” de la Universidad de Lovaina en Bruselas.

Después de que la Madre Teresa Renata 23 escribiera la primera biografía de Edith Stein aparecieron otros escritos dispersos y en Colonia se fue conformando lentamente un archivo con todo el material recopilado. Actualmente es el archivo más completo, donde se pueden encontrar todas las obras de la Carmelita, sus manuscritos, ya en forma original, ya fotocopiados y también todas las obras, revistas y artículos que tienen que ver con la vida y escritos stenianos.
Veamos sin mucho detalle algunas de las obras de nuestra filósofa y santa que luego analizaremos en la siguiente parte.
Durante el período 1930-33 se dedicó a los temas de pedagogía y formación femenina. Los textos de estos años, junto con un breve ensayo sobre Santa Isabel de Hungría 24 , fueron reunidos en el volumen “Formación y vocación de la mujer”  (1949).
En el curso del primer año de vida carmelita escribió “La oración de la Iglesia y El misterio de Navidad”, dos interesantes opúsculos llenos de profundo y genuino sentimiento religioso.

Luego, por consejo de sus superioras, compuso la monumental obra “El ser finito y el ser eterno” (1950), en la que examina todo lo creado e increado para llevar a cabo una síntesis entre Santo Tomás de Aquino y la filosofía moderna en la que dio preferencia singular a la ideología de la escuela fenomenológica de Husserl.

Su tesis doctoral “Problema de la Empatía” "es una experiencia sui generis, la experiencia del estado de consciencia de los otros en general... la experiencia que un yo en general tiene de otro yo similar a éste"; explicación del término "empatía".

En su ensayo “Causalidad psíquica”, Edith, que aprendió de su maestro Husserl la fenomenología como ciencia de la consciencia, sostiene la autonomía, y por ende el carácter personal de la fuerza vital espiritual de cada uno. Ésa es la causa por la que no todos se abren a determinados valores con el mismo ímpetu y la misma capacidad receptiva.
Al tratar la imagen de la Trinidad en la creación, hacia el final de su obra “Ser finito y Ser eterno”, Edith, ya Carmelita profesa, habla del alma en la cual el yo personal se encuentra en su propia casa,como de un espacio en el centro de esa totalidad que se compone del cuerpo, la psique y el espíritu."El alma como “castillo interior‟, como la ha denominado nuestra Santa Teresa de Ávila, no es puntiforme como el yo puro, sino que es un espacio, un castillo con muchas habitaciones, donde el yo se puede mover libremente, bien yendo hacia el exterior, bien retirándose cada vez más hacia el interior. [...]El alma no puede vivir sin recibir. Se nutre de los contenidos que acoge espiritualmente, viviéndolos."
En 1938 escribe: "bajo la Cruz entendí el destino del pueblo de Dios que entonces (1933) comenzaba a anunciarse. Pensaba que entendiesen que se trataba de la Cruz de Cristo, que debían aceptarla en nombre de todos los demás. Es verdad que hoy entiendo mejor estas cosas, lo que significa ser esposa del Señor bajo el signo de la Cruz. Aunque ciertamente nunca será posible comprender todo esto, puesto que es un secreto”.

Dentro de esta primera etapa en su pensamiento filosófico, vale también la pena resaltar su obra "Introducción a la Filosofía". Si bien no pertenece propiamente al ciclo de obras anterior y es de difícil catalogación, es una obra sumamente original. En ella se descubren los principales problemas de la filosofía de la naturaleza: el movimiento, las nociones de tiempo y espacio o qué es un objeto material y físico.

En diálogo con Kant y con Husserl, y demostrando profundos conocimientos de las ciencias duras de su época (física, biología, filosofía de la ciencia), Stein establece una diferencia fundamental entre los problemas de la naturaleza y los problemas de la subjetividad. A partir de la segunda parte (encargada de estudiar la subjetividad), formulará una antropología propiamente dicha y resaltará las características del hombre como la libertad, la conciencia, y la capacidad reflexiva.

"La estructura de la persona humana", es un curso que escribió e impartió entre 1932 y 1933, en el Instituto de Pedagogía Científica en Münster, Westfalia

"Potencia y acción" fue una primera obra de metafísica y ontología en la que dialogará con el pensamiento de Hedwig Conrad-Martius. Es producto de un intenso estudio de las obras de Santo Tomás de Aquino y del Beato Duns Escoto, sin dejar de lado la fenomenología husserliana.

Como hemos visto, ya en el monasterio de Carmelitas de Colonia, a Edith Stein se le había dado permiso para dedicarse a las obras científicas. Allí había escrito, entre otras obras, “De la vida de una familia judía”: "Deseo narrar simplemente lo que he experimentado al ser hebrea". “Ante la juventud que hoy es educada desde la más tierna edad en el odio a los judíos..., nosotros, que hemos sido educados en la comunidad hebrea, tenemos el deber de dar testimonio".

Tal como hemos precisado, en Echt, Edith Stein escribió a toda prisa su ensayo sobre Juan de la Cruz, el místico doctor de la Iglesia, con ocasión del cuatrocientos aniversario de su nacimiento (1542-1942). Lleva como subtítulo: " La ciencia de la Cruz ", que es como habitualmente se le conoce.

En 1941 escribía a una religiosa con quien tenía amistad: "una scientia crucis (la ciencia de la cruz) solamente puede ser entendida si se lleva todo el peso de la cruz. De ello estaba convencida ya desde el primer instante y de todo corazón he pronunciado: Ave, Crux, Spes unica (te saludo, Cruz, única esperanza nuestra)".

Persecución y asesinato
En 1933 Edith Stein es destituida de su cargo de docente en el Instituto Científico de Munster, por ser judía. Fue algo que no le sorprendió. Lo contará más tarde en su autobiografía: "Había oído ya antes algo sobre las severas medidas contra los judíos. Pero ahora comencé de pronto a entender que Dios había puesto una vez más su pesada mano sobre su pueblo y que el destino de este pueblo era también el mío"…. "Si aquí no puedo continuar, en Alemania ya no hay posibilidades para mí ". "Me había convertido en una extranjera en el mundo".
Tengo que volver a poner de relieve que la Hermana Teresa, vive su realidad judía en plenitud. Es llamada a responder como respondió la Reina Ester 25 a favor de su pueblo. Su función consiste en interceder con toda el alma y con una disposición total para conseguir lo que pide, incluso contando con la posible pérdida de la vida. Pero lo hace en total unión con el ofrecimiento del Divino Mesías. Quiere colaborar en lo que falta a la Pasión de Cristo.

Hace una petición por escrito a su Priora, pidiendo permiso para ofrecerse como víctima: “Querida Madre, permítame Vuestra Reverencia, ofrecerme en holocausto al Corazón de Jesús para pedir la verdadera paz: que la potencia del Anticristo desaparezca sin necesidad de una nueva guerra mundial y que pueda ser instaurado un orden nuevo. Yo quiero hacerlo hoy porque ya es medianoche. Sé que no soy nada, pero Jesús lo quiere, y Él llamará aún a muchos más en estos días.”



En 1933, ante la grave situación de la Shoah 26, Edith pide audiencia privada con el Papa Pío XI pero, al no ser posible, el 12 de abril de 1933, le escribió una carta 27 en la que señalaba los peligros que se cernían con la llegada al poder del Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores de Adolf Hitler en marzo de ese año. Además, señalaba con claridad su convicción de que el silencio «no logrará comprar la paz con el actual gobierno alemán», es decir, con el régimen nazi y le pedirá que escriba una Encíclica en favor de los judíos perseguidos. Su aportación fue tenida en cuenta para preparar el borrador de una Encíclica, que nunca llegó a publicarse. Más tarde, Pío XII tomará algunas de sus ideas en su primera Encíclica Summi Pontificatus.
En la carta expresaba, entre otras cosas, “Como hija del pueblo judío que -por la gracia de Dios durante los últimos once años también ha sido hija de la Iglesia católica- me atrevo a hablarle al Padre de la Cristiandad sobre lo que oprime a millones de alemanes. Desde hace semanas vemos que suceden en Alemania hechos que constituyen una burla a todo sentido de justicia y humanidad, por no hablar del amor al prójimo. Durante años, los líderes del nacionalsocialismo han estado predicando el odio a los judíos. Ahora que tomaron el poder gubernamental en sus manos y armaron a sus partidarios –entre los cuales hay elementos probadamente criminales–, esta semilla de odio ha germinado. [...]”


Todos nosotros, que somos fieles hijos de la Iglesia y observamos las condiciones imperantes en Alemania con los ojos abiertos, tememos lo peor para el prestigio de la Iglesia si el silencio se prolonga por más tiempo. Estamos convencidos de que, a la larga, este silencio no logrará comprar la paz con el actual gobierno alemán. Por ahora, la lucha contra el catolicismo se hará en forma silenciosa y menos brutal que contra los judíos, pero no menos sistemática. No pasará mucho tiempo hasta que ningún católico pueda ocupar un cargo en Alemania, a menos que se ponga incondicionalmente al servicio del nuevo rumbo de los acontecimientos.”

El 1 de julio de ese año, su hermana Rosa —también convertida al catolicismo— llega al mismo Carmelo y profesa como terciaria carmelita.

El 31 de diciembre de 1938, el asedio de “La noche de los cristales rotos” 28, fue especialmente doloroso para los judíos.
Edith sufre por su familia y las religiosas temen por su vida y gestionaron el asilo político en Suiza para ser transferidas, la santa y su hermana, al Convento de Carmelitas de Le Paquier. Pero sólo se lo concedían a ella. No quiso abandonar a Rosa y se quedó en Echt. En tales circunstancias la Madre Superiora de las Carmelitas de Colonia decide enviarla a Iberoamérica pero ella se rehusa pues prefiere permanecer junto a los suyos en aquellos momentos críticos. Sin embargo la noche de fin de año tiene que cruzar la frontera de los Países Bajos y la llevan al monasterio de Carmelitas de Echt, en Holanda. Las carmelitas piensan que, siendo Holanda neutral y país de refugiados políticos, Edith podría vivir allí segura. Sin embargo, la lectura en las iglesias de una carta pastoral de los obispos holandeses, contraria a los principios racistas, motiva en represalia, que las religiosas y religiosos y muchos otros conversos de origen judío hayan de ser deportados.
El 9 de junio de 1939, escribe su testamento lo que, según Eduardo de la Hera (2009), podría interpretarse como un presentimiento de su muerte: “Desde ahora acepto con alegría y con perfecta sumisión a su santa voluntad, la muerte que Dios me ha reservado. Pido al Señor que se digne aceptar mi vida y mi muerte para su honor y su gloria. Por todas las intenciones del Sagrado Corazón de Jesús y de María y por la Santa Iglesia, de modo especial por el mantenimiento, santificación y perfección de nuestra Santa Orden, particularmente los Carmelos de Colonia y Echt. En expiación por la incredulidad del pueblo judío y para que el Señor sea acogido por los suyos y venga su Reino en la Gloria. Por la salvación de Alemania y la paz en el mundo. Finalmente, por mis familiares, vivos y difuntos, y por todos los que Dios me ha dado, que ninguno se pierda”.
Cada año el día 14 de septiembre en la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, las carmelitas renuevan sus votos. Era costumbre en este Carmelo, que la priora en este día leyera una breve reflexión. En esta oportunidad encarga a la Hermana que la escriba. Ella lo realizará con gozo y fueron reflexiones profundas, de una persona que vive a fondo la vida religiosa y anima a vivirla a sus hermanas, sobre todo en aquellos momentos tan trágicos de la II Guerra Mundial.

El año 1940 es elegida como nueva priora la Hna. Antonia. Ésta no quiere que se desaprovechen las dotes de Edith Stein, y le pide que prepare un ensayo sobre la doctrina de San Juan de la Cruz, para la celebración del IV centenario de su nacimiento. Edith elige como tema: “La Ciencia de la Cruz en San Juan de la Cruz”. Este había sido su tema de meditación en sus ejercicios para la toma de hábito, y sigue siendo su tema constante de meditación: descubrir una luz, en la cruz que ha caído sobre su pueblo: Ella escribe en base a lo que siempre pensó y sintió: “Bien está el venerar al Crucificado en imágenes y fabricar crucifijos [...] pero mejor que las imágenes de madera y piedra se conviertan en imágenes vivas”.
Escribir el ensayo citado es para Edith una gracia, pues le permite estar todo el día en contacto con San Juan de la Cruz, el mejor de sus maestros. Este contacto le ayudará a prepararse con toda conciencia desde la fe, el amor y la esperanza para el martirio, porque la cruz es camino de la luz y la muerte de la resurrección, no sólo para ella sino para todo su pueblo.
El 1 de septiembre sale una orden del nacionalsocialismo por la que todos los judíos en territorio alemán o bajo su dominio deben llevar una estrella amarilla.
Pese a las dificultades Edith todavía compuso tres hermosos actos de oblación, ofreciéndolos por el pueblo judío, por el evitamiento de la guerra y por la santificación de la Familia Carmelita.

Edith es consciente de su destino, y lo acepta como venido de las manos de Dios. Pocos días antes de su deportación, a quienes se ofrecen para salvarle la vida, les dirá: ¡No hagáis nada! ¿Por qué debería ser excluida? No es justo que me beneficie de mi bautismo. Si no puedo compartir el destino de mis hermanos y hermanas, mi vida, en cierto sentido, queda destruida.
El día 2 de agosto de 1942 es detenida por la Gestapo, junto con su hermana Rosa quien asustada por la multitud y por no poder hacer nada ante la situación, se empezó a desorientar. Un testigo relató que Edith tomó de la mano a Rosa y le dijo tranquilamente: “Ven, vamos junto a nuestro pueblo”. Juntas caminaron hacia la esquina y entraron en el camión de la policía que las esperaba. Luego, en la noche entre el 3 y el 4 de agosto, los presos fueron trasladados al campo de concentración en Westerbork, situado en una zona completamente deshabitada al norte de Holanda.

Hay muchos testigos que cuentan del comportamiento de Edith durante esos días de prisión: su silencio, su calma, su compostura, su autocontrol, su consuelo para otras mujeres, su cuidado para con los más pequeños, lavándolos y cepillando sus cabellos y cuidando de que estén alimentados.

El 9 de agosto de 1942, llegaba en el tren de la muerte al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Por su edad (51 años cumplidos), su baja estatura, sin signos externos de robustez, en la mentalidad nacista no servía para trabajos forzados.

La llevaron a la barraca 36, siendo marcada con el Nº 44.074 de deportación. Las lamentaciones en el campamento, y el nerviosismo en los recién llegados, eran indescriptibles. Edith Stein iba de una parte a otra, entre las mujeres, consolando, ayudando, tranquilizando como un ángel. Muchas madres, a punto de enloquecer, no se habían ocupado de sus hijos durantes días. Edith se ocupaba inmediatamente de los pequeños.

Uno de los testigos, que sobrevivió dice: “Había una monja que me llamó inmediatamente la atención y a la que jamás he podido olvidar, a pesar de los muchos episodios repugnantes de los que fui testigo allí. Aquella mujer, con una sonrisa que no era una simple máscara, iluminaba y daba calor. Yo tuve la certeza de que me hallaba ante una persona verdaderamente grande. En una conversación dijo ella: “El mundo está hecho de contradicciones; en último término nada quedará de estas contradicciones. Sólo el gran amor permanecerá. ¿Cómo podría ser de otra manera?” 

Y otro: “Tengo la impresión de que ella pensaba en el sufrimiento que preveía, no en su propio sufrimiento, --por eso estaba bastante tranquila, demasiado tranquila, diría yo--, sino en el sufrimiento que aguardaba a los demás. Cuando yo quiero imaginármela mentalmente sentada en el barracón, todo su porte externo despierta en mí la idea de una Pietá sin Cristo.”

Después de varios tormentos y humillaciones indescriptibles, el 9 de agosto, los prisioneros son conducidos inmediatamente a la cámara de gas donde la ducha anunciada, en vez del agua deseada, emanó el tóxico ciclón B de la muerte casi instantánea. Así moría como judía y católica -mártir de la fe- a los 51 años de edad.

Muere ofreciéndose como holocausto para la salvación de las almas, por la liberación de su pueblo y por la conversión de Alemania. Con la oración de un Padrenuestro en los labios, Edith da el sentido más pleno a su vida, entregándose por todos, por amor.
Su cuerpo fue calcinado. No hay tumba. Las cenizas o huesos de la religiosa se arrojaron en el campo adyacente. Hoy es un verde campo con cruces que plantan allí los grupos de peregrinos.

Edith Stein fue beatificada por Juan Pablo II en Colonia, en el aniversario de su consagración definitiva, el 1 de mayo de 1987.
Con su beatificación, la Iglesia rindió honores, por decirlo con palabras del Sumo Pontífice, a "una hija de Israel, que durante la persecución de los nazis ha permanecido, como católica, unida con fe y amor al Señor Crucificado, Jesucristo, y, como judía, a su pueblo ".

El mismo Papa  canonizó a la judía, filósofa, monja, mártir y beata, Teresa Benedicta de la Cruz de la Orden del Carmelo Descalzo, el 11 de octubre de 1998, en la Basílica de San Pedro en Roma.

Fue también este Papa quien la declaró co-patrona de Europa,  junto a Brígida de Suecia (1303?-1373) y Catalina de Siena (1347-1380), el 12 de julio de 1999, en el marco de la apertura del Sínodo de Europa,

Recogemos un fragmento de las palabras que dijo el Papa ese día: “Edith hizo suyo el sufrimiento del pueblo judío a medida que éste se agudizó en la feroz persecución nazi, que sigue siendo, junto a otras graves expresiones del totalitarismo, una de las manchas más negras y vergonzosas de la Europa de nuestro siglo. Sintió entonces que en el exterminio sistemático de los judíos se cargaba la Cruz de Cristo sobre su pueblo, y vivió como una participación personal en ella su deportación y ejecución en el tristemente famoso campo de Auschwitz-Birkenau”.

“Para edificar la nueva Europa sobre base sólidas, no basta ciertamente en los meros intereses económicos que, si unas veces aglutinan otras dividen, sino que es necesario hacer hincapié más bien sobre los valores auténticos, que tienen su fundamento en la ley moral universal, inscrita en el corazón de cada hombre.”

Su fiesta se celebra en el Carmelo Teresiano y en la Iglesia Católica el 9 de agosto.
Pensamiento
Caballero Bono nos cuenta que cuando en 1936 Edith Stein fue conducida al Hospital de la Trinidad de Colonia por haber sufrido fracturas en la muñeca y en un pie, se presentó así: «Soy Edith Stein. Hermana Teresa Benedicta de la Cruz».
“Muchas veces en mi vida, añade este autor, he pensado sobre estas dos frases. ¿Qué significa el hecho de que Edith haya dicho primero su nombre civil y sólo después el nombre de Orden? Un posible significado es que ella no es patrimonio de la Orden Carmelitana. Que tiene un mensaje que decir, no sólo a los carmelitas, ni siquiera tan sólo a los católicos o a los cristianos, sino también a un musulmán o a un hinduista, incluso a una persona no religiosa…”
García Rojo sostiene que el jesuita Erich Przywara, escribía en 1955: "Edith Stein en su profundidad singular es símbolo de la auténtica situación intelectual de hoy. En el instinto más interior de su raza fue siempre consciente de que Abraham, el padre de paganos y de los judíos, procedía de la asiática Ur en Caldea, así también todo su pensar estuvo orientado al Oriente. Como carmelita, igualmente por instinto, puso su morada en el Monte Carmelo, al mismo tiempo que fue su ley la medida y medio del Occidente benedictino. Justamente este posicionamiento entre Oriente y Occidente dificulta, a veces, captar la profundidad singular de la figura y de la obra de Edith Stein.”
Algo parecido se oyó de labios de Juan Pablo II en la ceremonia de Beatificación de Edith Stein, el 1 de mayo de 1987 en Colonia: "Nos inclinamos profundamente ante el testimonio de la vida y la muerte de Edith Stein, la hija extraordinaria de Israel e hija al mismo tiempo del Carmelo. Sor María Teresa Benedicta de la Cruz, una personalidad que reúne en su rica vida una síntesis dramática de nuestro siglo. La síntesis de una historia llena de heridas profundas que siguen doliendo aún hoy, pero que hombres y mujeres con sentido de responsabilidad se han esforzado y se siguen esforzando por curar; síntesis al mismo tiempo de la verdad plena sobre el hombre, en un corazón que estuvo inquieto e insatisfecho hasta que encontró descanso en Dios".
También hay que tener en cuenta que en los años en Gotinga, como nos refiere Ferrer Santos, “tuvo trato frecuente con los jóvenes fenomenólogos que, procedentes de distintos enclaves geográficos, constituían el entorno husserliano más próximo: Adolf Reinach, el primero en ser habilitado por Husserl; Theodor Conrad y Moritz Geiger, que habían sido discípulos de Theodor Lipps en Munich; Hedwig Conrad-Martius, esposa de Conrad y especializada en Filosofía de la Naturaleza; Dietrich von Hildebrand, quien vivía en Munich; los franceses Alexander Koyré, parisino, y Jean Héring, oriundo de Estrasburgo; Fritz Kaufmann, que venía de Marburgo, invadido todavía por la atmósfera neokantiana que había creado Paul Natorp; el canadiense Daniel Bell, que hacía el doctorado con Husserl sobre el filósofo nortemaericano Royce; el polaco Roman Ingarden, cuyo trabajo de doctorado, dirigido por Husserl, versaba sobre Intuición e intelecto en Bergson, y no en último lugar Max Scheler, dedicado a sus escritos tras serle retirada la Venia Docendi 29 en Munich e invitado asiduamente por la Sociedad fenomenológica de Gotinga”.
Además durante las décadas de 1920 y 1930, Stein estuvo en contacto con muchos de los principales pensadores católicos de aquella época, entre ellos: Dietrich von Hildebrand (filósofo), Raphael Walzer (liturgista), Peter Wust (filósofo), Max Scheler (filósofo), Gertrud von le Font (escritora), Johaines Quasten (patrólogo), Erich Pryzawa (escritor espiritual), y el filósofo Jacques Maritain (con quién se encontró cerca de París)”.

De lo expresado por Erich Przywara y Juan Pablo II, de la influencia que los citados pensadores pudieron tener en ella y de lo expuesto en la primera parte de este artículo, puedo inferir que la figura y el pensamiento de Edith Stein, sumamente complejos, son el punto de confluencia de múltiples tradiciones, corrientes filosóficas, históricas, religiosas, etc.

Para analizar la complejidad de la obra de nuestra filósofa seguiré este esquema:
- Búsqueda de la verdad.

- Alcances de su filosofía.

- Su mundo neotomista.

- Ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu.

- El puesto de la mujer.

- Una espiritualidad cristiana desde el concepto de espíritu.

- En defensa de lo espiritual/religioso.

- La Ciencia de la Cruz.

Búsqueda de la verdad.

Edith Stein fue una mente brillante, una académica erudita, intelectual de vanguardia que se afanó en la búsqueda de la Verdad que, una vez hallada, abrazó hasta el fin.
Esa búsqueda, sostiene Gutiérrez (2014), “se ve con mucha claridad a lo largo de todo su itinerario desde el seno de su familia judía, pasando por la filosofía de la escuela fenomenológica alemana y culminando con su encuentro con la fe cristiana, a partir de la cual su búsqueda de Dios –y luego su divulgación de dicha experiencia de encuentro personal–, llevándola a optar por la vida de religiosa contemplativa, sigue atravesada transversalmente por su esfuerzo por categorizar intelectualmente sus indagaciones y hallazgos”.

Pero, como ya hemos estudiado, no fue sino hasta el verano de 1912, que exclamó: «¡Esta es la verdad! » que se hizo sonora en su mente, corazón y voluntad.
López Quintás(1999) nos dice que “son muchos los que, empezando por el mismo Husserl, se han preguntado qué pudo hallar la intelectual Stein en la vida de la Santa de Ávila para moverse a dar el paso definitivo hacia el ámbito de la fe en cuyos aledaños se había movido largo tiempo”.
Para contestar con alguna garantía de éxito, conviene meditar el siguiente párrafo de un trabajo sobre la “Causalidad psíquica” publicado por la Hermana Carmelita:«Hay un estado de descanso en Dios, de total suspensión de toda actividad del espíritu en el que no se pueden concebir planes, ni tomar decisiones, ni aun llevar nada a cabo, sino que, haciendo del porvenir asunto de la voluntad divina, se abandona uno enteramente a su destino. He experimentado este estado hace poco, como consecuencia de una experiencia que, sobrepasando todas mis fuerzas, consumió totalmente mis energías espirituales y me sustrajo a toda posibilidad de acción. No es la detención de la actividad, consecuencia de la falta de impulso vital. El descanso en Dios es algo completamente nuevo e irreductible. Antes era el silencio de la muerte. Ahora es un sentimiento de íntima seguridad, de liberación de todo lo que la acción entraña de doloroso, de obligación y de responsabilidad. Cuando me abandono a este sentimiento, me invade una vida nueva que, poco a poco, comienza a calarme y –sin ninguna pretensión por parte de mi voluntad– a impulsarme hacia nuevas realizaciones. Este flujo vital me parece ascender de una Actividad y de una Fuerza que no me pertenecen pero que llegan a hacerse activas en mí. La única suposición previa necesaria para tal renacimiento espiritual parece ser esta capacidad pasiva de recepción que está en el fondo de la estructura de la persona»”.
Alcances de su filosofía.

Es de loar el esfuerzo desarrollado por el hombre, a lo largo de toda su vida e historia, para comprender – mediante la filosofía- cuales son las raíces de su existencia y orientarse en el ejercicio de su libertad y de sus responsabilidades sociales e históricas.

Donoso Brant nos dice que en una oportunidad Stein afirmó que “El estudio de la filosofía es un continuo caminar al borde del abismo", pero ella, intelectual y espiritualmente madura, supo hacer de la misma una vía privilegiada de encuentro con la verdad.
La fenomenología.
“A raíz de la crisis de las ciencias y la frustración ante el naufragio del sueño ilustrado, afirma Gutiérrez (2014), en Europa surgen diversas reacciones; la filosofía de Edmund Husserl (1859-1938) se enmarca dentro de las posturas personalistas, que creen que el distanciamiento entre el sujeto y el objeto no es un impedimento para el conocimiento (como sí lo postulan los vitalistas), sino que por el contrario, da la perspectiva necesaria para tener posturas críticas y mejor fundamentadas frente a la realidad. La postura fenomenológica de Husserl pretende aproximarse al objeto pero desde la perspectiva del sujeto, aceptando tanto la distinción entre uno y otro como la necesidad de ambos elementos en el proceso epistemológico”.

Edith Stein se incorpora de manera del todo consciente a la corriente fenomenológica. "Yo estaba ya convencida de que Husserl era el filósofo de nuestro tiempo", afirma sin vacilación.”

“Esta corriente, añade Gutiérrez, convertirá en impronta indeleble, por más que asimile con el paso del tiempo otras escuelas. La conversión al Catolicismo no supuso la renuncia a la fenomenología. Cuando redacta su obra filosófica “Ser finito y ser eterno” desde la celda carmelitana, recordará que su patria filosófica es la escuela de Husserl y que su lengua materna continúa siendo la de los fenomenólogos”.
Lo que atrajo intensamente a Edith Stein fue la apertura directa de la conciencia al ser del mundo.
La posición crítica de Edith respecto al desarrollo de la doctrina de Husserl por una línea que fue denominada de "idealismo trascendental" favoreció su aproximación a la perspectiva de la Escolástica. Y el encuentro con el Ser infinito hizo crecer en su espíritu el germen de la contemplación.

Guilead (1976) apunta que "Hay un problema en el que se concentra todo su interés filosófico: el de la persona humana. No es una casualidad que sus primeros escritos graviten sobre cuestiones de naturaleza psíquica, comunitaria y social. Ahora, la búsqueda de la esencia de la persona humana está unida indisolublemente a la de la dimensión espiritual. Así que no nos sorprende que, desde sus primeros escritos, Edith Stein afronte la cuestión de una ontología del espíritu".
Feldmann (1988), afirma: “Todo este proceso comenzó en la búsqueda del núcleo de la persona humana. ‘Sólo quien se experimenta a sí mismo como persona, como un todo lleno de sentido, está en condiciones de comprender a otras personas’, pero pronto desbordó la estructura de la existencia humana para preguntarse por el fundamento y la causa de todo ser. Edith Stein fue ascendiendo [...] hasta que llegó a alcanzar aquella realidad última que engloba y sostiene toda realidad humana”.
Desde los primeros contactos con Reinach, dice Gutiérrez, Stein se inicia en un proceso en el que «toda mirada despierta el asombro» que ya en Aristóteles se señala como la condición necesaria para el inicio de la filosofía auténtica… filosofía que, asombrándose ante el fenómeno de la realidad como un todo, percibe en dicho fenómeno una experiencia de diálogo con Otro. El encuentro con ese Otro que es el Ser Absoluto produce en ella una experiencia a la vez de paz y quietud interior y, paradójicamente, de profunda energía para emprender nuevos rumbos.

Tratando de penetrar un poco en el trato fenomenológico de la santa veamos con Ruiz-Alberdi Fernández algunas ideas de su tesis doctoral Sobre el problema de la Empatía"; teniendo en cuenta que la parte primera de carácter histórico no se conserva. Pero se cuenta con otras tres partes: la esencia de la empatía, la constitución del individuo psicofísico y la persona.
En la primera estudia la esencia de los actos de la empatia siguiendo el método de la “reducción fenomenología”, tomando como fin “la aclaración y por tanto la base última de todo conocimiento”. La empatía no se confunde ni con la memoria, ni con la imaginación , ni con la percepción externa, aunque tiene con ellas algo en común. “Todas estas datitudes de vivencias de otros remiten a un género básico de actos, en cuya vivencia extraña se expresan y que nosotros, después de considerar todas las tradiciones históricas ligadas a la palabra, queremos designar como empatÍa”.
La segunda parte está dedicada al análisis de empatia como problema de constitución del individuo “psico-físico” que no es algo simple: es un “compuesto” de varios estratos: el Yo puro, como sujeto de experiencia y unidad de conciencia; el alma como parte esencial del individuo, su unidad sustancial; el cuerpo al que está unida el alma y que se vive como “experiencia”, como “mi cuerpo” y por tanto algo vivo.
Y en la tercera parte trata el problema de la persona en relación con la empatía. Pone el acento en la conciencia del individuo en cuanto que es la que constituye el objeto. En este sentido su visión de la conciencia va entendida como espíritu y no como algo de orden natural. La empatia se mueve en este campo espiritual.
Podemos afirmar que el problema que le interesa resolver en la tesis es el de la persona como sujeto espiritual que será la base de todas sus investigaciones posteriores.

Filosofía y mística
Gutiérrez apunta de manera un tanto cuestionadora, que algunos puedan ver tintes de misticismo en la propuesta filosófica de Edith Stein, e indica que “quizás sea el “entreveramiento” de lo divino y lo humano, del que habla López Quintás, lo que permitió a la filósofa alemana iluminar su vida (incluyendo su pensamiento) desde su fe y tener la coherencia de vida que tuvo hasta el final de sus días”.

Ales Bello (2006), en cambio, advierte que para entender el nexo y la relación entre filosofía y mística, consideradas por la Carmelita como dos vías para el conocimiento de la verdad, es necesario empezar por el comentario de la obra de santa Teresa, el Castillo interior.

El Papa Benedicto XVI, en su famoso discurso en Ratisbona (2006) mencionó tres tareas fundamentales que se requieren para hacer realidad la obediencia a la verdad necesaria para el ejercicio filosófico: «en primer lugar, la obediencia a la verdad; en segundo término, la ampliación del horizonte de la razón que esa obediencia exige (yendo más allá de los límites estrechos en que la ha encerrado la ilustración); por último, el renovado encuentro entre fe y razón que esa ampliación permite. El pensamiento de Santa Teresa Benedicta de la Cruz puede ofrecer un aporte importante a esta tarea en todos sus aspectos», tanto por su perseverancia filosófica en el esfuerzo por hallar la verdad como por su valor al seguir hasta el final aquello que descubre, precisamente, como luz para toda su vida. «En cuanto entrevió dónde se hallaba la fuente de dicha luz, se fue rauda hacia ella, diciendo, sin duda, con quien iba a ser su guía espiritual, Juan de la Cruz: “Apártalos, amado, que voy de vuelo”».

Cabe recordar, también con Ales Bello, que “el camino de la mística comienza en la cuarta morada, cuando la iniciativa pasa completamente a las manos de Dios; no se trata del movimiento del alma hacia Dios, sino del movimiento que va de Dios hacia el alma, y se concreta en la diferencia entre consuelos y dulzuras; éstas últimas tienen su origen en Dios y permiten la oración de quietud”.

Stein, antes de seguir con la descripción del camino de la mística, se para a reflexionar sobre la existencia de dos caminos que conducen a Dios, y lo hace para evitar que no se tome en consideración la unión con Dios para los que no acceden a la experiencia mística: "el primero es una dura cuesta arriba acompañada de los esfuerzos de cada uno, obviamente con la ayuda de Dios; el segundo consiste en ser arrastrados hacia arriba, lo que ahorra mucho trabajo, pero cuya preparación y puesta en práctica ponen duras pruebas a la voluntad".

En la óptica de la mística nupcial, se entra a través de la sexta morada al noviazgo espiritual; esta imagen sirve para comprender en términos humanos lo que acontece entre Dios y el alma, cuando intentan conocerse y poner a prueba su amor. Stein comenta al respecto: "Dios es amor, éste es el punto de partida de san Agustín, y ésta ya de por sí es Trinidad. De hecho, el amor necesita un amante, un amado y el amor mismo".

Su mundo neotomista.
En el siglo XX, el movimiento neoescolástico es sostenido y animado entre otros documentos por dos encíclicas: Aeterni Patris (1897) de Leon XIII y Pascendi (1907) de Pío X. “Ambos documentos exhortan a recurrir sobre todo a Santo Tomás. Con ello se pretendía salvaguardar el pensar católico de los peligros del modernismo; sin embargo, esta postura traerá como consecuencia una ruptura más profunda entre cultura e Iglesia.”
Respecto a este movimiento Edith considera que su aportación principal ha de ser la de servir de puente entre dos mundos: el mundo tomista y el pensar moderno.
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