La construcción del racismo a través del discurso social: el caso de la inmigración






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La construcción del racismo a través del discurso social: el caso de la inmigración

E. J. Díez

 

Diseño de la investigación 2

Justificación de la investigación 2

El papel de los medios de comunicación 2

El lenguaje 4

Objetivos de la investigación 7

Metodología utilizada 8

Análisis crítico del Discurso (ACD) 8

Ejemplos de aplicación del ACD 10

Muestra 11

Desarrollo de la Investigación 12

Estado de la cuestión 12

Investigaciones realizadas 12

Rodrigo Alsina y Martínez Nicolás (1996) 12

Nicolás Lorite (1996) 12

Jäger y Jäger (1997) 13

Aierbe y Mazkiaran (1998) 14

Mazkiaran (1999) 16

Martín Rojo y otros (1999) 19

Conclusiones de las investigaciones: hipótesis de partida 20

Conclusiones de la investigación 22

Propuestas 25

Bibliografía 28

 

 

 

 

“No existe presión migratoria.

Sólo existe una presión xenófoba.”

Proverbio africano

 

Diseño de la investigación

 

Justificación de la investigación

Los españoles y españolas afirman que “los racistas son los otros” (Calvo Buezas, 2000), los ingleses y los norteamericanos; nosotros podemos alabar nuestro mestizaje cultural. Pero invariablemente, cada cierto tiempo, aparecen sucesos como El Ejido, en febrero de 1992; el asesinato de una mujer dominicana por ser pobre, negra y extranjera en Aravaca, en noviembre del 92; el asesinato del joven Mourad El Albadine, en junio del 97, al grito de “¡oye, tú! ¿eres moro?”. Y junto a estos sucesos, hay toda una sucesión de agresiones racistas y xenófobas, que algunas terminaron en muerte de personas por el único delito de ser negros, amarillos, inmigrantes o simplemente diferentes.

Según las encuestas de Calvo Buezas (2000) un 10% de los estudiantes se autodeclara racista y votaría a un partido político como el de Le Pen en Francia, que “echaría de España a los negros y a los marroquíes”. Un 15% de los universitarios de Madrid y el 27,1% de los escolares de 14 a 19 años de España “echarían a los gitanos”. Un 15,2% de los universitarios y un 24,1% de los escolares “echarían a los moros/árabes de España”. Un 47,1% de universitarios y un 42,2% de escolares de España creen que los inmigrantes traen droga y delincuencia. Un 19,7% de los universitarios y el 38% de escolares creen que “la raza blanca occidental es superior, la más culta y desarrollada del mundo”.

Lo que nos preguntamos en esta investigación si tiene que ver algo con este clima, con estas creencias y opiniones, con este “estado de cosas” los medios de comunicación.

Es justo y necesario reconocer que la prensa, sin el menor género de dudas, ha desempeñado y desempeña actualmente una notable tarea en la denuncia de actitudes y comportamientos racistas.

Pero, también es necesario reconocer que, implícita o explícitamente, la prensa contribuye a promover actitudes y comportamientos discriminatorios, es más, buena parte de la responsabilidad de la construcción progresiva de un discurso racista anclado en el inconsciente colectivo de los ciudadanos del norte proviene de ella. Por lo que sería una irresponsabilidad no analizar cómo tiende a apoyar esa construcción social del otro como “diferente” y potencialmente “enemigo”, dada su trascendencia social en la construcción de actitudes, valores y prejuicios en la ciudadanía. Esta es nuestra hipótesis de partida, y nuestra pretensión a lo largo de esta investigación.

 

El papel de los medios de comunicación

Siguiendo el análisis de Van Dijk (1997), podemos ver cómo los medios de comunicación juegan un papel muy especifico en las estructuras sociales; tanto si se trata de instituciones privadas como estatales, los medios (dominantes) están, ante todo, fuertemente asociados con las formaciones sociales y las instituciones dominantes. Dicha asociación puede no ser monolítica ni libre de contradicciones, pero en cualquier caso es coherente. La mayoría de periodistas en nuestro mundo occidental son blancos, hombres y de clase media; pertenecen a grupos sociales que están representados en su ideología y prácticas sociopolíticas, lo cual se refleja cuando elaboran las noticias. Las ideologías contenidas en esta práctica se han ido forjando lentamente durante su período de socialización profesional, aun cuando exista una variación individual y una resistencia incidental contra el consenso dominante. A menudo dichas ideologías coinciden, en parte al menos, con las de los profesionales del Estado, corporaciones privadas u otras organizaciones que actúan como fuentes de información y socios en la comunicación, o bien que pagan su publicidad. Las mismas ideologías también sustentan las definiciones profesionales acerca del criterio que decide qué merece la pena ser noticia.

La estructura jerárquica de la mayoría de equipos editoriales efectúa su conformación interna, mientras que la externa es obra de la dialéctica de poder entre los menos poderosos o las instituciones, organizaciones o grupos más poderosos, que en ambos casos son los clientes (por ejemplo, la publicidad) y las fuentes de información y los actores de noticias. Los periodistas adquieren la ideología dominante que controla sus interacciones cotidianas con los diversos grupos sociales, a través de la socialización y de la educación, y también por medio de la experiencia profesional de su tarea. Dicho control puede demostrarse en los más pequeños detalles del procesado de un texto informativo: con quién entran en contacto durante una de sus salidas diarias, con quién hablan, quién accede a qué, qué declaraciones o acciones se toman en serio y a quién se considera un testimonio o una fuente de información fidedigna. Estas cuestiones tienen respuesta al nivel textual de elección de tema y a nivel de jerarquía en términos de prominencia en su presentación (lugar, tamaño, titulares, etc.), de descripción estilística de actores y de acciones, colocación de citas, estilo de la frase sintáctica y retórica de persuasión.

A nivel organizativo, la posición de poder de los medios dominantes puede parecer, a veces, ambivalente, pero en general es coherente con la de las formaciones dominantes y las instituciones de la sociedad. Coherencia que no excluye la existencia de inconsistencias o contradicciones de acción concretas o locales, pero las ideologías básicas no son inconsistentes, compartiendo, además, principios básicos similares. De hecho podemos decir que estas ideologías son «consistentes» porque además producen, de ven en cuando, contradicciones (conflictos, lucha) que refuerzan la ideología dominante. Sólo una “contrainformación” no consistente con la dominante podrá suponer una “contraideología”.

Mucos periódicos o canales de televisión en el mundo occidental son propiedad de empresas multinacionales, o bien sobreviven únicamente gracias a la financiación o a la publicidad de grandes corporaciones o bien por medio de subsidios estatales. Aun cuando una ideología prevalente asuma que en «nuestras sociedades democráticas» la política editorial es independiente del control corporativo y estatal, e incluso cuando los periodistas tengan una libertad relativa (dentro de los márgenes variables de latitud), resulta obvio que no pueden practicar una ideología incoherente con la de los propietarios de una corporación o de los dirigentes estatales. Dicho control no necesita practicarse siempre por medio de una intervención directa ni de la censura; es muy posible que sea sutil e indirecto, por ej., por medio de unos valores o normas compartidas o por un conjunto de principios similares subyacentes a la interpretación y evaluación del entorno social, político, económico o cultural, es decir, a través de ideologías coherentes. Los periodistas que practiquen una ideología incoherente no encontrarán trabajo si lo buscan o se les privará del mismo si no acatan las normas, al menos en apariencia. En otras palabras, la posición organizativa e institucional de los medios de comunicación demuestra su participación en el complejo tejido de la dominación sociopolítica y económica. Evidentemente, la situación es idéntica para los medios dominantes y sus periodistas, aunque no así para los medios radicales o alternativos, en cierta medida, como Indimedia, rebelión.org, El Otro País, Otras Voces, Resumen Latinoamericano, etc.

Este análisis sociopolítico de los medios de comunicación y de los fundamentos estructurales de la producción de noticias en términos de relación de grupo y de clase y de control económico, en el que seguimos a Van Dijk (1997) es, aunque bastante sucinto, el marco propicio para un examen de la crucial dimensión cultural de los medios de masas.

En las sociedades industrializadas, los medios de comunicación son la institución principal de (re)producción ideológica, probablemente más importantes que el sistema educativo propiamente dicho, aunque los medios de comunicación no realizan esta tarea en solitario. Los programas informativos, películas, publicidad, televisión y demás formas de discurso producidas para el público consumo están esencialmente coproducidas con los grupos de élite u organizaciones de poder como fuente de información, aun cuando los que trabajan en los medios de comunicación sean quienes aporten su formato final y su formulación.

No obstante, las definiciones dominantes de los temas de interés, problemas, grupos, conflictos y sucesos de la vida social están construidos por o para periodistas; así pues, las prioridades, la prominencia, la relevancia y la representación de los trabajadores mediáticos y las élites políticas, corporativas, sociales o culturales se comunican con el público de forma persuasiva. Todo ello no significa que los medios de comunicación conformen la opinión pública de forma directa ni las opiniones individuales. Las macroestructuras sociales no predicen las microestructuras, sino que únicamente especifican su posible variación y sus límites. Son aquéllas las que preparan los principios de percepción públicos, definen las estructuras de comprensión y, por lo tanto, la forma global del consenso básico de las ideologías dominantes. Después de (y también por medio de) la socialización familiar y la comunicación entre amigos, así como conjuntamente con las escuelas, los medios de comunicación son esencialmente los mediadores de los significados favoritos, y por ello también tienen a su cargo grupos tales como los intelectuales, que obtienen su poder de su capital simbólico, de los recursos que les permiten formular y comunicar con persuasión sus significados favoritos desde un buen principio. En otras palabras, los medios de comunicación desempeñan un papel crucial en la reproducción de la hegemonía y del control «moderno» basado en el consenso y estructurado ideológicamente.

El análisis del discurso es relevante puesto que una gran parte del proceso de producción es, así mismo, una forma de procesar textos. Los periodistas tienen por costumbre leer otros mensajes mediáticos o teletipos de agencia, notas de prensa, asistir a conferencias de prensa, entrevistar, hacer llamadas telefónicas y consultar documentos, es decir, que la producción de textos informativos es esencialmente un proceso de reconstrucción en el que la selección, exclusión y resumen desempeñan un importante papel. Por supuesto, estos procesos están, al mismo tiempo, controlados por el conocimiento, las creencias u otras cogniciones sociales de los periodistas entre las que se cuentan sus actitudes políticas y también el reglamento profesional, las estrategias y los valores informativos generales.

Mientras que algunas propiedades del discurso informativo pueden explicarse en términos de estrategias para una comunicación efectiva y de su relación con los lectores, la mayor parte de sus puntos específicos precisan una explicación en términos de las condiciones particulares de elaboración de noticias y de la reproducción sociocultural en general.

 

El lenguaje

La expresión lingüística que comunica un acontecimiento no es su representación; simplemente, permite que a partir de ella el oyente la construya. Un mismo hecho puede ser contado de distintos modos y, según la formulación escogida, lo recreado por su interlocutor será también distinto. Tanto la producción como la comprensión del discurso son procesos en los que se hace inevitable la mediación de actitudes, creencias, opiniones, estereotipos y prejuicios.

Por ejemplo, tal como plantea Portolés (1997), podemos analizar el uso de los términos «emigrante» e «inmigrante».

Supongamos que alguien de otra nacionalidad trabaja en nuestro país. Podemos decir que es un emigrante o que es un inmigrante. En primer lugar, como mantiene este autor, la denotación de los dos nombres es distinta: un emigrante procura trabajar fuera de su país, un inmigrante intenta trabajar en el país de otro. Si vivimos en el extranjero, desde nuestro propio punto de vista, sólo podremos considerarnos emigrantes. Pero seremos inmigrantes desde la perspectiva de los nativos de aquel país. Este es el motivo de que en España no se hable de la inmigración española en Alemania, sino de la emigración española. “Nosotros” somos emigrantes, “los otros” son inmigrantes. La visión del emigrante será más positiva que la de los inmigrantes, ya que es evidente que somos más benévolos con aquello en lo que nos implicamos y menos, en el caso contrario. Los siguientes ejemplos dan cuenta de nuestra preferencia: “Tiene las virtudes del emigrante. Es trabajador, ahorrador y honrado”. “Es un auténtico emigrante. Tiene una voluntad de hierro”.

Se puede argumentar que, de todas formas, inmigrante es el término para denominar a los trabajadores extranjeros desde el punto de vista de un español que vive en España. Pero no es así en el uso periodístico de este nombre: inmigrante se usa no sólo para clasificar como tales a quienes vienen a trabajar a España sino que son inmigrantes los albaneses que desean entrar en Italia (El Mundo, 12-IX-1995), los cingaleses que pretenden trabajar en Alemania (Levante, 17-VII-1995) o los extranjeros que son expulsados de Francia (La Vanguardia, 28-XII-1995). Se toma el punto de vista de quien recibe la emigración y no de quien la realiza, aunque esto suceda fuera de las fronteras españolas.

Esto se puede ver en otros muchos términos que utilizamos habitualmente. Por ejemplo, el término «un ilegal». El sintagma nominal inmigrante ilegal está formado por el nombre inmigrante y el adjetivo ilegal. En el siguiente ejemplo se ha producido una recategorización del adjetivo ilegal en nombre: “Braña minimiza el aumento de ilegales” (Diario 16. Andalucía, 12-VIII-1995). Es fácil crear el uso de “un ilegal”, pero es agramatical su contrario: “un legal”. De hecho para la mayoría sería menos extraño decir “es un inmigrante y, además, ilegal”, que afirmar “es un inmigrante, pero ilegal”. Lo que implica que el adjetivo ilegal acentúa las posibles connotaciones peyorativas que ya de por sí posee “inmigrante” para todos/as.

Aunque estos son ejemplos con términos aislados, la imagen que construyen los medios de comunicación se basa en términos que van entrelazando relaciones entre ellos. Por ejemplo los símbolos que los medios repiten de forma estereotipada en el tema de la inmigración forman una cadena de imágenes que sitúan al Estado como un “barco” en las “olas” con “permeabilidades”, una “isla” sin “dique” frente a la “invasión”, ante la “inmensa afluencia” o el “asalto”; es decir como el “oasis del orden” amenazado por el “desierto del caos”. Se dibuja así una imagen que refleja un sujeto en la más absoluta amenaza, en una especie de situación que requiere la defensa propia, una situación que clama la necesidad de actuar. (Jäger y Jäger, 1997).

En definitiva lo que tratamos de afirmar, siguiendo la propuesta de Portolés (1997), es que una expresión lingüística no es el espejo que refleja una realidad determinada, pues la lengua sólo proporciona la urdimbre sobre la que el oyente teje su imagen de los hechos. No obstante, la forma lingüística utilizada condiciona en buena medida el resultado de esa tarea. Elegir un nombre u otro, añadir un adjetivo o suprimirlo, favorece o dificulta una determinada representación de la realidad.

 

 

 

En síntesis, podemos resumir la importancia de esta investigación, en los puntos que Van Dijk (1997) establece como el papel de los medios de comunicación en la reproducción de las relaciones de poder:

  1. El discurso de información pública aporta las condiciones principales para la reproducción y la construcción del conocimiento en la mayoría de culturas y sociedades industrializadas.

  2. Dicho conocimiento no es «objetivo», sino «sesgado», en el sentido de que está vinculado a los intereses de grupos de poder que disponen de los recursos para anteponerse a la formulación de una definición dominante de la situación social.

  3. Las organizaciones mediáticas participan en esta estructura de poder. Dentro de unos márgenes flexibles de posible desacuerdo u oposición, los medios de comunicación reproducen generalmente este sesgo de conocimiento. Los medios de comunicación (¡unto con, por e¡., la enseñanza pública) pueden considerarse al respecto como la división simbólica o la «voz» de la estructura de poder.

  4. No obstante, este proceso de reproducción, no está siempre libre de dificultades. Es posible que se vea limitado por los procesos relativamente autónomos de la producción de discurso mediatizado por las masas y que, por lo tanto, conduzca a varios tipos de transformación, como son la exageración retórica o la mitigación y, en especial, la distribución de prominencia.

  5. En lugar de «transmitir» las creencias dominantes directamente, los medios de comunicación construyen una estructura interpretativa. Puesto que la definición de la situación es bastante general, no se limitan a transmitir o prescribir «aquello» que la gente debería pensar, sino «cómo» deberían hacerlo; en otras palabras, los medios de comunicación no solamente delimitan las fronteras sino que también aportan el material de construcción para el consenso público, y de este modo fijan las condiciones de establecimiento y mantenimiento de una hegemonía ideológica.

  6. No obstante, el proceso de producción ideológica no es unilateral. No sólo se dirige del poderoso al público en general a través de los medios, ya que la elaboración de consentimiento puede también implicar una orquestación de disconformidad que refleja la estructura de poder. Las condiciones socioeconómicas también contribuyen a los contenidos y a las formas de «opinión pública» y dentro de unos márgenes flexibles pero controlados de protesta y resistencia los medios de comunicación llevan el feedback hasta la estructura de poder.

  7. Con respecto a los demás grupos e instituciones de poder, los medios de comunicación pueden presentarse como vox populi y de este modo fijar los límites del poder de las demás instituciones sociales dominantes, lo cual no significa, sin embargo, que los medios de comunicación actúen como una tercera fuerza independiente o neutral, como si se tratasen de un arbitro entre el Estado (u otras instituciones poderosas) y el público. Los medios de comunicación son parte integrante de la estructura de poder dominante, pero sirven, por así decirlo, de relaciones públicas (críticas en algún momento) y no solamente (re)presentan las élites al público, sino que también informan a aquéllas de parte de los clientes menos poderosos. Al mismo tiempo, los medios de comunicación pueden actuar como agentes dialogantes entre los diversos, y a veces opuestos, grupos de poder.

A pesar de sus posibles variaciones, del desacuerdo y de la oposición, y de sus acciones autónomas, algunas veces la mayoría de medios informativos operan como «mediadores» simbólicos e ideológicos de la estructura del poder. Los procesos de elaboración de noticias y las estructuras del discurso informativo muestran cómo se lleva a cabo esta tarea de la forma más eficaz.

El argumento principal de esta investigación mantiene que las diversas relaciones de poder se exhiben en un discurso informativo de forma sistemática. El análisis crítico de las noticias se fundamenta en teorías y métodos sutiles y sistemáticos del discurso analítico, permitiendo una reconstrucción de estas relaciones de poder, además de una perspectiva de las estrategias simbólicas que permite conocer cómo se reproducen y legitiman estas estructuras de poder.

Sintetizando podríamos decir que los medios de comunicación cumplen una función emblemática en la adquisición y uso de opiniones sobre los grupos minoritarios, puesto que nos proveen de un marco ideológico para la interpretación de los sucesos étnicos. La prensa reproduce y asume, por regla general, el discurso de la élite sobre las minorías, lo que implica el soslayo u ocultamiento de los elaborados por otras fuentes, merecedoras, a priori, de idéntica consideración: por ejemplo el de las propias minorías étnicas o el de los grupos antirracistas que las defienden. Ese discurso de la élite es un discurso indirecto e implícito; prefiere servirse de sutiles técnicas y estrategias de intensificación o de atenuación antes que mostrar de forma descarnada las actitudes discriminatorias en las que, a veces, se sustenta. En realidad, la prensa no participa pasivamente en la reproducción simbólica del racismo, puesto que forma parte de esa misma élite y contribuye a mantener el denominado ‘consenso étnico’, o sea, el conjunto de normas, valores, actitudes, opiniones y prejuicios que, a menudo implícitamente, comparte el grupo mayoritario (Van Dijk, 1991).

 

Objetivos de la investigación

El objeto de esta investigación es el análisis crítico del uso del lenguaje en los medios de comunicación escrito que contribuye a la construcción social del racismo. Esto es, cómo utilizan el lenguaje y la comunicación los medios de comunicación escritos –la prensa-, para generar o mantener un discurso racista. Por lo tanto, nos centraremos en el llamado “racismo simbólico”: la dinámica de construcción de la percepción de los “otros” por parte del “nosotros”.

Lógicamente, los responsables de este tipo de racismo simbólico e indirecto, inconsciente en muchas ocasiones –anclado en ese “inconsciente colectivo” del que hablaba Yung-, consciente en otras, no son únicamente los medios de comunicación. También contribuyen a ello, de forma destacada, los discursos de los políticos, del mundo de la enseñanza, de la ciencia, de la economía etc. Pero los medios de comunicación son uno de los más poderosos productores de “ideología social” en nuestra sociedad contemporánea, a los que las elites sociales y económicas tienen un acceso especialmente fácil.

Aunque los medios crean el racismo cotidiano, no se trata de una vía de dirección única desde los medios hacia la conciencia cotidiana. Los medios también recogen la forma cotidiana de pensar, la agudizan y la reproducen cada día de nuevo. También, por eso, es importante prestar especial atención a los medios.

Y por ello, deben ser uno de los objetivos primordiales de regulación en la contribución que puedan hacer a ese racismo. Por eso, se convierte en una tarea urgente y necesaria exigirles y ayudarles a que sean conscientes de su propia responsabilidad en la construcción social del racismo.

Esta es nuestra pretensión última con esta investigación. Ofrecer un servicio a estos medios de comunicación, en concreto, a la prensa escrita de la provincia de León, para que sean especialmente cuidadosos y escrupulosos a la hora de ofrecer información y opiniones sobre la sociedad en la que viven, cada vez más intercultural, cada vez más mestiza, cada vez más diversa. Aprender a asumir la diferencia como un valor positivo y enriquecedor, como una condición necesaria e indispensable en la construcción de una sociedad más justa, de una humanidad más rica, variada y diversa.

 

Metodología utilizada

El análisis crítico de las noticias presupone un análisis sistemático de las mismas, que implica explicitar las estructuras y estrategias precisas de la producción de noticias en el contexto organizativo y social de las mismas, además de los procesos de producción de textos informativos y su comprensión, para después relacionar los datos obtenidos con las estructuras del discurso informativo. Esto nos permite poder controlar nuestros análisis por medio de preguntas críticas acerca de la comunicación informativa en nuestra sociedad.

Para analizar de forma crítica los textos informativos, utilizamos las preguntas obvias que debe efectuar la investigación en general: ¿Quiénes son los actores (protagonistas y secundarios) de las noticias? ¿Quiénes los actores activos (agentes) y quiénes los participantes pasivos (pacientes)? ¿Qué acciones se describen, se subrayan o se ignoran? ¿Qué fuentes se citan y cómo se legitimizan? ¿A quién se cita (o no) y con qué formulación estilística? Estas preguntas de análisis se relacionan directamente con las condiciones del proceso de elaboración de noticias y no son «inherentes» al artículo informativo, sino recurrentes universales de la narrativa o del discurso. Cada una de dichas preguntas presupone la variación, elección y decisión en mucos niveles del análisis textual y, a su vez, cada elección presupone creencias, opiniones, actitudes e ideologías. Como mantienen muchos autores, casi ninguna propiedad estructural del texto es ideológicamente neutral.

Por eso hemos optado por utilizar como metodología de investigación el “Análisis Crítico del Discurso” (ACD).

 

Análisis crítico del Discurso (ACD)

La metodología utilizada en esta investigación se enmarca dentro del Análisis Crítico del Discurso (ACD), corriente que no puede considerarse como una escuela más o una rama particular del análisis del discurso.

El “Análisis Crítico del Discurso” (ACD) es una de las líneas de investigación que más está contribuyendo actualmente al desenmascaramiento del lado oculto del lenguaje en su utilización por los poderes sociales y culturales. Esta investigación se enmarca, precisamente, con esta línea de trabajo.

“El análisis crítico es partidista, toma posiciones del mismo modo que lo hace el análisis «acrítico». No obstante, y al contrario que otros tipos de análisis, describe explícitamente su posicionamiento, es decir, el análisis crítico formula sus objetivos sociopolíticos, sus normas y puntos de vista y no los niega, ni los ignora ni tampoco los disimula. El análisis crítico, además, se dirige a temas o problemas sociales, y también a paradigmas académicos, aunque no de manera primordial. No se trata de una rama de la investigación ni de una disciplina, sino de un tipo de análisis y de acción, que puede –o debería poder- imprimir carácter a cualquier investigación seria. De este modo, el análisis crítico convierte en funcional la investigación académica dentro de los objetivos de un marco sociopolítico más amplio. En tercer lugar, el análisis crítico se centra en problemas experimentados y definidos por grupos dominados, en lugar de hacerlo en los de aquellos que ocupan el poder, la élite, la clase dominante. El análisis crítico opera a través de la solidaridad. En cuarto lugar, el análisis crítico examina los mecanismos sociopolíticos, históricos y culturales que sustentan la reproducción del poder, y por lo tanto presta una especial atención al análisis de aquellas ideologías que alimentan, reproducen o legitiman el poder. En quinto lugar, el análisis crítico es teórico e interdisciplinar, y no reduce los fenómenos sociales, políticos y culturales, por no hablar de los problemas graves, a un simple modelo teórico. Para finalizar, un análisis crítico de calidad no solamente contiene principios, sino que también es práctico, efectivo y, por lo tanto, flexible; no solamente se dirige a la comprensión teórica, sino que además aporta sugerencias, soluciones y alternativas, y se aplica por lo tanto en la formulación de antiideologias y estimula la resistencia. En efecto, no solamente quiere describir el mundo, sino que desea cambiarlo” (Van Dijk, 1997, 11-12).

Como señala Van Dijk (1997), se trata de una “perspectiva” distinta, un “modo” diferente de acercarse a la construcción de la teoría y a su aplicación en el análisis. De hecho, tras este nuevo modo de aproximarse al discurso subyace, por un lado, una concepción de la teoría que no iguala ésta a la contemplación de un objeto, sino que exige la implicación del teórico en aquello que estudia, y, por otro, una mirada crítica que problematiza el propio modo de mirar y busca abrir caminos antes no explorados y establecer nuevos objetos de estudio.

El ACD ha supuesto el establecimiento de un nuevo objeto de estudio que engloba una pluralidad de acciones sociales que se encarnan y se realizan a través del discurso: los abusos de poder, el control social y la dominación, el mantenimiento o la intensificación de las desigualdades sociales, la exclusión social o el silenciamiento. Quienes adoptan una perspectiva crítica intentan poner de manifiesto el papel clave desempeñado por el discurso en los procesos a través de los que se ejercen la exclusión y la dominación, así como en la resistencia que los sujetos oponen contra amabas.

Es más, los investigadores en ACD no sólo conciben el discurso como una práctica social, sino que consideran que su propia tarea –desvelar cómo actúa el discurso en estos procesos- constituye una forma de oposición y de acción social con la que se trata de despertar una actitud crítica en los hablantes, especialmente, en aquellos que se enfrentan más a menudo a estas formas discursivas de dominación. Se trata, por tanto, de incrementar la ‘conciencia crítica’ de los sujetos hacia el uso lingüístico y de proporcionarles además un método del tipo “hágaselo usted mismo”, con el que enfrentarse a la producción e interpretación de los discursos. El ACD se convierte así en una práctica social, en una forma de compromiso social.

En este sentido, mostraremos especial interés en los siguientes criterios de análisis de las noticias (Van Dijk, 1991):

  •         El estudio de los titulares, un componente fundamental de la noticia, desde el punto de vista semántico-textual, cognitivo e ideológico, puesto que la reducción de información siempre conlleva la selección de unas unidades retórico-estilísticas y el rechazo de otras, así como el aumento de los márgenes de interpretabilidad y, por ende, el aumento de la ambigüedad.

  •         También analizaremos el manejo del estilo directo e indirecto, en general, y de las comillas, en particular, que se hace por parte de los periodistas encargados de elaborar las noticias, analizando si se da una tendencia al uso descompensado de la cita textual dependiendo de si el testigo pertenece al endogrupo etno-racial mayoritario o al exogrupo etno-racial minoritario.

  •         Las estrategias discriminatorias usadas en los textos periodísticos:

    • o       la negación del racismo, que trata de transmitir valores negativos del exogrupo sin que se pueda ser categorizado como racista;

    • o       la mitigación y la excusa, que incluirían tanto los eufemismos como las expresiones que justificasen, aunque fuese indirectamente, los comportamientos discriminatorios o violentos hacia las minorías étnicas;

    • o       la hipérbole y la ridiculización, utilizadas, sobre todo, para desacreditar al exogrupo mediante la intensificación de su imagen negativa;

    • o       la inversión de la responsabilidad, de manera que el exogrupo aparezca ante los ojos de los lectores como culpables antes que como víctimas, ya sea defendiendo que los individuos del exogrupo son los racistas, ya afirmando que abusan de la tolerancia del endogrupo;

    • o       la comparación no sólo entre un nosotros caracterizado siempre de manera positiva y un ellos caracterizado de manera negativa, sino también entre subgrupos etno-raciales minoritarios

    • o       la admisión aparente del exogrupo con el uso de estructuras lingüísticas del tipo “la mayoría de ellos son ciudadanos de ley, pero…” o “algunos son mis amigos, pero…”



 

Ejemplos de aplicación del ACD

Diario Baleares de Palma de Mallorca (26-junio-1993): “La integración de los niños inmigrantes en las escuelas no causa problemas serios”. Esta es una noticia recogida y analizada por Bañón Hernández (1997). El subtítulo advierte de la persona que ha hecho esta afirmación: “Según A.S., directora d’Acció Social del Ajuntament”. Pero el tercer párrafo de la noticia desmiente el titular, pues lo que pone en boca de esta directora es que “no existen problemas serios entre los niños de la escuela”. El titular no sólo no se corresponde con el enunciado de la autora, sino que, sobre todo, no corresponde a la intención enunciativa. Observando únicamente el titular –que es lo que realmente leen una buena parte de los lectores de periódicos-, parecería que para la representante del Ayuntamiento la integración de los niños inmigrantes causara problemas, aunque no sean serios. Pero al contrastar esta información con el tercer párrafo, donde se refleja el testimonio real, se puede apreciar que se ha producido una sustitución del predicado ‘no existen’ por el predicado ‘no causan’, y del sujeto ‘niños’ por el sujeto ‘niños inmigrantes’. Lo cual implica atribuir la responsabilidad exclusiva del asunto narrado al exogrupo, una estrategia habitual en el discurso discriminatorio indirecto: a pesar de que A.S. hablaba de los ‘niños de la escuela’, el titular opta por el actor ‘los niños inmigrantes’.

En una entrevista, titulada «Las tribulaciones 'de un 'moro' ilegal en España» (La Verdad, 10 de febrero de 1991), recogida y analizada por Bañón Hernández (1997), se observa la asunción por parte de un inmigrante magrebí residente en Murcia del término despectivo moro. Leemos en la séptima línea de la última columna: «Ahora soy un moro, un inmigrante ilegal, uno de los miles de árabes que se encuentran en situación irregular en España». Curiosamente, esta denominación (moro), pronunciada con toda probabilidad de forma irónica, aunque nada se diga en este sentido por parte del periodista, aparece reproducida al comienzo de la noticia, antes del titular, en el mismo titular y, por si fuera poco, al pie de una foto del joven inmigrante argelino. Excesiva reproducción del proceso de asunción, sin duda. Para los discriminadores, el discurso autodiscriminatorio es la fórmula más poderosa de supuesta confirmación de sus opiniones racistas, clasistas, sexistas, etc. El discurso autodiscriminatorio, al fin, sigue los patrones de lo que se conoce como acomodación al estereotipo o adecuación a las expectativas.

Este mismo autor analiza la noticia aparecida el 11 de junió de 1994, en La Verdad de Murcia, en una entrevista realizada por la periodista María Cuchillo al Presidente de la Asociación de Trabajadores Marroquíes en España, Abdelkader Ouarzazi. El titular es: «"No es cierto que emigremos para no morirnos de hambre"». Y el subtitular: «"Aquí no hay racismo real, sino malentendidos"». El entrecomillado de ambas frases nos hace pensar que estamos ante declaraciones textuales del entrevistado. En realidad, el señor Ouarzazi fue preguntado en estos términos (comienzo de la segunda columna): «¿Se ha enfrentado con situaciones reales de racismo en España?». Su respuesta fue ésta: «En España hay un racismo en tres vertientes: cultural, político y social, pero no existe un racismo directo, porque los españoles están acostumbrados a acoger a los inmigrantes. Existen malos entendidos, pero no ese tipo de racismo como el apartheid». La transgresión del sentido de la declaración es escandalosa; nada más alejado de la realidad que decir que Abdelkader Ouarzazi opina que en España no hay racismo real, sino malentendidos, toda vez que lo que dice es que hay un racismo encarnado de manera tridimensional y que no hay racismo directo, epíteto fundamental en el análisis sociológico del racismo moderno, lo que no es igual que decir que no hay racismo real. Se trata de proporcionar una imagen positiva del endogrupo, transgrediendo los términos exactos de la reivindicación y negando la existencia misma de actitudes racistas. La periodista, antes que analizar y reproducir la respuesta de su entrevistado, toma los términos de su propia pregunta como punto de referencia: en ella si aparecía el adjetivo real.

El País, suplemento dominical (25-08-96), titulado “España mestiza”. Noticia analizada por Estupiñán Cardona (1997). En tres páginas completas con 7 fotografías, una de ellas ocupando casi la totalidad de la portada, se presentan tres reportajes distintos, planteando la situación de los residentes extracomunitarios en tres zonas de España: Almería, Girona y Madrid. Los protagonistas son las minorías étnicas y en algunos apartes interiores de la información se plantea la necesidad de la convivencia cultural y de la lucha contra el racismo. Sin embargo, cuando nos enfrentamos al texto de la información nos encontramos con algunas nociones lingüísticas que nos hacen dudar de las buenas intenciones del mensaje. Si nos remitimos, por ejemplo, al pie de foto de la portada: “Calle de Mesón de Paredes, en el corazón de Madrid, a mediodía del jueves. La escena podría haber sido tomada en cualquier capital africana”, nos queda la sensación de una “invasión africana” en Madrid, que podría amenazar inclusive, lo que identifica culturalmente a Madrid, lo que la distingue, por ejemplo, de una “capital africana” cualquiera. En el subtítulo también nos encontramos con un juego de sentido confuso: “La difícil convivencia en tres zonas del país con alta concentración de inmigrantes”. De hecho, queda planteada aquí una causa, una alta concentración de inmigrantes, que como consecuencia trae una difícil convivencia. Por el estilo se hacen diferentes apreciaciones de sentido que en el contexto total de la información no parecen negativas, en tanto que el objetivo no es hablar mal de los inmigrantes, pero que por sí solas, como giros lingüísticos o como expresiones usuales, están apelando a temores comunes entre los autóctonos españoles: la “invasión de extracomunitarios” que vienen a ocupar un mercado laboral escaso o la “difícil convivencia” que puede ocasionar problemas de tranquilidad y bienestar social.

 

 

Muestra

Para esta investigación se han seleccionado la prensa diaria seria de la provincia de León, obviando la prensa sensacionalista. En concreto, El Diario de León y El Mundo - la Crónica de León. No se ha querido utilizar prensa de tipo sensacionalista, porque, hemos supuesto, que en este tipo de medios más serios es menos probable encontrar muestras lingüísticas de racismo directo. Y dado, que nuestra pretensión es adentrarnos en lo que sería la indagación de esos procesos menos explícitos de discriminación, consideramos más oportuno centrarnos en este tipo de prensa.

 

 
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