Informe nextel fs. 437/438, informe microsoft fs. 439/480, copia fotolog y texto mesn fs. 491 494/500, informe personal fs. 509, informe laboral abramovich fs.






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A LA PRIMERA CUESTION,EL DR.LINO MIRABELLI DIJO:

Que en su alegato el Sr. Fiscal consideró acreditado que “en fecha 10 de enero del año 2007 entre las 1 y las 7 horas, la aquí encartada Lucila Frend quien convivía con su amiga víctima de autos Solange Grabenheimer en el domicilio sito en la calle Güemes nº 2280, depto 3 de la localidad de Florida Partido de Vicente López, procedió a matar a la última nombrada con ensañamiento al haberle infringido un tormento y dolor innecesario al inferirle diversos cortes y al menos cuatro heridas punzo cortantes mediante la utilización de un arma denominada tipo arma blanca cortante monofílica actividad que desarrolló con alevosía mientras la víctima se encontraba acostada en su cama durmiendo en un estado de indefensión tal que no pudo ejercer defensa alguna, heridas estas descriptas que determinaron como consecuencia directa el óbito de la víctima de autos Solange Grabenheimer”

A esa descripción de los hechos adhirió el particular damnificado.

La defensa ha contravenido esa materialidad fundamentalmente -por ser esencial a su interés- respecto del horario en que ocurrió la muerte.

Que con el objeto de abordar el tratamiento de las cuestiones más relevantes en discusión entiendo corresponde partir del hecho que se entiende acreditado, la causa y mecanismo de muerte para luego dar tratamiento a la cuestión del horario.
Hecho, causa y mecanismo de muerte.

Que en fecha 10 de enero del año 2007, en un horario que no puede establecerse pero presumiblemente en horas de la mañana, en el domicilio sito en la calle Güemes nº 2280, depto 3 de la localidad de Florida Partido de Vicente López, al menos una persona, mató a Solange Grabenheimer sorprendiéndola en circunstancias que la nombrada se encontraba durmiendo en su habitación ubicada en el tercer nivel de la vivienda, infiriéndole entre otras lesiones al menos cuatro heridas punzo cortantes mediante la utilización de un arma blanca cortante monofílica en la zona del cuello.-

Que conforme surge del informe de autopsia practicado (143/168) y los estudios patológicos incorporados por su lectura (fs. 790/797, fs. 1012/1020), con más los fundamentos aportados asimismo durante el juicio por los peritos que intervinieron en dichas diligencias (Mónica Pellegrini, Juan Raúl Cheuquel y Ramiro González Oliva) puedo sostener con certeza que Solange Grabenheimer falleció como consecuencia de paro cardiorespiratorio traumático debido a ingreso de sangre en vía respiratoria y consecuente shock hipovolémico por las graves heridas recibidas en cuello del tipo punzo cortantes infringidas con un arma blanca.

Que obra el certificado de defunción a fs. 889.-

Que a partir de los informes de patología forense citados y los testimonios recibidos también puede concluirse que medió en el caso un mecanismo asfíxico secundario.

Que sin embargo no hubo acuerdo entre los profesionales respecto del mecanismo o elemento utilizado para ello, si fue producto de un estrangulamiento a lazo o mediante el canto de un cuchillo y la sujeción por la boca de la víctima con una mano, postura sostenida por los acusadores en su alegato a partir de las manifestaciones del Dr. Luis Alberto Kvitko y el Lic. Raúl Torre.

Es mi convicción sin embargo, a partir de las manifestaciones de la Dra. Mónica Pellegrini, el Dr. Juan Raúl Cheuquel, que intervinieron en la autopsia con más los aportes de los Dres. Carlos Dante Barrionuevo y Julio César Julián, ya detallados al inicio, únicos que obtienen respaldo en los estudios patológicos antes citados de fs. 790/797 - del que surge que “- Se observan varias lesiones de carácter compresivo a nivel de la epidermis y dermis que tienen características observables en las producidas en los surcos por ahorcamiento de carácter vital ... - Cuadro compatible con pulmón de lucha, neumorragia y edema agudo de pulmón”, fs. 1012/1020 del que surge “Se trata de un surco conformado por varios surcos milimétricos, de carácter vitales, cuya medida queda ad referéndum de la fotografía” y que la lengua no presentaba lesiones, que medió en el caso la utilización de algún elemento a modo de lazo sin perjuicio que no pueda establecerse con validez científica de qué elemento pueda tratarse.

Que en igual sentido puede considerarse que la lesión que en una uña presentaba la víctima que se consideró pudo haberse ocasionado al intentar quitarse el elemento.

Arribo a esa convicción desde que la observación directa del cadáver y el estudio microscópico de las lesiones aparece concordante y no puede desplazarse a mi modo de ver por apreciaciones que los mismos profesionales (Luis Alberto Kvitko y Raúl Torre) han relativizado, señalando en sus declaraciones que eran producto del estudio de fotografías, imágenes incluso que según otros profesionales (Dr. Julio César Julián) permiten un interpretación diversa y acorde a la primera.

Me aparto en consecuencia de las afirmaciones del Sr. Fiscal en tal sentido, que las lesiones en cuello -a excepción de las punzo cortantes- fueron provocadas por un cuchillo por su canto o levemente con su filo - y que indican que el autor quiso de alguna forma decir “así vas a aprender o así vas a entender” (supuesto, sólo a modo de hipótesis expuesto por el Dr. Kvitko), pues más allá que los Dres. Cheuquel y Pellegrini no han dicho lo que el Sr. Fiscal afirmó en su alegato - que descartaban el lazo como elemento productor -, surge del informe presentado por el Dr. Kvitko, en el punto “II Elementos Ofrecidos”, que dicho profesional no ha tenido en cuenta para pronunciarse los informes de patología forense de fs. 790/797 y 1012/1020, informes que la Dra. Gloria Pellegrini nos indicó resultan fundamentales al momento de pronunciarse al respecto, señalando incluso que no los había visto antes de declarar y que le confirmaban la existencia del estrangulamiento.

En cuanto a la secuencia de los hechos, no es un hecho controvertido que la víctima no presentó lesiones de autodefensa - al menos significativas- lo cual permite inferir, descartada la existencia de tóxicos (fs. 823/826 y 853/854) que fue inmovilizada, y que ello probablemente haya ocurrido sobre la cama - pues tampoco es un hecho controvertido que Solange tuviera en su boca una placa de acrílico transparente de las denominadas de descanso conforme surge del protocolo de autopsia (ver fs. 144), extremos probatorios de los que permite inferirse la alevosía.-

Sin embargo, a contrario de lo sostenido por la acusación, la secuencia de los hechos y las posiciones víctima - victimario (como la posibilidad que haya intervenido en el hecho más de una persona) no han sido unánimemente consideradas por los expertos.

Debe señalarse que, a contrario de lo afirmado por el Sr. Fiscal en su alegato, la Dra. Pellegrini afirmó que la posición de víctima – victimario no puede determinarse sólo a partir de la “coleta de salida” del arma blanca, y aunque suponía que es una posibilidad pensar que la víctima fue inmovilizada desde atrás, le parecía difícil que una persona de 53 kg. - como ella y como la imputada según afirmó la defensa- pudiera hacerlo colocando una mano en la boca; el Dr. Juan Raúl Cheuquel dijo que no podía descartarse la intervención de más de una persona pero que una persona podría hacerlo a partir de una comprensión por estimulación vagal que ocasionaría en un muy breve lapso la pérdida de la conciencia - lo cual descartaría el sufrimiento posterior -, aunque si fuese una persona podría ser desde atrás siendo el agresor probablemente zurdo aunque en ello no pueda ser categórico ya que depende de la forma en que se tome el arma blanca; el Dr. Barrionuevo que sostuvo la idea del estrangulamiento coloca en ese momento necesariamente el agresor desde atrás con la víctima acostada boca abajo aunque las lesiones en la nariz y los labios - la existencia de lesiones en la lengua fue descartada por el estudio patológico forense- podrían haberse ocasionado contra el colchón y no necesariamente con una mano sobre la cara de la víctima; el Dr. Julio César Julián indicó que para ocasionarse las lesiones en la cara a modo de acallamiento debió ejercerse una presión con la mano de unos 20 kilogramos fuerza, que todas las lesiones fueron concomitantes, y que no hay elementos científicos que pueden determinar la posición de víctima -victimario, las coletas de salida no indican necesariamente que el autor sea diestro o zurdo pues eso depende de las posiciones relativas y de cómo se tome el elemento agresor; y finalmente, y pese a que el Sr. Fiscal tome por cierto una, el Lic. Raúl Torre indicó que el hecho tenía dos mecánicas posibles tanto respecto de las lesiones en el cuello como respecto de las posiciones de víctima y victimario: respecto de las lesiones en el cuello indicó la posibilidad que el agresor haya intentado un degüello que por alguna razón no pudo concretar o bien que haya sido con la intención de hacer sufrir a la víctima; y respecto de las posiciones: que el hecho podría haber sido cometido por alguien zurdo desde atrás o alguien diestro de adelante -una mano en la cara y la otra con el arma-, y si bien se inclinó por la primer hipótesis -zurdo- presentó ambas indicando que sendas eran posibles. Finalmente el Lic. Marcelino Cottier sostuvo que a su criterio las lesiones punzo cortantes fueron inferidas con la mano derecha del agresor.

Que a partir de lo expuesto resulta claro que no se puede ser concluyente respecto de la secuencia de hecho en cuanto a las lesiones se trata y la posición relativa del agresor y por ende ser concluyente sobre su mano hábil.-

El horario de la muerte.

Que a partir de la prueba incorporada por lectura como aquella recibida durante las audiencias de juicio y pese al esfuerzo de las partes y las aclaraciones del Tribunal, el horario en que ocurrió la muerte de la víctima no ha podido ser establecido con el grado de certeza que este pronunciamiento requiere, y menos aún en el período seleccionado por el Sr. Agente Fiscal, esto es en el lapso comprendido entre la 1 y las 7 horas del día 10 de enero de 2007 antes bien, todo indica que la probabilidad se aleja de ese lapso.

Que luego de haber escuchado a ocho profesionales en extensas y exhaustivas audiencias, muchos de ellos con sobrada y conocida trayectoria y preparación, y haber consultado el Tribunal distinta bibliografía específica: Osvaldo H. Raffo, “La muerte violenta”, Universidad, Bs. As. 1997; Fernando Claudio Trezza “La data de la muerte”, DosyUna, Buenos Aires, 2006; José Aso Escario y otros, “El intervalo postmortal”, Masson, Barcelona, 1998; y Héctor Osvaldo Vázques Fanego, “Investigación médico legal de la muerte”, Astrea, Buenos Aires, 2003); sólo puede afirmarse que la determinación de la data de la muerte es un tema sumamente complejo, que los fenómenos cadavéricos inmediatos son “procesos” y no existen precisiones ni fórmulas matemáticas que de por sí sean suficientes para establecerlo con exactitud o suma taxatividad, que en la tanatología forense no existen parámetros absolutos ni patognomónicos; y que sólo puede aspirarse en consecuencia a elaborar hipótesis probabilísticas.

Que siempre en ese marco, puede decirse que no existe coincidencia entre los distintos profesionales ni la bibliografía en cuáles son los puntos de interés indiscutido para valorar la data de muerte ni tampoco plazos precisos en los procesos, pues existen distintas variaciones que pueden incidir, desde la contextura de la víctima, su ingesta, la temperatura, la forma de la muerte, etc.

Que sin perder aquel norte de probabilidad - y sin poder decir que no existan cuestionamientos, ej. la validez de las livideces luego de las primeras horas, o procesos anómalos en cuanto a la rigidez según lo detalla Trezza en la obra citada-, puede concluirse que, desde el punto de vista médico legal, al menos tres o cuatro fenómenos, su constatación y medición son importantes para establecer un margen probable en que una muerte pudo haberse producido.

Puede decirse que existe coincidencia en que ellos son: las livideces cadavéricas, la rigidez cadavérica, la temperatura y la deshidratación. Que luego, discutidos aún en su fiabilidad, de acuerdo al modo y tiempo de toma de la muestra, podrían complementar los datos otros estudios como el “humor vítreo”.

Que también puede decirse que existe cierta coincidencia, aunque pueda discutirse luego la fiabilidad de las fórmulas que se aplique, que la toma de la temperatura corporal -y ambiental- al momento del hallazgo del cuerpo resulta un dato importante.

También que la descripción de las livideces y la completa descripción de la rigidez cadavérica son datos importantes.

Que sin dudas hay coincidencia en que mayor y más precisos sean esos datos mayor será la posibilidad, aún con aquel norte probabilístico de llegar a un rango horario en que la muerte ocurrió, y que en consecuencia, menores y más imprecisos, la probabilidad se aleja y la certeza se aloja entre extensos límites.

Que en esa medida, con los deficientes o incompletos datos aportados en esta investigación, el horario de la muerte en el caso desde el punto de vista médico legal, como dato de certeza resulta ser tan extenso que deviene prácticamente inútil.

Que sin perjuicio de ello, y con el fin de acotar ese lapso en términos de probabilidad, a partir de la prueba producida en el caso, pueden realizarse las siguientes consideraciones:

Se introdujeron por lectura los siguientes peritajes: autopsia de fs. 143/168 donde se fijó un horario de muerte comprendido entre las 5 y las 17 horas de 10 de enero de 2007; informe del Dr. Flores de fs. 729/738 donde se fijó un horario de 4 a 10 horas; informe del Dr. Eugenio Aranda de fs. 1423 donde se fijó el horario de 7 a 13 horas; el peritaje de Gendarmería Nacional de fs. 896/904 donde se fijó el horario de 5 a 8 horas; el informe de los Dres. Valenti y del Gesso de fs. 1378 donde se fijó el horario de muerte entre las 9:30 y las 13: 30 del mismo 10 de enero; el informe del Dr. Flores tras la junta de peritos de fs. 1384 donde se fijó el horario de 7 a 13 horas; el informe del Dr. Julio C. Julián de fs. 1404 donde se fijó entre las 10 y las 13 horas; el informe de Gendarmería donde se fijó entre la 1 y las 10 horas, el informe del Dr. Ramiro González Oliva posterior a la junta médica de fs. 1417 donde se fijó en el horario comprendido entre las 7 y las 10 horas; el informe del Dr. Juan Carlos Cheuquel posterior a la junta donde se fijó entre las 7 y las 13 horas; y el informe del Dr. Luis Alberto Kvitko donde se fijó entre las 1 y las 7 horas, todos del 10 de enero de 2007.-

A su vez, se recibió extensas declaraciones testimoniales durante el debate oral al Dr. Luis Alberto Kvitko, Dr. Juan Raúl Cheuquel, Dra. Mónica Pellegrini, el Dr. Carlos Dante Barrionuevo, la Dra. Viviana Torresi, el Dr. Julio César Julián, el Dr. Ramiro González Oliva y la Dra. Laura Verónica del Gesso, ello amén del testimonio del Dr. Eugenio Aranda en que la Acusación sostiene su postura, y que concurriera al lugar del hecho, y que según existe también un consenso sería el profesional más capacitado -según idoneidad - para establecer la data de muerte. Por ello comenzaré por analizar su testimonio y actuación, pues también resulta ser una coincidencia y una verdad ineludible que si sus datos hubiesen sido completos e inequívocos de inicio mucho tiempo podría haberse ahorrado a este doloroso proceso.

Que según el acta de procedimiento el Dr. Eugenio Aranda arribó al lugar del hecho a las 1:10 horas del 11 de enero de 2007.

Que en dicha acta de procedimiento no se dejó constancia alguna de las condiciones en que se encontraba el cadáver en ese momento, dato que tampoco suministró el galeno referido a la investigación por informe alguno posterior sino hasta que se le recibió declaración testimonial cuatro meses luego (fs. 833).

Que la primer referencia del estado del cuerpo al momento de su hallazgo se tiene en el protocolo de autopsia de fs. 143/168, acto en el que intervinieron la Dra. Gloria Mónica Pellegrini, el Dr. Juán Raúl Cheuquel y el Dr. González Oliva propuesto como médico legista por el particular damnificado.

Que en dicho informe se indicó como único dato obtenido del levantamiento del cuerpo realizado por el Dr. Eugenio Aranda -a fs. 145 se dice según referencia del Dr. Aranda- que el cadáver presentaba “rigidez completa”, la rigidez estaba en vías de desaparecer, fijándose el horario de muerte entre las 24 y 36 horas anteriores a la autopsia, lo que determina la franja horaria comprendida entre las 5:00 y 17:00 hs. del 10 de enero de 2007.

Se indicó que a fin de cumplir con los requisitos administrativos del certificado de defunción se establece como fecha y hora de muerte la siguiente “10/01/07 a las 9:00 hs.”, aclarándose que “Si bien la data es estimativa y oscila entre las horas mencionadas (24 a 36 horas), se considera probable que se produjera cuatro horas antes o después de dicha hora, es decir en horas de la mañana” (ver fs. 145).

Que luego el Dr. Carlos Alejandro Flores en el informe presentado a fs. 723/738 dijo respecto de las manifestaciones del Dr. Aranda que el cadáver estaba con rigidez completa, y con base en ello y lo expuesto en la autopsia llegó a un horario de muerte comprendido entre las 4:00 y las 10:00 “+/- 4 horas del 10 de enero”.-

Que a partir de los testimonios en el debate recibidos a los mencionados profesionales que practicaron la autopsia no se logró determinar cómo fue exactamente que esa información, “rigidez completa” llegó a su poder, si fue por una comunicación telefónica que mantuvieron con el Dr. Eugenio Aranda o por estar asentada en el pedido de autopsia - que si existió, no obra como documental -.

Que en cambio sí puede concluirse con toda lógica, y ello puede extraerse de las manifestaciones de todos los profesionales que declararon durante el juicio que la información que se tenía del estado del cuerpo al momento del hallazgo era incompleta o errónea.

Que por esa razón sin dudas y con el objeto de concordar sobre mecanismo y data de muerte es que el Fiscal llevó adelante el “ateneo” o junta de peritos, y ello así pese a que el Dr. Eugenio Aranda ya había declarado en abril de 2007 (fs. 833), donde dijo que la rigidez era completa e irreductible. Y me permito citar ese testimonio pues fue incorporado por lectura indirectamente por intermedio del informe presentado por el Dr. Kvitko, quien se basó en éste exclusivamente para su dictamen.

Convocado a declarar en el juicio Eugenio Fabián Aranda, dijo que al dar vuelta el cadáver a decúbito dorsal el cuerpo giró como una tabla, que en ese momento tenía un cadáver frío, que las livideces eran ventrales fijas, la rigidez cadavérica completa y dado que las piernas giraron en bloque, definía eso como una rigidez completa irreversible o irreductible.

Cuando el Fiscal lo interrogó sobre la hora de muerte, luego de generarse una pequeña incidencia en que la defensa planteó su falso testimonio porque según la defensa a fs. 1423 y en una declaración posterior de fs. 1727 dio versiones opuestas, el testigo dijo que hubo una “aparente contradicción”; que a su entender hubo una mala interpretación de lo que dijo derivada de cuando manifestó “irreversible” se entendió “y reversible”.

Corresponde aquí detenerse por un momento porque aparece aquí uno de los primeros cuestionamientos o interrogantes que puede hacerse a las manifestaciones del Dr. Eugenio Aranda.

Sin dudas, y conforme lo manifestaron otros expertos y puede consultarse en la bibliografía antes citada, no es el giro en bloque del cuerpo lo que permite determinar que se está ante un cadáver con rigidez “irreversible” o “irreductible”, ello sólo permite concluir que se está ante un cadáver con rigidez completa o generalizada, pero nada nos dice de si es reductible o no.

En ese sentido conforme surge de la obra citada de Fernando Claudio Trezza “La data de la muerte”, páginas 56 y siguientes, - citado por el mismo testigo- la rigidez cadavérica es un estado de endurecimiento generalizado del cuerpo, un proceso que se desarrolla en cuatro fases, y que “La generalización a todos los grupos musculares se produce entre las 8 y 10 horas y alcanza su intensidad máxima entre las 12 y 14 horas. Durante esta fase, es posible vencer la rigidez mediante la movilización pasiva forzada de algún segmento corporal; luego de la maniobra, la rigidez se reinstala de forma espontánea en dicho sector”, y que dicha fase se diferencia de la fase de estado (aunque sin un límite preciso, pues es un proceso) por que en ésta la rigidez “...suele ser de una intensidad tal, que resulta muy dificultoso vencerla. Es necesario, para ello, aplicar una gran fuerza, lo que determina desgarros de la masa muscular o, aún, desprendimientos de sus inserciones óseas. En estas condiciones, la rigidez no vuelve a reinstalarse, debido a la ruptura estructural de fibras. Esta fase se extiende, aproximadamente, hasta 24 horas post-mortem...”.

El Dr. Ramiro González Oliva dijo que la rigidez se generaliza entre las 10 y 12 horas, luego de las 16 se hace irreductible y extrema a las 24 horas citando a Gisbert Calabuig, autor que mucho hemos escuchado durante el juicio; el Dr. Julián que la rigidez es completa entre las 12 y 15 horas; la Dra. Vivina Torresi a las 12 horas igual que el Dr. Barrionuevo, el Dr. Cheuquel, y finalmente el Dr. Kvitko que la rigidez es completa y reductible entre las 12 y 18 horas.

Se expresó en igual sentido la perito de parte Laura Verónica del Gesso, quien dijo que se desempeñó como médico concurrente al lugar del hecho para la Policía Federal en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires durante tres años, cuando se la interrogó sobre las comprobaciones a realizar en el lugar del hecho y respecto de la rigidez dijo que se tomaba alguna extremidad del cuerpo y se ejercía fuerza para movilizarlo, si se lograba - más allá de la fuerza necesaria, pues ello depende de quien lo haga- y luego regresaba a la posición anterior, sin romperse, se estaba ante una rigidez “reductible”, que la diferencia entre “irreductible y no” es que no se produzcan rupturas y vuelva a reinstalarse.

Idéntica comprobación se sugiere realizar en el lugar del hecho en el libro citado de Héctor Osvaldo Vázquez Fanego, “Investigación medico legal de la muerte”, página 137.

Que queda claro entonces que la afirmación del Dr. Eugenio Aranda y que la acusación suscribe, también a partir de las discutidas apreciaciones de la madre de la víctima, en tanto deduce que el cuerpo se encontraba en estado de “rigidez irreductible” porque las piernas giraron en bloque o giró como una “tabla” es equivocada, pues ello sólo indica que era completa y generalizada.

Volviendo al testimonio del Dr. Aranda, éste dijo que cuando hizo el examen dio una data aproximada basándose en rigidez, livideces y temperatura, y concluyó que la muerte tenía una data de 18 a 24 hs desde el momento en que realizó el análisis del cuerpo en el lugar a la 1 hs del 11 de enero, así que de allí llegó al horario de entre 1 y 7 hs de 10 de enero de 2007.

Que luego del ateneo, si bien es cierto que hay una diferencia horaria en el dictamen que presentó, ese cambio no fue en cuanto a la apreciación del cadáver: cuerpo frío y livideces fijas. Fue una aparente confusión por buscar el consenso en las horas, pero no en la rigidez, livideces y temperatura. Que a “ciencia cierta establecer el horario exacto de muerte es muy difícil, por eso va a haber diferencias.”, y que su opinión la basó en la experiencia.

Exhibida la fs. 1422/4, dijo que en el ateneo se concluyó que la muerte pudo haberse producido entre las 7 y 13 hs, que ese fue el consenso del ateneo, pero que el informe dice (rigidez, livideces fijas, temperatura fría). Que aparte de ello luego del ateneo dio su opinión en una testimonial cuando lo llamó el Fiscal, aunque igual lo iba a hacer.

Que lo que se determinó por consenso en el ateneo no tiene nada que ver con lo que cada uno opinaba. Que su opinión era otra y no la del ateneo.

Que a partir de ello se le preguntó entonces cómo fue que se llegó a esa conclusión entonces, a lo que contestó que eso ocurrió porque cuando él dijo “irreversible“, entendieron reversible. Que todos dependían de lo que él diga ya que fue el único que estuvo en el lugar.

Le señaló la defensa que a fs. 1424 - cuatro renglones antes de la conclusión- dice: en el caso que nos ocupa “la presencia de un cadáver con livideces fijas, rigidez fija, habla de 12 a 18 hs. de la primer labor pericial, que eso da entonces de 7 a 13.” - nótese que no dice irreductible, ni reductible, ni completa- , pero insistió igualmente en que no era esa su opinión personal, que ese informe era la conclusión del ateneo. Que era la primera vez que había ido a un ateneo. Que en el ateneo se llegó a la conclusión de ese informe por mayoría. Que si hoy participara en un ateneo lo haría distinto.

Que a su entender hubo una mala interpretación sobre “irreductible” o “y reductible”. Que él llegó más tarde a ese ateneo porque tuvo otras obligaciones.

Se le preguntó cómo era posible que haya puesto en ese informe un consenso de ateneo como dice si luego todos los profesionales presentaron informes por separado, a lo que dijo que él presentó ese dictamen como conclusión del ateneo, su opinión personal la dio luego cuando el Fiscal lo citó.

Amén de parecer que el Dr. Aranda utiliza alternativa e inapropiadamente los términos o tiene una confusión con ellos, los interrogantes y contradicciones surgen inevitablemente.

El Dr. Ramiro Luis González Oliva, perito del particular damnificado que asistió a la autopsia, y la Dra. Laura Verónica del Gesso, perito de la defensa -que no asistió a la autopsia-, pero ambos lo hicieron sí al ateneo, fueron concluyentes al afirmar que en aquella reunión NO hubo consenso en cuanto a la data de muerte como dijo el Dr. Eugenio Aranda; del acta del ateneo surge que el Fiscal solicitó que cada profesional presente su informe y Aranda lo hizo con el de fs. 1424; entonces, ¿sobre qué CONSENSO realizó el Dr. Aranda su dictamen de fs. 1424 donde fijó el horario entre las 7 y las 13 horas?.

Por qué ha dicho que hubo una mala interpretación de lo que dijo en cuanto a “irreductible” e “y reductible”, si el Dr. Cheuquel salió de aquella reunión con la idea de una rigidez “reductible”, el Dr. Barrionuevo y la Dra. Torresi de la Gendarmería Nacional con la idea de “dificilmente reductible” - que no es ni una cosa ni la otra- según se escribió incluso en el dictamen que suscribieron en ampliación del primigenio; y el Dr. Julio César Julián afirmando que el Dr. Aranda dijo “reductible” en aquél encuentro igual que la Dra. Laura Verónica del Gesso.

Que una cosa queda en claro entonces: que no se tuvo en cuenta en ese ateneo lo que dijo el Dr. Eugenio Aranda a fs. 833 - en el mes de abril -, caso contrario no hubiera habido lugar a diversas interpretaciones, y que si no hubo consenso alguno, ni el propio Aranda tuvo en cuenta su anterior opinión cuando presentó su dictamen de fs. 1424, informe que no contiene diversos puntos de vista u opiniones contrarias que podían existir, sino una sola conclusión que se firma como propia.

No puede dejar de señalarse aquí una de las contradicciones en que ha incurrido el Sr. Fiscal en su alegato cuando por un lado sostiene que el Dr. Aranda es el único capacitado para opinar sobre la data de muerte por su observación del cadáver y que no ha incurrido en contradicción alguna, para luego afirmar que en el ateneo -a contramano de lo dicho por Aranda- no hubo consenso.

Que aún concediendo que hubo un consenso como dijo Aranda - extremo que si quiera el Fiscal le ha concedido- correspondería concluir necesariamente en dos posibilidades: que Aranda en la reunión de peritos no dijo lo mismo que a fs. 833 y en el juicio; o que su apreciación en el lugar del hecho fue para todos los demás profesionales equivocada en razón de las explicaciones que dio, pues si algo ha quedado en claro a partir de este juicio y la bibliografía, es que con una rigidez irreductible ningún profesional podría llegar a decir menos de 16 horas (promedio 18 a 24) y el supuesto consenso de fs. 1424 sería entonces imposible (7 a 13 horas).

Que existen entonces razones suficientes como para sostener que el Dr. Eugenio Aranda cambió de opinión a lo largo del proceso o bien acerca de lo que vio o bien acerca de lo que opina, eso no podemos saberlo, pero sí podemos saber que si su opinión siempre hubiera sido la misma - y se hubiese asentado en el acta de procedimiento o un informe inmediato posterior o hubiese llegado completa a la autopsia- ninguna mala interpretación o tan distintas opiniones podrían haberse extraído del ateneo, o su examen y parecer en el lugar del hecho otros pensaron que era errado - aunque fuese el más capacitado para indicar el horario de la muerte por ser el primero en llegar al lugar -.

No sabemos exactamente qué se habló en ese ateneo, lamentablemente no se dejó constancia de ello, pero traigo aquí nuevamente lo dicho antes respecto de cómo justificó en su testimonio el Dr. Aranda durante el debate que la rigidez era “irreductible”, y que constituye un razonamiento equivocado.

Que la parte acusadora ha fundado su opinión en cuanto a la hora de la muerte en las manifestaciones del Dr. Aranda, indicando que la autopsia comienza en el lugar del hecho y que el médico que llega al lugar es el más capacitado para establecerla, aunque como se dijo no le creyó en cuanto a que hubo algún consenso.-.

Entiendo por mi parte que no existe obstáculo alguno en conformar la convicción suficiente respecto de un hecho a partir de un único testimonio, pues un único testimonio puede relevarse como un medio adecuado para la adquisición del conocimiento pretendido (conf. arts. 209 y 210 del CPPBA que receptan la libertad probatoria como regla general y la libertad para valorar y alcanzar convicción) pero siempre y cuando satisfaga los requisitos de coherencia, seguridad y suficiencia, a los que no puede arribarse por la mera y lacónica afirmación - también equivocada en el proceso de deducción- que luego de todo lo ocurrido se cierra en sí misma como es afirmar que “la rigidez era irreductible” y aceptarla sin más como hace la acusación, sin analizar el resto del material convictivo con el que presenta serias contradicciones, pues eso implica desplazar el juicio de valoración al testigo, abdicando del deber de interpretación sobre la prueba.-

El testimonio del Dr. Aranda no ha sido coherente intrínsecamente - lo que dijo no coincide con lo que afirmó a fs. 1424, la rigidez completa no es lo mismo que irreductible -; su deducción de la calidad de “irreductible” de la rigidez es equivocada; no ha sido sostenido en el tiempo; no es suficiente al pretender explicar la “aparente contradicción” entre profesionales por la confusión que puede haberse generado a nivel del lenguaje por una “i” o una “y” cuando eso ya supuestamente estaba claro desde fs. 833; y finalmente no es concordante con lo que dicen otros - incluso el Fiscal- en cuanto a que no hubo un consenso en el ateneo.-

Tal vez nunca se imaginó el Dr. Aranda cuando fue al lugar del hecho la relevancia que su precisión respecto de la observación del cadáver en este punto podría tener luego en la investigación de este caso, mas constreñido por sus propios dichos anteriores en el juicio no podía en mucho variar, deshaciéndose en explicaciones fútiles y engañosas sobre lo que aparecen como contradicciones evidentes.

Que amén de lo dicho, existen otras razones para concluir que el parecer del Dr. Aranda respecto de la rigidez “irreversible” al momento del hallazgo es equivocado.

Ha existido coincidencia entre los profesionales y también en la bibliografía citada que el proceso de putrefacción del cadáver comienza en el lapso de las 36 horas aproximadamente, que la rigidez se retira luego de su estado máximo (24 horas aproximadamente) por los lugares en que comenzó en un proceso decreciente hasta la aparición de la “mancha verde” - signo de putrefacción -.

Que hay opiniones casi unánimes en ello, a excepción parcial con la obra de José Aso Escario y otros, “El intervalo postmortal”, Masson, Barcelona, 1998, p. 34 donde se fija hasta en 48 horas; plazo que ni el Dr. Kvitko comparte en el punto, pues en su cuadro señala las 36 horas como inicio de la putrefacción.

También hay coincidencia unánime e indiscutida que en la operación de autopsia la rigidez estaba en vías de desaparecer; esto lo dice el informe de autopsia y lo han destacado los profesionales que han intervenido en ella como así también el Dr. Julio César Julián lo a expuesto en mi criterio adecuadamente con los notorios movimientos que del cadáver se advierten en las fotografías.

Que a partir de esa observación, si tenemos en cuenta que la autopsia se realizó entre las 17 y las 20 horas del día 11 de enero de 2007 - periodo en que la rigidez estaba desapareciendo o desaparecida salvo en la extremidades, último lugar en que se desinstala -, y que si bien no puede establecerse si, cuánto y a qué temperatura se refrigeró el cadáver, pero no sería de interés esa incidencia en el caso (según lo manifestaron los Dres. Ramiro González Oliva, Juan Raúl Cheuquel y Julio César Julián, y la obra de Vázquez Fanego citada, p. 24, pues luego “los gérmenes actúan con gran virulencia y provocan rápidamente la putrefacción”), aún de retrotraer el horario 36 horas como máximo posible, tomando el horario de finalización de autopsia de 20:00 horas (de las 17:00 a las 20 y la putrefacción no estaba presente), estaríamos como máximo en las 8:00 del 10 de enero de 2001, más atrás en ese horario de muerte la putrefacción debió observarse en la autopsia y no fue así.

Aún más, de estar en vías de desaparición la rigidez en la autopsia – lo que comienza a ocurrir luego de las 24 horas aproximadamente - no podría uno retrotraerse 36 horas sino menos, no sabemos cuánto pero sí que sería un lapso de entre 24 y 36 horas.

Que esa consideración lleva a pensar que si es cierto que al momento en que el Dr. Aranda revisó el cuerpo la rigidez cadavérica era “irreductible” (18 a 24 horas), a las 13:00 hs. del día 11 de enero de 2007 o a lo sumo al momento de la autopsia (17 a 20 horas) - suponiendo que no estamos ante un proceso anómalo o que la refrigeración incidió, aunque fue negado- debieron haber aparecido los primeros signos de putrefacción.

Por ello, el horario de muerte no puede fijarse ni aún en términos probables como comprendido entre la 1 y las 7 horas del día 10 de enero de 2007, la observación y el dictamen del Dr. Eugenio Aranda se encuentra ante un nuevo escollo al igual que la acusación.-

Que en ese sentido nada aporta – a contrario de lo sostenido por el Sr. Fiscal- el excelente dictamen y explicación académica del Dr. Luis Alberto Kivtko pues como bien él mismo lo afirmó, su parecer estaba limitado a las apreciaciones del Dr. Eugenio Aranda de fs. 833 y ratificación posterior que se encargó prolijamente de transcribir.

Que lo mismo ocurre con todas las opiniones que puedan haber dicho durante el debate que en el caso hipotético en que el Dr. Aranda hubiese constatado rigidez “irreductible” el horario habría que fijarlo entre 18 y 24 horas antes del hallazgo, o desde la 1 horas del 10 de enero de 2007, pues el horario de muerte nunca podría haber sido aquel.-

No voy a ingresar en el tema de la temperatura, su necesidad de tomarla en el lugar del hecho con un termómetro especial, pues de hecho, más allá que exista un acuerdo general de los peritos en la importancia de esa información, lo cierto es que no la tenemos, sólo tenemos nuevamente lo dicho por el Dr. Aranda en cuanto a que estuvo ante un cadáver “frío”, lo mismo que dijeron los testigos Santiago y Alfredo Abramovich (“frío marmolado”) y Patricia Lamblot -con alguna contradiccion señalada por la defensa con lo dicho durante la reconstrucción en cuanto al movimiento de la pierna-, legos en la materia; y que no permite variar en nada lo afirmado pues siguiendo a Osvaldo Raffo en “La muerte violenta” un cadáver está frío al tacto entre las 10 y 12 horas (Ob. Cit, p. 23) y según el libro de Vázquez Fanego ya citado, “Si al tacto los pies, las manos ... y la cara están fríos, pero el tronco caliente, el IPM puede estar en el orden de 1 a 5 horas”.-

Puede decirse sin embargo que cuando durante el debate la defensa le preguntó a Patricia Llambot si tocó a Sol cuando llegó al departamento la noche del hallazgo dijo “Le levanté la pierna, me costó, estaba dura. Se levantó entera, no se flexionó la rodilla. Cuando llegué a las 23 hs. Estaba boca abajo. La pierna se levantó toda entera, apenas sí se movía, no estaba floja, quedó extendida. Apenas la pude mover un milímetro, quise tocarla. No hice el movimiento de levantarla. Mi hija estaba dura y fría en el piso.”; lo cual indica, como se explicara más arriba, que si logró moverla aunque sea “apenas”, al menos un milímetro sin hacer el movimiento de levantarla - o sea fuerza-, la rigidez sólo sería en todo completa pero no necesariamente irreductible.-

Nada aporta discutir tampoco sobre el proceso de “deshidratación” del cadáver, pues ninguna descripción de ello tenemos tampoco de parte del Dr. Aranda y el único que se ha ocupado del punto fue el Dr. Julio César Julian pero a partir de fotografías -y la limitación que ello puede tener seguramente en esa fina observación-; y tampoco en el tema de la prueba de humor vítreo, el momento y habilidad para la toma de la muestra, pues esos datos de hecho no se poseen, se perdieron o fueron erróneos, ya sea, porque pasó demasiado tiempo para la toma de la muestra del humor vítreo o porque se tomó mal.-

Sí tal vez resultan de interés las livideces como otro punto a tener en cuenta para el horario posible de la muerte aunque no pueda hacer variar en nada todo lo dicho.-

En este punto, en cuanto a que las livideces ventrales que describió el Dr. Aranda estaban fijas, hubo acuerdo entre los profesionales o al menos no hubo mayores cuestionamientos, sí luego en cuanto a la existencia de livideces dorsales, primarias y secundarias, pero de ello nos ocuparemos luego.

Que en cuanto al término en que las livideces se fijan han existido diversas opiniones entre los profesionales según la bibliografía que hayan utilizado, pero sin error pude decirse que existe un margen amplio de consenso que va desde las 12 a las 15 horas, con extremos en 6 a 10-13 hs - mínimo (Dra. Pellegrini y la obra española de José Aso Escario y otros) y 15-18 horas máximo (Dr. Barrionuevo y la obra ya citada del Dr. Trezza), sin tener en cuenta la posible influencia que la manera de muerte haya podido tener pues nadie se ha expedido acerca de su mensuración.

Que como quedara dicho entonces, que las livideces estuvieran fijas, si ello se produce en promedio entre las 12 y las 15 horas, y el cadáver fue hallado a la 1:10 hs., en nada cambian las afirmaciones precedentes en cuanto al horario de muerte ya que por este parámetro no podría fijarse necesariamente más allá de las 10:00 horas del 10 de enero de 2007.

Que no puede dejar de señalarse la manifiesta contradicción (tal vez a partir de la vehemencia en el análisis de la prueba) en que ha incurrido en su alegato la parte acusadora cuando por un lado, respecto de la data de la muerte ha sostenido que las apreciaciones realizadas por fotografías no tienen sustento (refiriéndose al Dr. Julián), que lo que importa es la mesa de Morgagni, cuando antes había otorgado pleno crédito a las manifestaciones del Dr. Luis Alberto Kvitko y el Lic.Raúl Torre que realizaron la totalidad de su informe en base exclusivamente a fotografías - y sin siquiera el informe patológico – ni concurrieron al ateneo; credibilidad que luego le quitan al mismo Dr. Kvitko cuando habló -a partir de una fotografía de fs. 154 de una supuesta lesión anal por una relación sexual, quedándose con la palabra de Dr. Juan Carlos Cheuquel que habló de una mucosa despulida como un indicio de putrefacción cuando en la autopsia habló de “hemorroides” (ver fs. 149) al igual que por fotografías lo hizo el Dr. Julio César Julián.

Que esa contradicción se hizo aún más evidente cuando el propio Fiscal señalando una fotografía del cadáver (fs. 219) indicó en su alegato cómo un dedo del pie de la víctima al darla vuelta en el lugar del hecho quedó extendido, queriendo afirmar con ello que la rigidez era irreductible cuando eso - como se explicara ampliamente unos párrafos antes- sólo indicaría que era completa; y cuando el particular damnificado - citando al Dr. Kvitko en alguna conversación que evidentemente tuvo por fuera del debate con el nombrado, ya que eso no lo manifestó el Dr. Kvitko en la audiencia -, señaló otra fotografía del cuerpo con la misma argumentación del Fiscal y una de la cara de la imputada indicando que desde el lenguaje “gestual” se advertía “preocupación” .

De otra parte, y más allá de las consideraciones médico legales precedentes, existen otros elementos de juicio que podrían utilizarse para fijar el horario de muerte pero ninguno de ellos abona la tesis de la acusación:

La ausencia de orina en la vejiga de la víctima de la que el Fiscal pretende deducir que el hecho se cometió cerca de la hora en que se acostó a dormir es claro que nada indica pues la víctima bien pudo levantarse a orinar en horas de la mañana y no se ha descartado incluso que haya habido relajación de esfínteres en el lugar del hecho;

Sí la placa acrílica en su boca nos indica que la víctima estaba durmiendo al momento del ataque o inmediatamente antes, pero no necesariamente en el horario en que la acusación pretende; sin embargo, sí que serían tal vez no más de las 10:30 que es el horario en que se levantaría habitualmente Solange teniendo en cuenta sus obligaciones laborales.

Y dije tal vez, porque el despertador fijado a las 10:30 hs. es un dato importante pero lamentablemente no certero ya que no fue exhibido en el juicio ni obra informe de su mecanismo de funcionamiento como para tener certeza de cómo funcionaba, los hay de distintos tipos: una que de haber sido apagado impediría que sonase la alarma nuevamente a las 22:30 como se constató estaba haciendo al momento del hallazgo del cuerpo ( hecho no controvertido), y otro que no, si se desactiva con un segundo mecanismo superior.-

El Fiscal señala las llamadas de Michelle Fliess, pero ello nada indica, no sólo porque fueron en un horario incluso anterior al de muerte fijado por la propia acusación, y aún considerado ya como no probable, sino porque la víctima pudo no querer atender. Si fue un llamado o veinticinco alertas como dice la testigo - muchas comunicaciones en el informe de fs. 1663/1666 están repetidas y no suman más de 13 en total- y que habló - sólo la hubiera escuchado además si el altavoz del teléfono estaba colocado -, y nuevamente, aunque sonara fuerte, tal vez no quería atender. Cabe recordar aquí que Celeste Stuchetti dijo en su declaración dos cosas: primero que Solange era de dejar sonar el teléfono, y cuando el Fiscal le dijo si Sol era irresponsable y no la hubiera atendido llamándola del trabajo, que no.

Finalmente, no ha quedado en claro y no pueden tomarse en ningún sentido a mi modo de ver - la acusación no ha presentado en término un informe que en todo caso aclare sus manifestaciones del alegato contraviniendo las expresiones de la testigo Laura Lucia Martinasso- si desde el teléfono de la víctima se realizaron llamados salientes el día 10 de enero de 2007 entre las 8:55 y las 12:21 (fs. 1449/1456).-

Por todo ello, y respecto de esta cuestión, con el alcance dado en los fundamentos que anteceden, doy mi voto por la afirmativa.
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