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SISTEMA HINDÚ YOGUI DE LA CURA POR EL AGUA

YOGUI RAMACHARAKA

 

 

Este libro fue pasado a formato Word para facilitar la difusión, y con el propósito de que así como usted lo recibió lo pueda hacer llegar a alguien más. HERNÁN




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Rosario – Argentina


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ÍNDICE
CAPÍTULO I: HIDROTERAPIA YOGUÍSTICA
CAPÍTULO Il: EL EFICAZ REMEDIO NATURAL
CAPÍTULO III: EL AGUA COMO BEBIDA
CAPÍTULO IV: EL ESTÓMAGO Y LOS INTESTINOS
CAPITULO V: OBSTRUCCION INTESTINAL
CAPÍTULO VI: EL BAÑO INTERNO
CAPÍTULO VII: FUNCIONES DE LA PIEL
CAPÍTULO VIII: EL BAÑO CIENTIFICO

Baño de limpieza - Baño Kneipp - Baño caliente - Baño frío - Instrucciones generales - Baño rápido - Baños locales - Baño de asiento - Baños de asiento con agua viva - Baño escocés de asiento - Baños minerales - Baños compuestos - Otros procedimientos - Baño de asiento con fricción - Baño de troncoFomentosCompresas - Fricción fríaDuchas - Flotación de los órganos internosPediluvios - Partes pudendas.
CAPÍTULO IX: TRATAMIENTOS DE ENVOLTURA

Envoltura con la sábana mojada - Media envoltura - Envoltura sudorífica - Endósmosis y exósmosis.
CAPÍTULO X: OTROS PROCEDIMIENTOS EFICACES

FomentosCompresaPediluvios - Aplicaciones especiales
Conclusión
CAPÍTULO PRIMERO

HIDROTERAPIA YOGUÍSTICA

 

Los yoguis hindúes practican y enseñan las múltiples formas y aspectos del sistema del bienestar físico que llaman Yoga Hatha.

Millares de indos sólo conocen ese sistema de educación física y de higiene para conservar la salud y aumentar el vigor del cuerpo.

El Yoga Hatha constituye la Medicina Naturista de lo, indos, íntimamente relacionada con la terapéutica mental.

En nuestra obra el Yoga Hatha expusimos este sistema en general y en particular.

No obstante, hay una modalidad del Yoga Hatha que forma parte de este sistema, y conviene hacerlo saber a cuantos quieran conocerlo y practicarlo para conservar la salud corporal.

Dicho aspecto del Yoga Hatha es la hidroterapia yoguística, que bien merece ser considerada aparte por su importancia en la Medicina Naturista.

En respuesta a las numerosas preguntas de quienes se interesan por el estudio general del Yoga Hatha, exponemos en este volumen los detalles de la hidroterapia yoguística.

Confiamos en ofrecer al interés de muchos lectores del mando occidental los beneficios que brinda tan valioso tratamiento hidroterápico.

Por cierto que la hidroterapia no es un sistema nuevo en el mundo occidental.

Numerosos médicos han elogiado sus méritos en forma entusiasta y millares de personas la emplearon con resultados provechosos.

Es indudable que la hidroterapia occidental tiene 'muchas semejanzas con la oriental; pero los indos explican sus resultados terapéuticos por la teoría del prana, teoría que ignoran la generalidad de los facultativos occidentales, incluso la mayoría de los académicos y universitarios.

Para comprender claramente el tratamiento hidroterápico, o sea el uso del agua para la cura de los trastornos fisiológicos, es necesario tener un claro concepto del prana, pues éste actúa poderosamente como agente terapéutico en la hidroterapia.

Prana es el nombre que dieron los filósofos índicos a la energía universal que penetra todas las cosas, y una de cuyas características es la energía vital que anima al organismo de todo ser viviente.

El prana o energía universal está en todas las cosas en los manjares, en el agua y en el aire, y se puede asimilar en tres formas, transmutado en energía vital.

En nuestro trabajo sobre el Yoga Hatha explicamos cómo puede obtenerse el prana de los manjares y transformarlo en energía vital.

En la presente obra trataremos de demostrar la posibilidad de asimilar el prana del agua y transformarlo en energía vital para remediar los trastornos fisiológicos y beneficiar la salud, la fuerza y el vigor corporal.

Por cierto que no es indispensable creer en la existencia de prana para recibir sus beneficios, porque las excelentes virtudes del agua están a disposición de todos, tanto creyentes como incrédulos.

No obstante, la experiencia enseña que cuando la mente acepta que el prana está en los manjares, en el agua y en el aire, se advierte más su influencia, vale decir, que se asimilará el prana mucho más fácilmente que si se desconociera o negara la existencia en todas las cosas de esta energía universal.

No explicaremos aquí el porqué de esta diferencia, pues tendríamos que remontarnos al mundo de las causas, muy ajeno al fin de la presente obra.

Por lo tanto, nos reduciremos a afirmar la existencia del prana y a detallar sus efectos cuando se aplica con acierto, dejando que cada uno personalmente los compruebe por la repetida experimentación.

El prana existe. en el agua, aunque en diferente grado, según las condiciones físicas del líquido.

El agua corriente y viva contiene mucha mayor cantidad de prana que la estancada, o muerta.

También el agua de los pozos, aljibes, depósitos, balsas, etcétera, pierde, al aquietarse, gran parte de su prana, y mucho más aún cuando es hervida.

Puede recuperarse la pérdida de prana trasvasando el agua para airearla, y así puede restituírsela al agua destilada.

Esto explica que cuando alguna persona bebe agua destilada o muy hervida para evitar contagio, advierte en el líquido algo extraño, como si le faltase vida, y cierto sabor áspero, algo astringente, desagradable al paladar, todo lo cual 'se remedia trasegando repetidamente el agua para airearla.

La ciencia occidental no atina a explicar claramente estos fenómenos y se reduce a decir que el agua potable ha de contener aire; pero los yoguis de la India saben que dichos fenómenos provienen de la presencia o carencia de prana en el agua.

Antes de beber el agua de mesa conviene pasarla repetidas veces de un vaso a otro porque durante el tiempo que ha permanecí do en el jarro u otro recipiente cualquiera en reposo, perdió parte de su prana y para restituírselo hay que airearla.

Quienes lo hagan así, notarán mucha diferencia entre el agua trasegado y la sin trasegar, con ventaja para la primera, la cual actuará en el organismo con efecto algo más Vigorizador y estimulante que el del agua ordinaria.

Aquellos que quieran librarse de las bebidas alcohólicas, podrán lograrlo si persisten en tomar agua pranizada y al propio tiempo apelan al recurso de su voluntad.

Como el agua para el abastecimiento de las ciudades es escasa en prana, conviene pranizarla por la aireación.

No hay más que probarlo para que aun los más escépticos se convenzan de la eficacia de este procedimiento.

También conviene dotar de prana al agua antes de tomar el baño caliente o beber té o aplicar fomentos.

En el primer caso, se remueve el agua con una bandeja o cualquier otro utensilio para airearla sin trasiego ni enfriamiento.

Usaremos en estas explicaciones la terminología occidental, adaptada en lo posible a los principios esenciales de la hidroterapia oriental.

No queremos exponer este sencillo, valioso y práctico sistema en términos oscuros, que podrían confundir al lector no familiarizado con las lenguas orientales.

En lo posible citaremos autores europeos y americano en apoyo de nuestro punto de vista.

Los hindúes sostienen muchas ideas y teorías que a lo occidentales parecen extrañas, raras o fantásticas, por lo cual y adrede omitiremos toda referencia a ellas.

Deseamos despertar la atención del lector, en la práctica del sistema hidroterápico de los yoguis de la India en relación con su concepto fundamental, sin peligro de llevara por las sendas de la teoria y de la especulación.

Así conviene proceder en una obra de esta naturaleza que irá a manos de muchos que no están familiarizados con la filosofía oriental ni gustan de teorías que les parecen exóticas, pero que reclaman y necesitan práctica y concreta información.

Quienes deseen conocer el porqué de las enseñanzas de los indos encontrarán informaciones en nuestra obra sobre el Yoga Matha.

Para el yogui hindú el agua es el gran remedio de la Naturaleza, su energía.

Cree el indo en el eficaz uso del agua en tratamientos internos y externos. Se la cree leche que la Madre Naturaleza proporciona abundantemente a su prole.

Así lo demuestran los animales con su instinto. El hombre que se precia de civilizado se ha permitido desdeñar altivamente los sencillos fundamentos de esta teoría y buscar en otros sumamente complicados la virtud que es privativa de la Naturaleza.

Invitamos al lector a que en estas páginas asimile las enseñanzas sencillas que los yoguis han dado sobre el particular. Aunque sencillo, el sistema es muy ventajoso.

La sencillez caracteriza la verdad y la virtud.

En la complicación está el peligro.

Lo mejor de la Naturaleza es simple y común.

Así como la Providencia da el sustento a las avecitas del campo, pero no se lo pone en el pico, así también la Naturaleza proporciona al hombre en las plantas, en las hierbas y en las aguas los remedios más eficaces para la cura de sus males; pero al hombre le corresponde descubrirlos y extraerlos.

Para llegar a tales conclusiones la humanidad ha tenido que recorrer un largo y difícil camino de experimentación,

Pero el hombre reflexivo siempre halla la senda más promisoria cuando retorna a la Madre Naturaleza.

 

 

 

CAPÍTULO Il

EL EFICAZ REMEDIO NATURAL

 

No es extraño que el hombre primitivo, encontrase en el agua un natural amigo y auxiliar.

El instinto referente a la utilidad del agua es anterior al hombre primitivo, pues se retrotrae a los animales, y antes de ellos, a las plantas, y antes aún, a las primarias formas de vida orgánica que alentaron en el fondo del océano.

La ciencia nos enseña que la vida nació en el seno de las aguas pues siempre hubo rastros del lugar de su nacimiento.

Casi el 80 por ciento del peso del cuerpo humano lo constituye el agua, y las células que componen los tejidos son, en realidad, organismos marinos que sólo pueden vivir rodeados de una solución salina de agua.

Así, no es raro que este instinto por el agua aparezca en el fondo de nuestra vida subconsciente y se manifieste en nuestra vida consciente.

No es menos importante la función del agua en el orden fisiológico. La fisiología nos enseña que se expele de medió a tres cuartos de litro dé agua por los poros de la piel en forma de transpiración, y que esta cantidad aumenta en verano.

También nos dice que en el mismo lapso despide el cuerpo humano cerca de litro y medio de agua en forma de orina.

Todos los humores del cuerpo tienen el agua como base. La tienen la sangre, verdadera esencia de la vida física; la bilis, los jugos gástrico, pancreático e intestinal, y la saliva.

El hombre podrá vivir muchos días sin alimento, pero morirá muy pronto si se lo priva del agua.

El agua es uno de los agentes naturales primordiales para el organismo fisiológico, y después del aire es el principal fundamento de la vida.

Sin embargo, son muy pocos los que le dan al agua la importancia que merece, y muchos menos los que la utilizan inteligentemente en su vida diaria.

Vigilamos el riego del suelo, porque sabemos que de él y del drenaje depende en gran parte el éxito de las cosechas y el consiguiente bienestar económico que la Naturaleza nos brinda.

Descuidamos, en cambio, el riego del cuerpo, y con suma facilidad decimos ligeramente que no tiene la menor importancia.

Procedemos al hablar así no sólo contra las leyes de la higiene, sino que demostramos insensatez por la circunstancia de que cuidamos de que a los animales domésticos no les falte el agua para la bebida y para el baño, admitiendo con ello las naturales necesidades de las bestias, y olvidamos que las mismas necesidades tiene nuestro cuerpo físico por su similitud con el organismo animal.

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Es evidente que el hombre primitivo era a este respecto mucho más cuerdo que el civilizado.

Según sus instintos naturales, no conocía el vino, ni la cerveza, ni el ajenjo, ni el café, ni el alcohol, ni los estupefacientes, y bebía agua de los manantiales y se bailaba en los ríos y los lagos, en cuyas aguas nadaba ágilmente desde su más tierna infancia, no porque hubiera razonado acerca de las ventajas de eso, sino porque al agua lo llevaba su natural instinto.

Pero, al civilizarse, el hombre se fue apartando de la Naturaleza y sofocó sus instintos naturales bajo el peso de los hábitos urbanos, pues le parecía muy despreciable satisfacerlos y muy cómodo desdeñarlos.

Si bien en la vida urbana tropezaba el hombre con dificultades para encontrar el agua, en la vida rural no ocurría eso, porque se le ofrecía en inagotables manantiales que le brindaban la frescura de sus limpias venas, v podía beber y absorber de ellas a su antojo.

Pero en las ciudades populosas, donde por lo general el abastecimiento de agua es escaso, y donde ella pierde su vitalidad y frescura al pasar por los tubos de conducción o permanecer estacionada en los depósitos, fue perdiendo poco a poco su afición al líquido natural, a causa de las pésimas condiciones de las viviendas, que parecían construidas adrede en contravención con las leyes de la higiene, aunque en su aspecto exterior se ajustaran a las municipales.

Así adquirió el hombre el pernicioso hábito de la bebida alcohólica y perdió sus naturales gustos, de modo que ya no tuvo preferencia por el agua, como la tenía cuando sólo se refrescaba con el límpido líquido de las fuentes naturales.

Pero la Naturaleza advierte que el organismo humano no recibe la suficiente cantidad de agua para proseguir su admirable obra, y entonces la substrae de las reservas acumuladas en los tejidos, que por ello se empequeñecen y quedan en anormales y morbosas condiciones, produciendo buen número de enfermedades que por lo general se atribuyen a causas muy ajenas a la verdadera.

Muchos padecen de inquietud, melancolía, tristeza, malestar, y se quejan sin saber de qué, cuando toda la causa de su extraño malestar radica en la escasez del agua contenida en los humores del cuerpo.

Sólo beben un par de sorbos de agua en el transcurso del día, y en cambio beben mucho vino, café té v varios licores que no le proporcionan al organismo la cantidad necesaria de agua para su funcionamiento normal.

Si al obrar así vuelven la espalda a la Naturaleza, no es extraño que frecuentemente sufran estreñimiento, constipación y otros trastornos intestinales.

No es raro que los residuos alimentarlos del organismo se detengan en el intestino grueso, cuando falta el agua que ayuda a expulsarlos.

En este caso el intestino se parece a una cloaca en la que, por falta de agua, se acumularan las materias fecales y la obstruyesen.

Las mujeres resultan más perjudicadas en este particular, aunque se ignoran las causas.

Los que no ingieren agua en abundancia están expuestos a la constipación, al estreñimiento y también a trastornos hepáticos y renales, porque sin el agua necesaria ni el hígado ni los riñones pueden funcionar normalmente.

Además, cuando la cantidad de sangre es inferior a la normal no tiene el riego sanguíneo la suficiente eficacia, y sobreviene la anemia en muy temprana edad de la vida.

Por la misma causa, otros tienen el cuerpo enjuto, apenas transpiran y su rostro es de color cetrino y maloliente el aliento.

Algunos aparecen tan resecos, que dan ganas de ponerlos ,en remojo para que se esponjen y tengan mejor aspecto.

Por cierto que todos los otros órganos del cuerpo, y particularmente los nervios, se resienten por estas condiciones anormales, que dan señales de debilitamiento.

Si observamos los trastornos que ocasiona la falta de agua, deduciremos que ocasiona la mayoría d.! las enfermedades.

Muchas son las que derivan del estreñimiento; y este trastorno proviene en gran parte, si no totalmente, de la escasez de agua en los diversos jugos digestivos. El cuerpo humano se parece a un sistema con tubos de mayor y menor diámetro, tendidos en todas direcciones, para transportar de una y otra parte del cuerpo diversos fluidos cuyo principal elemento es el agua.

Ahora bien; el tubo digestivo es el único por el cual desde el exterior puede ingerirse la suficiente cantidad de agua para responder a las necesidades del organismo.

Todos los órganos están bañados o regados por el fluido correspondiente a su actividad, y si el líquido escasea, se resiente el funcionamiento.

Los humores y en especial los jugos digestivos disuelven o maceran los alimentos y los alteran químicamente, hasta convertirlos en materia asimilable para la nutrición, una vez derramada en el cuerpo fluido llamado sangre, que la distribuye por todo el organismo.

También hay otros humores o fluidos que arrastran o expelen los residuos, esto es, las células muertas v lo sobrante, nocivo o inútil para la nutrición del cuerpo y sostén de la vida fisiológica. Si bien se observa, hay un incesante proceso de asimilación y desasimilación radicado en el laboratorio del organismo físico.

Así observamos que cualquiera sea la composición química de estos fluidos, en todos ellos entra el agua como elemento fundamental y por medio de ellos se efectúan todas las funciones de la vida corporal.

Son muy conocidos los efectos terapéuticos del agua, tanto en el orden interno como en el externo del organismo.

En las fiebres se advierte muy bien la eficacia del agua, y forma parte de la inteligente terapéutica actual, a pesar del mal empleo que de ella se hizo en pasados tiempos.

El agua fría, científicamente administrada por vía bucal, calma los excesivos movimientos cardíacos, mientras que el agua tibia es un poderoso estímulo de la perezosa acción del corazón.

El agua estimula el funcionamiento de los riñones y demás glándulas de secreción externa, y favorece también la normalidad de las hormonas o glándulas de secreción interna.

Suministrada debidamente y a cierta temperatura, es un excelente aperitivo.

El agua caliente actúa como estimulante, antiséptico o sedante, según los casos.

Cuando el enfermo ha perdido mucha sangre por hemorragia, suelen los médicos inyectar en la sangre unos cuantos centímetros cúbicos de agua esterilizada con una pequeña cantidad de sal, que activa el funcionamiento del corazón y facilita a los glóbulos sanguíneos, que se habían adherido a las paredes de las arterias y venas, el líquido necesario para moverse y actuar, de manera que el agua inyectada es un buen reemplazante de la sangre hasta que el organismo pueda recuperar la que ha perdido.

En cuanto al uso externo, es grande el empleo del agua como agente de curación.

Oportunamente diremos algo referente a este punto con las razones científicas que apoyan cada tratamiento y los mejores procedimientos de aplicación.

También explicaremos cómo se higienizan los conductos excretores del sistema, que deberían merecer la mayor atención de todos, y algo sobre el uso del agua en bebida y en baño.

Todos esos aspectos del asunto son de mucho interés e importancia, y esperamos que nuestros lectores les prestarán la atención que merecen.

No por su aparente sencillez se ha de desdeñar el tratamiento hidroterápico y preferir otro más costoso, difícil y complicado.

Recordemos que quien viva conforme a la Naturaleza recibirá el beneficia derivado de las leyes fundamentales que rigen los fenómenos del universo en el orden orgánico e inorgánico.

La Naturaleza es la madre universal, el médico universal y la universal nodriza.

Conviene, pues, conocer sus métodos.

 

 

CAPÍTULO III
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