Honorio delgado/ obras completas






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N. (su propio nombre) vestido de smoking con el pelo ondulado y con unos gemelos que me regaló fulano.»

  1. LAS ANORMALIDADES DE LA PERCEPCIÓN Y EL CONJUNTO DE LA VIDA PSÍQUICA

  1. Lo mismo que en psicología normal, en psicopatologia la percepción es inseparable del resto de la actividad mental. Toda sensación entraña posibilidades de acción y hasta un movimiento que se esboza; asimismo, a la vez que tiene un aspecto cognoscitivo, «gnóstico», revela una virtualidad afectiva, «pática», con la correspondiente resonancia de la estimativa personal; por último, la concreta conciencia de la realidad

  2. exterior -el vivir lo que se percibe con los sentidos - no es absolutamente objetiva, sino fisonómica, de modo que la impresión de las cosas e_s también expresión, pues, por decirlo así, está impregnada de subjetividad.

  3. Esto nos lleva a considerar la participación del pensamiento, el

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  5. el contenido de las principales anormalidades de la percepción. Aunque algunas de éstas se presentan como fenómenos exclusivamente circunscritos al aparato sensorial o a sus centros o comunicaciones nerviosas, la gran mayoría desborda esta localización. Nada más equivocado que tomar las alucinaciones, por ejemplo, como simples manifestaciones limitadas a los órganos de los sentidos o a la percepción aislada. La observación más superficial de los hechos muestra que las pseu- dopercepciones reciben toda su significacióndel estado anormal que revelan; son un aspecto del complejo juego de fuerzas, tanto del aspecto patológico de la mente cuanto del fondo normal, que casi nunca se invalida por completo. De la alucinación ha dicho Henry Ey que «siempre está amasada con la pasta de la personalidad del sujeto y hecha de su propia actividad».

  6. A propósito de las falsas percepciones del oído hemos insistido bastante sobre la intervención de la palabra, de los movimientos de expresión y de las imágenes verbomotoras. Agregaremos que no obstante ser mconcéoiráe ninguna sensación sin é íac'mr uei HtifvMffiEü'tu ~Y pt:~t:

  7. a que en algunas pseudopercepciones auditivas se verifica la existencia de cambios de tensión en la membrana del tímpano, como en otras se notan movimientos de la laringe, no se deben tomar estos movimientos y lo dicho acerca de las imágenes verbomotrices, como si se tratase de hechos sin conexión con estructuras más amplias de la vida psíquica. En este respecto estamos de acuerdo con Lagache, quien condensa su dictamen en estos términos:«Desdeun punto de vista puramente psicopato- lógico y fenomenológico, la palabra interior concreta no se reduce ni a imágenes ni a esquemas motores; es una sucesión de empresas complejas e irradiantes, de construcción de pensamientos, de construcción de frases, de elección de expresiones, en las que el pensamiento y el lenguaje se enlazan estrechamente y, alternativamente, se preceden y se siguen uno a otro ... Lejos de ser el producto de la intensificación mecánica de imágenes verbales motrices o auditivas, la alucinación verbal aparece corno un acto verbal, latente o actual, del cual el sujeto ha perdido el sentimiento de que le pertenece: no es ya su acto,esel actode un interlocutor, de un socius; el alucinado se comporta frente a su lenguaje corno frente a un instrumento material que podría transferir a otro y del cual podría servirse el otro, dándole así la apariencia de palabras que vienen del exte-

  8. rior o de palabras que se imponen. Es menester buscar la razón de ser de esta pseudoalucinación de la palabra, de sus modalidades y sus grados, en la estructura del estado psicopatológico, en la evolución morbosa, en la historia de la personalidad.»

  9. Para terminar, insistiremos en el hecho de que aparte de la determinación formal de las anormalidades de la percepción, debe considerarse en cada caso y hasta donde es posible, la determinación material y dinámica de su contenido, que tiene significación subjetiva, en el sentido tanto de las disposiciones y tensiones internas cuanto de la experiencia personal. Dicho de otro modo, en las anormalidades de la percepción hay que investigar dos aspectos: uno correspondiente al modo cómo impresiona el objeto (real o ficticio), otro relativo a qué es lo que expresa la mente personal en la operación perceptiva afectada. Estas dos fases del problema las puede comprobar cada cual con la consideración de sus propias alucinaciones hipnagógicas. Otra fuente de evidencia en el mismo sentido es la aplicación del método de los experimentos de diagnóstico por la percepción debido a Hermann Rorschach; el procedimiento se funda precisamente en que el acto de la percepción, normal y anormal, pone de manifiesto la forma y el contenido del alma individual, su constitución y las consecuencias de su experiencia vivida, la peculiaridad de sus tendencias y su modo de reaccionar en las1 situaciones.

  10. BIBLIOGRAFÍA

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  18. CAPÍTULO III

  19. ANORMALIDADES DEL PENSAMIENTO

  1. CLASIFICACIÓN

  1. En el presente capítulo incluimos los desarreglos del pensamiento tomando este concepto en un sentido amplio, que comprende la imaginación. El tema no permite seguir un orden sistemático, separando en grupos, por ejemplo, las anormalidades del pensamiento intuitivo, del discursivo, de la imaginación; pues las diversas anormalidades por lo común no comprenden sólo una de estas formas de actividad mental que elabora y organiza los datos de la experiencia conforme a la razón.

  2. De una manera empírica distinguiremos las siguientes variedades principales de pensamiento que interesan desde el punto de vista psicopatológico: I2, el pensamiento fantástico; 2°, la fuga de ideas; 3°, el pensamiento inhibido; 42, el prolijo; 5°, el compulsivo; 6°, el oligofrénico; 7°, el demencial; 8°, el embrollado; 92, el esquizofrénico; 1~, las ideas sobrevaloradas; II2, el pensamiento delusional.

  1. PENSAMIENTO FANTÁSTICO

  1. Esta especie del pensamiento anormal no es más que la exageración de la actividad imaginativa normal, pero sin el contrapeso de la actitud realista. Sus manifestaciones se conocen con los nombres de sueños diurnos, sueños en vigilia, réoerie. Semejante a los sueños del durmiente, se caracteriza:

  2. 1 °, por la manera pasiva, pática, como los experimenta el yo, aunque dependen de una actitud subjetiva determinada y aunque su aparición

  3. puede ser provocada voluntariamente -- n este sentido es apropiada la calificación de Stekel: «cinematógrafo del alma»; 1!1, por desplegarse sin dirección estable y sin concierto, pero consumando hazañas del propio yo, el cual a parece superior a lo que es en realidad; 32, por tener un contenido inverosímil o imposible-de ahí el nombre familiar de «castillos en el aire»; 42, por sobresalir en este contenido imágenes tan vivas que tienen para el sujeto casi la substantividad de lo efectivo, con las consecuencias comprensibles. Esto no obsta para que, en ocasiones, el soñador prosiga simultáneamente un trabajo, como si viviera en dos mundos, o combine sus ficciones con empresas descomunales.

  4. El disfrute del soñador despierto es promovido por deseos y propensiones de diverso orden: de poderío, de amor, de aventuras, de venganza, etc. Es una compensación fácil frente a las limitaciones y durezas de la condición real.

  5. Frecuente en el niño y en el adolescente normal, el pensamiento fantástico no desaparece del todo en el adulto, aunque moderado por el ajuste sensato de lo factible. Cada cual puede evocar algún episodio de la propia experiencia. Un ejemplo precioso nos ofrecen Las mil y una noches en la «Historia de El-Aschar». Se presenta de manera desenfrenada en ciertos sujetos de personalidad anormal, que se conocen con el nombre de fantásticos, sobre todo entre los maniáticos de la notoriedad, los hlpertímk.oo y los débil- de voluntad. En tales individuos suele ser a<:.- tivo, arrastrándolos a actos insensatos y hasta delictuosos. Más frecuente es que lleguen sólo a la expresión verbal engañosa; entonces el desorden se llama mitomanía o pseudoiogia phantastica, que va desde el tímido esbozo de tomar corno reales los productos de la propia inventiva hasta la imposición categórica de los mismos. El nombre de mentirapatoló- gica es inapropiado, salvo en los casos -no raros- del embuste, a veces doloso.

  1. FUGA DE IDEAS

  1. Otra forma de pensamiento desenfrenado es la fuga de ideas, cuyas cualidades psicológicas son las siguientes: I2, el desorden y la falta aparente de finalidad completiva de las operaciones intelectuales: aunque hay cierta relación entre los conceptos próximos, el conjunto carece de sentido, de unidad significativa; 22, el predominio del mecanismo de la asociación de las ideas -que se muestra notoriamente por la asonancia de las palabras-, con abundancia de conceptos disparatados; 32, la facilidad con que se desvía el curso del pensar con los estímulos exteriores (distraibilidad); 42, la frecuente aceleración del ritmo de la expresión verbal.

  2. La fuga de ideas se produce en una condición anímica en la cual Binswanger distingue los siguientes caracteres: I2, actitud optimista, despreocupada, reveladora de la alegría de vivir; 2°, desembarazo y sentimiento de claridad y facilidad en el pensar, corno si todos los objetos de la experiencia los tuviera el sujeto a su alcance; 32, falta de necesidad de que el contenido intelectual de lo que se dice sea diferenciado con precisión; 42, aceleración del tempo subjetivo, en concordancia con una atomización del tiempo vivido: faltando la continuidad coherente, se dan sólo presentes sucesivos; 52, conjunción de significaciones, como se observa en los sueños, con desmedro de la lógica; 62, predominio del impulso para el contacto social, para comunicarse, para salir de sí: vida de relación periférica.

  3. Condicionada por la agitación, la fuga de ideas puede manifestarse en la embriaguez alcohólica, en la exaltación de los paralíticos generales, etc., pero es típica de la manía y de la hipornanía. Por lo común se acompaña de logorrea (o verborrea), esto es, expresión verbal fácil, insulsa, incesante e incoercible del contenido de la conciencia. Pero hay casos en que la logorrea expresa sólo parte de las ideas, y los hay también en que la fuga de ideas se acompaña de mutismo, sea por el embarazo o dificultad de la expresión debidos a la misma abundancia de asociaciones, sea por condiciones que nos son desconocidas. Por último, suele presentarse la fuga de ideas unida a perturbación de la conciencia (confusión mental); entonces es difícil distinguirla del pensamiento embrollado.

  4. Un ejemplo: «Yo he estudiado sólo ciencias naturales, historia del Perú. Cuando murió Jorge Chávez yo tenía dieciocho años. Yo no sé cómo moriré acá en las rejas encerrada y mi mamá lejos. Mi cuñado ha muerto a bordo (risas), sabe Dios, pues, señor, sus mecas. Habrá llevado dinero y lo habrá chalonado en el mar. Usted habrá leído pues esas novelas por [ulieta y Romeo . .. »

  1. PENSAMIENTO INHIBIDO

  1. La anormalidad en cierto modo contraria a la fuga de ideas es el pensamiento inhibido. Se manifiesta como dificultad en la elaboración intelectual, falta de asociaciones, lentitud en la concepción y la expresión. El propio sujeto tiene el sentimiento de inercia o vacío intelectual, y hasta \~me hallarse demente. Ü)n todo, esfon:.ándo~, logra o~asb- nalmente contestar a una pregunta, rara vez puede producirse espontáneamente. El enunciado revela entonces que la forma del pensamiento se conserva normal. El contenido, en cambio, no sólo es exiguo en imá-

  2. genes e ideas, sino descolorido y hasta impreciso. En ciertos aspectos coinciden el pensamiento inhibido y la fuga de ideas: en la mengua de la tensión del acto objetivante, o sea, en la incapacidad de concentrarse productivamente, así como en la escasa eficacia y corto aliento de las tendencias determinantes del trabajo intelectual. El pensamiento inhibido es perseverante, como si la mente perdiera la espontaneidad y la flexibilidad. De ahí que sea difícil distraer la atención del sujeto, cuyo pensamiento, sin embargo, parece estar influido por la indecisión y la mengua de la voluntad.

  3. Esta anormalidad del pensamiento está estrechamente vinculada con el estado de ánimo: la depresión, que como veremos más adelante, se presenta en diversos estados patológicos, y de modo característico en la melancolía. Sin embargo, no siempre se observa una relación proporcional entre la intensidad de la tristeza y la inhibición del pensamiento.

  1. PENSAMIENTO PROLIJO

  1. Anormal sólo cuando presenta muy acentuadas sus particularidades, el pensamiento prolijo denuncia la necesidad de expresión cabal y circunstanciada que no logra su objeto sino trabajosamente. Largos rodeos, en los que se mezclan de manera imprecisa lo esencial y lo superfluo, torturada construcción de frases y dicción premiosa -tales son los caracteres principales de esta forma pesada y difusa del pensar. No se puede decir que en ella falten las asociaciones -a menudo son muy abundantes- ni que sean ineficaces las tendencias determinantes, pero sí es evidente que' la dinámica de la elaboración intelectual carece de soltura y plasticidad, como si la constelación ideativa acopiase un material

  2. abundante y poco apropiado, o como si la constitución de los actos conjuntivos encontrase embarazo para lograr una construcción directa, clara y rotunda. Tampoco pierden su meta las tendencias, porque, a la larga y después de seguir caminos tortuosos, el discurso acaba por completarse. No denota forzosamente verdadera- debilidad del juicio -corno se ha insinuado- sino mengua de la capacidad de síntesis.

  3. Se comprenden mejor los extremos del pensamiento prolijo tomando en consideración las características de la mentalidad de los sujetos en quienes se presentan típicamente -los epilépticos y los individuos de temperamento viscoso-, o sea, el egocentrismo ceremonioso, la psicomotricidad monótona y tenaz, el natural y la expresión pegajosos. Un epiléptico, para referir el hecho de que en cierta ocasión hubo de trasladarse de un lugar a otro, emplea cerca de doscientas palabras.

  1. PENSAMIENTO COMPULSIVO

  1. El pensamiento compulsivo u obsesivo se caracteriza porque en lugar del orden monárquico de la mente normal, determinados pensamientos, imágenes, sentimientos o impulsos se mantienen importuna y. tenazmente en el foco de la conciencia a despecho de la voluntad. Ésta no sólo es impotente para cohibir o desbaratar el contenido insurgente, sino que su incesante intervención sólo tiene por efecto reforzarlo por un proceso de rumiación o de autoinducción. El yo reconoce generalmente lo irracional, falso o infundado de las representaciones que tratan de imponerse, y, sin embargo, es impotente para negarles poder en su propio dominio. No las vive, pues, como substancia de su propia mentalidad, a la vez que se niega a aceptarlas, repudiando su persistencia.

  2. Se comprende que tanto el contenido cuanto la situación resultan inexplicables para el sujeto. Se comprende asimismo que, a pesar de su invalidez lógica, los pensamientos compulsivos pueden llegar en ocasiones a imponerse de una manera absoluta, como si fuesen verdades o por lo menos como sospechosos, de mal agüero, siniestros, etcétera. Se comprende, por último, que tal estado de cosas íntimo provoque sentimientos muy penosos, angustia y hasta desesperación.

  3. Distinguimos cuatro grandes clases de compulsiones, según la actividad psíquica principalmente afectada:
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