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sólo los instintos tienen un intenso poder de motivación. Si uno rechaza

5. Cf. R. B. Livingston (967) para la cuestión de hasta qué punto están algunos de ellos integados en el cerebro; se discute en el capítulo 1.

INTRODUCCIÓN 3

este punto de vista mecanicista y reduccionista y parte de una premisa olista

empieza a comprender que las pasiones del hombre deben verse en relación con sus

funciones para el proceso vital del organismo entero. Su intensidad no se debe a

necesidades fisiológicas especiales sino a la necesi- / dad que todo el

organismo tiene de sobrevivir... de
desarrollarse física y \ mentalmente.

Estas pasiones no se hacen poderosas solamente después de haber sido

satisfechas las necesidades fisiológicas. Se hallan en a raíz misma de la

existencia humana y no son una especie de lujo que pueda permitirse uno

después de haber satisfecho las necesidades normales, "infeiores". La gente se

suicida a veces por no poder hacer realidad su pasi

ón de amor, de poder, de fama o de desquite. Los casos de suicidio por

falta de satisfaccin_sexual son wtualmente inexistentes. Esas pasones no

instintivas excianjljhomire, io inflaman, Jehacenjá'vida digna de ser,

vivida. oó dijo una vez Holbácn7 el filósofo de la Ilustración

francesa,

"un homme sans passions et désirs cesserait d'etre un

homme" (un hombre sin pasiones ni deseos dejaría de ser hombre).

(P. H. D.

d'Holbach, 1822.) Son tan intensasj)recisamentporque-eLhombfeHo seu'a

hombre sin ellasr

Las pasiones humanas transforman al hombre de mero objeto en protagonista, en un

ser que a pesar de enormes dificultades trata de hacer que - ;? la vida tenga

sentido. Necesita ser su propio creador, transformar su estado de ente inacabado

en alguien con finalidades y propósitos que le permitan cierto grado de

integración. Las pasiones del hombr

e no son complejos psicológicos triviales que puedan explicarse debidamente

como ocasionados por los traumas de la infancia. Solamente pueden entenderse

si uno va más allá de la esfera de la psicología reduccionista y las reconoce

por lo que son: el intento del hombre de hacer que la vida tenga significado

y de sentir el máximo de intensidad

y fuerza que pueda (o crea poder j lograr en \ ;

las circunstancias dadas Son su religión, su culto, su ritual, que él ha de

ocultar (incluso a sí mismo) en tanto las desaprueba su grupo. Claro está

que por medio del soborno y el chantaje o sea por e condicionamiento

experto, puedepersuadirselea que renuncie a su "religión" y a que se

convierta al culto eneral del nondividuo, del autómata.

Pero la cura psíquica le priva de lo mejor que tiene, de ser

hombre y no

cosa.

6. Esta afinnación de Holbach, naturalmente, hay que entenderla en el

contexto del pensamiento filosfico de su época La filosofía budista o la

spinozista tienen una concepción enteramente dierente de las pasiones;

desde su punto de vista la descripción de Holbach seía empíricamente

cierta para la mayoría de las personas, pero la posición

de Holbach es exactamente o contrario de lo que ellos consideran ser la

finalidad del desarrollo humano. Con e fin de hacer apreciar la diferencia

citaré la distinción entre "pasiones iracionales", como la ambición o la

codicia y las pasiones racionales", como el amor y la solicitud por todos los

seres animados (que examinaremos más adelante).

Lo que hace al caso en el texto no es empero esta difeencia sino

la idea de

que la vida dedicada principamente a su propia conservación es

inhumana.

24 INTRODUCCIÓN

La verdad es que todas las pasiones humanas, tanto las "buenas" como las "malas"

pueden entenderse solamente como el intento por una persona de que la vida tenga

sentido, y de trascender la existencia trivial, mera susten.tadora de la vida.

Sólo es posible el cambio de personalidad si es capaz el / individuo de

"convertirse" a un nuevo modo de da

r sentido a la vida \ movilizando sus pasiones favorecedoras de la vida y

sintiendo así una yitalidad e integración superiores a las que tenía

antes. Si no es así, podrá Sér domesficado, pero no" curad'o'; Pero si

bien las pasiones fomentadoras de Ía vida conducen a una mayor sensación

de (uerza, alegría, integración y vitalidad que la d

estructividad y crueldad, éstas son no menos que aquéllas una solución al

problema de la existencia humana. El hombre más sádico y destructor es

humano, tan humano como el santo. Podrá decirse de él que es un hombre

enfermo y torcido que no ha podido hallar una solución mejor al problema

de haber nacido humano, y así es; también podría

decirse que es un hombre que tomó un camino equivocado en busca de su

salvación.7

Estas consideraciones no implican de ninguna manera que la destructividad

la crueldad no sean vicios; lo único que significan es que el vicio es

humano. Ciertamente, destruyen la vida, el cuerpo y el espíritu; no sólo

destruyen a la víctima sino también a mismo destructor. Constituyen una

fparadojá expresan la vida volviéndose contra sí m

isma en el afán de buscar su sentido. Son la única perversión de verdad. Entenderlas no significa condonarlas. Pero si no las entendemos, no tenemos modo de llegar a conocer cómo reducirlas ni los factores que tienden a

incrementarlas. Este entendimiento es de particular importancia actualmente, en que

* la sensibilidad a o destructivo y cruel está disminuyendo rápidamente, y

la necrofilia, la atracción hacia lo muerto, decadente, sin vida y puramente mecánico va en aumento por todas partes en nuestra sociedad

industrial y cibernética. El espíritu de necrofilia lo manifestó por

primera vez en forma literaria F. T. Marinetti en su Manifies

to futurista de 1909. La misma tendencia puede observarse en buena parte

del arte y la literatura de las últimas décadas, donde se hace gala de

particular fascinación por todo lo corrupto, inánime, detructor y
m,ecánico. E! grito falangista de " ¡Viva la muerte! " amenaa convertirse

¿n principio secreto de una sociedad en que la conquista d

e la naturaleza por la máquina forma el verdadero significado del progreso

y en que la persona viviente se convierte en apéndice de a máquina.

En este estudio se intenta aclarar la índoe de esta pasión necrófila y de las condiciones sociales que tienden a fomentarla. La concusión será que la ayuda en sentido lato sóo

podrá venr por cambios radicales en 7. "Salvación" viene del radical atino sal, la sal (en español ha dado salud) .l significado se debe al hecho de que la sal protege la carne

de la descomposición:

'salvación" es así lo que protege al hombre de su descomposición. En este sentido, todo hombre necesita "salvación" o salud (en un sentido no teológico).

INTRODUCCIÓN 25

nuestra estructura social y política que repondrían al hombre en su papel

supremo en la sociedad. El deseo de "justicia y orden" (no de vida y

estructura) y de un castigo más estricto de los criminales, así como la

obsesión por la violencia y la destrucción entre algunos "revolucionarios"

son sólo otros ejemplos de la poderosa atracción qu

e ejerce la necrofilia en el mundo contemporáneo. Tenemos que crear las

condiciones que harían del desarrollo del hombre, ser imperfecto e incompleto

-único en la naturaleza- el obetivo supremo de todos los contratos sociales.

La_verdadera libertad y la independencia y el fin de todas las formas de

poder explotaosoh las condicloííe para la mo

vilización del amor a la vida, única fuerza capaz de vencer al amor a la
muerte.

PRIMERA PARTE

Instintivismo, conductísmo y psicoanálisis

1

LOS INSTINTIVISTAS

LOS INSTINTIVISTAS ANTIGUOS

No presentaré aquí una historia de la teoría del instinto, que el lector

puede hallar en muchos textos. Esta historia empezó hace mucho en el

pensamiento filosófico, pero en lo concerniente al pensamiento moderno
data de la obra de Chares Darwin. Toda la investigación posdarwiniana de

los instintos se ha basado en la teoría de la evolución

expuesta por Darwin.

William James (1890), William McDougall (1913, 1932) y otros han redactado

largas istas en que cada instinto se entendía motivar tipos correspondientes de

comportamiento, como os instintos de imitación, rivalidad, belicosidad,

simpatía, caza, temor, adquisitividad, ceptomana, constructividad, juego,

curiosidad, sociabilidad, secreto, limpeza, p

dor, amor y celos -extraña mezcla de cualidades humanas universales y rasgos

específicos de carácter socialmente condicionados. (J. J. McDermott, ed.,

1967.) Aunque esta lista de instintos parece hov algo ingenua, la laor de

estos instintivistas es muy compleja, abunda en ideas eóricas e impreiona

por la altura de su pensamiento teórico, que todavía tiene cierta validez.

Así, por ejemplo, James tenía perfecto conocimiento del hecho de que podía

haber un elemeno de aprendizaje incluso en el

primer desempeño de un instinto, y McDougall no~dejaba de comprender la

influencia modeladora de las diferentes experiencias y antecedentes

culturales. H! instintivismo de este último forma un puente a la teoría

freudiana. Como ha subrayado Fletcher, McDougall no identificaba el instino

con un "mecanismo motor" y una respuesta motriz rígidame

nt fija. Para él el meolo de un instinto era una propensión', un "ansia",

y este núcleo afectivo 'nnato de cada instinto "parece capaz de funcionar

en forma relativamente independiente tanto de !a parte cognitiva como de

la motriz de ¡a disposición instintiva total". (W. McDougall, 1932.)

Antes de pasar a estudiar los dos rpresentantes modernos más conoci dos

de la teoría instintivista, los "neoinstintivistas" Sigmund Freud y

Konrad Lorenz, veamos un aspecto común a ambos, y además a los instintivistas antiguos: la concepción del modelo instintivista en términos de ecánica e hidráulica. McDougall se represntaba la energía

contenida por

1. Recomindo en especial la penetrantr hisoria que de esa teoría hace lí.

rTetcher (968).

¡29]

30 1NSTINTIVSMO, CONDUCTISMO Y PSICOANÁLISIS "compuertas" y "rebosando" en determinadas condiciones (W.
McDougaii.

193). Posteriormente utilizó una analogía en que cada instinto estaba

presentado como una "cámara en que constantemente se está liberando gas".

(W. McDougaii, 1923.) Freud, en su concepto de la teoría de la libido

siguió también un esquema hidráulico. La libido aumenta - la tensión se

eleva el desplacer aumenta; el acto sexual hace baja

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El gran paso hacia delante que dio Freud respecto de los instintivistas

antiguos, y en particular McDougaii, fue unificar todos los "instintos" en

dos categorías: los instintos sexuales y el instinto de conservación del

individuo. La teoría freudiana puede considerarse as el último paso en el

desarrollo de la historia de la teoría de los inst

intos; como haré ver más adelante, esta misma unificación de los instintos en uno (a excepción del instinto del ego) fue también el primer paso para la superación de todo el concepto instintivista, aunque

Freud no se dio cuenta de ello. En adelante trataré sólo del concepto

freudiano de la agresión, ya que su teoría de la libido es bien conocida para muchos lectores y puede hallarse en otras obras, y mejor

que en ninguna en sus Introductory lectures on psychoanalysis (1915-6,

1916-7 y 1933).

Freud había dedicado relativamente poca atención al fenómeno de la agresión mientras consideró que la sexualidad (libido) y la conservación

del individuo eran las dos fuerzas que predominaban en el hombre. A partir

de los veintes, el cuadro cambió por completo. En The ego and the id

(1923) y en sus obras posteriores postuló una nueva dicot

omía: la de instinto(s) de vida (Eros) e instinto(s) de muerte. Y describía la nueva fase teórica del
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