S lebovici – r diatkine – m soule






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1. Autismo primario anormal. Es la prolongación del autismo primario normal. Se halla especialmente en los casos de carencia afectiva grave (cercana al hospitalismo de Spitz).

2. Autismo secundario de caparazón (ASC). El niño parece construirse una concha alrededor de su Yo, como si de un crustáceo se tratara. La huida de todo contacto es extrema. La expresión clínica del ASC está próxima al autismo infantil típico de Kanner.

3. Autismo secundario regresivo (ASR), caracterizado por la regresión protectora, frente al terror experimentado ante el no-Yo y lo desconocido. La fragmentación, la dispersión y la escisión son los mecanismos prevale teso El cuadro clínico, confuso en lo que atañe a las vivencias tanto internas como externas, está próximo a «otras psicosis precoces» descritas anteriormente o a lo que L. Bender denomina esquizofrenia infantil.
En las publicaciones de lengua francesa, el problema planteado por las psicosis precoces, aparte del autismo de Kanner, parece estar dominado por las relaciones entre la organización psicótica y las manifestaciones de la serie deficitaria. Los trabajos de Lang y de Mises van específicamente dirigidos a clarificar estas relaciones recíprocas. Mises aísla «las psicosis precoces con manifestaciones deficitaria», caracterizadas por un muy bajo nivel de eficiencia. En cualquier caso, no se trata de un criterio muy distinto del de Kanner, para quien la eficiencia es también muy débil. El hecho de prestar especial atención al déficit parece tener un doble origen: el modo como se ha reclutado la población estudiada, esencialmente institucional, y el destacado lugar que siempre ha ocupado en Francia el problema de la debilidad, hecho que condiciona cualquier investigación psicopatológica dados los frecuentes presupuestos orgánicos implícitos.

En líneas generales, y sin retomar el hilo de lo que ya ha sido escrito en el capítulo dedicado al funcionamiento cognitivo (v. pág. 163), podemos considerar que existe una estrecha interacción entre la catexis de los procesos secundarios y la de los procesos cognitivos; cualquier dificultad en la evolución satisfactoria de una de estas áreas afecta necesariamente a la otra y viceversa.

Así, la extrema ansiedad de mutilación o de aniquilación, la incapacidad para tolerar la frustración, la utilización de los mecanismos mentales defensivos de tipo primitivo (escisión, negación, omnipotencia, proyección) y la precesión de los procesos primarios, son factores que no pueden evolucionar juntamente con la catexis del tiempo y del espacio y con el descubrimiento del placer que el Yo del niño siente al programar y planificar la acción, es decir, utilizando sus funciones cognitivas. A la inversa, cualquier factor orgánico que interfiera el funcionamiento cerebral puede dificultar a la vez la evolución de los procesos secundarios, con riesgo de que se produzca un retorno defensivo a un funcionamiento más arcaico, inmediato o pulsional. El mérito de autores tales como Mises o Lang estriba en haber sabido clarificar la reciprocidad entre los factores de la serie deficitaria y los factores de la serie psicótica. La constatación de un déficit mental no debe invalidar la búsqueda del clínico limitándola únicamente a la investigación etiológica, sino que debe incitarle a calibrar el papel psicopatológico de dicho déficit en el seno del funcionamiento mental.

En el plano clínico son posibles todas las modalidades y combinaciones sintomáticas: desde el cuadro dominado por el polo deficitario (v. pág. 183) hasta el dominado por las perturbaciones de relación y afectivas de tipo psicótico. Intentar aislar un cuadro nosográfico exageradamente riguroso resulta ficticio y aleatorio.
c) Las formas «limítrofes»
Recordaremos aquí el vasto campo de la patología <
Pertenecen a este campo:


  1. Disarmonías evolutivas de cariz psicótico (v. pág. 183).

  2. Distimias graves (v. pág. 370).

  3. Prepsicosis (v. pág. 396).

  4. Parapsicosis (v. pág. 396).

  5. Organizaciones caracteriales graves (v. pág. 400).


Esta enumeración no es exhaustiva.

  1. Psicosis de la segunda infancia



Agruparemos aquí las psicosis del niño, cuyos signos manifiestos aparecen entre los 5-6 años y los 12-13 años. Son mucho más raras que las psicosis precoces. Algunas de ellas en realidad son la prolongación de una forma precoz. Hemos descrito ya las líneas principales de evolución del autismo de Kanner y más tarde volveremos a hablar de la evolución general de las psicosis infantiles (v. pág. 310).

En algunos casos clínicos muy raros, las conductas psicóticas más relevantes sobrevienen después de una infancia en apariencia normal. No obstante, esta normalidad debe aceptarse con reservas, así como la posible ocurrencia de un proceso de desestructuración análogo al que se observa en patología adulta. De hecho, la historia clínica nos muestra a menudo algunos signos que atestiguan una distorsión precoz en una u otra de las líneas madurativas: anorexia precoz y rebelde, trastornos graves y del sueño, etapa de extrema ansiedad al incorporarse al jardín de infancia, docilidad y sumisión excesivas, rituales obsesivos persistentes, etc. No es extraño que estos trastornos no hayan sido suficientemente valorados tanto por la familia como por el médico. La existencia de un acontecimiento externo suele ser considerada por los padres como factor desencadenante, mientras que la reconstrucción idealizada del pasado borra todas las dificultades anteriores. La supuesta <
Sin embargo, en comparación con las psicosis precoces, estas formas de la segunda infancia acostumbran darse en una personalidad mucho más estructurada, con un grado de maduración claramente superior. El lenguaje se halla ya elaborado, se ha realizado la catexis de los procesos-cognitivos, y éstos empiezan a desprenderse del pensamiento mágico, lo real es percibido como tal, diferenciándose de lo imaginario. Las manifestaciones psicóticas en dicha edad aparecen como conductas regresivas o desestructuradas en relación con las actitudes anteriores del niño.



  1. Reacción del retraimiento


Es la traducción del autismo secundario. Lentamente el niño pierde todo interés, rompe las relaciones con sus amigos, se aísla cada vez más en sus habitaciones, rehúsa salir y cesa en sus actividades deportivas o culturales. El aislamiento afectivo puede llegar a ser extremo con indiferencia y frialdad de contacto. En algunos casos, el niño conserva durante mucho tiempo una aparente adaptación social, salpicada generalmente por trastornos del comportamiento: rechazo escolar sin motivo evidente, fuga no motivada bajo forma de vagabundeo, crisis de cólera o de agresividad, etc. Este retraimiento puede llegar hasta el apragmatismo total e incluso hasta el autosecuestro, conducta esta mucho más frecuente en el adolescente o en el joven adulto. A veces, los trastornos son menos espectaculares, pero revelan la ruptura con las anteriores formas de vida: hipercatexis en algún sector (colección impulsiva, práctica intensa de algún deporte), modificación de las conductas alimenticias, etc.

La relación personal puede revelar, además, alguna discordancia, tanto más rara cuanto más joven sea el niño: extravagancia en el contacto, risa disonante, barreras.


  1. Conductas matrices


Se organizan según dos polos (Mises):
Inhibición y retraimiento: esta conducta evidencia el retraimiento autista: aspecto estuporoso, mímica pobre. Pueden observarse actitudes catatónicas, a menudo transitorias, que señalan fases de agravación.
Inestabilidad y agitación psicomotriz pueden, a la inversa, hallarse en primer plano. En ciertos casos se trata, de hecho, de una antigua inestabilidad que nunca ha podido ser controlada por el niño. Sobre este fondo de inestabilidad acaecen frecuentemente episodios agudos que descompensan el ya frágil equilibrio anterior: crisis de agitación aguda o crisis de cólera con hetero o autoagresión, fugas incesantes o incoercibles, etc. En otros casos, la excitación motriz rompe con el comportamiento habitual del niño. A menudo se añaden a ella trastornos del sueño, rechazo alimenticio y trastornos esfinterianos.

En ocasiones tiene lugar una auténtica desorganización del comportamiento, con aparición de conductas muy impulsivas. Pueden limitarse a violencias verbales (en la relación con la familia, los amigos y los maestros), pero otras veces se exteriorizan a través de conductas peligrosas; agresiones violentas a un tercero, piromanía, conducta delictiva. Es imprevisible, incontrolable, el pase al acto. Normalmente reacciona ante estas conductas con indiferencia o fría racionalización.

La excitación psíquica es mucho más rara. En cualquier caso es muy distinta de la excitación maníaca observada en el adulto maniaco-depresivo. Su apariencia es estridente, sin la exaltación tímica habitual. Los temas predelirantes persecutivos son frecuentes.
e) Trastorno del lenguaje
Constituyen algunas veces la continuidad de los trastornos precoces, pero en otros casos el desarrollo del lenguaje había sido normal hasta entonces. Se observa:

Posibilidad de un mutismo secundario, emparejado con la agravación del retraimiento autista. Lentamente, el niño deja de hablar, en principio con el círculo externo al medio familiar, después el mutismo puede llegar a ser total. En ocasiones se mantienen las actividades gráficas y cierta posibilidad de comunicación mediante la escritura o el dibujo (Diatkine).
La regresión formal del lenguaje expresa a menudo un episodio agudo: desestructuración de la organización lingüística con la aparición de idénticas anomalías a las observadas en las psicosis precoces (inversión pronominal), que puede llegar hasta la completa desorganización (retorno al laleo, lenguaje autoerótico). En otros casos, aparecen neologismos y manierismo verbal.
Hipercatexis del lenguaje, específica de ciertas psicosis de la segunda infancia: búsqueda de un lenguaje adulto-morfo mediante un control y una maestría absolutos. El niño puede aprender las definiciones del diccionario o una nueva lengua... En todos los casos, la hipercatexis de11enguaje aparece como un obstáculo suplementario a la comunicación y sobre todo al intercambio afectivo.


  1. Fallos en la catexis cognitiva


Además de las formas deficitarias que acompañan la evolución de la psicosis precoz (v. pág. 303) con frecuencia aparecen fallos bruscos en la capacidad intelectual. Son formas que clásicamente evocan las nociones de debilidad evolutiva (Targowla) o de encefalopatía evolutiva enmascarada. Es un cuadro parecido al de las «psicosis injertadas» (debilidad a la que se suman síntomas psicóticos). El fundamento teórico que sustenta esta terminología se basa en el hecho de que el primum movens del conjunto de perturbaciones observadas concierne a una etiología orgánica que amenaza la integridad del sistema nervioso central.

En ciertos casos se constata, especialmente en la fase aguda, el hundimiento de la eficiencia, que puede persistir más allá del período inicial. Cabe observar que dicho empobrecimiento intelectual suele aparecer como una defensa contra la vivencia psicótica de mutilación o de desrealización.


  1. Trastornos de cariz neurótico


Recordamos únicamente la frecuencia de las fobias de aspecto arcaico y de las obsesiones. Las fobias pueden ser extensivas y cambiantes o por el contrario muy fijadas, racionalizadas por el niño y su familia (pág. 341). Las manifestaciones de la serie obsesiva son muy frecuentes y características. Los rituales pueden ser antiguos (rituales propios del acostarse), pero enriquecidos con nuevas manifestaciones: rituales de ordenamiento, de limpieza, de lavado (que a menudo esconden temores hipocondríacos o ideas delirantes de contaminación), de verificación (gas, electricidad, puerta, etc.), ritos conjuradores de tocar o de evitar (no tocar un peldaño).

Si la idea obsesiva es rara, la catexis obsesiva del pensamiento puede desembocar en intereses de sector de tipo exclusivo: interés por la prehistoria o el tiempo antiguo, por un determinado personaje, por las cifras, la mecánica, el cálculo (calculador de calendario). El enfoque psicopatológico de estas conductas ha sido abordado en la página 345.



  1. Manifestaciones de ruptura con la realidad


En el niño, la distinción entre la fantasía, el sueño y la realidad se elabora progresivamente (v. pág. 194). Puede considerarse que por debajo de los 6 años la distinción es frágil en exceso para que pueda hablarse tanto de mentira como de delirio. A partir de esta edad, es posible la invasión brusca del pensamiento por las manifestaciones delirantes ideativas o sensorializadas, pero sigue siendo una eventualidad rara. En el curso de episodios agudos caracterizados por una intensa angustia, a menudo se observa:

1. Bouffées de angustia hipocondríaca o cinestésica: dolores de cabeza, de abdomen, impresiones somáticas diversas, dolores de espalda, de las extremidades, etc. Las angustias hipocondríacas expresan la fragilidad de la imagen corporal, el sentimiento a minima de transformación o la amenaza de mutilación.

2. Ideas delirantes polimorfas con frecuencia cercanas a una «fantasmatización» exteriorizada demasiado fácilmente; son ideas difusas, lábiles, poco elaboradas. Predominan los elementos de cariz persecutorio. En el niño, no es frecuente la organización de un delirio construido, elaborado, pero puede observarse a veces, particularmente si el entorno familiar desempeña un papel facilitador.

3. La existencia de alucinaciones (percepción sensorial sin objeto) es discutible, según algunos autores. Ciertamente, la frecuencia admitida depende en gran parte del rigor con que se las defina. La frontera con la ensoñación imaginativa o la fantasía no es siempre fácil de determinar (v. pág. 196). Las alucinaciones más frecuentes son auditivas, después visuales y cinestésicas. Muy características cuando van acompañadas de actitudes de escucha, son en general poco elaboradas (gritos, crujidos, órdenes sencillas).



  1. Psicosis de la preadolescencia y de la adolescencia


Estas formas son tratadas en Manual de psicopatología del adolescente (Marcelli, Braconnier, De Ajuriaguerra. Masson, Barcelona, 1986).


  1. ESTUDIOS PSICOMÉTRICOS y TEST DE PERSONALIDAD


El estudio psicométrico o de personalidad por medio de tests tropieza en muchos casos con la extrema deficiencia del nivel, con el retraimiento autista o con la indiferencia del paciente ante la tarea propuesta y la comunicación impuesta.

Cuando la evaluación es posible, debemos ser prudentes ante cualquier tentativa de uniformidad, dada la gran diversidad de los resultados.


  1. Test de nivel


No existe una eficiencia o un perfil de eficiencia característico de las psicosis infantiles. En todos los estudios realizados sobre un gran número de niños se observa:
1. Dispersión de los CI globales sin unas características propias de este grupo en lo concerniente a los subtests. Cabe señalar el frecuente desfase entre la eficiencia verbal superior y la eficiencia visomanual (WISC: CIV > CIVM), especialmente en las psicosis de la segunda infancia.

2. Dispersión de los rendimientos en los diversos subtests en función de una catexis privilegiada y fluctuante, que en gran parte depende de la calidad del contacto entre el niño y el examinador.
La administración de pruebas piagetianas evidencia la reticencia del niño psicótico frente a fenómenos aleatorios, la inferioridad de las operaciones físicas en relación con las operaciones lógico-matemáticas, la incapacidad para situarse en el punto de vista del otro, y finalmente la dificultad para establecer la relación adecuada entre significante y significado. Son, pues, evidentes las dificultades experimentadas para una satisfactoria realización de la función simbólica.

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