Paper La “trampa estadística” del factor demográfico en la proyección del desarrollo de los países emergentes Parte II: Abatidos por el fuego amigo La “cuesta abajo” de los países desarrollados: la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser (“Full Monty” al borde del abismo)






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El ingreso promedio de las familias de EEUU cayó en 2010 por tercer año consecutivo y la tasa de pobreza alcanzó su mayor nivel desde 1993, dijo la Oficina del Censo. El ingreso medio anual familiar cayó 2,3% en 2010 a US$ 49.445 ajustado a la inflación, por primera vez por debajo de US$ 50.000 desde 1997. La tasa de pobreza aumentó de 14,3% en 2009 a 15,1% en 2010.

Los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) se reunirán la próxima semana en Washington para debatir un plan de ayuda para la Unión Europea, que atraviesa problemas de deuda, dijo el ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega.

- Estados Unidos registra los peores niveles de pobreza en casi dos décadas

Una cifra récord: 46,2 millones de habitantes de Estados Unidos son pobres, según los datos del año 2010 dados a conocer el martes 13 (para más Inri) de septiembre de 2011, por la Oficina del Censo de ese país. Este es el número más alto jamás recolectado por el organismo desde que comenzó a ejercer sus funciones en 1959.

Las estadísticas que revelan el descalabro son múltiples y uniformemente malas. En términos porcentuales, la tasa de pobreza es la más alta desde 1993: 15,1%. En el año 2000, la cifra era de 11,7%.

Mientras tanto, el ingreso anual de los hogares promedio cayó en un 2,3%, hasta llegar a los US$ 49.445.

Para EEUU una familia pobre es aquella que posee un salario anual de US$ 22.314 o menos. Si se trata de una sola persona, el monto anual debe ser igual o menor que US$ 11.139.

Por otra parte, el número de habitantes sin seguro médico supera los 50 millones de personas.

Los analistas consideran que más que alarmantes, estas son cifras “esperadas”, pues según ellos, la pobreza siempre aumenta en tiempos de recesión, y esta ha sido la más profunda y extensa desde la Gran Depresión de 1929.

Sheldon Danziger, director del National Poverty Center (Centro Nacional de la Pobreza) de la Universidad de Michigan, explica algunas de las posibles causas de estos resultados:

“Nuestros índices de pobreza son mayores que en Canadá y algunos países del norte de Europa por dos razones: la primera es que desde hace 30 años los salarios reales de los que no tienen un diploma de secundaria han disminuido considerablemente, en especial para aquellos que trabajan en la construcción”, dice Danziger.

“En segundo lugar, nuestras políticas sociales hacen muy poco por aumentar los salarios de los trabajadores en épocas de bonanza económica o para ayudar a los desempleados durante las recesiones”, agrega.

Otro dato que resalta Danziger es que el 21% de los niños en EEUU son pobres. Según él, ese es un porcentaje similar al del año 1965.

“La mayoría de ellos no tiene acceso a la educación superior, por lo que es más probable que continúen siendo pobres cuando sean adultos”, señala.

El nivel de pobreza entre los hispanos resultó ser bastante más alto que los blancos no hispanos: 26,6% frente a un 9,9%.

Su media anual de ingreso es de US$ 37.800, mientras que más del 30% de ellos no tiene seguro médico. Ni público, ni privado.

En 2010, un portavoz de la organización Pan para el Mundo (BFW, por sus siglas en inglés) explica que una de las causas de la pobreza de los hispanos era el área y las industrias en las que trabajan. Además, el nivel de desempleo en sectores como la construcción y los servicios es mucho mayor al promedio general, agrega.

Durante los últimos meses, la tasa de desempleo en EEUU ha continuado por encima del 9%.

Según las perspectivas del National Poverty Center de la Universidad de Michigan, para que la tasa de pobreza general regrese a los niveles de 2000 (11,7%) tomará por lo menos unos seis o siete años.

Los datos mostraron cómo la brecha entre el grupo de los que cobran más dinero frente al de los que cobran menos, se sigue ampliando. El 10% de los que reciben un sueldo inferior ha visto disminuir su renta un 12%, mientras que el 10% de los que reciben un sueldo mayor sólo vio reducirse su renta un 1,5%.

La raza también aparece como un factor destacado en la diferente situación económica, con blancos y asiáticos a la cabeza de los ingresos y negros e hispanos en la cola, aunque todos los grupos sufrieron una disminución en su renta.

La población blanca no hispana vio mermar también sus rentas en un 1,3%, pero sobre una base mucho mayor: de 55.360 dólares en 2009 a 54.620 dólares en 2010.

Por familias, la situación también ha empeorado, con 11,7% del total y 9,2 millones en 2010 en la pobreza, comparado con el 11,1% y los 8,8 millones de 2009.

En lo que respecta a las personas sin cobertura médica, la cifra se mantuvo en los niveles del periodo anterior: un 16,3% del total de la población de 310 millones de habitantes, aunque la cifra ascendió de 49 millones en 2009 a 49,9 millones en 2010.

Desde 2007, un año antes de la reciente recesión económica, la media de ingreso real de los hogares ha declinado 6,4% y la tasa de pobreza ha aumentado un 2,6%

En la Unión Europea tampoco “atan los perros con chorizos”

European Commission - Employment, Social Affairs & Inclusion

Poverty and social exclusion (15/6/11)

80 million people in the EU -or 16% of the population, and 19% of the children- are currently at risk of poverty, since they live on an income below 60% of the median household income of their own country.

17% of Europeans suffer from material deprivation, which means that their living conditions are severely affected by a lack of resources.

Social transfers reduce the risk of poverty by 38% on average in the EU, but this impact varies from less than 10% to nearly 60% across EU.

EU action has helped to create a consensus about the following key challenges:

to eradicate child poverty by breaking the vicious circle of intergenerational inheritance

to promote the active inclusion in the society and the labour market of the most vulnerable groups

to ensure decent housing for everyone

to overcome discrimination and increase the integration of people with disabilities, ethnic minorities and immigrants and other vulnerable groups

to tackle financial exclusion and overindebtedness.

Since 2000, the European Union has provided, through the open method of coordination, a framework for national strategy development as well as for policy coordination between EU countries on issues relating to poverty and social exclusion.

This coordinated action at European level is reflected in national action plans. It encourages EU countries to examine their policies critically, and highlights how some perform well in certain areas, spurring on others to perform better. It also creates a better basis for policy making by involving NGOs, social partners, local and regional authorities and those working with people in poverty.

The European Commission provides financial support to relevant activities undertaken by a wide range of stakeholders.

La “década perdida” de Estados Unidos

Hubo momentos, en los últimos años, cuando los dirigentes de Estados Unidos no estaban seguros del camino que tomaría la crisis.

En sólo un punto, se sentían absolutamente seguros: Estados Unidos no tomaría -mejor dicho: no podía- tomar la ruta de Japón.

La economía era demasiado flexible; las respuestas gubernamentales a la crisis, muy contundentes; y el electorado, extremadamente exigente como para permitir que el estancamiento al estilo japonés sucediera en suelo de Estados Unidos…

En términos de crecimiento económico, el desenvolvimiento de Estados Unidos en los últimos cinco años no ha sido mejor que el de Japón durante los cinco años que le siguieron al estallido de la burbuja de activos, a finales de los años 80. El desempleo estadounidense es considerablemente peor.

El panorama del empleo era un terreno inhóspito al inicio del año 2011. Ahora (septiembre), es peor, con una tasa de desempleo alrededor del 9% y con un récord de 40% de los desempleados en esa condición por más de seis meses.

En el pasado, los economistas han tendido a alabar la flexibilidad del mercado laboral estadounidense: el desempleo aumenta más rápidamente en una recesión, pero cae más velozmente a medida de que la economía se recupera. Además, el desempleo de largo plazo fue siempre mucho más bajo.

Hoy en día, esa flexibilidad laboral de Estados Unidos pareciera operar en sólo una dirección, mientras que el “sobre-regulado” mercado laboral alemán se ha desempeñado impresionantemente bien.

Algunas estadísticas destacan el fracaso de la economía estadounidense para crear empleos para su creciente población: en 1958, 85% de los hombres estadounidenses en edad de trabajar estaban trabajando. Hoy, menos del 64% tiene empleo y, en caso de que crean que es simplemente debido a que las mujeres entraron a la fuerza laboral, el porcentaje de todos los estadounidenses, hombres y mujeres, que tienen un empleo es menor que lo que se ha registrado desde inicios de la década de los 80.

Lecciones de la historia

Pero no se trata sólo de trabajos. En su último estudio sobre la economía de Estados Unidos, el Fondo Monetario Internacional analizó en detalle las últimas diez recesiones de Estados Unidos.

Tomando como base la mayoría de los indicadores clave, las dos crisis del siglo XXI (la de 2000-01 y 2008-09) han sido las peores.

Eso es lo que hace que muchos piensen que Estados Unidos ya sufrió una “década perdida”, al menos en Main Street (es decir, en el bolsillo de los consumidores).

El ingreso promedio de los hogares estadounidenses cayó 3,6% entre 2001 y 2009.

Los ingresos reales volvieron a caer nuevamente en 2011, mientras que la inflación repunta y los salarios se mantienen en el mismo lugar.

La debilidad de los salarios es similar a la que experimentó Japón.

Como muestra el siguiente gráfico, Estados Unidos no es Japón todavía. Necesitaría otros cinco años de lo mismo para realmente seguir el camino de Japón.

El problema es que los analistas están empezando a ver otro síntoma que el Estados Unidos de 2011 comparte con el Japón de los 90: parálisis política.

Eso, más que el crecimiento débil o el actual nivel de endeudamiento público, es lo que más le preocupa a la agencias de riesgo.



Independientemente de que sea un espejo japonés, la economía de Estados Unidos parece estar adentrándose en un camino difícil. Pero, mirando al otro lado del Atlántico, es difícil discutir que los países europeos están manejando sus problemas mucho más decididamente.

Y, a diferencia de Estados Unidos, las economías de la eurozona no tienen la demografía de su lado: en la mayoría de las naciones europeas, la fuerza laboral está encogiéndose y, por eso, probablemente, también la tasa de crecimiento potencial a largo plazo.

El capitalismo asimétrico tiene fisuras

El mundo ha crecido en los últimos años más que nunca, los gráficos muestran crecimientos exponenciales y necesitamos nuevas escalas para reflejar el PIB. Pareciese que vivimos en el planeta más fantástico de todos los tiempos, pero no. Si dividiésemos ese voluptuoso PIB entre rentas del trabajo y rentas del capital en cualquier país desarrollado podríamos observar como las primeras tienen cada vez menos peso en favor de las segundas, o lo que es lo mismo, el crecimiento de ensueño que muestran las gráficos no ha ido a parar al bolsillo de los trabajadores. Y claro, además esas menguantes rentas del trabajo también muestran discrepancias en su comportamiento según si miramos arriba o abajo.



No sé qué habría pasado si nos dicen que la globalización es esto, aunque ya no lo sabremos. ¿Y cómo íbamos a negarnos a que niños hambrientos del mundo emergente se alimenten? ¿Por qué la globalización era eso, no? Una oportunidad a quien no la tiene para salir de la pobreza, absolutamente nada que ver con los beneficios a pesar de que la mejor manera de acabar con la pobreza es, sin más, querer hacerlo. Tal y como demuestran los multimillonarios e históricos rescates a Wall Street “querer es poder”, aunque la voluntad no siempre es la misma para todas las cosas.
Es así como Karl Marx, el padre del marxismo, resucita. Año 2011 y medios como el WSJ,
a través de esta entrevista a Roubini, o Bloomberg se hacen eco de sus ideas entre otros muchos. Y es que estamos ante el más reconocido crítico de la “plusvalía” o “plusvalor” que el capitalista percibe del trabajador, o lo que es lo mismo, de la cantidad que genera el factor trabajo pero va a parar al factor capital a cambio del riesgo sufrido. Parece que existe una relación directa entre lo que decía el alemán y lo que está ocurriendo, o eso se deja intuir por el súbito interés, ¿pero es así?
En mi opinión no existe ningún problema con el plusvalor, de hecho la mayoría de los trabajadores están de acuerdo en generar rentabilidad para quienes los contratan, a cambio de tener un trabajo, si no fuese así estaríamos ante un mundo de emprendedores, pero no es el caso. No obstante, como en casi todas las cuestiones económicas, es necesario un equilibrio, y éste quizá ahora esté roto provocando lo que vemos.
Llegamos a un punto en que la balanza ya no está inclinada, sino rota, y eso tiene consecuencias. Roubini lo expresa perfectamente en una simple frase: “Marx tenía razón, llegado un punto, el capitalismo puede autodestruirse, porque no se puede seguir trasladando ingresos del trabajo al capital sin tener un exceso de capacidad y una falta de demanda agregada. Como ya he comentado no creo que el problema esté en la plusvalía y por tanto tampoco que el capitalismo vaya a autodestruirse, pero sí que es cierto es que todo lo que vemos conduce a la misma situación: mientras por una parte vemos una liquidez global absolutamente brutal correteando de un lado para otro en busca de activos a donde ir, por la otra esas mismas inversiones necesitan empresas rentables con consumidores, y los consumidores han desparecido. El dinero que es excesivo en un lado es necesario en el otro, la economía real necesita algunos de los recursos de la economía financiera. Más deuda ya no es solución.


¿Y la hay, hay solución? Sin duda que los gobiernos del mundo hubiesen apostado por formar y preparar a sus ciudadanos en lugar de facilitarles el contrato de la hipoteca para firmar habría ayudado. Pero si bien una sociedad puede ser muy productiva, si esas rentas se van al capital de forma excesiva y de forma insuficiente al trabajo llegaremos a la misma situación en la que estamos. El problema es global, las empresas se deslocalizan, si antes pagaban 100 ahora pagan 50 y si alguien pretende no hacerlo será arrasado por la competencia, lo que acaba repercutiendo en toda la cadena. Se habla de subir impuestos a los altos patrimonios o al capital pero, teniendo en cuenta que hoy por hoy la mayoría de los flujos se van a los paraísos fiscales, subirlos aún más quedando por encima de la media seguramente nos alejaría de la competitividad que necesitamos.
¿Se solucionará el problema? No, desgraciadamente no, para ello es necesaria una respuesta colectiva que no parece estar sobre la mesa, el juego parece estar “atado y bien atado” porque con acciones individuales sólo existe un camino, y por ahí vamos. Si bien cuando el hombre intenta saltarse las reglas de la economía, ésta reacciona de forma imprevisible. Quizá lo haga esta vez, aunque nada garantiza que las consecuencias vayan a gustarnos.
¿Karl Marx tenía razón? (“Entender es actuar”, dixit)
Karl Marx pudo haberse equivocado con el comunismo pero, en lo que se refiere al capitalismo, mucho de lo que dijo resultó ser correcto, como señala el filósofo John Gray, quien escribió el siguiente artículo para la BBC. (BBCMundo - 11/9/11).

(El subrayado y destaque en color, son míos)

“Como efecto secundario de la crisis financiera, más y más gente está dándose cuenta de que Karl Marx estaba en lo cierto.

El gran filósofo alemán del siglo XIX, economista y revolucionario, pensaba que el capitalismo era radicalmente inestable.

Tenía incorporada la tendencia de producir auges y colapsos cada vez más grandes y profundos y, a largo plazo, estaba destinado a destruirse a sí mismo.

A Marx le complacía esa característica: estaba seguro de que habría una revolución popular, la cual engendraría un sistema comunista que sería más productivo y mucho más humano.

Marx erró en lo que se refiere al comunismo. Pero su percepción de la revolución del capitalismo fue proféticamente acertada.

No fue sólo sobre el hecho de que en ese sistema la inestabilidad era endémica, aunque en ese respecto fue más perspicaz que la mayoría de los economistas de su época y de la actualidad.

A un nivel más profundo, Marx entendió cómo el capitalismo destruye su propia base social: la forma de vida de la clase media.

La terminología marxista de burgueses y proletariado suena arcaica.

Pero cuando argumentó que el capitalismo hundiría a la clase media en algo parecido a la existencia precaria de los angustiados trabajadores de su época, Marx anticipó un cambio en la manera en la que vivimos que apenas ahora estamos teniendo que afrontar.

Destrucción creativa

Para Marx, el capitalismo era la teoría económica más revolucionaria de la historia, y no hay duda que difiere radicalmente de los sistemas previos.

Las culturas de los cazadores-recolectores persistieron con su forma de vida por miles de años, las esclavistas por casi el mismo tiempo y las feudales por muchos siglos. En contraste, el capitalismo transforma todo lo que toca.

No son sólo las marcas las que cambian constantemente. Compañías e industrias se crean y se destruyen en una corriente incesante de innovación, mientras que las relaciones humanas se disuelven y reinventan en formas novedosas.

El capitalismo ha sido descrito como un proceso de destrucción creativa, y nadie puede negar que haya sido prodigiosamente productivo.

Prácticamente todos los que viven en países como el Reino Unido hoy en día reciben ingresos reales más altos de los que habrían recibido si el capitalismo no hubiera existido nunca.

El problema es que entre las cosas que se han destruido en el proceso está la forma de vida de la que, en el pasado, había dependido el capitalismo.

La promesa...

Los defensores del capitalismo argumentan que le ofrece a todos los beneficios que en la época de Marx sólo tenían los burgueses, la clase media asentada que poseía capital y tenía un nivel razonable de seguridad y libertad durante su vida.

En el capitalismo del siglo XIX, la mayoría de la gente no tenía nada. Vivían de vender su labor y cuando los mercados se debilitaban, enfrentaban dificultades.

Pero a medida que el capitalismo evolucionó -dicen sus defensores-, un número mayor de personas se beneficiaron.

Carreras satisfactorias dejaron de ser la prerrogativa de unos pocos. La gente dejó de tener dificultades todos los meses por vivir de un salario inseguro. Las personas estaban protegidas por sus ahorros, la casa que poseían y una pensión decente, así que podían planear sus vidas sin temor.

Con la expansión de la democracia y la riqueza, nadie se iba a quedar sin una vida burguesa. Todos podían ser clase media.

La realidad

De hecho, en el Reino Unido, Estados Unidos y muchos otros países desarrollados, durante los últimos 20 a 30 años ha ocurrido lo opuesto.

“La clase media solía pensar que sus vidas se desenvolverían en una progresión ordenada, pero ya no es posible considerar a la vida como una sucesión de niveles en los que cada escalón está más arriba que el anterior”.

No existe la seguridad laboral, muchas de las profesiones y oficios del pasado desaparecieron y carreras que duran toda la vida no son mucho más que un recuerdo.

Si la gente posee alguna riqueza, está en sus casas, pero los precios de la propiedad raíz no siempre aumentan. Cuando el crédito es restringido, como ahora, pueden quedarse estancados por años. Una menguante minoría puede seguir contando con una pensión con la cual vivir cómodamente y pocos cuentan con ahorros significativos.

Más y más gente vive al día, con muy poca idea sobre qué traerá el futuro.

La clase media solía pensar que sus vidas se desenvolverían en una progresión ordenada, pero ya no es posible considerar a la vida como una sucesión de niveles en los que cada escalón está más arriba que el anterior.

En el proceso de creación destructiva, la escalera desapareció y para cada vez más personas, ser de clase media ya no es siquiera una aspiración.

Ganancia negativa

A medida que el capitalismo ha ido avanzado, ha llevado a la mayoría de la gente a una nueva versión de la precaria existencia del proletariado del que hablaba Marx.

Los salarios son más altos y, en algunos lugares, en cierto grado hay un colchón contra los sacudones gracias a lo que queda del Estado de bienestar.

Pero tenemos poco control efectivo sobre el curso de nuestras vidas y las medidas tomadas para lidiar con la crisis financiera han profundizado la incertidumbre en la que tenemos que vivir.

Tasas de interés del 0% conjugadas con el alza de precios implica que uno recibe beneficios negativos por su dinero y produce la erosión del capital.

La situación para muchos jóvenes es aún peor. Para poder adquirir las habilidades indispensables para conseguir empleo, hay que endeudarse. Y como en cierto momento hay que volverse a entrenar, hay que ahorrar, pero si uno empieza endeudado, eso es lo último que podrá hacer.

Cualquiera que sea la edad, la perspectiva de la mayoría de la gente hoy en día es una vida entera de inseguridad.

Quienes se arriesgan

Al mismo tiempo que ha despojado a la gente de la seguridad de la vida burguesa, el capitalismo volvió obsoleto al tipo de persona que disfrutaba de la vida burguesa.

“La perspectiva de la mayoría de la gente hoy en día es una vida entera de inseguridad”

En los '80s se habló mucho de los valores victorianos, y los promotores del mercado libre solían asegurar que éste reviviría las virtudes del pasado.

Pero el hecho es que el mercado libre socava las virtudes que mantienen el estilo de vida burgués.

Cuando los ahorros se están desvaneciendo, ser cauteloso puede llevar a la ruina. Es la persona que pide grandes préstamos y que no le tiene miedo a declararse en bancarrota la que sobrevive y prospera.

Cuando el mercado laboral es volátil, no son aquellos que cumplen cabalmente con las obligaciones de su trabajo quienes tienen éxito, sino los que siempre están listos a intentar algo nuevo que aparenta ser más prometedor.

En una sociedad que está siendo transformada continuamente por las fuerzas del mercado, los valores tradicionales son disfuncionales y quien quiera vivir de acuerdo a ellos está en riesgo de terminar en la caneca de la basura.

Se desvaneció en el aire

Examinando un futuro en el que el mercado permea todas las esquinas de la vida, Marx escribió en el Manifiesto Comunista: “todo lo que es sólido se desvanece en el aire”. Para alguien que vivió en la Inglaterra victoriana temprana -el Manifiesto fue publicado en 1848- era una observación asombrosamente visionaria.

En esa época, nada parecía más sólido que la sociedad en cuyos márgenes vivía Marx.

Un siglo y medio más tarde, vivimos en el mundo que él anticipó, en el cual la vida de todos es experimental y provisional, y la ruina súbita puede llegar en cualquier momento.

Un pequeño puñado de gente ha acumulado vastas riquezas pero incluso eso tiene una cualidad de evanescente, casi fantasmal.

En los tiempos victorianos, los verdaderamente ricos podían darse el lujo de relajarse, si eran conservadores a la hora de invertir su dinero. Cuando los héroes de las novelas de Dickens finalmente reciben su herencia, no vuelven a hacer nada jamás.

Hoy en día, no existe un remanso de seguridad. Los giros del mercado son tales que nadie puede saber qué mantendrá su valor, ni siquiera dentro de unos pocos años.

No fue el mayordomo

Este estado de alteración perpetua es la revolución permanente del capitalismo y yo pienso que nos acompañará en cualquier futuro imaginable realísticamente.

Estamos apenas a mitad de camino de una crisis financiera que pondrá muchas cosas de cabeza.

Monedas y gobiernos probablemente caerán, junto con partes del sistema financiero que creíamos seguro.

No se ha lidiado con los riesgos que amenazaban con congelar a la economía mundial hace apenas tres años. Lo único que se ha hecho es obligar a los Estados a asumirlos.

No importa qué digan los políticos sobre la necesidad de frenar el déficit, deudas de la magnitud de las que se han incurrido no pueden ser pagadas. Es casi seguro que lo que harán es manejarlas recurriendo a la inflación, un proceso que está abocado a ser muy doloroso y empobrecedor para muchos.

El resultado sólo puede ser más agitación política, a una escala aún mayor.

Pero no será el final del mundo, ni siquiera del capitalismo. Pase lo que pase, vamos a seguir teniendo que aprender a vivir con la energía errática que el mercado emanó.

El capitalismo llevó a una revolución pero no la que Marx esperaba. El exaltado pensador alemán odiaba la vida burguesa y pensó en el comunismo para destruirla.

Tal como predijo, el mundo burgués ha sido destruido.

Pero no fue el comunismo el que cometió el acto.

Fue el capitalismo el que mató a la burguesía”.

El futuro ya está aquí: el FMI prepara sus reservas para rescatar a España e Italia

“Un alto cargo del FMI confiesa que Madrid y Roma precisarán “ayuda internacional”. El Fondo estudia activar préstamos bilaterales por valor de medio billón”... (Libertad Digital - 14/9/11)

La sombra del rescate regresa una vez más con fuerza a España, y ahora también a Italia. El temor a la quiebra griega ha vuelto a poner en el disparadero a ambas economías. De hecho, el agravamiento de la crisis de deuda pública durante este verano ha provocado la intervención de facto de estos dos estados, después de que el Banco Central Europeo se viera obligado a comprar bonos españoles e italianos el pasado agosto a fin de atenuar el inasumible coste financiero que exigía el mercado.

Sin embargo, esta medida es meramente temporal y ahora se teme que la crisis griega acabe por arrastrar a otros socios. El problema es que en ausencia de eurobonos y ampliación del actual Fondo de rescate europeo, España e Italia quedarían a la deriva. A día de hoy no existen mecanismos europeos en caso de que cualquiera de estos estados precise ayuda. Ante tal escenario, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de lanzar una posible solución. Un alto funcionario del Fondo señala que, si bien España e Italia están “haciendo mucho” para hacer frente a los problemas de sus finanzas públicas y sus deudas, cree que necesitarán apoyo internacional para evitar el contagio.

En concreto, se trataba de un vehículo financiero para conceder préstamos bilaterales por un valor de entre 200.000 y 250.000 millones de euros a cambio, eso sí, de aplicar el tradicional plan de ajuste que suele imponer el FMI en caso de intervención. Según distintas fuentes, el plan se trazó durante una reunión extraordinaria a puerta cerrada del Board of Director, el organismo director del Fondo, convocado exclusivamente para hablar sobre la situación española. La solución esbozada entonces consistía en hacer uso del actual Fondo de rescate europeo y de un crédito bilateral extra del FMI ideado para economías solventes, pero con grave riesgo de contagio.

En este particular Plan B se discutió, entre otras medidas, la posibilidad de que el FMI incrementara un 50% su aportación inicial al Fondo europeo, desde los 250.000 millones actuales hasta los 375.000, así como la opción de conceder directamente préstamos bilaterales.

La nueva ronda de tensión financiera que vive Europa ante el riesgo de quiebra inminente de Grecia ha activado nuevamente el plan. Durante una reunión celebrada el pasado viernes, una gran mayoría de los miembros del Consejo del FMI se mostraron partidarios de reactivar este programa de liquidez, llamado NAP (Nuevos Acuerdos para la Obtención de Préstamos), un mecanismo de financiación por el cual el FMI logra incrementar de forma sustancial sus recursos disponibles para poder prestar dinero.

En la actualidad, el FMI dispone de 580.000 millones de dólares -algo más de 420.000 millones de euros a la cotización de hoy- para poder rescatar a España o Italia.

De este modo, estos créditos bilaterales podrían servir para sostener a alguno de estos estados. Pese a ello, según el ex representante de Italia en el FMI, Domenico Lombardi, el dinero disponible llegaría para rescatar a España pero no a Italia. Y es que, si bien en teoría este plan puede recaudar hasta 580.000 millones de dólares, tan sólo dispone hoy por hoy de 331.000 millones de dólares para su uso inmediato. Es decir, unos 242.000 millones de euros, una cifra muy próxima a la que se barajó a mediados de 2010 para rescatar a España.

Los NAP representan una serie de acuerdos de crédito entre el FMI y 39 países miembros e instituciones, muchos de ellos emergentes, y se renuevan por un período de seis meses. El programa se concibe como una medida temporal de prevención y se activa ante la previsión de que el FMI tendrá que rescatar a algún país importante. En concreto, estos recursos complementarios sólo se pueden emplear si es preciso “prevenir o hacer frente a una amenaza para el sistema monetario internacional”. Se espera que este programa sea sustituido a finales de año mediante un nuevo acuerdo con el fin de aumentar las cuotas que aportan los países miembros para financiar al FMI.

David Lipton, subdirector gerente del Fondo, señaló recientemente en una reunión privada que la renovación de los NAP disponibles puede ser necesaria en los próximos meses debido al recrudecimiento de la crisis europea y la difícil situación de España e Italia, aunque se negó a citar nombres. Ahora es un alto funcionario del FMI, Arrigo Sadun, el que apunta directamente a ambos países, si bien poco después se desdijo de sus palabras y rechazó que precisaran ayuda.

Hace escasos días, el ex director gerente del Fondo Hendrikus Johannes Witteveen también recomendó que el FMI prestara dinero a España e Italia de forma temporal, sustituyendo así al BCE. Y ello, sería posible gracias a las aportaciones que realizarían los países emergentes. Curiosamente, los denominados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se reunirán la tercera semana de septiembre para tratar de ayudar a Europa a través de alguna acción conjunta.

¿Bienvenido “Mister BRICS”?... Pero todo tiene su precio (económico y político).

La estupidez nos cuesta mucho dinero… y demasiados puestos de trabajo.

Ayer: un planeta con dos amaneceres. Hoy: mientras los BRICS esperan “verlas venir”, con sus billeteras repletas y sus fábricas a plena producción, los (¿ex?) trabajadores de los países (¿ex?) desarrollados, asisten “perplejos” a los fracasados intentos gubernamentales para no convertirse en Japón, mientras procuran desesperadamente no convertirse en Grecia. Economías que alguna vez fueron consideradas inmunes, en especial al riesgo de una cesación de pagos, mendigando ayuda a cambio de ceder sus mercados y puestos de trabajo. Y mañana: un planeta con dos atardeceres…

La deriva del Primer Mundo al Tercer Mundo: puede parecernos fea, mala, o subclínica latente, pero es lo que hay... Queda abierta la segunda parte del debate.
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