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2. En el apéndice se hallará na historia detallada y un análisis del concepto freudiano

de agresión.

LOS INSTINTIVISTAS 31 modo siguiente: "ParsieiJo de las especuaciones acerca de' comienzo de la

vida y de paraleos bilgicos llegué a la conclusión de que emás del instinto

de conservr a susncia viva debía haber otro instinto contrario aue trataría

de disolver esas unidades y hacerlas volver a su estado primitivo inorgánico. Es decir isi como un Eros, había un in

stinto de muerte." (S.'Freud,1930.)

El instinto de muerte se dirige contra el mismo organismo, y es por ello una

pulsión autodestructüra, o bien se dirige hacia fuera y entonces tiende a

destruir a los demás y no a sí mismo. Cuando se mezca con la sexualidad, el

instinto de muerte se transforma en impulsos menos dainos que se manifiestan

por el sadismo o el masoquismo. Aunque Fr

eud suirió en diversas ocasiones que podía reducirse el poder del instinto de muerte (S. Freud, 1927), seguía en. pie la idea fundamental:

el hombre estaba sometido al influio de un impulso de destrucción de sí

mismo o de los demás y no podía hacer gran cosa para escapar a esa trágica alternativa. Luego desde la posición del instinto de m uerte, la agresión no era en lo esencial reacción a los esímulos sino un

impulso que manaba constantemente y tenía sus raíces en la constitución

del organismo humano.

La mayoría de los psicoanalistas, aunque siguiendo a

Freud en todo lo demás, se negaron a aceptar a
teoría del instinto de muerte; tal vez se debiera esto a que aquella teoría trascendía el antiguo marco mecanicista y requería un pensamiento biológico inaceptable para los más, para quienes "biológico" era idéntico a fisiología de los in stintos. De todos modos, no rechazaron totalmente la neva posición de Freud, sino que efectuaron una transacción reconociendo un "instinto destructor" como el otro polo del instinto sexual, y así pudieron aceptar el nuevo énfasis de Freud sobre la agresión sin someterse a un modo de pensar de género enteramente nuevoj

Había dado Freud un paso importante hacia delante, de un modo de
ver

puramente fisiológico y mecanista a otro biológico que considera el

organismo como un todo y analiza las fuentes biológicas del amor y el odio.

Pero su teoría adolece de graves defectos. Se basa en especulaciones

bastante abstractas y raramente ofrece pruebas empíricas conv incentes. Además, mientras trata de interpretar, con gran pericia, los

impulsos humaos en función de la nueva teoría, su hipótesis resulta

inconsecuente con el comportamiento animal. Para él, el instinto de muerte

es una fuerza biológca en todos los organismos vivos: esto quiere decir los

animaes también y se refiere a sus instintos de muer

te contra sí mismos o los demás. De donde resultaría que debíamos hallar más enfermedades o muerte tempra-. na en los animales menos agresivos con los demás, y viceversa; pero, naturalmente, no hay datos que sustenten

esta idea.

La agresión y la destructividad no son impulsos dados biológicamente í SLde fluir espontáneo, como demosraremos en el capítulo siguiente. Ahora quiero tan sólo añadir que Freud oscureció mucho el

análisis del fenó-

32 INSTINTIVÍSIO, CONDUCT1SMO Y PSICOANÁLISIS meno de la agresión al seguir la costumbre de emplear esa palabra para los
más diferentes géneros de agresión, y facilitó así su intento de explicarlos todos por un solo instinto. Como es evidente que no tenía

propensiones conductistas, podemos suponer que la razón de ello fue su

tendencia general a llegar a un concepto dualista en que dos

fuerzas fundamentales e oponen mutuamente. Esta dicotomía estaba

al

principio a mitad de camino entre la autoconservación y la libido, y después

entre el instinto de vida y el de muerte. Freud pagó a elegancia de estos

conceptos con la pena de subsumir cada pasión en uno de los dos polos y por

ende, de juntar tendencias que en realidad no t

ienen nada que ver unas con otras.

La teoría de la agresión de Lorenz

Aunque la teoría de la agresión de Freud fue (y todavía es) muy prestigiosa,

era compleja y difícil, y nunca llegó a ser muy conocida en el sentido de

que la leyera mucha gente ni impresionara a muchos. En cambio, ia obra de

Konrad Eorenz Sobre la agresión es un libro de muy agradable lectura, y lo

mismo su anerior obra, El anillo del rey Sa
lomón {1952), y muy diferente en esto de los pesados tratados de Freud

sobre el instinto de muerte o, para el caso, los artículos y libros del

mismo Lorenz escritos para el especialista. Además, como señalábamos en la

introducción, gusta a mucha gente que hoy prefiere creer que nuestra

derivación hacia a violencia y la guerra nuclear se deb

e a factores biológicos en que nada podemos, _" en lugar de abrir los ojos

y ver que as causas son la circunstancias sociales, políicas y ecnómicas

creadas por nosotros mismos.

Para Loreiiz,3 como para Freud, la agresividad humana es un instinto

alimenado por una fuente de energía inagotable y no necesariamente resulado

de una reacción a estímulos externos. Sostiene Lorenz que la energa

específica para un acto instintivo se acumula constantemente en los centros

nerviosos relacionados con esa pauta de comportamiento,

y si se acumula eergía suficiente es probabe que se produzca una explosión aun sin presenca de esímulo. De todos modos, el animal v el hombre suelen hallar estímulos que descargan la energía acumulada de

la pulsión;

no ienen que esperar pasivamente a que aparezca el estímulo apropiado, sino que ellos buscan y aun producen estímulos. Siguiendo a W. Craig, Lorenz llamó a este comportamiento "apetitivo" o "de

apetencia". El

3. Para una eviión detalada y ahora clásica de los conceptos de Lorenz

(y N. Tmheren) acerca dei instinto y para una crítica genera de la posición de Lorenz véase I). S. I.ehrmari (1953). Además para una crítica de Sobr la aresión véas resña de 1.. lierkowitz (1967) y a de K.

E. Boulding (1967). Véase también la evaluación críica de

la teoría de Lorenz por N. Tinbergen (1968), la colección de ensayos

críticos de M. '. A. Montagu .sobre la teoría de Lorenz (1968) y la

breve y pendrante crítica de 1.. i'.isenber; (1972),

LOS INSTINTIVISTAS , 33 hombre, dice, crea lo1 partido_politícQ5_ara hallar estímulos que le

hagan soltar la energía acumulada, y no son los partidos políticos la

causa de ¡a aresión. Pero en los casos en que no puede hallarse ni.

producirse estímulo exterior, la energía del impulso agresivo acumulado

es tan grande que reventará y se aplicará in vacuo, o sea "s

in. estimulación externa demostrable .. la actividad en el vacío, realizada

sin objeto -manifiesta una semeianza verdaderamente fotográfica con el
funcionamiento normal de las acciones motoras de que se trate . . . Esto

demuestra que las pautas de coordinación motora de la norma de comportamiento

instintivo son determinadas por herencia hasta
en los menores detalles". (K. Lorenz, 1970;

originalmentfi..en alemán, 931-42.)4

¿Fara Lorenz, pues, la agresión es ante todo no una reacción a estímulos

exjernós sino una excitación interna "consustanciar' que busca su soltura

y hallará expresión independientemente de que el estímulo externo sea_j)

no adecuado: "Es la espontaneidad del instinto la que lo hace tan peligroso." (K. Lorenz, 1966, subrayado por mí.) El m

odelo de agresións de Lorenz, como el modeo de liido de Freud, lia sido acertadamente calificado de modelo hidráulico, por anaogía con la presión ejercida por e! agua o el vapor acumulados en un recipiente cerrado.

Este concepto hidráulico de la agresión es, efectivaene, uno de los pilares

en que se basa a teoría de Lorenz; se refiere al mecanismo mediante el cual

se produce la agresión. El otro pilar es la idea de que la agresión está al

servicio de la vida, de que sirve para la supervivencia del individuo y de

la especie. Hablando en términos genera

les, Lorenz supone qe la agre-

sion intraespecífica (agresión entre miembros de la misina especie) tiene

' la junción de favorecer la supervivencia de la especie. Lorenz propone que

ia agresión cumple esa función espaciando los. individuos de una especie en

ei habitat disponible, seleccionando ei "mejor", de importancia en coriunZIn

con la defensa de la hembra, y estableciend un orden jerárquico lal. (K.

Lorenz, 1964.) La agresión puede tener es

ta función preserva-

Ílva con ficaci tanto mayor por cuanto en eÍ proces de la evoución la agresión mortífera se ha transformado en un comportamiento compuesto de amenazas simbóicas y rituaes que desempeñan a niisma función sn daño para

la especie.

.-.- Pero, dice Lorenz, ei insint que serví para la supervivencia dei ,' animal se ha "exagerado grotescamenle" en el hombre sJ ha "veUr' ', loco". Así la agresión se ha hecho una ansena/a más que una

ayuda para ia . pervivencia.

Parece como si el mismo Lorsn/. no ubier quedado atisfecho con

4, Posteriormente. deldo a ia inri;;¿ncia de la crilicas de cieno numero de psicólogos nortamericanos y de N. Tinbcrgen, Lorenz irudicó esle enunciado para dejar margen a la influncia del aprendizaje (K.

Lorenz. 1965).

34 INSTINTIVISMO, CONDUCTISMO Y PSICOANÁLISIS
estas explicaciones de la agresión humana y sintiera la necesidad de añadir otra, que de todos modos lleva fuera del campo de la tología. Dice así:

Por encima de todo es más que probable el que la intensidad destructora del

impulso agresivo, todavía un mal hereditario de la humanidad, sea la

consecuencia de un proceso de selección intraespecífica que operó en

nuestros antepasados durante unos cuarenta mil años, aproximadamente, o sea

el primer período de la Edad de la Piedra. [Lorenz p

robablemente se refiere al último período.] Cuando el hombre
hubo llegado a la etapa en que tenía armas, vestidos y organización social, o sea vencido los peligros de morir de hambre, de frío o comido por los animales silvestres, y esos peligros cesaron de ser factores esenciales que influyeran en la selección, debe haberse iniciado una sele

cción intraespecífica mala. El factor que influía en la selección era entonces la guerra entre tribus vecinas hostiles. Es probable que entonces se produjera la
evolución de una forma extremada de las llamadas "virtudes guerreras" del hombre, que por desgracia todavía muchos consideran ideales deseables. (K. Lorenz, 1966.)5

Este cuadro de la guerra constante
entre los cazadores recolectores "salvajes" desde la cabal aparición del Homo sapiens sapiens, 40 o 50 mil años a. C., es un cliché muy corriente adoptado por Lorenz sin mencionar las investigaciones que tienden a demostrar que no hay pruebas de que así fuera.6 La suposición por Lorenz de cuarenta

mil años

de guerra organizada no es sino el antiguo cliché hobbesiano de que la guerra es el estado natural del
hombre, presentado como argumento para probar que la agresividad humana es innata. La lógica de la idea de Lorenz es que el hombre es agresivo porque/Me agresivo, y ue fue agresivo porque es agresivo.

Aunque Lorenz tuviera razón en su tesis del continuo guerrear en el paleolítico posterior, su razonamiento de genética es discutible. Para que cierto rasgo haya de tener una ventaja en la selección tendrá que ser sore la base de la creciente producción de descendientes fértiles de los que tienen ese rasgo. Pero dada la probabilidad de una g

ran pérdida de individuos agresivos en las guerras, es dudoso que la selección pueda explicar el mantenimiento de una alta incidencia de ese rasgo.
De hecho, si consideramos esa pérdida una selección negativa, la frecuencia de los genes debería disminuir.7 En realidad, la densidad de población en aquella época era en
5. Esta cita corresponde solamente en parte a un párrafo de las pp. 269-70 de

Sobre la agresin: el pretendido mal, po Konrad Lorenz, Siglo XXI Editores,

1971. Como se explica en la nota al pie de la p. 260 de la misma ed., hubo

cambios en la ordenación del material, debidos a que el mismo Loren lo

organizó de modo distinto en sus difeentes edic

iones. Fromm debe haber tenido presente la edición inglesa. [T.] 6. La cuestión de la agresión entre los recolectores y cazadores se estudia

ampliamente en el capítulo 8.

7. Debo al profesor Kurt Hirschhorn una comunicación personal en que esboza el

problema de genética que entraña la opinión arriba mencionada.

LOS INSTINTIVISTAS 35 ytrerno baja, y para muchas de las tribus humanas después de ¡a cabl narición del Homo sapiens no había gran necesidad de competir y pelear por alimento

ni espacio.

Lorenz ha combinado dos elementos en su teoría. El primero es que los

animales como los hombres están dotados ínsitamente de agresión, que les

sirve para la supervivencia tanto del individuo como de la especie.

Corno señalaré más adelante, los descubrimientos neurofisiológicos muestran que esta agresión defensiva es una reacción a las am

enazas a los intereses vitalesueT animal y no emana espontánea y continuamente. El oiro "elemento, el carácter hidráulico de la agresión

acumulada, lo emplea para explicar los impulsos asesinos y crueles del

hombre, pero presenta pocas pruebas en su apoyo. Tanto la agresión útil

para la vida como la aniquiladora están subsumidas en una sola

categoría, y lo que las relaciona es principalmente una palabra: "agresión".

En contraste con Lorenz, rTmbergeniha expresado el problema con toda claridad:

"Por una parte, el nomre asemeja a muchas especies de animales en que pelea

contra su propia especie. Mas por otra parte es, entre los miles de especies

que pelean, la única en que esa pele

a es desorganizadora ... El hombre es la única especie que asesina en masa, el

único que no se adapta su propia sociedad. ¿A qué se debe eso? " (N.

Tinbergen, 1968.)

Freud y Lorenz: semejanzas y diferencias

La relación entre las teorías de Lorenz y las de Freud es complicada. Tienen en

común el concepto hidráulico de la agresión, aunque explican de modo diferente

el origen del impulso. Pero parecen diametralmente opuestos en otro aspecto.

Freud expuso la hipótesis de un instinto destructor, idea que

Lorenz declara

indefendible por razones biolà"gicas. Su pulsión agresiva sirve a la vida, y el

instinto de muerte de Freud sirve a la muerte. Pero esta diferencia pierde

bastante importancia en vista de lo que dice Lorenz acerca de las vicisitudes

de la agresión originalmente defensiva y servidora de la vida. Mediante cierto

número de razonamientos complicay a menudo cuestionables, se ent iende que la agresión defensiva se transformó en el hombre en un impulso

que mana espontáneamente y se incrementa a sí mismo tratando de crear

circunstancias que faciliten la nianifestación agresiva, o que revienta

cuando no puede hallar ni crear stirnulos. De ahí que incluso en una

sociedad organizada desde un punto e vista socioeconómico
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