Descubrir tu pasión lo cambia todo






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crp)».

Helen pasó a formar parte del circuito de la comedia londinense, y durante los siguientes cinco años «cultivaba células madre de día y espectadores de noche». El crp se convirtió en un espectáculo en vivo en el que Timandra y Helen explicaban contando hacia atrás «las cinco mejores cosas de la ciencia». Gente del público «se encontraba formando parte de la fórmula del óxido nitroso, ofreciéndose voluntaria para atrapar a un científico que recreaba antiguos experimentos en vuelo y cantando junto a Elvis a los agujeros negros».

E l crp, dice Helen, se propone demostrar la hipótesis de que la ciencia puede ser divertida. «Tenemos una metodología muy sólida. A lo largo del espectáculo encerramos a una audiencia controlada en un espacio contiguo al de la representación, idéntico pero sin el apoyo de actores. Luego evaluamos si esta audiencia controlada se ha reído más o menos que el público expuesto a las bromas sobre la ciencia. Los datos preliminares recogidos en las funciones que hemos representado por todo el país son prometedores.»

Para Helen Pilcher, una vida en el seno del mundo científico le dio paso a una vida dedicada a escribir y a comunicar la ciencia. «Me dio miedo dejar el laboratorio —dice— pero no tanto como la perspectiva de quedarme en él. Mi consejo es que si estás pensando en dar este tipo de salto, lo mejor es que hagas como un lemming y saltes.»

Dominios y campos

Cuando hablo acerca de tribus, en realidad me estoy refiriendo a dos ideas muy distintas e importantes para cualquiera que ande buscando su Elemento. La primera es la idea de «dominio» y la segunda la idea de «campo». El dominio alude a los tipos de actividades y disciplinas a las que se dedica la gente: interpretación, música rock, negocios, ballet, física, rap, arquitectura, poesía, psicología, enseñanza, peluquería, alta costura, comedia, atletismo, billar, artes visuales, etc. El campo se refiere a las otras personas que se dedican a ello. El dominio que descubrió Meg Ryan fue la interpretación y en particular las telenovelas. El campo eran los otros actores con los que trabajaba, que amaban el oficio de actor tanto como ella y que sustentaron su creatividad. Más tarde pasó a otra parte del dominio, a la interpretación cinematográfica y, dentro de este, de la comedia a papeles más serios. También expandió su campo, especialmente cuando conoció a Peggy Fury y a los demás actores que asistían a las clases de interpretación.

Entender el dominio de Meg y la conexión con su campo ayuda a explicar cómo la tímida chica que no pudo dar un discurso de graduación se convirtió en una consumada actriz, célebre en el mundo entero. «Cuando estaba trabajando solo éramos un par de actores y yo en una habitación oscura con el equipo de cámaras. El público no me preocupaba porque no estaba allí. No hay público durante el trabajo diario, que se desarrolla en un escenario oscuro y seguro, donde se encuentran los cámaras y las otras personas con las que estés rodando alguna escena. La actividad era muy absorbente; aquella gente era tan estupenda que simplemente me dejaba llevar durante todo el proceso.»

La seguridad que obtuvo en sí misma a partir de esta experiencia fue lo suficientemente sólida como para hacer que prosperara dentro de su dominio y llevarla hasta nuevos campos de gente. Sin embargo, sigue sin gustarle hablar en público o conceder entrevistas para la televisión: «Lo hago si tengo que hacerlo. Simplemente, preferiría no tener que hacerlo. Es que yo no soy así. No me siento a gusto siendo el centro de atención».

Brian Ray es un magnífico guitarrista que ha trabajado con Smokey Robinson, Etta James y Peter Frampton y que ha estado de gira con los Rolling Stones y los Doobie Brothers. Llegó pronto a este dominio, que a la larga le condujo hasta el círculo íntimo de uno de sus héroes, que de niño nunca había soñado que llegaría a conocer.

Brian nació en 1955 en Glendale, California, el año en que Alan Freed acuñó el término rock and roll. Eran cuatro hermanos, entre ellos una media hermana, Jean, quince años mayor que Brian: «Jean solía llevarme a casa de una amiga suya; allí escuchaban a Rick Nelson, Elvis Presley y Jerry Lee Lewis mientras estudiaban con detalle las fotografías de aquellos tipos. La reacción de las chicas a esa clase de música que escuchaban por la radio y a esas fotografías tuvo un gran impacto en mí. Hubo una parte de mí que simplemente lo entendió, en ese momento y en ese lugar, a los tres años de edad. Mi padre tocaba el piano y teníamos un pequeño equipo de grabación. Había un micrófono con el que se grababa el disco, que luego se podía escuchar poniendo encima una aguja. Recuerdo haber grabado

discos cuando tenía dos o tres años, sentado al piano junto a mi padre.

»Nada más terminar la escuela secundaria, mi hermana Jean comenzó a introducirse en el mundo de la música y se unió a una banda de folk llamada los New Christy Minstrels con la que se fue de gira por todo el país. Nos contaba historias y resplandecía de felicidad al explicarnos esa vida. Jean me hizo partícipe de su amor por la música y me llevó a clubes y a conciertos cuando solo tenía nueve o diez años. Veía y conocía a gente a la que yo admiraba.

»A mi hermano le regalaron una guitarra Gibson preciosa y unas clases para que aprendiera a tocarla. A él no le interesaba demasiado la música, y mientras él estaba ocupado en no prestar atención a las clases, yo lo estaba practicando con su guitarra. Más tarde, mi hermana Jean me regaló una guitarra de cinco dólares con cuerdas de nailon que había comprado en Tijuana. Simplemente, me puse a llorar. Mi pasión por la música era tan grande que se convirtió casi en una cruzada, pero no sabía que quería compartirla y propagarla. Formé mi primer grupo junto a unos amigos antes incluso de que supiera afinar la guitarra.

»Un domingo por la noche, cuando tenía diez u once años, oímos tocar a un nuevo grupo en El show de Ed Sullivan: los Beatles. Era un tipo de música tan diferente..., una mezcla del rhythm and blues afroamericano que tanto me gustaba con algún otro factor o elemento desconocido. ¡Eran marcianos! Eso lo cambió todo.

»Yo sabía que quería dedicarme a la música, pero aquello fue definitivo. Era lo más emocionante que había visto nunca. Hizo que formar parte de un grupo de música pareciese algo factible y apetecible, algo a lo que podría dedicarme para ganarme la vida.»

Durante los siguientes veinte años, Brian tocó con los músicos más destacados de su generación. Luego llegó la llamada que jamás había esperado recibir: la invitación a una audición para la nueva banda de Paul McCartney. Desde entonces, toca y va de gira con él: «Nunca, ni en mis sueños más locos, había imaginado que aquel pequeño rubiales sentado como un indio delante de la televisión en 1964 acabaría tocando con aquel tipo que cantaba “All My Lovin” y “I Saw Her Standing There” en El show de Ed Sullivan. ¿Sabes?, hay algo muy gratificante acerca de esta historia: esto, el simple hecho de formar parte de este mundo».

Las personas de este libro han encontrado su Elemento en dominios diferentes y con campos de gente distinta. Nadie está limitado a un solo dominio, y muchas personas se mueven en varios de ellos. A menudo, las ideas que suponen un gran avance acontecen cuando alguien conecta diferentes formas de pensamiento a veces a través de dominios diferentes. Mientras Pablo Picasso exploraba los límites de sus períodos rosa y azul, se quedó fascinado con las colecciones de arte africano del Musée d’Etnographie du Trocadéro en París. Eran obras de un estilo muy diferente del suyo, pero le dieron un nuevo impulso creativo. Incorporó influencias de las máscaras ceremoniales de la cultura dogon en su famoso cuadro Las señoritas de Aviñón, abriendo de este modo una nueva etapa en la historia del arte: el cubismo.

A medida que las culturas y las tecnologías evolucionan, emergen nuevos dominios que pueblan de profesionales nuevos campos, mientras los viejos dominios van desapareciendo. Las técnicas de animación por ordenador han dado lugar a un nuevo dominio de trabajo creativo en el cine, la televisión y la publicidad. Estos días, sin embargo, hay poca gente que se dedique a iluminar manuscritos.

Encontrar tu tribu puede tener efectos transformadores en tu sentido de la identidad y tus objetivos. Esto se debe a tres poderosas dinámicas tribales: ratificación, inspiración y lo que aquí llamaremos la «alquimia de la sinergia».

No estamos solos

La carrera de Debbie Alien en el mundo de la danza, la interpretación, la canción, la producción, la escritura y la dirección ha deslumbrado y emocionado a muchas personas. Su carrera subió vertiginosamente en 1980 con la exitosa serie de televisión Fama. Ha sido responsable del diseño de la ceremonia de entrega de los Premios de la Academia durante seis años consecutivos, y ella misma ha ganado muchos premios, incluido el Essence Award en 1992 y 1995. Es fundadora y directora de la Debbie Allen Dance Academy, que ofrece formación profesional tanto a jóvenes bailarines como a profesionales. Asimismo, proporciona oportunidades a nuevos coreógrafos y una introducción al baile a personas de todas las edades.

«Recuerdo que cuando era pequeña —me contó—, muy pequeña, a los cinco o seis años, me ponía un bañador rosa y brillante, me ataba una toalla alrededor del cuello, trepaba por un árbol y bailaba en el tejado de mi casa; actuaba para los pájaros y las nubes. De pequeña siempre estaba bailando; me inspiraban las bonitas fotografías de las bailarinas. Como era negra y vivía en Texas, nunca había visto una representación de baile, pero veía las películas musicales: Shirley Temple, Ruby Keeler, The Nicholas Brothers.

»Cuando el circo Ringling Bros pasó por mi ciudad y vi el espectáculo, el precioso vestuario de la gente y los bailarines volando por el aire con los pies en punta, ¡pensé que era fascinante! Me inspiraban tanto las películas... Margot Fonteyn y Rudolf Nureyev eran lo más increíble que había visto nunca.

»De niña no podía asistir a una escuela de danza seria porque la segregación racial era la norma. Conseguí una beca completa e ingresé en Debato Studio, donde daba diez clases de baile a la semana. Todavía recuerdo mi primer recital: llevaba una falda blanca brillante de raso, una chaqueta blanca, una blusa naranja y zapatos blancos de claqué y representaba un triángulo. ¡Cuando actuaba me sentía en la cima del mundo! De niña siempre iba vestida con un maillot. De hecho, cuando cumplí quince años, una de mis tías trajo a mi fiesta de cumpleaños una fotografía mía de cuando tenía cinco años vestida con un maillot. Supe muy pronto que yo era bailarina.

»La primera vez que vi a la compañía Alvin Ailey tenía diecisiete años. Entonces supe que me desharía de mis zapatillas de ballet, me calzaría unos zapatos de tacón, llevaría largas faldas blancas y bailaría aquel tipo de música. Me identifiqué tanto con ellos cuando salieron a escena. Fue glorioso.

»Un verano fui al festival de Spoleto, en Carolina del Sur, y de repente todo encajó dentro de mí. De pequeña tenía ideas que la segregación no aceptaba, así que la oportunidad de que Dudley Williams, que estaba allí, me diera clases fue increíble. Alvin Ailey estaba allí, la compañía de baile del festival dio algunas clases y yo simplemente brillé. Me querían en la compañía, pero Alvin pensó que era demasiado joven. Nunca me uní a ellos, pero supe que tenía que bailar y enseñar esa clase de baile.

»La academia nació de mi deseo de enseñar lo que sabía. Ofrece todo tipo de baile, desde flamenco, bailes africanos y modernos, hasta claqué y hip-hop. Tenemos profesores increíbles de todas partes del mundo. Todo niño tiene derecho a aprender a bailar. Es un lenguaje increíble. Creedme, estos no son el tipo de niños que acabarán metiéndose en problemas.»

Conectar con personas que comparten las mismas pasiones que tú te desmuestra que no estás solo, que hay otros como tú y que, aunque tal vez haya muchos que no entiendan tu pasión, hay otros que sí. No se trata de que te gusten las personas ni el trabajo que hacen. Es muy posible que no sea así. Lo importante es obtener la ratificación de la pasión que tenéis en común. Encontrar tu tribu comporta el lujo de las tertulias, de comentar ideas, de compartir y comparar técnicas, y de satisfacer los entusiasmos o antipatías por las mismas cosas. Establecer este tipo de relación fue un estímulo significativo para muchas de las personas que hasta el momento hemos conocido en este libro —de Matt Groening y Ewa Laurance, a Meg Ryan y Black Ice— y para muchas de las que encontrarás más adelante.

Estar rodeado de otros artistas en Cranbrook dio a Don Lipski un sentido más profundo de que lo que estaba haciendo tenía importancia y de que realmente valía la pena hacerlo. Dijo: «En el curso de posgrado comencé a tomarme por primera vez en serio los pequeños garabatos que había hecho. Si en la calle veía una goma elástica, la cogía y buscaba alguna cosa en la que envolverla o con la que pudiera combinarla. Este es el tipo de actividad que he hecho siempre, pero cuando estaba en Cranbrook me di cuenta de que aquello, en realidad, era escultura. Aunque modesta, era realmente una forma de hacer arte y no solo un pasatiempo».

Algunas personas se encuentran más en su Elemento cuando trabajan completamente solas. Suele sucederles a los matemáticos, los poetas, los pintores y a algunos atletas. Sin embargo, este tipo de gente también tiene la percepción tácita de un campo: el de los demás escritores, pintores, matemáticos, jugadores, que enriquecen el dominio y plantean nuevos retos y posibilidades.

El gran filósofo de la ciencia Michael Polanyi afirma que el libre y sincero intercambio de ideas es el pulso vital de la investigación científica. A los científicos les gusta trabajar sobre sus propias ideas e interrogantes, pero la ciencia también es una aventura cooperativa: «Los científicos, al elegir libremente los problemas y dedicarse a ellos a la luz de su propio juicio personal, en realidad están cooperando como miembros de una organización muy unida».

Polanyi argumenta con pasión en contra del control de la ciencia por parte del Estado porque puede acabar con la libre interacción de la que depende la auténtica ciencia: «Cualquier tentativa de organizar el grupo [...] bajo una sola autoridad eliminaría sus iniciativas independientes y por tanto reduciría su efectividad colectiva a la de la sola persona que los dirigiera desde el centro. Paralizaría su cooperación». En parte, esta presión sobre la ciencia hizo que Helen Pilcher abandonara el barco de las células madre para dedicarse a la comedia.

La interacción con el campo, en persona o mediante el trabajo, es tan vital para nuestro desarrollo como el tiempo que pasamos a solas con nuestros pensamientos. Como dijo el físico John Wheeler: «Si no intercambias cosas con la gente, estás fuera. Siempre digo que nadie puede llegar a ser alguien si no tiene a nadie alrededor». Con todo, los ritmos de la vida en comunidad varían en el Elemento como en la vida cotidiana. A veces quieres compañía; a veces no. El físico Freeman Dyson dice que cuando escribe cierra la puerta, pero que cuando de verdad está haciendo ciencia la deja abierta: «Hasta tal punto que agradeces que te interrumpan, porque solo consigues hacer algo interesante al interactuar con otras personas».

¿Cómo lo hacen?

Encontrar tu tribu ofrece algo más que ratificación e interacción, por muy importantes que sean estas cosas. Proporciona inspiración y provocación para elevar las expectativas de tus propios logros. En todos los dominios, los miembros de una comunidad entusiasta tienden a animarse unos a otros para explorar la verdadera magnitud de sus habilidades. A veces el estímulo no se origina a partir de una estrecha colaboración, sino a través de la influencia de otras personas del campo, ya sean contemporáneas o predecesoras, ya sea directamente relacionado con tu propio dominio o solo marginalmente. Como dijo Isaac Newton: «Si yo vi más allá fue porque me apoyé sobre los hombros

de gigantes». Este no es solo un fenómeno de la ciencia.

Bob Dylan nació en Hibbing, Minnesota, en 1942. En su autobiografía, Crónicas,* habla de lo alejado que se sentía de la gente de allí, de su familia y de la cultura popular de entonces. Sabía que tenía que salir de allí para convertirse en quien tuviese que llegar a ser. Su única tabla de salvación era la música folk: «La música folk era todo lo que yo necesitaba para existir... no me importaba ni me interesaba nada aparte de la música folk. Planifiqué mi vida alrededor de ella. Tenía muy poco en común con cualquiera que no fuese de la misma opinión».

Tan pronto como pudo, se trasladó a Nueva York. Allí encontró a artistas, cantantes, escritores; sobre todo, encontró el «escenario» en que comenzó a liberar su talento. Había empezado a encontrar a su gente. Pero entre todos aquellos que inspiraron y modelaron su pasión, hubo una persona que le condujo a un lugar artístico al que nunca hubiera imaginado llegar. La primera vez que escuchó a Woody Guthrie, dijo: «Fue como si me hubiera caído una bomba de un millón de megatones».

Una tarde de principios de la década de los sesenta, en la ciudad de Nueva York, un amigo invitó a Dylan a echar un vistazo a su colección de discos. Esta incluía algunos viejos álbumes de 78 rpm. Uno era The Spirituals to Swing Concert at Carnegie Hall, una colección de actuaciones de Count Basie, Meade Lux Lewis, Joe Turner y Pete Johnson, Sister Rosetta Tharpe, y algunos más. Otro era una colección de aproximadamente doce álbumes grabados por las dos caras de Woody Guthrie. Dylan había escuchado de pasada algunas grabaciones de Guthrie cuando vivía en Hibbing, pero nunca les había prestado demasiada atención. Aquel día en la ciudad de Nueva York fue diferente.

Dylan puso uno de los viejos discos de 78 rpm en el plato «y cuando cayó la aguja, me quedé atónito. No sabía si estaba colocado o sobrio». Escuchó extasiado las canciones de Guthrie en solitario, una serie de sus propias composiciones: «Ludlow Massacre», «1913 Massacre», «Jesus Christ», «Pretty Boy Floyd», «Hard Travelin», «Jackhammer John», «Grand Coulee Dam», «Pastures of Plenty», «Talkin’Dust Bowl Blues» y «This Land Is Your Land». «La cabeza me dio vueltas al escuchar aquellas canciones, una detrás de otra. Tuve ganas de gritar. Fue como si se abriera la tierra. Había oído a Guthrie antes, pero una canción aquí y otra allá; la mayoría, cosas que cantaba junto a otros artistas. En realidad no lo había escuchado, al menos de esa forma tan estremecedora. No podía creerlo. Guthrie tenía tanto dominio de las cosas. Era tan poético, duro y rítmico. Su música tenía tanta intensidad., y su voz era como un estilete.»

Guthrie cantaba y escribía canciones como ningún otro cantante que Dylan había conocido hasta entonces. Todo lo relacionado con Guthrie —su estilo, su contenido, sus gestos— fue para él la revelación de lo que la música folk podía ser y tenía que ser: «Casi me noqueó. Fue como si el tocadiscos me levantara del suelo y me lanzara al otro extremo de la habitación. También me fijé en su dicción. Había perfeccionado un estilo de cantar que no parecía habérsele ocurrido a nadie antes. Aspiraba hacia dentro el sonido de la última letra de una palabra y te llegaba como si fuese un puñetazo. Sus canciones, su repertorio estaban en realidad más allá de cualquier categoría. Se adivinaba en ellas el alcance infinito de la humanidad. No había ni una sola canción mediocre. Woody Guthrie despedazaba cuanto encontraba en el camino. Para mí fue una epifanía, como si una pesada ancla acabase de hundirse en las aguas del puerto».

Dylan se pasó el resto del día escuchando a Guthrie «como en trance». No fue solo un momento de revelación sobre Guthrie; fue el momento de la verdad para Bob Dylan: «Sentí como si hubiese descubierto la esencia del autocontrol, como si estuviese en el bolsillo interior del sistema sintiéndome más yo que nunca. Una voz en mi cabeza me decía: “Así que se trata de esto”. Podía cantar todas aquellas canciones, todas, y eso era lo único que quería cantar. Fue como si hubiese estado viviendo en la oscuridad y alguien hubiese encendido el interruptor principal».

Cuando Dylan se trasladó a Nueva York en busca de personas con su misma mentalidad, se estaba buscando a sí mismo. Al descubrir la trayectoria de Woody Guthrie, empezó a imaginar la suya. Como Newton, vio más allá porque se apoyó sobre los hombros de gigantes.

Círculos de influencia

Las tribus son círculos de influencia que pueden tomar muchas formas. Pueden estar diseminadas por todas partes o estar apiñadas. Pueden hallarse solo en tus pensamientos o estar físicamente presentes en la misma habitación que tú. Pueden estar vivas, o estar muertas, viviendo a través de sus obras. Pueden estar limitadas a una sola generación o traspasarla.

El laureado premio Nobel Richard Feynman habló de las máquinas ultraminiaturizadas mucho antes de que nadie pensase en crear algo parecido. Años más tarde, Marvin Minsky, inspirándose en la idea de Feynman, se convirtió en el fundador de la inteligencia artificial y le dio alas. Más tarde, K. Eric Drexler se acercó a Minsky en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (
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