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JULIO CÉSAR

C. IVLI CAESARIS COMMENTARIORVM DE BELLO GALLICO


LA GUERRA DE LAS GALIAS
(Con las notas de Napoleón)




EDICIONES ORBIS, S. A.
Título original: Bellum Gallicum

Traducción directa del latín: José Goya Muniáin y Manuel Balbuena

Director de la colección: Virgilio Ortega
© Editorial Iberia, S. A., 1982

© Por la presente edición, Ediciones Orbis, S. A., 1986

Apartado de Correos 35432, 08080 Barcelona
ISBN: 84-7634-495-3

D. L.: B. 2326-1986
Impreso y encuadernado por

Printer, industria gráfica s. a. Provenza, 388 08025-Barcelona

Sant Vicenç dels Horts (1986)

Printed in Spain

ÍNDICE




LA GUERRA DE LAS GALIAS 5

NOTAS DE NAPOLEÓN AL LIBRO I 39

LIBRO SEGUNDO 40

LIBER SECVNDVS 40

NOTAS DE NAPOLEÓN AL LIBRO II 61

LIBRO TERCERO 63

LIBER TERTIVS 63

NOTAS DE NAPOLEÓN AL LIBRO III 76

LIBRO CUARTO 77

LIBER QVARTVS 77

NOTAS DE NAPOLEÓN AL LIBRO IV 96

LIBRO QUINTO 97

LIBER QVINTVS 97

NOTAS DE NAPOLEÓN AL LIBRO V 127

LIBRO SEXTO 130

LIBER SEXTVS 130

NOTAS DE NAPOLEÓN AL LIBRO VI 152

LIBRO SÉPTIMO 153

LIBER SEPTIMVS 153

NOTAS DE NAPOLEÓN AL LIBRO VII 199

LIBRO OCTAVO (Escrito por Aulo Hircio) 200

LIBER OCTAVVS ab A. Hirtio scriptus 200

PRÓLOGO 200

NOTAS DE NAPOLEÓN AL LIBRO VIII 226

JULIO CÉSAR, HISTORIADOR DE SÍ MISMO
Cayo Julio César, que es uno de los tres más grandes capitanes de la Historia con Alejandro Magno y con Napoleón, es también uno de los tres más considerables historiadores latinos, con Cayo Crispo Salustio y con Tito Livio, formando el ejemplar triunvirato del período clásico por excelencia, período verdaderamente «áureo» de las letras latinas. Y Julio César es todo esto, tiene tal significación, precisamente como historiador de sí mismo, narrador de sus propias hazañas guerreras y de su política.

Había en él, además de un excepcional militar y un no menos extraordinario estadista y gobernante, un admirable literato, más plural o polifacético de lo que, por lo común, suele saberse; un literato al que, por haberse perdido varias de sus obras ajenas al género histórico, no podemos juzgar en su integridad y de modo directo, pero sin duda no muy inferior al historiador en el cultivo de otras manifestaciones literarias, distintas a lo histórico; un literato, en fin, autor del poema El viaje, de la tragedia Edipo y de otras creaciones poéticas, del Anti-Catón, de una astronomía De astris y de un tratado acerca de los augures y los auspicios.

Con todo, le bastan sus obras de carácter histórico, sobre la historia que él mismo vivió e hizo, protagonizándola, para que le juzguemos conforme se dice al principio de estas líneas; obras evidentemente originales, redactadas sin asistencia de persona alguna, en las que, lejos de imitar, se haría digno de imitación, afirmando notables cualidades y condiciones de historiador, de maestro de la historia narrativa. Sobrio y preciso, claro y metódico, brillante y colorista sin alardes, de acuerdo con la austeridad y la severidad propias del género en sus más dignas concepciones..., así es Julio César, historiador de sí mismo.

Cayo Julio César, nacido en Roma el 12 de julio del año -100, perteneció a una de las familias más distinguidas de Roma, habiendo desde sus primeros años manifestado una inteligencia y una elevación de ánimo en las que se preanunciaba su futura grandeza. A los trece años, fue nombrado sacerdote de Júpiter, y a los dieciocho, contrajo matrimonio con Cornelia, hija de Cinna, dando con esta ocasión una prueba de la firmeza de su carácter, al oponerse a la orden de Sila, entonces dueño absoluto de Roma, de que repudiase a su esposa. Más adelante se trasladó a Asia, incorporado al ejército, destacándose allí, por su heroico comportamiento, en el sitio de Mitilene.

Regresó a Roma a la muerte de Sila y de allí pasó, poco después, a Rodas, a fin de perfeccionarse en la elocuencia, volviendo a Roma en el año -74. Entonces dio comienzo a su vida política, poniéndose al frente del partido popular, contra el Senado y los patricios, sostenidos a la sazón por Pompeyo. No tardó, por su habilidad y su elocuencia, en verse convertido en el ídolo de las multitudes, alcanzando, con su favor, los más altos cargos del Estado. En el -67, fue cuestor; edil, en el -65; pontífice máximo, en el -63, y nuevamente cuestor, en el -62. Fue acusado de haber tomado parte en la conspiración de Catilina, pero supo defenderse con tal habilidad que salió del tribunal aclamado por el pueblo y paseado en triunfo por las calles de Roma.

A crecido con ello su poder, obtuvo en el año -61 el gobierno de la España Ulterior, donde mostró una vez más sus grandes dotes para el mando y para la política. Regresó de España vencedor, reclamado en Roma por los acontecimientos, y por la inestabilidad política, provocada por Pompeyo y los enemigos de este general, que hacía presagiar graves males para la República. Llegado a Roma, se atrajo César de nuevo el favor del pueblo, por haber renunciado al triunfo que se le debía. Se afanó entonces para conseguir un acuerdo con Pompeyo y con Craso, lográndolo al fin, y quedando de este modo constituido el Primer Triunvirato.

Al año siguiente, César se hacía nombrar cónsul y antes de expirar el término de su consulado conseguía su nombramiento de gobernador de la Galia, donde una invasión de los germanos le ofrecía entonces la magnífica ocasión que esperaba para aumentar aún su gloria y su poder.

La historia de sus luchas en la Galia constituye el tema de La guerra de las Galias, que ofrecemos hoy a nuestros lectores. Siete de los ocho libros que componen esta obra se consideran como escritos por el propio César. Por la claridad y maravillosa sencillez de su estilo, se coloca su autor entre los primeros escritores de su tiempo; el octavo lo escribió Aulo Hircio, uno de sus generales, al parecer sobre notas dejadas por el propio César, y en el que se esfuerza por imitar a su jefe. Sigue luego, en el volumen próximo, La Guerra Civil, escrita también por César y en la que se narran los acontecimientos de aquel período agitado de la historia de Roma, con el triunfo final de César.

Tras ésta, también en el volumen próximo, ofreceremos al público La guerra de Alejandría, que se atribuye así mismo a Aulo Hircio, y los comentarios de la Guerra de África y Guerra de España, que completan la serie de estos libros. Se ignora quiénes son los autores de estos últimos, y su mérito literario es muy inferior a los del propio Hircio; pero, siguiendo con esto el criterio adoptado en la mayoría de las ediciones extranjeras, hemos querido ofrecer al público el relato completo de las campañas en que tomó parte César, hasta el exterminio de los últimos partidarios de Pompeyo, con su hijo, que refugiados en África y España, le ofrecían aún resistencia.

Para el período de la vida de César que va desde aquí hasta su muerte, remitimos al lector, ya sea a la Vida de César, que figura en Los doce Césares de Suetonio (volumen 7 de esta colección), ya a la del propio general, en las Vidas paralelas de Plutarco (que serán publicadas en nuestra colección en números posteriores).

En cuanto a la traducción, hemos adoptado la que el señor Goya Muniáin hizo de La guerra de las Galias, y la de don Manuel Balbuena, para el resto de los libros, por ser consideradas ambas como las mejores que existen en castellano. No obstante, ambos textos han sido revisados y corregidos en algunos detalles, de acuerdo con las mejores ediciones extranjeras.

La guerra de las Galias (Bellum Gallicum), principalmente, ha sido reiteradamente vertida en varios idiomas, y desde luego al castellano, en repetidas ocasiones, pero nunca, bien puede afirmarse, como lo hizo don José Goya a finales del siglo último. Y puestos a mencionar las mejores traducciones de esta obra (la cual viene imprimiéndose constantemente, ya en latín, ya vertida a otras lenguas, desde el año 1469), es obligado citarla, prescindiéndose del interés que pudiera suponer el ser la dada aquí, en esta colección, por nosotros.

Por otra parte, sin anotar otras de menos importancia, citaremos las ediciones críticas, del Bellum Gallicum y del Bellum civile, de A. Kloz (Leipzig, 1921-27); F. Ramorino (Turín, 1902-03); L. A. Constans (París, 1926); P. Favre (París, 1936); R. Schneider (Berlín, 1888); E. Wolffin y A. Miodonsky (Leipzig, 1889)...
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