“Se puede viajar por todo el mundo sin ver nada, o se puede ir solamente a la tienda de la esquina y descubrir todo un mundo”






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Técnicas etnográficas1
Eduardo Restrepo
“Se puede viajar por todo el mundo sin ver nada, o se puede ir solamente a la tienda de la esquina y descubrir todo un mundo”
Horacio Calle (1990: 10).
Para los propósitos de este texto, por técnicas etnográficas se entiende las diferentes herramientas de investigación que buscan ofrecer, mediante un énfasis en la descripción, una comprensión de aspectos de la vida social de manera situada e incorporando la perspectiva de la gente. En palabras de Jesús Galindo, “El objeto general del trabajo de la etnografía es la descripción, para su comprensión, de la vida social” (1998: 187). Se habla de técnicas etnográficas en plural y no en singular porque no hay una sola sino varias. En este texto vamos a abordar las técnicas etnográficas más utilizadas por los investigadores en sus estudios con el propósito de que los estudiantes puedan entender sus características y estén en capacidad de implementarlas de manera creativa en sus propias investigaciones.
El texto ha sido escrito para estudiantes de especialización que poseen cierto bagaje en formación universitaria pero que no tienen necesariamente una formación en antropología. Además de estudiantes de especialización sin formación previa en antropología, los estudiantes de pregrado de antropología pueden encontrar en estas notas algunas sugerencias útiles a la hora de enfrentar su primer trabajo de campo. El lenguaje escogido, los temas presentados y los ejercicios plantados buscan generar un primer acercamiento al estilo de trabajo y de pensamiento asociado a la etnografía.
Tal vez más que cualquier otra técnica en investigación, la etnografía se aprende desde la práctica misma. La etnografía es un arte que, como la pesca o la ebanistería, solo se aprende y perfecciona realmente cuando el estudiante se enfrenta a hacer etnografía. Por esto, en este texto se requiere que cada estudiante realice un puntual ejercicio de investigación etnográfico durante el semestre.
Aunque a medida que se elabora la argumentación se hacen referencias de distintos autores que han trabajado esta temática, es relevante indicar que los planteamientos y sugerencias que aquí se hacen se derivan en gran parte de mi experiencia en investigación etnográfica. Esta experiencia se inicia a comienzos de los años noventa en diferentes trabajos que se han enfocado en la región del Pacífico colombiano y en las poblaciones afrodescendientes. No sólo ha implicado etnografía clásica entre grupos rurales, sino también en áreas urbanas y en temáticas como la modernidad, el estado o los procesos organizativos.


I. La labor etnográfica
“[…] si uno desea comprender lo que es una ciencia, en primer lugar debería prestar atención, no a sus teorías o sus descubrimientos y ciertamente no a lo que los abogados de esta ciencia dicen sobre ella: uno debe atender a lo que hacen los que la practican”
Clifford Geertz ([1973] 1996: 20).
Muchas personas asocian la palabra etnografía con los estudios que suelen hacer los antropólogos. Algunas de estas personas incluso pueden señalar que esta palabra se descompone en etno (pueblo, gente) y grafía (escritura, descripción); por lo que etimológicamente etnografía significaría una escritura o descripción de los pueblos o gentes. La etnografía sería lo que hacen los antropólogos cuando trabajan con comunidades indígenas. En este caso, se dice, que el antropólogo se va a vivir por periodos más o menos largos con la comunidad indígena que estudia para, mediante una prolongada experiencia personal que en muchos casos pasa por aprender el idioma de esta comunidad, pueda conocer diversos aspectos de esa cultura. Con este conocimiento, el antropólogo escribiría un libro monográfico en el cual explicaría esta cultura a otras personas.
Aunque hay cierta razón histórica para que se hayan fijado, estas ideas sobre la etnografía y el trabajo de los antropólogos no son del todo precisas. Es más, como veremos en este texto, la etnografía no es hoy solo utilizada por los antropólogos ni se limita a los estudios de las comunidades indígenas. Desde hace ya muchas décadas, profesionales de diferentes formaciones vienen recurriendo a la etnografía para adelantar sus estudios (cfr. Willis [1978] 2008, Hebdige [1979] 2004). Trabajadores sociales, sociólogos, economistas y politólogos, entre otros, han estado adelantando sus investigaciones recurriendo a la etnografía. Hoy, entonces, no se puede decir que la etnografía es algo exclusivo de los antropólogos, aunque éstos sean los que recurren a ella como parte de su identidad disciplinaria.
En ciertas áreas como los estudios de mercado, la etnografía se ha puesto de moda y es altamente demandada por los diseñadores de nuevos productos más adecuados a los distintos consumidores. Los publicistas y planificadores también han descubierto las ventajas de los estudios etnográficos para orientar sus labores a partir de un conocimiento más profundo y detallado de las poblaciones a las que pretenden intervenir. La etnografía, por tanto, no se circunscribe al estudio de las comunidades indígenas, ni siquiera entre los antropólogos. Por un lado, el grueso de la antropología del país ha dejado de dedicarse exclusiva o predominantemente al estudio de las poblaciones indígenas desde hace ya dos décadas. No sólo otros grupos étnicos como las comunidades negras rurales son ya parte de la preocupación de los antropólogos, sino también múltiples aspectos de las poblaciones urbanas y otros temas emergentes que trascienden los estudios realizados en un lugar. Hoy se puede afirmar, incluso, que las denominadas ‘minorías étnicas’ han dejado de ser el centro de la imaginación antropológica.
En la presentación del texto decíamos que, de una forma muy general, se podía definir a la etnografía como aquel conjunto de técnicas de investigación que hacen énfasis en la descripción de lo que una gente hace desde la perspectiva de la misma gente. Esto quiere decir que a un estudio etnográfico le interesa tanto las prácticas (lo que la gente hace) como los significados que estas prácticas adquieren para quienes las realizan (la perspectiva de la gente sobre estas prácticas). Describir las relaciones entre prácticas y significados para unas personas concretas sobre algo en particular (como puede ser un lugar, un ritual, una actividad económica, una institución o un programa), es lo que busca un estudio etnográfico. Con estas descripciones, la etnografía permite dar cuenta de algunos aspectos de la vida de unas personas sin perder de vista cómo estas personas entienden tales aspectos de su mundo.
Como los estudios etnográficos se refieren a descripciones sobre esas relaciones entre prácticas y significados para unas personas sobre ciertos asuntos de su vida social en particular, esto hace que impliquen comprensiones situadas. Estas descripciones son comprensiones situadas porque dan cuenta de formas de habitar e imaginar, de hacer y de significar el mundo para ciertas personas con las cuales se ha adelantado el estudio. Situadas también porque dependen en gran parte de una serie de experiencias (de observaciones, conversaciones, inferencias) sostenidas por el etnógrafo en un momento determinado para estas personas que también hacen y significan dependiendo de sus propios lugares y trayectorias, de las relaciones sociales en las que se encuentran inscritos y de las tensiones que encarnan.
Ahora bien, situadas no significa que sus resultados sean limitados a las personas y lugares en los que se hizo el estudio etnográfico. Desde el anclaje concreto de la etnografía se pueden establecer ciertas generalizaciones y teorizaciones que van más allá de los sitios y gentes con las que se adelantó el estudio etnográfico. Así, por ejemplo, si hacemos una investigación etnográfica sobre la configuración y operación de las clientelas políticas en un barrio popular de Bogotá, esto no significa que lo que allí encontramos se limite a este barrio, sino que nos está evidenciando cuestiones de la cultura política más general del país. Lo mismo si hacemos una etnografía de las concepciones del estado en el Chocó, los resultados pueden ser relevantes para conceptualizar ciertas modalidades de configuración del estado en general. Lo importante para retener aquí, es que el hecho de que la investigación etnográfica es situada de esto no se deriva que se limite a un lugar y una gente. No se puede confundir el objeto de estudio con el lugar de estudio.

Condiciones y habilidades
La descripción etnográfica no es tan fácil como a primera vista pudiera aparecer. No se puede describir lo que no se ha entendido, y menos aun lo que no se es capaz si quiera de observar o identificar a pesar de que esté sucediendo al frente de nuestras narices. De ahí que la labor etnográfica requiera el desarrollo de un conjunto de condiciones y habilidades que le ‘abran los ojos’ al etnógrafo, que le permitan entender lo que tendrá que describir.
Entre las condiciones se pueden resaltar tres. En primer lugar, en el marco de un estudio etnográfico incluso la observación más elemental supone que se cuenta con una pregunta o problema de investigación. Esta pregunta o problema no sólo permite en términos generales distinguir lo que es pertinente de lo que no lo es, sino que también orienta la labor del etnógrafo en ciertas direcciones visibilizando asuntos que de otra forma permanecerían en la penumbra. Sin pregunta o problema de investigación no es posible adelantar ningún tipo de estudio etnográfico. En parte los ojos del etnógrafo (o sus gafas) son constituidos por su pregunta o problema de investigación.
Una segunda condición en un estudio etnográfico es ser aceptada la presencia del etnógrafo por las personas con las que se realiza la investigación. Sobre todo cuando el estudio etnográfico se encuentra diseñado recurriendo a la técnica de la observación participante localizada, es indispensable que la gente con la que se trabaja tenga la disposición a que el etnógrafo no solamente resida en el lugar sino que esté observando y preguntando sobre lo que le interesa. Ahora bien, hay estudios etnográficos que no recurren a esta técnica de la observación participante sino a otras como al del informante (por ejemplo, el famoso caso de la etnografía de los Desana escrita por Reichel Dolmatoff con base en entrevistas realizadas en Bogotá a un miembro de este grupo indígena) o los trabajos de antropología histórica que realizan una lectura etnográfica a los archivos para periodos y gentes del pasado.2
Finalmente, la tercera condición para resaltar es contar con buen tiempo para realizar la investigación etnográfica. El trabajo de campo toma tiempo, tiene su propio ritmo. Una etnografía demanda un periodo prolongado de tiempo, pues no alcanza a conocer de la noche a la mañana la vida de otra gente y mucho menos sus propios significados. No se puede hacer etnografía con un par de visitas de fin de semana. En algunos casos, como cuando hay que aprender una lengua distinta o cuando el problema de investigación así lo demande (un ciclo de siembra, por ejemplo), los estudios etnográficos pueden fácilmente tomar años. Las técnicas etnográficas tienen sus ritmos, que no pueden ser caprichosamente acelerados: “La información no se recoge en un par de jornadas ni de una sola fuente, sino que se obtiene a lo largo de prolongados periodos y recurriendo a diversos informantes […]” (Guber 2005: 100). Como dependen en gran parte de la construcción de familiaridad y confianza de la gente con la que se trabaja, los afanes y agendas apretadas no tienen cabida. Además, el proceso de aprendizaje del investigador es lento, no es necesariamente acumulativo ni unidireccional.
Entre las habilidades o destrezas que se deben desarrollar para adelantar adecuadamente un estudio etnográfico cabe resaltar las siguientes. En primer lugar hay que aprender a percibir, y esto en los registros que abren los cinco sentidos. Aprender a observar, esto es, generar una mirada reflexiva sobre aquellos asuntos de la vida social que son relevantes para la investigación adelantada. Esta mirada reflexiva busca identificar lo relevante en la incesante multiplicidad de cosas que suceden, muchas de ellas en una aparente nimiedad que suelen llevar a que no se les preste la menor atención (Cardoso de Oliveira 2004). Una adecuada observación tiene el efecto de visibilizar cosas que en su aparente obviedad pasan desapercibidas (es decir, no son vistas a pesar de que suelen estar a la vista de todos todo el tiempo).
Así como hay que saber observar, también es muy importante para la labor etnográfica aprender a escuchar. Para escuchar se requiere estar atento, no sólo a lo que se dice, sino también a la forma en que se dice, quién y cuándo se dice. Como si esto fuese poco, hay que estar atento a los silencios que pueden decir tanto como las palabras. Pero estar atento no implica simplemente querer estarlo, sino saber cómo. Y este saber cómo pasa por aprender los más sutiles códigos de la comunicación que operan en los lugares y con las gentes con las que se adelanta el estudio etnográfico. A veces, estos códigos implica asistir a un sitio en determinado momento, a veces puede significa acompañar en el camino o en la faena de trabajo a alguien; en ocasiones requiere guardar silencio, en otras toca asentir o interpelar al interlocutor.
Además del saber cómo estar atento, es crucial no asumir sin mayor indagación y sospecha que se ha entendido lo que uno ha escuchado. Una palabra puede tener un significado muy distinto del que uno le puede estar atribuyéndole. Lo mismo sucede con una conversación, un gesto o un silencio. El etnógrafo debe sospechar permanentemente de sí mismo, de lo que cree haber escuchado, de los significados que le ha otorgado a una historia contada, a una charla sostenida, a una categoría local registrada.
Los olores, gustos y el tacto también son parte de aprender a percibir en un estudio etnográfico. Hay todo un universo de información que suele no pasar por la visión ni por los oídos. Aunque siempre importantes, para ciertos estudios etnográficos estos sentidos pueden adquirir gran relevancia. Un estudio etnográfico de las corporalidades o de prácticas alimentarias debe recurrir estos registros con particular intensidad. Al igual que lo comentado en los párrafos anteriores, el etnógrafo tiene que aprender a utilizarlos adecuadamente para capturar adecuadamente ciertas dimensiones de los aspectos de la vida social en los cuales se encuentra interesado.
Una segunda habilidad en la investigación etnográfica consiste en saber estar. Dado que los estudios etnográficos a menudo implican desplazamientos a lugares o situaciones que son extrañas para el etnógrafo, éste debe adaptarse lo más rápida y adecuadamente posible. Estos lugares y situaciones requieren que el etnógrafo aprenda a distinguir cuáles son los comportamientos que de sí se esperan y actuar en correspondencia. Para esto debe tener la suficiente flexibilidad corporal y mental, sabiendo dónde marcar los límites con las demandas que se le hacen. Como extraño, puede darse ciertas licencias; pero sin convertirse en una fuerte traba o ruido en la dinámica de la vida social de las personas con las que se trabaja. En asuntos tan cotidianos como la comida o el sueño, el aseo, el vestido o los saludos, saber estar pasa por adecuarse corporal y mentalmente a los nuevos requerimientos. Por tanto, el saber estar supone una actitud de apertura y de aprendizaje permanente de uno mismo ante situaciones diferentes, algunas de las cuales son extraordinarias para uno por lo que no se está familiarizado.
Además de las destrezas anotadas, el etnógrafo debe desarrollar la habilidad de contar con una férrea disciplina de registrar permanentemente lo que va encontrando en su investigación, así como las elaboraciones o interpretaciones derivadas. Como lo expondremos para la técnica del diario de campo, la labor etnográfica requiere un permanente y sistemático registro por escrito de aquello que ha observado o experimentado que es relevante para su investigación, al igual que las ideas que van surgiendo día a día en su trabajo. De esta disciplina depende en gran parte la calidad de los resultados de la investigación etnográfica. Por otro lado, el cansancio y los estados de ánimo deben ser superados por una constante disciplina de trabajo. En las situaciones más extenuantes o distractoras, el trabajo etnográfico demanda gran concentración y una permanente disposición. Hay ocasiones irrepetibles o situaciones cruciales en el trabajo de campo que el etnógrafo no puede dejar de enfrentar.
En la investigación etnográfica se puede resaltar como cuarta habilidad la de ser un buen escritor. Si puede decirse que la etnografía es el arte de leer sutilmente la vida social, el etnógrafo también debe tener la habilidad de saber contar, transmitir o traducir aquello que ha comprendido mediante su lectura. Mucho del trabajo etnográfico implica colocar en palabras (o incluso en imágenes) los resultados de observaciones e interpretaciones sobre la temática estudiada. En cierto plano, la etnografía es como una pintura, un mapa o una fotografía de un aspecto de la vida social, pero realizada desde las narraciones del etnógrafo. Por eso se puede decir que la etnografía es un arte de la narración. Narraciones que dibujen adecuadamente, pero también que seduzcan. Narraciones mediante palabras, en presentaciones públicas o en escritos de la más diversa índole. Narraciones que apelan a imágenes o a través de imágenes como en los documentales, exposiciones o videos. Las buenas narraciones etnográficas son como los buenos libros o películas: logran trasmitir con sutileza y contundencia no sólo unos contenidos sino que producen una serie de sensaciones.
La última de las habilidades del etnógrafo, pero no por ello debe ser considerada la menos importante, es la capacidad de asombro. Cuando se adelanta investigación etnográfica en contextos sociales familiares para el etnógrafo, el gran reto es que pueda asombrarse con cuestiones que tienden a pasar desapercibidas no porque estén ocultas y sean extraordinarias, sino por todo lo contrario: están a la vista de todos en su existencia ordinaria, cotidiana y familiar. Extrañarse de lo familiar es fundamental en la labor etnográfica.
Sin este extrañamiento (que supone sorprenderse por lo ordinario y preguntarse así por asuntos que supuestamente son tan triviales y están tan a la vista de todos que pasan desapercibidos), la etnografía pierde gran potencial. La des-trivialización y una des-familiarización son vitales en la labor etnográfica. El correlato es que frente a los contextos sociales extraños para el etnógrafo, la capacidad de sorpresa debe evitar el riesgo de engolosinarse con la exotización de la diferencia. La capacidad de asombro pasa en estos contextos por entender en sus propios términos las lógicas sociales que constituyen lo extraño sin exotizarlo, mostrando cuán familiar y consistente puede ser desde la perspectiva de los actores sociales.
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