Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad)






descargar 169.88 Kb.
títuloRecuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad)
página1/5
fecha de publicación26.07.2015
tamaño169.88 Kb.
tipoDocumentos
m.exam-10.com > Documentos > Documentos
  1   2   3   4   5

RECUERDOS TRAUMÁTICOS EN MENORES

EN TERCER Y CUARTO AÑO DE VIDA (DOS Y TRES AÑOS DE EDAD).

Mariano N. Castex, Daniel H. Silva, Blanca Huggelman y Sonia Rodríguez1


Abstract.- Esta comunicación analiza el estado actual de los conocimientos sobre la memoria y el trauma en menores de temprana edad (pre escolares), y tomando como base dos casos forenses (uno de experiencia traumática como víctima de agresión y el otro como víctima de abuso sexual) ponen énfasis en la detección precoz del peligro del PTSD y del duelo post traumático en estas edades, discutiendo además los aspectos clínicos y de salud pública implicados, ya que está demostrado que los niños en estas edades registran el impacto psicoemocional traumático y debidamente guiados al adquirir la verbalización, logran expresar sus experiencias, tanto a través de la expresión verbal (CV) como de la expresión o comunicación no verbal (CNV), tanto o más importante esta última, que la primera. Se torna así sumamente necesario lograr un mayor conocimiento acerca del impacto de eventos traumáticos acaecidos en las muy primeras etapas evolutivas, sobre el curso del desarrollo ulterior del menor particularmente tanto en medios asistenciales como en áreas forenses. El presente trabajo se ilustra con tres casos analizados por nosotros, dos de ellos ventilados aún en los tribunales argentinos, razón por la cual, únicamente se proveerá de los datos psico clínicos, a investigadores aut similia, contra expreso y fundado pedido.

En los largos lustros en que nos hemos dedicado en el campo forense al ejercicio de la Psiquiatría y de la Psicología Médica nos hemos preguntado más de una vez acerca de si las experiencias vividas a los 2 años de edad y hasta menos, pueden ser recordadas en la adultez. Cabe advertir que en la comunicación presente se está hablando en consecuencia de menores que se encuentran cursando el tercer año de vida ya que al cumplir los tres años, ingresan en el cuarto.

Tres son los campos en donde la pregunta se ventila en las décadas recientes: el científico investigativo, el mediático y el forense.

En el primero, la red informática bulle con trabajos de primer nivel, en donde la respuesta asertiva a lo inquirido proviene de investigadores de talla indiscutible, todos ellos destacados especialistas en los centros universitarios de excelencia.

En el segundo, el campo mediático contemporáneo, focalizado morbosamente en el abuso de menores por impulso de la manipulación sociocomunicativa del discurso pertinente, las referencias se encuentran sesgadas por ideologías, fanatismos, intereses económicos y prejuicios varios, siendo difícil al explorar, alcanzar opiniones objetivas y fundadas. Empero, en enero 2 del año 2012, un destacado matutino de Buenos Aires (La Nación) con la firma de la periodista Débora Slotnisky, conocida por su seriedad informativa, señala que “según un estudio reciente, las personas podrían tener recuerdos de cuando tenían 2 años de edad”, añadiendo que conforme informa una nueva investigación “la capacidad de recordar las primeras experiencias de la infancia puede ser más notable de lo que los expertos pensaban”. Ilustra su cita agregando que “algunos niños que jugaban un juego único a la edad de 2 años fueron capaces de recordarlo 6 años más tarde.


Pasando al tercer campo, destacan en el mismo los trabajos de Lenore C. Terr, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de California2, quien ya en 1991, califica al trauma psíquico en los niños, como un factor etiológico crucial para el desarrollo en ellos de severo daño (desórdenes) tanto durante la misma infancia como en la vida adulta. Compara el trauma psíquico con la acción deletérea de la fiebre reumática, en cuanto este es capaz de desencadenar una variable gama de complicaciones posibles tanto a corto cuanto a largo plazo. En su comunicación señala que cualquiera fuere el diagnóstico que se produzca sobre la víctima, persisten como factores comunes: a) la reminiscencia vívida de re ver o más raramente de re sentir uno o más hechos traumáticos; b) las conductas repetitivas; c) los miedos específicos con respecto al trauma experimentado; d) un cambio de actitud acerca de la gente, la vida y el futuro coexistiendo todo ello con una considerable tristeza. Hace notar empero que no se suele observar en niños menores de cinco años, la clásica reminiscencia onírica descripta por Freud, aún cuando pueda evidenciarse gestualidad oral o exclamaciones que indican el estar soñando, pero carentes ambas de especificidad indicativa de relación con un trauma. Al respecto en 1998, señaló que sobre 20 niños que no habían cumplido aún los cinco años de edad, únicamente 5 lograron verbalizar el contenido de sus sueños 3

En su comunicación, esta investigadora define al trauma infantil como el resultado psíquico producido por uno o más sucesos, sorpresivos, violentos y bruscos, que invalidan de momento al menor agredido, inutilizándole el uso de aquellos mecanismos defensivos hasta entonces en uso por el niño. En la definición, la colega introduce además la nota de prolongada y morbosa anticipación, refiriéndose en todos los casos al origen exógeno y no endopsíquico de la noxa actuante, aún cuando admite que determinados traumas infantiles puedan acompañarse por modificaciones biológicas aún desconocidas que son estimulados por factores externos. Para Carr, en consecuencia, el origen del trauma se ubica en el exterior del niño, desatando en su producción mutaciones internas que pueden mantenerse activas a lo largo de años y en detrimento del infante agredido.

Tanto en referencia a C. Terr, como a los demás estudiosos que se citan en el presente trabajo, señalamos únicamente el paper de donde se tomó la referencia, recomendando empero que en cada caso el lector recurra a la red informática, ya que para cada uno de los investigadores citados, existe una producción copiosa que reviste destacado interés para una profundización en la temática. Pero volviendo, tras esta digresión, a la pre citada autora, esta divide el trauma infantil en dos tipos básicos:

Tipo I: Responde a la definición que da A. Freud para los traumas infantiles.4 Constituido por recuerdos precisos y detallados del evento traumático, omens (re elaboraciones del trauma) y dispercepciones polimorfas. A los omens Pynoos & colab las denomina reevaluaciones cognitivas.5 Se ajusta a la trilogía del DSM-IV (repetition, avoidance and hyperalertness).

Tipo II: Los traumas son notorios y repetitivos. Si bien el primer hecho engendra sorpresa, los siguientes se caracterizan por conllevar un sentimiento de anticipación. En ellos se despliega una enorme masa de energía en procura de la protección del psiquismo y clínicamente se evidencia: masiva negación, represión, disociación, auto (self) anestesia, mutismo ante la temática, auto (self) hipnosis, identificación con el agresor y contra sí mismo. Si bien un niño repetidamente agredido puede no evidenciar en la clínica un desorden caracterial al estilo adulto hasta los fines de la adolescencia o el ingreso a la juventud adulta, la problemática de personalidad puede aflorar de inmediato y aún antes cumplirse los 5 años de edad. Los traumas clasificados en este tipo remueven emociones que implican la ausencia de sentimiento, la ira o una notoria depresión, tríada siempre asociada al miedo omnipresente en todo trauma infantil.

Para la autora, en los casos sorpresivos, intensos, inesperados y en accidentes mutilantes para el menor, suele verse una imbricación de los tipos, dato este a tener siempre presente en la clínica y sobre todo en la dimensión forense.

(Para leer el resto del artículo solicítelo a la dirección de la revista)
CONCLUSIONES


  1. A tenor de lo expuesto a la luz de las investigaciones psico clínicas desarrolladas a partir de la década del ochenta, es ya indubitable, que no debe desestimarse en absoluto o minusvalorar la capacidad mnésica de niños pre escolares en tercer y cuarto año de vida, incluso antes, cuando de traumas psíquicos se trate.




  1. Al instalarse la lesión psico emotiva con o sin agresión corporal concomitante, los recuerdos del hecho traumático se irán verbalizando con el correr del tiempo, al adquirir el menor la instrumentación psiconeurológica que posibilite tal hecho, pero es necesario estar muy atento, ante la prueba o sospecha de que ha sufrido o continúa sufriendo uno o más hechos traumáticos, a las manifestaciones clínicas consecuentes de ello (cambio brusco de hábitos y ritmos, irritablidad, agresividad o tristeza manifiesta) que contrastan con un antes absolutamente encuadrado en parámetros de normalidad.




  1. Se torna indispensable estimular el ahondamiento de las investigaciones en este sentido, siendo urgente ampliar el campo de la exploración del contenido verbal del niño, mediante la incorporación de los conocimientos que se tiene actualmente sobre la gestualidad, y el todo complementado por una rigurosa observación y seguimiento clínico pediátrico global.




  1. Todo ello exige un obrar sumamente prudente y cauto cuando se trate de convalidar hechos traumáticos en medio forense, área en donde por imperio de la manipulación del discurso pro abuso sexual que impera actualmente en nuestro medio argentino se otorga por sesgo y prejuicio, credibilidad a toda denuncia de abuso sexual formulado por la mujer y, en cambio escasa o nula cuando es la mujer la causante de violencia, o el hecho refiere a causales no sexuales, traumáticos, y de modo especial cuando los fiscales instauran una hipótesis a la que se aferran de modo irracional, ya por ignorancia, ya por presiones mediáticas, ya por otros múltiples motivos, algunos absolutamente inconfesables como lo son los político sociales o los caprichos y prejuicos personales.




  1. Este autor tiene especial conciencia de que lo afirmado en este artículo, puede dar pie entre los fanáticos seguidores del llamado por el ex juez Cárdenas: El abuso del abuso sexual 6, a que se tomen las aseveraciones convenientes para aquél discurso -patológico por excelencia pero que seduce a no pocos magistrados de estrecha mira cuando no poseedores de supina ignorancia- para incrementar la ordalía persecutoria propia del medioevo, que progresa en no pocos estrados tribunalicios argentinos, en resultas de lo cual se perturba severa e irreversiblemente los vínculos paterno o materno filiales a través de medidas legales consideradas como prudentes por no pocos, pero que a la postre solo sirven para ajusticiar psíquicamente a legiones de menores.




  1. Para ello se impone que las evaluaciones de los menores y las validaciones de sus testimonios no sigan estando en manos de mediocres malformados e improvisadores, fuere cual fuere la disciplina en la que revisten, debiendo por otra parte todo magistrado, tomar debido conocimiento de que las conclusiones y aseveraciones psicopsiquiátricas forenses no gozan de certeza, si no de un status de mera probabilidad, a lo que debe agregarse que términos como compatibilidad o verosimilitud no pueden tampoco ser asumidas como prueba en un juicio en donde no obra otra prueba o testimonio, como lo postulan principios jurídico penales más que milenarios.




  1. No puede concluirse la presente reflexión sin señalar que así como la psiquiatría forense contemporánea argentina se ha ido lamentablemente momificando, vaciándose de contenidos sólidos para servir únicamente al discurso deseado por no escasos tribunales, a la par que el discurso psicológico forense alcanza en algunos medios periciales niveles de policromática fantasía e improvisación, la neurobiología y la tecnología de imágenes funcionales puede llegar muy pronto a desplazar al menos en algo lo fantaseoso imperante en los estudios periciales actuales, para lograr así un acercamiento al estado en donde las víctimas sean bien reales, los victimarios más acertadamente individualizados y reprimidos, y los niños en riesgo disminuyan de manera notoria, dándose así un fin tajante a figuras destructivas que como el SAP (sindrome de alienación parental) imperan hoy en el medio local creando a diario un innúmero de niños victimizadas en nombre de la predicada protección infantil.


*

  1   2   3   4   5

Añadir el documento a tu blog o sitio web

similar:

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconAhf: Madre de 38 años de edad, dedicada al hogar, Padre de 38 años...

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconLa pernocta fuera de casa de bebés de dos años que mantienen la lactancia...

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconEpidemiología Consultas al ano 4 miliones 12 casos por 1000 personas...

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconResumen El café es un cultivo permanente, se siembra y empieza a...

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconTítulo de la ponencia: El control de la delincuencia juvenil por...

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconFormas precoces l-cmd (congénitas o de inicio en los dos primeros años de la vida)

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconLos científicos creen que la miel forma parte de la dieta humana...

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconEn la ciudad de La Plata, a tres días del mes de noviembre del año...

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconPamela es una niña de 12 años de edad que concurre al consultorio...

Recuerdos traumáticos en menores en tercer y cuarto año de vida (dos y tres años de edad) iconPaciente masculino de 63 años de edad, con antecedente de diabetes...






© 2015
contactos
m.exam-10.com