Honorio delgado/ obras completas






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y la estimativa con el mundo inmaterial e intemporal de las esencias, los valores y las exigencias, que sólo adquieren sentido gracias a la capacidad de comunicación verbal, de concebir ideas e ideales, de actuar y producir con la conciencia de la propia libertad y con la convicción de una objetividad metaempírica. Aquí el sujeto adquiere la dignidad moral de persona responsable, y la existencia 10~::1 1::1 posihili.d::1.d DP _rp_ali7~_~ ..a .'.i.i _roüitUa,- _{r.eu.tp .a J.~ naturaleza, frente al mundo histórico de la cultura, y frente a las demás personas -entidades de las cuales puede distanciarse para juzgarlas e influir sobre ellas.

  • Cada una de estas realidades se funda en la precedente mas no es engendrada por ella, pues las cuatro son originales y absolutamente heterogéneas. La vida supera y estructura a la materia inorgánica, a la cual desborda por sus posibilidades de relación e influencia. Lo mismo ocurre con la actividad psíquica. La superior depende de la inferior y está limitada por ella, pero la asume y transfigura como nueva dimensión y dirección del ser, como sustancia formal. A la mayor necesidad y fuerza de la una se opone la mayor autonomía y plasticidad de la otra.

  • Con las distinciones precedentes, enderezadas a esclarecer la complejidad de la índole humana, tenemos una base para afrontar la cuestión de qué se entiende por físico o somático, como esfera de datos que se contrapone a lo psíquico o mental. La inadvertencia de la anfibología de los términos que expresan la condición corporal del hombre es causa de incontables imprecisiones, errores y contradicciones en que incurren los doctrinarios de la relación psicosomática.

  • Esquematizando los tipos de la actitud teórica determinante de tal vicio semántico, puede distinguirse la siguiente variedad. Tenemos, en primer lugar, a quienes cuando hablan de lo físico (lo mismo que de lo somático u orgánico) se refieren, sin mayor discernimiento, ora a la realidad material del hombre que es inteligible desde puntos de vista propios de las ciencias físicas, como si se tratase de un automóvil o del contenido -de una retorta, ora a hechos cuyos mecanismos y procesos químicos reconocen que son creados y dirigidos por la vida, en sí insondable, pese a la regularidad de sus manifestaciones. En segundo lugar colocamos a aquellos espíritus que sobreentienden única y directamente el aspecto físico-químico del cuerpo, atribuyendo a lo psíquico toda virtualidad y actualidad de orden teleológico o finalista. A un tercer tipo corresponderán quienes adjudican radicalmente lo físico al dominio de la física, reputando el cuerpo vivo como una forma de agregación y equilibrio de los cuerpos elementales. Según esta concepción del ser carnal del hombre, lo psíquico (lo mismo que lo espiritual) se explica, invocando iguales principios que para el cuerpo vivo, como mera complicación,aunque extrema, de los procesos físico-químicosde sistemas materiales formados en el curso de miIIones de años por el juego del azar y la selección natural, de modo que la organización nerviosa regula los cambios internos, las sensaciones y los movimientos como si tuviesen finalidad. Para semejante concepción materialista, lo que estudia la psicología es, o energía sutil de la misma naturaleza que la de los elementos químk.os, o epifenóroeno, puro espe}i.smo. Si. aquí se QP'}tv! la físka a lo mental (vida anímica y espiritualidad), es sólo como si se tratase de dos grados diferentes de la actividad funcional del cuerpo, pues materia inorgánica, protoplasma y cerebro humano vienen a ser únicamente fases

  • de complicación creciente del proceso dinámico de uno y el mismo complejo físico-químico de la corteza terrestre.

  • A primera vista, en el tercer tipo de la actitud teórica no podría haber ambigüedad en los términos, por tratarse de una teoría monista; pero aun en este caso la hay, a veces extrema, y no tanto en lo atañedero al aspecto somático cuanto al psíquico, pues la experiencia vivida, que en principio es referida sólo a la actividad cerebral, la expresan los materialistas (o energetistas, que es lo mismo) en términos genuinamente psicológicos, con su denotación inmaterial inequívoca -y aquí está la contradicción-: es lo que ocurre cuando hablan de la conversión de una «idea»en un fenómeno corporal. En este caso el acto anímico, esencialmente anímico, de prestar atención a un objeto ideal, por ejemplo, una forma geométrica, como sucede en ciertos experimentos de sugestión hipnótica, es suficiente para que tal forma ideal aparezca materializada como contorno de una zona eritematosa o como un rosario de ampollas en determinado lugar de la piel, conforme a la orden del hipnotizador".

  • No intento discutir los paralogismos del mecanicismo, a menudo muy sutiles, sino recordar el origen histórico y la sustancia del concepto de físico, que se ha tomado de los médicos, a quienes antes se llamaba «físicos» y cuyo modo de pensar en materia de las relaciones anímico- corporales es seguido por muchos psicólogos y psicopatólogos. En realidad, ese concepto médico nada tiene que ver con la física, aunque en el siglo XVII haya florecido una doctrina iatrofísica. Tiene su origen en la filosofía natural de los griegos y significación descollante en la medicina hipocrática: ucnc; es la naturaleza, la virtud genuina del ser orgánico, común a todos los hombres e individual en cada uno, la que rige los procesos fisiológicos,dándoles unidad y concierto, como norma de conservación de la vida y la salud, la cual mantiene, defiende y restaura frente a las influencias morbígenas. Tal es, en forma sinóptica, el pensamiento de Hipócrates acerca de la physis.

  • La experiencia de todo médico capaz de observar e investigar los fenómenos con la certera despreocupación y clarividencia del naturalista, da testimonio de la entidad supramecánica de los llamados «mecanismos» reguladores de la actividad de nuestro cuerpo. La cicatrización de las heridas, la regeneración de los tejidos, la encapsulación o la expulsión de los cuerpos extraños, la aclimatación, la adaptación a 1

  • condiciones allende el límite fisiológico,l a compensaciónfuncional y hasta anatómica de los órganos inhabilitados, la hiperemia, la inflamación, la fiebre y, sobre todo, la inmunidad, son hechos de observación clínica cotidiana cuya finalidad protectora se impone. En todos ellos y en muchos más, concordantes con los que la biología experimental contemporánea

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  • la vida dirige, aplica, configura, improvisa y crea sus medios de acción interior de manera semejante, no al funcionamiento de una máquina, sino a la producción de un artista, guíadopor un designio, un modelo y un plan -ciertamente que a veces con imperfeccionesy hasta con graves fallas: Tal es la estructura teológica de lo orgánico:

  • Aunque todo médico está enterado de esa realidad, en la mayoría de los partidarios de las doctrinas psicopatológicas populares predomina la propensión de atribuir a la actividad psíquica manifestaciones que pertenecen al plano vital: Así, unos creen que acción del ser como un sistema coordinado es exclusiva o casi exclusiva de la personalidad; otros atribuyen el sentido teleológico de diversas manifestaciones funcionales a móviles o efugios, y los más sobrevaloran lo subconsciente, de índole psíquica, a expensas de lo inconsciente, de naturaleza vital o corporal:

  • En contra del primero de estos prejuicios del psicologismo médico están 'ranrrn:rom~-nfcn:n~renreitrdre~-tr,c:ha:c¡r,k-Jr-vgr¡*v~7:! „ j-y—2—::::J'-_' ::::-:::<-::_A_:-_ todo órgano, de todo tejido y hasta de cada célula tiene un aspecto inmediato y limitado a la vez que un aspecto mediato, la influencia orientada al entrelazamiento del organismo en su conjunto: Así, una glándula produce una secreción con efecto local determinado, que al propio tiempo sirve a la economía del ser vivo: Los órganos no están juntos como los trozos de un mosaico ni como las piezas de una máquina, sino de acuerdo con la trabazón funcional interna de la physis, que en cada momento compone y realiza lo conveniente para la conservación y 1a adaptación, de suerte que un estímulo circunscrito a un punto del cuerpo suscita la reacción de todo él:

  • En cuanto a atribuir finalidad (segundo prejuicio del psicologismo médico) a supuestos procesos psíquicos con detrimento de la inteligencia de la estructura teleológica vital, si sólo se tratase de una refutación bastaría recordar el clásico e impresionante experimento de Pflüger con las ranas completamente privadas de cerebro, familiar a todo estudiante de fisiología: Pero lo que más importa es recalcar el porqué de tal prejuicio: La convicciónde que el finalismo es un concepto antropomórfico -como si los conceptos de casualidad y de fuerza no lo fueran en igual medida- hace pensar que donde se produce o esboza un resultado con los caracteres del logro de una meta, ahí sólo puede obrar una representación preconcebida, esto es, una tendencia psíquica: ue esta manera se construye una pseudopsicología de las actividades propias del dominio de la vida orgánica, lo cual ocurre porque existe efectivamente cierta semejanza for-

  • mal entre los procesos psicológicos y los fisiológicos y morfogenéticos, y aun una especie de convergencia, como si la estructura teleológica vital preparase el camino a la intencionalidad de la conciencia y a las tendencias anímicas.

  • El tercer prejuicio del psicologismo médico a que nos hemos referido, negador o disimulador del manantial biológico de las tendencias afectivas, ordinariamente está vinculado a la creencia de 9ue en la conexión -ten\P.ru:al .de la estructura dinámica psicoffsica siempre es decisiva la.Influencia del ambiente y de la experiencia pasada del sujeto. Lo cierto es que en el hombre, como en los animales, el cumplimiento del destino individual tiene fundamentales condiciones genéticas en las disposiciones biológicas, cuyo despliegue y concatenación siguen un orden endógeno. De modo que tanto la evolución espontánea de la constitución corporal cuanto las reacciones biológicas frente a los estímulos del ambiente originan estados afectivos y formas de expresión y comportamiento cuya interpretación será unilateral si sólo se atiende a la experiencia vivida del sujeto en el pasado y en la situación presente. El hecho es que diversas manifestaciones reputadas como psic6genas por atribuirseles una elaboración subconsciente -«complejomprímidos»- son a menudo exteriorizaciones de crisis o metamorfosis endógenas; y si en los fenómenos concretos correspondientes se muestra la actividad psíquica incluso con aparentes simbolismos, es como consecuencia del despertar de originales e inconscientes disposiciones hereditarias. En otros casos las circunstancias exteriores repercuten de manera directa sobre el organismo por el engranaje vital -y no psicológico-de éste con los objetos y se producen cambios vegetativos o psicomotores que sólo por prejuicio de escuela pueden atribuirse a la reactivación de propensiones psíquicas que desde h in~n".!? t".!.b~..?..0.!' r~"' EYfl"'~'ta':..~ ..!" J~\ida."'~ P~, .ÍlWl.Iru} Sü~~ qu~

  • acontecimientos de la historia personal relacionados de una manera comprensible con la génesis o la formación de determinados procesos somáticos desempeñan únicamente el papel de factores ocasionales que los desencadenan o de material fortuito de su contenido, radicando la condición primaria, sea en la dinámica del organismo, sea en la inestabilidad o menor resistencia del órgano afectado. Según esto, las tendencias afectivas -inseparables de los instintos- y sus manifestaciones concretas tienen entidad biológica a veces principal, de suerte que entonces el análisis de los hechos justifica una interpretación fisiopsico- lógica más que una manera de ver psicofisiológica.

  • Pasando de las particularidades a lo general del conocimiento de nuestro asunto, es fuerza reconocer modestamente que tan grande es la complicación del ser humano y tan profunda la necesidad de su espíritu de simplificar el dato, que los fenómenos más corrientes sólo rara vez pueden ser comprendidos de veras. En la realidad del hombre -sano o enfermo- lo físico-químico, lo orgánico, lo anímico y lo espiritual no están lado a lado o plano sobre plano, sino entretejidos e integrados en un complejo inextricable. Gracias a una observación ahincada y rigurosa, la inteligencia es capaz de descomponerla y analizarla con acierto variable, en la medida que el investigador posea el don de penetrar con imparcialidad la constelación peculiar y siempre más o menos confusa de los diversos factores operantes en el caso, la situación y el momento. Pero en la práctica la complejidad y la propensión mencionadas obligan a renunciar a un análisis antropológico consumado y a contentarse con prestar atención a dos aspectos de la índole humana: el físico y el mental, cada uno efectivamente dual-el primero integrado por la materia y la vida, el segundo constituido por la actividad anímica y la espiritual-. El mínimum de disciplina exige al psicopatólogo tener presente la doble esencia de cada uno de estos complejos ontológicos y sobre todo reconocer al cuerpo vivo lo que es del cuerpo vivo, a la mente lo propio, de la mente.

    1. CONCEPTO DE ANORMALIDAD

    1. Definida la psicopatología como la disciplina que tiene por objeto de conocimiento las anormalidades de la vida mental, conviene precisar qué se entiende por anormalidad mental y cómo se establece su diferencia respecto de la normalidad. En principio, el criterio de anormalidad en psicopatología debe ser puramente descriptivo, en el sentido de que no entrañe una valoración de inferioridad personal, ni de enfermedad, falta de libertad, sufrimiento, etc., conceptos propios de la sociología, la medicina, el derecho y la vida privada, aunque lo psicopatológico pueda implicar en el caso dado inferioridad, enfermedad, mengua de la libertad, irresponsabilidad, sufrimiento, etc.

    2. El término anomalía se usa principalmente para designar las anormalidades congénitas. Anormal en psicopatología es todo fenómeno o proceso mental que se desvía o diferencia de lo normal rebasando claramente los límites del objeto propio de la psicología, en sentido estricto. Por tanto, es necesario determinar cuándo una manifestación deja de ser normal. Hay dos criterios de normalidad: el estadístico o cuantitativo
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