Libro III alquimia del espíritu humano una guía para la transición hacia la Nueva Era






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títuloLibro III alquimia del espíritu humano una guía para la transición hacia la Nueva Era
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Las bienaventuranzas
Canalización en directo Bellevue, Seattle

Agosto de 1994

Seminario de Kryon


Esta canalización en directa ha sitio editada con palabras y pensamientos adicionales, para permitir una mayor clarificación y una mejor comprensión de la palabra escrita.
Saludos, queridos míos. Soy Kryon del servicio magnético. ¡Todos ustedes son queridos muy tiernamente! Es cierto que esta es la voz que se escuchó desde la zarza ardiente. Es el Espíritu el que acude esta noche ante ustedes. Es el Espíritu el que se sienta a sus pies, mientras escuchan la voz de mi socio. Pues son ustedes de hecho los guerreros de la luz. Y les pedimos, con todo amor, que se preparen y abran sus corazones al mensaje que Kryon les transmite esta noche. Además, y por ser esta una ocasión especial, siendo este el lugar dulce en el que he situado a mi socio, allí don­de está cumpliendo ahora su contrato, solicitamos verificación de esta canalización, en esta noche, por parte de las personas sensiti­vas que están aquí, y las desafiamos a sentir el Espíritu y a saber lo que está teniendo lugar. A ver cambiar las auras, a sentir el po­der del amor que camina por los pasillos de este lugar, y a saber que todo esto es real y que está sucediendo verdaderamente. Pues cada uno de ustedes es una entidad muy especial, y el Espíritu les ve por lo que son mientras se hallan sentados en sus asientos, de­lante de mi socio. El Espíritu conoce mucho acerca de quiénes son. El Espíritu ve un tiempo en el que habrá una gran celebra­ción, cuando ya no estén aquí. Un tiempo en el que todos conoce­rán las bandas de colores que portan cada uno de ustedes, pues ellas dirán: «Ah, vosotros fuisteis los que estuvisteis en el planeta en período de aprendizaje. Sois los que estuvisteis por propia de­cisión en el planeta que se elevó a sí mismo. Os honramos. Pode­mos ver por vuestras bandas: quiénes sois». Pues ese es el manto que llevan consigo incluso mientras están aquí, ahora, y eso es un tremendo honor.

El mensaje de esta noche quizá les sorprenda. Es un mensaje interno para ustedes. Ha habido quienes han dicho: «Kryon, no ha hablado para nada de los otros maestros que caminaron sobre este planeta. Ha ofrecido muy poca credencial a aquel que entró en la cueva y salió con el Corán y, sin embargo, son millones los que le siguen. No ha hablado de los que estuvieron en la India. No ha ha­blado del Babas, o del Avatar. ¿Y qué decir del Buda? Hay tantos maestros y, sin embargo, no nos ha ofrecido información sobre ellos». Y la respuesta a eso es la siguiente: que las otras canaliza­ciones, en las otras culturas, realizarán el trabajo de exposición de éstos. Pues todos ellos tuvieron un mensaje de amor, y todos ellos se hallan enlazados con el Espíritu. Pero es en este día cuando de­seamos examinar otros mensajes del maestro de la Nueva Era al que ustedes llaman Jesús, y al que nos referiremos como el judío Jesús. Pues hubo un tiempo en el que, cerca del lugar que él llamó Galilea, reunió a una multitud ante él e hizo ante ella nueve decla­raciones de bendición, que son las declaraciones bendecidas de la Nueva Era. Eso será reinterpretado esta noche, y entonces verán cómo este maestro de su cultura fue, de hecho, el primer maestro del amor de su Nueva Era. Lo que sigue en estas reinterpretacio­nes será la esencia de lo que se dijo en el momento en que se transmitieron estas canalizaciones. Así que proceda lentamente, socio mío, pues no se reinterpreta la escritura sin temor (risas en­tre el público).

Estas declaraciones de bondad son para ustedes, queridos míos. Escuchen atentamente, pues aparecen por orden de impor­tancia. Son nueve y se ofrecen con la que tiene una mayor ener­gía en primer lugar.

Antes de hacerlo así, hay un séquito que me acompaña y que está en las alas de este lugar mientras escuchan (o leen) estas pa­labras, que está sentado cerca de usted y que eleva la vibración de la sala. Este séquito, las entidades Kryon, junto con otras que han sido invitadas, están aquí para responder a sus necesidades. Tie­nen un gran amor por ustedes y están aquí para servirles. Gritamos «¡Honor!», y les decimos que se acostumbren a esto, a este amor que se derrama del Espíritu, pues así son las cosas. Así es como funciona el Espíritu. Pues cada uno de ustedes es amado exactamente como el de al lado, ni en mayor ni en menor medida Y las entidades que traigo conmigo a este lugar esta noche están aquí para servirles a ustedes y a sus guías, que también han llama­do ángeles. Pues se sienten muy excitados, y saben que no hay ca­sualidades y que están aquí por acuerdo previo. No les serviría si no lo supieran así.
1) He aquí la primera declaración de bienaventuranza. Bien­aventurados los pobres de Espíritu, pues ellos son familia. Ahora quizá se pregunten: «¿Quiénes son los pobres de Espíritu?». Esta frase ha sido malinterpretada y se ha creído que se refiere a los humildes. Queridos míos, en esta asamblea, esta misma noche, son muchos de ustedes los que han tenido vidas espirituales pasa­das y encarnaciones. Observamos con gran humor cósmico cuán­tos de los que están aquí ahora llevaron sandalias en vidas pasa­das. Y los vestidos de arpillera, y todas las encarnaciones que se pasaron hincados de rodillas, con las espaldas inclinadas sobre sus narices ante el Espíritu. No podrían haber acudido a un lugar de iluminación en este tiempo de la historia de su planeta sin ha­ber pasado antes por esos otros tiempos. Muchos de ustedes están familiarizados con esto, y han analizado esas vidas pasadas y sa­ben de qué estoy hablando.

Pero, queridos míos, estoy aquí para decir que aquel que es humilde no es aquel del que estamos hablando. Este humilde no es el pobre de Espíritu. Pues, a través de los eones y de sus pro­pias vidas pasadas, la humildad no ha producido más que dolores de espalda, rodillas y narices inflamadas. No. Hablamos ahora de aquel que fue ejemplificado en la parábola ofrecida sobre el hijo pródigo. Brevemente, esa parábola trata de una familia que tenía dos hijos. Un hijo se quedó en el hogar y honró a su familia y a su padre. Este hijo asumió la responsabilidad por las cosas que sabía que tenía que hacer, y las hizo bien. El otro hijo no lo hizo así. No vio su responsabilidad dentro de la familia, así que tomó su herencia y se marchó. La gastó estúpidamente, e hizo lo que le vino en gana. Hizo todas aquellas cosas que deseaba hacer. Y, según cuenta la historia, y como ustedes saben muy bien, llegó el momento en que el hijo que se había marchado reconoció su responsabilidad y regresó a la familia. Ahora bien, esta parábola (quizá piensen ustedes) se centra en el hijo que regresó. Pero de hecho no es así. Se centra en realidad en el hijo que se quedó. Pues ese era el hijo que hacía el trabajo y asumió la responsabilidad. Ese fue el hijo que se sintió mortificado por la celebración que se hizo por el hijo que regresó. Pues él no comprendía la ló­gica según la cual y a pesar de haberse quedado para realizar el trabajo, sólo se celebraba a aquel que no lo había hecho. Queri­dos míos, esto ejemplifica una situación en la que el hijo que re­gresa es precisamente aquel que no era iluminado y que ahora es iluminado. Y demuestra cómo tienen que ver a aquellos que no son iluminados y que ahora caminan entre ustedes. Pues ellos son en realidad los pobres de espíritu.

Todos y cada uno de ellos son los que tienen el potencial para ser maravillosos Espíritus de iluminación. Sin embargo, el mo­mento no es, simplemente, el adecuado. De modo que se sientan y mientras los observan, vean a cada uno de ellos como un hijo pró­digo, como alguien que es pobre de Espíritu. La jerarquía de im­portancia hace que éste sea el primer ejemplo, y ustedes pueden preguntar: «¿Por qué es así?». Es así porque el Espíritu ama a los no iluminados tanto como ama a los iluminados. Ellos, simple­mente, no están todavía en la familia, pero lo estarán. Y así, la de­claración de la bienaventuranza, y la advertencia que conlleva es que, cuando se produzca la celebración y esos no iluminados re­gresen a la familia, ¡deben alegrarse por ello! No vean esta situa­ción como algo que tiene poca importancia. ¡Bienaventurados sean los pobres de Espíritu! En consecuencia, los pobres de Espí­ritu representan a todos aquellos que les rodean que no se ven a sí mismos en su Nueva Era y, sin embargo, la compasión del Espíri­tu se dirige primero hacia ellos. Comprendan la sabiduría que esto encierra, y habrán comprendido a Dios.

2) La siguiente bienaventuranza es muy importante. Bienaven­turados los afligidos, pues ellos recibirán paz. Queridos míos, nada afecta más al alma del ser humano que la aflicción por el falleci­miento de un ser humano. Y el Espíritu es muy consciente de ello, pues el Espíritu comprende que se trata de algo singular para uste­des, como humanos. El Espíritu no se aflige como se afligen uste­des, pero comprende que no existe mayor dolor que el del corazón.

Entre los que se encuentran aquí esta noche hay quienes se han sentido afligidos por la reciente pérdida de un ser querido. Entre ellos, todavía hay quienes sienten encogido el corazón por los humanos que han fallecido, y a los que han llamado familia. Queridos míos, esta noche deseo que algunos de ellos llenen las alas de esta estancia, y deseo hacerles saber que aunque se afli­gen por la humanidad que ha fallecido, están todavía aquí, para gritarles esta noche:


«¡Somos eternos! Seguimos y seguimos y seguimos, y también ustedes seguirán..., y les amamos muy tier­namente. Vemos su aflicción y deseamos que tengan paz con lo que ha tenido lugar. Les honramos, como les honra el Espíritu, por estar aquí, y también deseamos que sepan su propia eternidad. Pues la muerte no existe. Celebren la vida que es suya a través del Espíri­tu, y sepan que seguimos aquí.»


Quienes se encuentran en las alas de este lugar son aquellos que han fallecido recientemente y que ahora vuelven a estar aquí, de visita. Ah, algunos de ustedes no lo creen así, pero tam­bién hay entre ustedes algunos que saben que eso es cierto. Es­tán aquí y mi socio, lleno de emoción por lo que está teniendo lugar, dice: «Bienaventurados los afligidos, pero deben darse cuenta de que se afligen por alguien que está vivo y que se en­cuentra aquí esta noche, en las alas de esta estancia».

Esta declaración de bienaventuranza se encuentra entre las primeras, pues implica lo mucho que el Espíritu les ama por lo que han tenido que pasar como seres humanos. Pues son ustedes realmente honrados por llevar este manto, por haber acudido a un planeta en el que ni siquiera pueden ver quiénes son, y por afligirse por aquellos que han fallecido. Son ustedes eternos, eternos.

3) Bienaventurados sean los mansos, pues ellos heredarán el planeta. «¿Quiénes son esos mansos?», podrían preguntarse. No son los débiles, como algunos les han dicho. Estos mansos son los guerreros de la luz. Los mansos son aquellos que se muestran len­tos antes de encolerizarse a la vista de situaciones que podrían crear cólera. Estos mansos son aquellos que son lentos a la hora de defenderse a sí mismos, al encontrarse en una posición en la que parecería que se exige la defensa. Estos mansos son aquellos que toleran lo intolerable. Estos mansos son aquellos que se sien­tan esta noche ante el Espíritu. Los guerreros de la luz. Esa perso­na mansa es usted mismo. Pues ustedes son los que han visto el amor y la paz de la iluminación. En cuanto a lo de heredar el pla­neta, deben saber que son ustedes aquellos a los que hay que mi­rar. Son aquellos que van a dirigir a los demás a través de esta Nueva Era. Pues ustedes saben lo que está sucediendo, y ellos no lo saben. Ustedes son los nuevos líderes. Bienaventurados sean ustedes, los mansos.

4) Bienaventurados sean aquellos que buscan la verdad, pues la encontrarán. Queridos míos, hemos hablado una y otra vez de intencionalidad. Aquellos de ustedes que buscan la verdad están aquí esta noche, pues tienen intencionalidad para aprender sobre el Espíritu, y para aprender sobre sí mismos. Este fragmento de Dios que cada uno de ustedes lleva consigo vaya adonde vaya, está preparado para quedar expuesto ante ustedes mismos, indi­vidualmente. Son honrados por su búsqueda, incluso mientras están aquí, sentados esta noche ante el Espíritu. Pues la intencio­nalidad lo es todo. No la ofrezcan a menos que tengan verdadera intención de ofrecerla. Y cuando la ofrezcan, díganlo en voz bien alta, de modo que su humanidad pueda regocijarse de la procla­mación. Bienaventurados sean aquellos que buscan la verdad.

5) Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia. Estos misericordiosos son aquellos que son ama­bles y tienen empatía, y representan al grupo de ustedes que se han desprendido de su karma. Pues, como pueden ver, alguien que es amable y que tiene empatía, no puede ser alguien que tenga un Espíritu crítico o una naturaleza crítica. Pues una natu­raleza crítica en un humano es un despliegue de karma que no ha sido resuelto, y el karma no resuelto crea cólera y rabia. Alguien que lleva consigo cólera y rabia no puede ser una persona misericordiosa, de modo que el Espíritu honra al misericordioso y, por lo tanto, honra a aquellos que han pasado a través de sus lecciones kármicas y han hecho estallar las burbujas personales del temor. Pues esas burbujas aparecen ominosas ante ustedes, y generan temor en ustedes, pero estallan con facilidad y desapa­recen con rapidez, pues en realidad no son más que fantasmas. Una vez eliminados, la persona misericordiosa queda al descu­bierto, y es aquella persona genuinamente empática y genuinamente amable.

6) Bienaventurados sean los puros de corazón. Oh, queridos míos, esto ha sido tan mal interpretado. ¿Quién es puro de cora­zón? Quisiera dirigirme a las madres que hay entre ustedes, y que generalmente serán las mujeres (risas)..., eso es humor cósmi­co de Kryon. ¿Recuerdan la primera vez que tuvieron un hijo? Cuando llevaban esa preciosa vida en su seno, miraban a los otros niños que encontraban a su alrededor y decían a menudo: «El mío no será así, pues yo le voy a enseñar mejor a mi hijo. Sólo voy a exponer al mío a las verdades más exquisitas y sólo al amor del hogar. Voy a protegerlo y a enseñarle bien. Y va a ser un niño glorioso que me querrá mucho».

Luego, y ante el horror de algunas de ustedes, el pequeño apareció dotado de una serie de atributos en los que ustedes casi no podían creer. Allí había cólera, temor, celos, egoísmo y, sí, in­cluso astucia. Eso no lo aprendieron de ustedes, ¿verdad? ¿No es eso la prueba de la impronta que llevan consigo todos los niños que nacen en este planeta y que portan los atributos del karma? Ninguna madre tuvo que transmitirles esas cosas. De hecho, su­cede más bien lo contrario, pues aquellas madres que se dieron cuenta de lo que estaba sucediendo, comprendieron que su traba­jo consistiría en ayudar a que se «desaprendieran» esas cosas. Sí, aquel que es puro de corazón es el que ha asumido la responsabi­lidad de su contrato, y que comprende que las víctimas no exis­ten. Cada uno de ustedes tiene un conjunto de circunstancias en su vida, que ha planeado por sí mismo y por las que tiene que pasar. Y por muy extraño que le pueda parecer a usted, sea cual fuere la situación en la que se encuentre, resulta que la ha plani­ficado usted mismo. Lo planificó con ayuda de los que le rodean, incluso con la de aquellos a los que dice no conocer. Pues son en realidad muy conocidos de usted. Se conocen los unos a los otros, y ni siquiera saben que es así. Tal es la fuerza de su duali­dad. Ustedes la planificaron y son responsables por las situacio­nes en las que se encuentran ahora. Y cuando tengan pleno cono­cimiento de estos hechos, serán aquellos a los que el Espíritu llama puros de corazón. Pues su corazón comprende muy bien la planificación que intervino en la creación de las situaciones en las que se encuentran. Quizá puedan decir: «¿Cómo puede ser esto, puesto que tantas de ellas son negativas?», a lo que el Espíritu les dice: «Han solicitado a propósito estas cosas para poder afrontarlas. De ese modo queda al descubierto el tigre y se puede cumplir el karma». Aquellos de ustedes que han optado por acep­tar el don del implante neutral, se convierten automáticamente en puros de corazón. Pues su nube de karma ha quedado eliminada, y la claridad ha quedado al descubierto. Bienaventurados sean los puros de corazón.

7) Bienaventurados sean los pacíficos, pues ellos tendrán paz. Queridos míos, aquí anida el enemigo de la consciencia humana. Pues sin la integración de una cierta parte de su cerebro con el conjunto del mismo, existe un enemigo dentro de sí mismos. Nos dirigimos ahora a su intelecto. Pues sin el matrimonio del intelecto con lo espiritual, tienen a un asesino que vive dentro de su cuerpo. Cuántos de ustedes conocen, como seres humanos, el sentimiento de despertarse a primeras horas de la mañana sólo para que su in­telecto activo les diga: «¿Qué es lo que debería preocuparnos aho­ra que nos mantiene despiertos? Veamos los condicionales. ¿Y si sucede? ¿Y si no sucede?». Es un rasgo típicamente humano que una parte de su cerebro participe de la dualidad que le conduciría a un viaje hacia la peor de las situaciones posibles, una y otra vez. Inmerso en esa actividad, se sienten desequilibrados y se ven afectados por la enfermedad física. Pues la preocupación creará el desequilibrio químico y, en consecuencia, su intelecto no le habrá hecho ningún bien. Deseamos que esta noche comprendan plenamente la mecánica de este atributo, pues ustedes son los pacifica­dores. No son necesariamente los que crearán equilibrio político entre las naciones, sino que hablamos ahora de paz interna. Ha­blamos de una paz en la que la paz no tiene razón de ser, de una paz que existe junto con problemas y situaciones que, normalmente, causarían desequilibrio y temor. En lugar de eso, aspiran a la paz y la consiguen. Eso es lo que hace el pacificador. Ese es aquel que ha casado al intelecto con lo espiritual, pues como pue­den ver, se trata de un poder catalítico. Ese logrado la alianza del intelecto se hace muy poderoso cuando se casa con lo espiritual. Pues de ello no sólo se va a derivar la más grande de sus ciencias sino también la paz más grande.

Pues el intelecto le despertará a las tres de la madrugada y le dirá: «¿Sabes cuánto eres amado? ¿Sabes quién eres? ¿Sabes que tus guías están ahora mismo contigo?». Eso supone todo un cam­bio, ¿no les parece? Ese es el pacificador, y la honra que recibirá será grande. Oh, ¿no anhelan tener esto aquellos que no lo poseen aún? Puede ser de cada uno de ustedes, incluso mientras per­manecen sentados esta noche en ese asiento, previamente acor­dado (o previamente acordado mientras leen estas palabras). Es el Espíritu el que les habla ahora, no un ser humano. Sabemos quién es usted, sabemos lo que lleva consigo. Sabemos cuánto es su deseo de paz, y le decimos: «Honramos eso y lo hemos puesto a su disposición». Puede tenerlo ahora mismo, y abandonar este lugar sintiéndose una persona diferente.

8) La octava y la novena bienaventuranzas sólo son similares en cuanto a la intensidad. Bienaventurados sean aquellos que ca­minan con la verdad entre aquellos que no lo hacen así. Pues el Espíritu comprende lo que supone estar entre aquellos que le mi­ran y se ríen..., y que hacen rodar los ojos en sus órbitas y mur­muran y no se dan cuenta de quién es usted, o que no creen en usted cuando habla de estas cosas que son como preciosas perlas de verdad en su sistema de creencias. Pues han absorbido verda­deramente cómo funcionan las cosas y, sin embargo, hay a su al­rededor muchos que no reconocen esto para nada. Y, para algu­nos de ustedes, esos son la familia, mientras que para otros son conocidos o compañeros de trabajo. Una vez más les honramos por este viaje, y les animamos a ver a cada uno de ellos como al hijo pródigo, y a cada uno de ellos como a un gigante trabajador de la luz. Lo que sucede es que, simplemente, no lo saben todavía. Pues cada uno de ellos puede ser como se ha descrito previa­mente: puede estar lleno de misericordia, ser bienaventurado por sentirse afligido, ser puro de corazón. No les ha llegado todavía el momento de hacer honor a su contrato. Pero ustedes caminan entre ellos como una luz, y llegará el momento en que quizá le pregunten qué es esa luz suya. Prepárese para compartir lo que sabe con ellos, de una forma serena y con reverencia, como una verdad personal. El Espíritu le honra por lo que tiene que sopor­tar y le pide que tenga paciencia.

9) La novena declaración de honor y bienaventuranza es para aquellos que se encuentran en esta habitación (o que están leyen­do esto) que han alcanzado el estatus de graduados, que se están preparando para la ascensión y que viven ahora la verdad. El Espíritu les honra en el noveno lugar, y aunque es la última de las bienaventuranzas, es realmente importante. Bienaventurados sean aquellos que viven la verdad y caminan en la verdad, pues ellos cambiarán el planeta. Y no sólo eso, queridos míos, sino que aquellos de ustedes que saben quiénes se encuentran en esta condición, deben estar listos y preparados. Llegará un momento en que esos hijos pródigos aparecerán ante su puerta con una ex­presión de terror en sus ojos y con el temor en sus corazones, y le pedirán ayuda, precisamente aquellos mismos que le han ridicu­lizado. Pues cuando las cosas sean oscuras para ellos y los cam­bios les acucien, y sientan temor en sus corazones, se sentirán atónitos por el terror y no podrán manejarlo. No sabrán qué está ocurriendo y su biología les fallará. Sus cerebros se volverán como enloquecidos, y acudirán a ustedes y les pedirán que les den información. Para ellos, ustedes serán los chamanes; sí, los mansos que heredarán el planeta.

Este es el mensaje de la Nueva Era. Estas son las nueve decla­raciones de honor y bienaventuranza, tal como fueron ofrecidas aquel día, hace ya mucho tiempo, por el primer maestro del amor, el judío Jesús. Estas son las reinterpretaciones en esta Nueva Era, que pueden llevarse consigo esta noche, con la comprensión y el conocimiento de lo que significan para ustedes ahora, en la nue­va energía.

Les pedimos que examinen al Kryon y que sepan que yo sólo soy el mecánico. Hay mucho más por saber y por transmitir con los otros grupos de canalización y los otros que traen información y que caminan entre ustedes en dimensiones diferentes. Ahora, mi socio desea algo muy especial; desea que regrese la música. Esto es algo que no ha hecho antes, y que yo le he pedido. (Se inicia música de arpa en directo.)

Sean conscientes de cuanto producen los tonos vibratorios con su arpa, y lo importantes que son para la forma en que se alimentan espiritualmente. Queridos míos, esta noche, al cerrar esta canalización, tenemos una invitación que hacerles. Algunos de los que están sentados aquí (y que están leyendo esto) han llegado por cita previa. Y cuando decimos cita previa, nos refe­rimos a que no existen accidentes o coincidencias para que se encuentren ahora sentados ante el Espíritu, con el Espíritu ofre­ciéndoles su amor en estos mensajes. Y si se marchan esta no­che de aquí con información, eso estará bien. Pero si abandonan este lugar sintiéndose curados, eso estará aún mejor. Hay algu­nos de ustedes que no creen en lo que se les está presentando, incluso mientras mi socio lo presenta. Y yo, como Kryon, y Espíritu, les digo que son amados muy tiernamente, y que esta no­che se han empezado a sembrar en ustedes las semillas de la verdad. Y que llegará un tiempo en el que recordarán lo que fue­ron estas palabras y responderán a ellas. Dejen que su corazón les guíe hacia la verdad y hacia lo que resuena como verdad en su mente.

Hay otros que están preparados esta noche para lo que va a te­ner lugar. Pues el séquito que me acompaña, el grupo de Kryon, les ofrece esta noche... intervención. En este planeta de libre elec­ción tienen esta noche la posibilidad de elegir, introducir un cam­bio. Esto se relaciona con la curación. Estamos aquí con amor y pureza. Vemos con claridad su sí mismo superior. Examinamos sus colores y sabremos quiénes son. Hay aquellos que necesitan ser curados del temor. Oh, sí. De entre los que se encuentran aquí, también hay aquellos que necesitan una curación biológica, y les pedimos ahora mismo que sepan quiénes son, y que examinen si este es el momento apropiado para que eso tenga lugar. Pues, que­ridos míos, si lo es, la curación es suya esta misma noche. Mu­chos de ustedes abandonarán este lugar sintiéndose una persona diferente, un ser humano que ha sido tocado por el Espíritu y que ha cambiado..., alguien que conoce el sí mismo superior y siente la intervención desde la otra parte de sí mismo, que es invisible como ven, el Espíritu son ustedes. Está pidiendo ser tocado por esa parte de sí mismo que es Dios, que descienda sobre vosotros y efectúe los cambios que sean necesarios. No hay aquí nada que sea imposible. No hay anomalía biológica que no pueda ser enderezada. No hay pensamiento que no se pueda dirigir en otra dirección. No hay situación a la que no se le pueda dar la vuelta para convertirla en una situación de ganador. No hay temor representa­do aquí esta noche, que no pueda ser sustituido por la paz.

Y así, les pedimos que ofrezcan intencionalidad, mientras permanecen sentados aquí serenamente, para que eso pueda te­ner lugar. Sientan a las entidades que están en las alas de esta es­tancia ahora, hablando con sus guías. Pues, para muchos de uste­des tienen a mano la facilidad, y esa es la razón por la que se encuentran aquí. Por eso es por lo que ahora están escuchando estas voces. Se pueden conseguir muchas cosas con usted dentro de los tres próximos días. ¡Hablo de usted! ¡Sabe quién soy! Los sensitivos reconocen lo que está sucediendo en este momento. Esta sala es diferente de lo que era hace apenas un momento. No hay nada maligno que le pueda afectar a usted. No hay ninguna fuerza oscura que pueda interferir con usted. En este momento es usted amor puro, tal como entró y tal como regresará. Así es como les vemos, queridos míos, al honrarles dentro del Espíritu. Dese­amos que posean lo que les ha ocurrido, y que se marchen de este lugar sintiéndose curados.

Cuando hablamos de la nueva Jerusalén, ¡les decimos que es­tán en ella! Representa a la nueva Tierra, a la Nueva Era, y a la nueva energía de la que disponen los afligidos, los mansos, los que buscan la verdad, los que son misericordiosos y puros de co­razón, los que soportan el ridículo..., y que representan la energía del amor para todo el planeta. Es decir, ustedes mismos.

Y que así sea..., y que así sea.
Kryon



Querido Lee:

Probablemente, esta no sea una de las cartas que quisiera incluir en su próxi­mo libro, puesto que he tenido muchas señales físicas de que estaba pasando por el proceso del implante.

Había decidido celebrar un picnic para hablar de los li­bros de Kryon en un grupo. Eso fue lo que inició nues­tros encuentros mensuales de Kryon desde agosto de 1994. Al celebrarse el picnic, yo me encontraba en mi proceso de cambio. Además de mis otros problemas, mi problema más incómodo era que me enfermaba, comie­ra lo que comiese. No era precisamente la persona más cariñosa con la que estar. Esos problemas terminaron por afectarme al sinus y empezaron entonces los dolo­res de cabeza. Al cabo de tres meses de intentar expli­car por qué la sanadora no podía sanarse a sí misma, acudí a mi santuario y mantuve una muy clara conver­sación con Kryon.

Le dije, entre lágrimas, que no puedo seguir soportán­dolo. Estoy enferma de tanto sentirme enferma, de llo­rar continuamente, de sentirme sola, de no tener dinero. No sé cómo explicar lo que sucedió, pero el caso es que las velas se apagaron y la grabadora se detuvo..., y yo dejé de llorar.

Desde entonces, no he vuelto a llorar, como no sea para derramar lágrimas de alegría. No me he sentido más en­ferma. Me sentí muy feliz al volver a notarme buena de nuevo, pero lo más importante es que ahora contemplo la vida con un significado totalmente renovado. Mi vida, mis hijos y todos mis amigos y estudiantes se han beneficiado de mis tres meses de cambio. Mi corazón se siente tan lleno de amor y unicidad que ni siquiera soy capaz de re­cordar qué o quién me molestaba... Con amor y respeto.
Kathie Greene

Tonawanda, Nueva York


4. El implante

Más sobre el nuevo don del Espíritu

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