Capítulo concepto de ceguera y deficiencia visual. Patologías oculares






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fecha de publicación26.06.2015
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CAPÍTULO 2. CONCEPTO DE CEGUERA Y DEFICIENCIA VISUAL. PATOLOGÍAS OCULARES


Introducción

Este tema está extraído del capítulo II titulado "Visión subnormal" de Bueno, M. y Ruiz, F., del libro "Deficiencia visual: aspectos psicoevolutivos y educativos" cuyo coordinador en Bautista, R. (1994), de Ediciones Aljibe. Asimismo, del capítulo I titulado "Percepción visual y ceguera", cuyo autor es Marcos, M. que se encuentra en el libro "Aspectos evolutivos y educativos de la deficiencia visual" de Checa, F; Marcos, M; Martín, P; Nuñez, A. y Vallés Arándiga (1999), de la colección Manuales editado por la ONCE.


2.1. Afecciones oculares

2.2. Anomalías que afectan a la córnea

-QUERATITIS: Inflamaciones de la córnea asociadas a traumatismos, infecciones, trastornos de la nutrición corneal, exposiciones prolongadas a los agentes externos, etc. Suelen acompañarse de congestión del iris, del cuerpo ciliar y de la conjuntiva.



-DISTROFIAS CORNEALES: Alteraciones primarias, hereditarias y bilaterales de la córnea.

-QUERATOCONO caso de distrofia corneal que se caracteriza por una córnea cónica (ambobamiento), por adelgazamiento y desviación gradual del vértice hacia abajo y adentro. Anomalía del desarrollo o hereditaria asociada a varias anomalías oculares.



2.3. Anomalías que afectan a la úvea

-ALBINISMO: iris traslúcido por disminución o ausencia de pigmentación.



- ANIRIDIA: ausencia parcial o total del iris. Su origen es hereditario.



-COLOBOMA: defecto o ausencia de estructuras por cierre imperfecto de la hendidura fetal, existiendo una sola muesca del iris, generalmente en la porción inferior, o abarcar a su totalidad.

2.4. Anomalías que afectan al cristalino

-CATARATAS CONGÉNITAS opacidad congénita de etiología hereditaria, embriopática (rubéola) o metabólica (galactosemia) que afecta al cristalino.



- SUBLUXACIÓN DE CRISTALINO : dislocación total o parcial del cristalino.



-AFAQUIA QUIRÚRGICA POR CATARATAS CONGÉNITAS ausencia total o parcial del cristalino por intervención quirúrgica subsiguiente a cataratas congénitas.

2.5. Anomalías que afectan a la retina

-CORIORRETINITIS: inflamación de la retina, asociada a la inflamación de la coroides, que se produce como manifestación de una enfermedad general de etiología variada (toxoplasmosis, histoplasmosis, etc.) De origen congénito o adquirido.

-ACROMATOPSIA: anomalía congénita que se caracteriza por la ceguera total o parcial a los colores debido a la ausencia o anomalía de los conos.

-DEGENERACIÓN MACULAR: anomalía de desarrollo y proceso degenerativo que afecta a la mácula. Se producen a cualquier edad (congénita, juvenil o senil).



-DESPRENDIMIENTO DE RETINA agujeros, desgarros y separación entre la retina y la coroides consecuente con traumatismos o a enfermedades oculares.



- FIBROPLASIA RETROLENTAL: neovascularización y aparición de pliegues retinianos desde su periferia hacia el vítreo por exposición excesiva al oxígeno en prematuros.

- RETINOPATÍA DIABÉTICA: alteración de la retina por tratamientos insuficientes prolongados o por repetidos tratamientos deficientes de la diabetes.



- RETINOSIS PIGMENTARIA: degeneración progresiva crónica de la capa pigmentaria de la retina, de origen congénito-hereditario o que se desarrolla en la infancia.



2.6. Anomalías que afectan al nervio óptico

- ATROFIA ÓPTICA: degeneración de las fibras ópticas asociada a lesiones cerebrales.



2.7. Anomalías que afectan a la presión intraocular

GLAUCOMA: aumento de la presión intraocular por anomalía en el flujo de salida del humor acuoso, o en su formación, que produce defectos del campo visual imputables a atrofia de las células ganglionares retinianas y del nervio óptico.



2.8. Anomalías que afectan a la movilidad ocular

-NISTAGMUS: oscilación corta, rápida e involuntaria del globo ocular que conduce a una visión imperfecta.

-ESTRABISMO: Consiste en la desviación manifiesta del paralelismo de los ojos en las posiciones primarias y cardinales de la mirada, de manera que mientras un ojo fija, el otro se desvía (ojo estrábico) hacia adentro (estrabismo convergente), hacia fuera (estrabismo divergente).





-

2.9. Defectos de refracción ocular

- Miopía. Es una anomalía de refracción por la que, en estado de acomodación completamente relajada, los rayos paralelos se enfocan delante de la retina, cruzándose en el vítreo, adquiriendo una dirección divergente de manera que se enfocan en la retina formando un círculo de difusión, una imagen confusa. La miopía se corrige con lentes divergentes y produce una visión imperfecta a distancia.

- Hipermetropía. Anomalía congénita, con frecuencia hereditaria, que se produce como consecuencia de un acortamiento del diámetro antero-posterior del ojo. El tratamiento, cuando sea conveniente, consiste en la prescripción de lentes convergentes.



- Astigmatismo. Puede aparecer solo o combinado con alguno de los anteriores. Es el estado de refracción del ojo en el cual hay diferencia en el grado de refracción en los diferentes meridianos, de modo que en cada uno de ellos los rayos paralelos se enfocan en puntos diferentes, debido a que las superficies refringentes no son esféricas. El astigmatismo se corrige con lentes tóricas, lentes mezcla de cilindro y esfera.



- Presbicia: Independientemente de los defectos refractivos anteriormente descritos, existe una alteración funcional de la refracción que aparece con la edad consistente en una dificultad progresiva de enfoque en distancias cortas. Clínicamente se manifiesta con dificultad para realizar tareas de visión cercana (lectura, costura, etc.) mientras que de lejos la visión permanece estable. Se corrige con lentes convergentes que se utilizarán sólo para cerca.

2.10. Ambliopía

Consiste en el deterioro de la visión foveal por falta de uso, no contrarrestable con medios ópticos. Se conoce con la denominación popular de “ojo vago”.

La ambliopía es una anomalía recuperable, por diversos métodos, preferentemente por oclusión del ojo de mejor visión, en el 95% de los casos, si se trata antes de los 4 años; y, en un 30% entre los 4 y los 8 años. A partir de esta edad los éxitos son escasos.

2.11. Corrección de los defectos ópticos oculares


En la actualidad disponemos de varios sistemas para la corrección de los defectos de refracción. La forma más antigua y conocida es el uso de gafas, en vidrio o plástico, con diferentes densidades que le proporcionarán distintos índices de refracción.

Además pueden incorporar una única potencia (monofocales) o ser variable (bi o multifocales) permitiendo este último tipo el enfoque a diferentes distancias cuando existe la presbicia o la afaquia.

Otra forma de corrección son las lentes de contacto en los que la lente es de un tamaño reducido en grosor y diámetro.

Con el desarrollo de la cirugía de la catarata, se han introducido ampliamente las lentes intraoculares. Son colocadas dentro del ojo para corregir el defecto óptico que la afaquia supone.

En el momento actual asistimos en la oftalmología a una gran difusión de las técnicas de cirugía refractiva de la miopía y otros problemas refractivos con láser.

2.12. Pérdidas Visuales funcionales.

Las anomalías de los segmentos del ojo, vías ópticas o cerebro, dan lugar a perturbaciones más o menos significativas en los aspectos que integran la visión.

1. Agudeza visual disminuida. (A.V.)

Se identifica como una sensación de visión borrosa, oscuridad, visión nebulosa, como si hubiese una película en el ojo, independientemente de que se pueda leer la letra pequeña a corta distancia o no (José, 1988).

Si bien la A.V. es corregible con medios ópticos, los sujetos de baja visión (B.V.) en pruebas de apreciación de A.V. lejana, aún después de corrección, no pueden distinguir la línea de optotipos que un ojo normal ve a 15 m, agudeza visual de lejos inferior a 0.333.

Una agudeza visual mayor no se considera deficiencia visual grave. Desde esta agudeza visual hasta la percepción de luz, existe un intervalo muy amplio de medidas de AVL que determinan funcionamientos visuales muy distintos.

La metamorfopsia puede considerarse como una alteración de la AV, en cuanto que se altera la figura y la forma de los objetos. Según los casos, pueden verse más pequeños (micropsia) o más grandes (macropsia).

2. Alteraciones patológicas del campo visual.

Actividades como el desplazamiento, la lectura, o la posibilidad de utilizar imágenes ampliadas o de determinados auxiliares ópticos dependen fundamentalmente del estado del campo visual.

Consecuentemente, las alteraciones del campo visual llegan a tener una repercusión más relevante en la capacidad funcional del sujeto que la propia AV. Las anomalías del campo visual responden a dos tipos, las limitaciones periféricas y los escotomas (May y Allen, 1979).

Las limitaciones del campo visual pueden afectar a toda la periferia por igual, produciendo una reducción concéntrica, que de ser muy acentuada sólo deja intacta la visión central.

Puede afectar a una porción desigual de la periferia, escotadura nasal o temporal o reducción superior o inferior.

La disposición de las fibras nerviosas en el quiasma explica la pérdida de visión en las mitades o sectores correspondientes de los campos visuales, hemianopsias.

Cuando la lesión afecta a la pérdida de las tres funciones del ojo (luz, forma y color), la hemianopsia se denomina absoluta, y relativa cuando destruye el sentido del color sobre áreas simétricas. La ceguera completa de un ojo se debe casi siempre a una lesión situada delante del quiasma.

Los escotomas se manifiestan como manchas o lagunas de visión en el interior del campo visual de manera que anulan o disminuyen la percepción de luz, escotomas absolutos o relativos, respectivamente.

3. Alteraciones en la percepción de los colores.

Se identifica con discriminaciones, identificaciones y clasificaciones erróneas o inseguras de los objetos por su color, con errores en el emparejamiento de colores.

La visión anómala de los colores, que suele ser congénita, de transmisión hereditaria, se presenta de ordinario como una pérdida de percepción de uno o dos colores fundamentales, pérdidas de cada uno de los colores primarios, rojo, verde o azul.

Se produce, no obstante, la pérdida completa de discriminación del color (monocromatismo).

Los defectos de percepción cromática son síntomas de enfermedades oculares, afecciones de la mácula y zonas centrales, o secundarias a lesiones del nervio óptico, principalmente. Se manifiestan de manera fluctuante o permanente en relación con la propia lesión y con las condiciones exteriores de luminosidad, tamaño del objeto y contraste entre el propio objeto y contraste entre el propio objeto y el entorno.

4. Anomalías relacionadas con la luminosidad ambiental.

La alteración de la sensibilidad de la retina a la intensidad de la luz puede producir efectos que se nos pueden antojar contradictorios.

Hay sujetos que se desenvuelven mejor en condiciones de media o baja iluminación, quedando deslumbrados en ambientes luminosos.

La fotofobia es una sensibilidad anormal a la luz apreciable en sujetos con inflamaciones en los ojos o con insuficiencia de pigmentación para absorber la claridad excesiva. Queratitis, albinismo, aniridia, glaucoma, acromatopsia, y otras, son anomalías que determinan una clara inadaptación a la luz. Los sujetos que la padecen deben usar lentes, gafas de sol y adoptar otras medidas de control de iluminación como una luminosidad media-baja y evitar los reflejos.

Otro grupo de sujetos demanda iluminación alta para un uso provechoso de su baja visión, llegando a funcionar como ciegos durante el atardecer, la noche o días nublados. La ceguera nocturna es una anomalía congenita que se caracteriza por la disminución de la capacidad de ver por la noche, en ambientes de semioscuridad o luz tenue. Evidencia una mala adaptación a la oscuridad. Es un síntoma de enfermedades como la retinosis pigmentaria y la atrofia del nervio óptico.

Los cambios de luminosidad, cuando son bruscos, exigen un período de adaptación que se acentúa en extremo en el caso de quien posee baja visión, anulando la posibilidad de realizar tareas visuales que requieren el concurso de la visión.

2.13. Deficiencia visual y ceguera

Es importante que se revise la función visual de los niños que tengan retraso en el proceso de aprendizaje escolar. Atribuir erróneamente esas dificultades a pro­blemas en la lectura, puede impedirnos detectar anomalías en su visión.

Hay que tener también en cuenta que aunque el niño haya sido examinado por el oftalmó­logo en algún momento previo de su desarrollo, pueden aparecer problemas visuales en las etapas de crecimiento como defectos de refracción o más rara­mente patologías oculares. Hay también enfermedades hereditarias que se mani­festarán a lo largo de los años.

Todos nacemos con una visión subnormal que progresa rápidamente en las primeras semanas de vida en la medida en que se desarrollan las conexiones intercelulares o sinapsis entre retina, vía óptica y corteza cerebral.

Una función visual perfectamente desarrollada y consolidada como es propio del adulto puede verse deteriorada en grados muy diversos con el advenimiento de muy variadas enfermedades oculares, lo que forma parte de la patología oftal­mológica y se derivarán las situaciones de pérdida de función visual que nos sitúen en los ámbitos de la ceguera o de la deficiencia visual.

La ceguera es entendida habitualmente como la privación de la sensación visual o del sentido de la vista.

Oftalmológicamente debe interpretarse la ceguera como ausencia total de visión, incluida la falta de percepción de la luz. En la práctica, consideramos ciegos a personas que presentan restos visuales funcionales dentro de unos límites que se cuantifican en tablas normativas, lo que nos obliga a tener en cuenta el término de «ceguera legal».

En este concepto de ceguera legal está incluida la situación de personas que presentan un menoscabo funcional visual que les impide tener una agudeza visual superior al límite de 1/10 o un campo visual mayor de 10 grados.

Los niveles de deterioro de la función visual son establecidos tras la medición de la agudeza visual (AV) y del campo visual (CV) de cada uno de los ojos por separado.

Los otros aspectos de la capacidad funcional visual (visión cromática, sensibilidad luminosa a diferentes intensidades y visión binocular) no han sido sis­tematizados ni cuantificados para valorar en la práctica clínica distintos niveles de deterioro funcional, aunque sí tengan alguna consideración sobre todo en lo con­cerniente a la visión binocular a efectos legales para la obtención de ciertos per­misos o licencias de conducción de vehículos y para los baremos de indemniza­ciones socio-laborales.

La agudeza visual ha sido una guía bastante utilizada para determinar la visión útil del sujeto. De hecho, la OMS sugirió una clasificación de las discapacidades visuales basada en la medida de la agudeza visual y de la amplitud del campo que ha servido a los distintos países en la toma de decisiones respecto a la prestación de determinados servicios sociales a las personas afectadas de discapacidad visual. Un año más tarde, la propia OMS recomendó eliminar la categorización establecida por las injusticias que pudieran producirse en la toma de decisiones aludida; aunque sin sugerir solución alternativa (Hyrärinen, 1988).

Tabla 3. 1. Límite superior de la ceguera legal en términos de agudeza visual (Herren y Guillemet, 1982):

Suecia

1/30 (0.03)

Alemania

2/50 (0.04

Francia y Holanda

1/20 (0.05)

España, Italia, Gran Bretaña, USA y Canadá

1/10 (0.10)

Atendiendo a la sola aplicación de la agudeza visual como factor clasificador, y utilizando el término amblíope bajo una acepción muy extendida, aunque oftalmológicamente incorrecta, que se asocia con aquella persona de visión bilateral mediocre, surge la siguiente clasificación.

Tabla 3.2: clasificación de la agudeza visual según Herren y Guillemet (1982)

Categorización

Límite inferior

Límite superior

Ciego total

0

Contar dedos= 0.5 m

Ciego parcial

1/50 (0.02)

2/50 (0.04)

Amblíope profundo

3/50 (0.06)

4/50 (0.08)

Amblíope propiamente dicho

1/10 (0.10)

4/10 (0.40)

No obstante, existen enormes diferencias en la eficiencia visual entre individuos que se encuentran en el intervalo de la baja visión, aún cuando tengan la misma anomalía ocular e idéntica agudeza visual y las pérdidas visuales sean similares.

Se hace evidente que la disminución de la agudeza visual no es el único parámetro determinante de la discapacidad visual. La medida de la agudeza debe considerarse como una parte limitada de la información. No indica cómo funciona el sujeto (Faye, 1972).

Junto a la agudeza visual disminuida y a las anomalías en el campo visual, disfunciones relacionadas con la deficiente percepción de los colores y con la inadaptación a la iluminación ambiente, todas ellas comentadas con anterioridad, concurren en los sujetos con visión deficiente. Otras variables juegan un papel igualmente decisivo en el logro de la eficiencia visual. Son los factores psicológicos: la inteligencia, la educación, la familiaridad con el tipo o con el objeto y situación, y las actitudes emocionales del sujeto (Forgus, 1982).

Hemos venido utilizando indistintivamente los términos baja visión, deficiente visual grave, visión parcial, visión residual, entre otros, como significantes de un mismo concepto: "una disminución importante de la visión de ambos ojos, que deja, sin embargo un residuo visual compatible con ciertos aspectos de la vida corriente" (Herren y Guillemet, 1982).

En identificación con las características educacionales de los sujetos de baja visión es posible establecer tres grupos (Barraga, 1992):

  • Discapacidad visual profunda: dificultad para realizar tareas visuales gruesas. Imposibilidad de hacer tareas que requieren visión de detalle.

  • Discapacidad visual severa: posibilidad de realizar tareas visuales con inexactitudes, requiriendo adecuación de tiempo, ayudas y modificaciones.

  • Discapacidad visual moderada: posibilidad de realizar tareas visuales con el empleo de ayudas e iluminación adecuada similares a las que realizan los sujetos de visión normal.


La clasificación de las personas con anomalías oculares que proponemos a continuación, si bien cae en la indefinición entre los grupos que caracteriza a cualquiera de las muchas existentes, tiene la ventaja de la simplicidad, y alberga la posibilidad de encuadrar a todo niño que posea una función visual mínima en el grupo de los “videntes” (videntes parciales), lo que permitirá, si procede, mejorar su eficiencia visual a través de programas específicos de estimulación visual.

Según este criterio clasificamos a los deficientes visuales graves (DVG) en dos niveles de funcionamiento:

  • Ceguera: caracterizada por la ausencia total de visión o la simple percepción de luz.




  • Baja visión: se caracteriza por la capacidad, cuando menos, para la percepción de masas, colores y formas, y por una limitación para ver de lejos, aunque con posibilidad para discriminar e identificar objetos y materiales situados en el medio próximo a una distancia de pocos centímetros; cuando más, a pocos metros.

El resto visual puede permitir la lectura de grandes carteles, aunque no se dé la lectura funcional en tinta incluso con medios específicos. En individuos con restos superiores, la baja visión puede ser utilizable en determinadas actividades escolares de aprendizaje, incluyendo la lectura en tinta, aunque con atención especializada y estimulación para hacerlo. En condiciones adversas o en circunstancias determinadas, requiere el uso de técnicas específicas de ciegos. En otras, sin embargo, será posible el uso del resto visual con pleno éxito, aparentando normalidad visual.
En líneas generales, las personas con baja visión tendrán dificultades para percibir aspectos visuales relacionados con:

a) los rasgos desproporcionados en el espacio;

b) las representaciones tridimensionales;

c) las formas compuestas;

d) la profundidad;

e) el movimiento;

f) los objetos o materiales situados sobre fondos similares;

g) los objetos con poca luz;

h) los detalles distintivos en las formas y dentro de las figuras.

Otro criterio de clasificación, igualmente importante desde el punto de vista educativo, responde al sistema lectoescritor utilizado por los deficientes visuales graves. Con independencia de la agudeza visual, las personas DVG acceden al sistema Braille o pueden leer y escribir en tinta, siendo la capacidad de funcionamiento visual determinante para la utilización de uno u otro sistema.
En la aproximación a la visión subnormal, como punto de partida para la intervención educativa, concluimos haciendo notar, consecuentemente, que todos los sujetos con baja visión experimentan problemas perceptivo-visuales, tales como falta de una memoria visual estable y de organización, alteraciones en la percepción de las relaciones espaciales, en la percepción figura-fondo y de la profundidad. Y poseen un limitado repertorio de conocimientos básicos para interpretar el medio y de vocabulario que requiere la interpretación visual.

Por tanto, en la evaluación de la función visual estudiamos la agudeza visual y el campo visual de cada uno de los ojos. Su cuantificación nos permite estable­cer las siguientes situaciones (Marcos, 1999):

  • visión normal: cuando la agudeza visual del mejor de los ojos es superior o igual a 0.8, y el campo visual es normal;

  • visión casi normal: si la agudeza visual del mejor ojo está comprendida entre 0.7 y 0.5, siendo normal el campo visual;

  • visión subnormal: la agudeza visual está comprendida entre 0.4 y 0.3 o el campo visual está limitado a 40°;

  • baja visión: agudeza visual entre 0.25 y 0.12 o el campo visual disminui­do hasta los 20°;

  • ceguera legal: si la agudeza visual es igual o inferior a 0.1 o el campo visual está reducido a 10° o menos. Esta situación permite a una persona tener la consideración "legal" de ciego y estar, por ejemplo, afiliado a la ONCE. En este punto conviene aclarar que la simple reducción del campo visual a 10°, aunque se conservara incluso una agudeza visual de 1.0, permite la consideración de ceguera legal.



2.14. Bibliografía

BARRAGA, N.C. (1992). Desarrollo sensoperceptivo, traducido por de Sensory perceptual Development. New York (1986). Córdoba (Argentina): ICEVH nº 77.

CORN, A. (1989). Instrucción para el uso de la visión para niños y adultos con baja visión: propuesta de un programa modelo. Córdoba (Argentina): ICEVH nº 38.

DICKMAN, I.R. (1988). ¿Qué hacer con la visión limitada? Región Latinoamericana. Córdoba (Argentina): ICEVH nº 59.

FAYE, E.E. (1972). El enfermo con déficit visual. Experiencia clínica en adultos y niños. Barcelona: Científico-Técnica.

FORGUS, R.H. (1982). Percepción. Proceso básico en el desarrollo cognoscitivo. México: Trillas.

FRAIBERG, S. (1982). Niños ciegos. La deficiencia visual y el desarrollo de la personalidad. Madrid: INSERSO.

HERREN, H. Y GUILLEMET, S. (1982). Estudio sobre la educación de los niños y adolescentes ciegos, amblíopes y sordociegos. Barcelona: Médico y Técnica.

HYVÄRINEN, L. (1988). La visión normal y anormal en los niños. Madrid: ONCE.

INDE, K. Y BÄCKMAN, O. (1988). El adiestramiento de la visión subnormal. Madrid: ONCE

MARCOS, m. (1999). Percepción visual y ceguera. En F. Checa; M. Marcos; P. Martín; A. Nuñez y A.Vallés Arándiga. Aspectos evolutivos y educativos de la deficiencia visual (pp. 15-60). Madrid: ONCE.

MAY, C.H. y ALLEN, J..H. (1979). Manual de las enfermedades de los ojos. Barcelona: Salvat.


2.15. Glosario



Afaquia. Ausencia total o parcial.

Agudeza visual disminuida (A.V.) Caracterizada como una sensación de visión borrosa, oscuridad, visión nebulosa.

Albinismo. Iris traslúcido por disminución o ausencia de pigmentación. Suele presentarse con otras anomalías visuales

Ambliopía. Deterioro de la visión foveal por falta de uso, no contrarrestable con medios ópticos.

Ametropía. La situación de un enfoque incorrecto.

Aniridia. Ausencia total o parcial del iris.

Astigmatismo. Es el estado de refracción del ojo en el cual hay diferencia en el grado de refracción en los diferentes meridiamos.

Atrofia óptica. Degeneración de las fibras ópticas asociada a lesiones cerebrales.

Campo visual. Toda el área que abarca la vista, tanto visión central como visión periférica.

Ceguera. La privación de la sensación visual o del sentido de la vista.

Congénita. Heredado, que está en los genes.

Degeneración. Deterioro progresivo

Distrofias corneales. Alteraciones primarias, hereditarias y bilaterales de la córnea.

Emetropia. La situación de un enfoque correcto.

Escala de Wecker. Técnica por la que se mide la agudeza visual

Escotomas. Manchas o lagunas de visión en el interior del campo visual.

Estrabismo alternante. Cuando la desviación del globo ocular puede fluctuar de un ojo a otro.

Fibroplasia retrolental. Neovascularización y aparición de pliegues retinianos desde su periferia hacia el vítreo por exposición excesiva al oxigeno en prematuros.

Fotofobia. Sensibilidad aguda a la luz

Hemianopsias. La pérdida de visión en las mitades o sectores correspondientes de los campos visuales.

Hipermetropía. Anomalía en la refracción y acortamiento del diámetro anteroposterior del ojo. Los rayos paralelos se enfocan detrás de la retina.

Lentes intraoculares. Son lentes implantadas que se colocan dentro del ojo para corregir el defecto óptico que la afaquia supone

Macropsias Alteraciones en las que se ven los objetos más grandes.

Medios refringentes. Los medios que utiliza la visión para refractar, la córnea, el cristalino y el humor vítreo.

Metamorfopsias. Alteraciones de la forma de ver los objetos

Micropsias. Alteraciones en las que se ven los objetos más pequeños.

Miopía. Anomalía de refracción. La imagen se enfoca delante de la retina formando una visión borrosa.

Nistagmus. Oscilación corta, rápida e involuntaria del globo ocular.

Ojo Vago. Ambliopía.

OMS. Organización mundial de la salud

Optotipos. Formas que se utilizan para la evaluación de la agudeza visual lejana

Presbicia. Alteración funcional de la refracción que aparece con la edad. Dificultad progresiva de enfoque en distancias corta.

Ptosis. Caída excesiva del párpado superior.

Queratocono. Distrofia de la córnea que se caracteriza por un abombamiento de la córnea.

Retinopatía diabética. Manchas o escotomas en la retina causada por exceso de azúcar en la sangre.

Retinosis pigmentaria. Degeneración progresiva crónica de la capa pigmentaria de la retina.

Síndrome de Weil-Marchesani. Braquimorfia : individuos bajos y musculados.

Síndrome Marfan. Acromacia : individuos extremadamente altos y delgados que presentan aracnodactilia.

Sistema Braille. Sistema de escritura y lectura para personas con patologías graves en la visión. Sistema de puntos en relieve que se basa en el sistema morse.

Test de Goldman. Test de mayor tamaño y más luminoso con que se determina los resultados de la escala de Wecker..

Vascularización. Pequeñas roturas de venas que invaden e impiden una visión normal.

Visión residual. Restos de visión que pueden quedar y que se trabaja para aprovechar al máximo.

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